Último día de festival y ya las fuerzas estaban al límite. Por suerte, la temperatura había bajado mucho y se podía respirar. Por delante quedaba una interesante jornada con Sabaton, Powerwolf, Arch Enemy o Airbourne, entre otros. Puedes recordar aquí el primero, el segundo día o el tercero de Wacken Open Air.
El sábado era el día de Powerwolf y Sabaton, pero también el de una reunión especialmente esperada como Nevermore, el regreso de Arch Enemy con su nueva vocalista y la presencia española de Angelus Apatrida.
Al dejar el coche en el parking, me percaté de que había muchos niños que iban con sus padres, vestidos con camisetas verdes y carteles en las manos. ¿Igual me había equivocado de dirección y me había ido a un festival de payasos sin darme cuenta? Por suerte, no fue así.
Heavysaurus

Los miniheavies habían respondido a la llamada de los dinosaurios del metal, los Heavysaurus. Al llegar al Infield, la zona estaba acotada para que solo los niños pudiesen estar frente al escenario, mientras que los padres fueron colocados en una zona detrás de ellos. Por las pantallas aparecían avisos indicando que, en caso de pérdida, había que dirigirse debajo de un enorme oso de peluche que estaba colgado de una grúa.
Entre explosiones y llamas salía la banda a escena mientras cientos de niños gritaban su nombre. La banda combina riffs de heavy metal con letras infantiles, disfraces y una puesta en escena pensada para que los niños puedan participar. “Kaugummi ist mega!” (masticar chicle es genial) y “Luftgitarre” (air guitar) fueron algunos de los temas con los que niños y adultos se lo pasaron en grande.
Incluso el guitarrista hizo una referencia a Metallica en su guitarra, cambiando la frase “More Beer”, que lucía Hetfield en su Gibson del 85, por “More Milk”. Puede parecer una anécdota dentro de un festival de este tamaño, pero no lo es. Ver a padres y madres llevando a sus hijos a su primer concierto de metal tiene algo de ceremonia de iniciación.
Wacken también se construye así, enseñando a la siguiente generación que el ruido puede ser divertido.
Kim Drácula
Mucho más difícil de clasificar fue Kim Drácula. Si alguien intentaba averiguar qué género iba a encontrar en el Faster, probablemente terminaba antes consultando un mapa que buscando una etiqueta. Metal, electrónica, industrial, pop, hip hop, jazz y versiones conviven dentro de una propuesta deliberadamente imprevisible.

Ataviado con una capa, un bastón y un cuervo, aparecía Kim Dracula sobre el escenario bajo los primeros acordes de “Reunion and Reintegration”, que ya dejaron claro que lo que se iba a vivir allí no se regía por ninguna regla preestablecida. Teclados, solos de saxofón, guturales, cambios de ritmo y toques de color en las composiciones no dejaron a nadie indiferente.
“Seventy Thorns”, “Molecular Conversion” y “Killdozer” consiguieron una mayor participación de los asistentes. Algunos espectadores se acercaron sin saber muy bien qué iban a encontrarse y acabaron completamente metidos en el espectáculo; otros observaron desde una prudente distancia. Precisamente ahí estaba parte del interés de la propuesta.
Doc Burner
Tras Kim Dracula tenía una cita muy importante con Thomas Jensen, cofundador del festival, que accedió a que le hiciese unas preguntas y que podréis leer más adelante en esta web. Esto me hizo llegar tarde a la descarga de Doc Burner, que actuaba en el Wasteland Stage, y solo pude ver el tema final.

Allí me encontré con los miembros de Angelus Apatrida. Y es que Paco, alma mater de la banda, fue mánager de ellos. Los pocos asistentes que había en el recinto pudieron disfrutar de una buena dosis de rock and roll y actitud sin límites.
Nevermore
Sin respirar, me acerqué a una de las propuestas más interesantes del día: la reunión de Nevermore, con la formación renovada encabezada por Jeff Loomis y Van Williams, recuperando una banda cuyo legado se había mantenido vivo durante años, pese a su ausencia de los escenarios.

Su nuevo vocalista, Berzan Önen, se ganó a los asistentes con su intensidad y fuerza. Además, lucía un parche redondo en el pecho con la imagen del vocalista fundador, Warrel Dane, fallecido en 2017.
“Beyond Within” y “My Acid Words” mostraron desde el comienzo ese equilibrio entre thrash, progresivo y metal estadounidense que caracteriza al grupo. Para el tercer tema, una buena parte del público ya estaba descontrolada. Se vieron muchos circle pits durante todo el concierto e incluso algún wall of death animado por el propio Berzan.

“Enemies of Reality” y “Engines of Hate” llevaron el concierto hacia terrenos todavía más agresivos. Un buen rodaje para los nuevos miembros, que participarán en la composición del nuevo disco de la banda después de una descarga centrada en los temas de los 2000.
Angelus Apatrida
Lo de los albaceteños Angelus Apatrida es de otro mundo. Allá por donde van, arrasan, y el Headbangers Stage dio buena cuenta de ello. Incluso Thomas Jensen, al ver mi camiseta de la banda durante la entrevista, me dijo que eran muy buenos.

Ya desde el primer momento, con “One of Us”, la apisonadora nos dejó patas arriba. Circle pits, brazos en alto y el público coreando cada tema, y no solo los seguidores españoles, que había unos cuantos, todo el mundo.
“Indoctrinate” y “Cold” fueron muy bien recibidas. La banda está en plena forma y eso se transmite al público. No podían faltar “Sharpen the Guillotine” ni “You Are Next”.

Rápido pero conciso. Solo ocho temas fueron suficientes para ver las caras de satisfacción de quienes se congregaron frente al escenario.
Airbourne
Y tras una apisonadora, fui a ver a otra apisonadora al Faster. Los australianos Airbourne salieron con la energía a la que nos tienen acostumbrados. Ya desde el primer tema, los ríos de gente sobre las cabezas del público se sucedían desde distintas zonas y los de seguridad no daban abasto.
Joel O'Keeffe volvió a demostrar que su manera de entender el escenario sigue siendo físicamente agotadora. Guitarra en mano, saltos, carreras y esa capacidad para hacerte olvidar todo lo demás y disfrutar del momento. “Gutsy”, “Too Much, Too Young, Too Fast”, “Ready to Rock”... cada tema era una fiesta.

En mitad de “Raise the Flag” se bajó al público a hombros de su equipo y se colocó en mitad de la multitud para tocar la guitarra y romper una lata de cerveza contra su cabeza. El público enloqueció, y yo, que llevaba buscando esa foto durante mucho tiempo, acabé empapado de cerveza, luego tocó limpiar la cámara, pero contento con el trofeo conseguido.
“Live It Up” fue el tema de los vasos voladores, con un continuo lanzamiento al público de vasos llenos de cerveza mientras desgranaban el tema. Remataron con su clásico “Runnin' Wild”.
No han inventado nada, pero lo que hacen, lo hacen muy bien. Si piensas que el rock and roll está muerto, vete a verlos.
Arch Enemy
Arch Enemy volvían a la carga con nueva vocalista, Lauren Hart, y estaban en el punto de mira. Tras la caída del telón arrancaron con “Yesterday Is Dead and Gone”. Qué mejor título para indicar que el pasado ya no está presente. Y de qué manera: su agresividad vocal no dejó dudas. Nos esperan grandes temas bajo su voz.

Con “The World Is Yours” comenzaron las llamas, que se repitieron a lo largo de su descarga. La banda se encontró con un público muy entregado, donde no faltaron los circle pits y el crowdsurfing. Las dos guitarras de Michael Amott y Joey Concepcion volvieron a ser el centro de una maquinaria perfectamente engrasada.
“Blood Dynasty”, “Under Black Flags We March”, “The Eagle Flies Alone”... los éxitos se iban sucediendo uno tras otro y Lauren seguía creciendo sobre el escenario.
Para rematar la descarga, “Nemesis”, con una desgarradora interpretación de la cantante.
Powerwolf
Y llegó el momento del fuego. Powerwolf salían a escena entre las llamas de “Bless 'Em With the Blade”, aclamados por el público.
Attila Dorn ejerció como maestro de ceremonias, mientras Falk Maria Schlegel volvía a convertir el teclado en parte esencial de la puesta en escena, adelantándose al borde del escenario para animar al público.

Además, Charles Greywolf había regresado a los escenarios tras varias semanas de ausencia y Dom Crey, de Lord of the Lost, sustituía a su hermano Matthew Greywolf a las guitarras.
Ya desde “Armata Strigoi”, la banda se sintió arropada por su público, con palmas y vítores continuos. La producción fue espectacular, partes de una catedral a distintas alturas, pantallas inmensas y muchísimo fuego que no cesó durante toda la actuación.

Incluso se apoyaron en dos bailarinas en “Dancing with the Dead” y “Joan of Arc”. Attila es un frontman que sabe llevar a su público, que respondía a todas sus peticiones.
La apoteosis llegó en los bises con “Sanctified with Dynamite”, “Blood for Blood” y “Werewolves of Armenia”. Sonaron inmensos y no se puede negar que son una grandísima banda con miles de seguidores.
Sabaton
Y de una barbacoa a otra, porque Sabaton no se quedaron cortos en su puesta en escena con la pirotecnia y el fuego.
Entre cánticos del público y una introducción épica con la melodía de “Ghost Division”, saltaban a escena los de Joakim, acompañados por fuegos artificiales y explosiones que nos daban a entender que lo que habíamos vivido con Powerwolf podía haber sido un juego de niños.

Sabaton no necesitan explicar demasiado su fórmula: historias bélicas, coros gigantescos, guitarras de power metal y una puesta en escena que convierte el escenario en un campo de batalla. El público respondió desde el primer momento, cantando, saltando y participando en cada llamada del cantante.
Un gran tanque presidía el escenario, sobre el que se situaba la batería, que en determinados momentos del concierto se elevaba para gozo de los asistentes.
El Infield se llenó de luces con “Christmas Truce”, a petición de su bajista, Pär. Una imagen increíble mientras entraban en escena los coristas. Sonó épica y el público no dejó de mover los brazos.

La épica siguió con temas como “The Last Stand”, “Soldier of Heaven” o “Bismarck”, mientras los miembros de la banda corrían de un lado a otro del escenario. Estrenaron “Gott Mit Uns – Noch Ein Bier”, con los vasos en alto para agradecer al público su apoyo. En la recta final no faltaron sus clásicos “Primo Victoria” y “To Hell and Back”.
Te pueden gustar o no, pero no se puede negar que la banda monta un espectáculo descomunal, y más en un festival donde tienen carta blanca. Aún recuerdo hace años, cuando tocaron en los dos escenarios a la vez. Una noche para recordar.
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