Había ganas de rock en la localidad murciana y la sexta edición del Molina Rock City levantó el telón cumpliendo con las altas expectativas de los fieles al género. Con los engranajes de la organización perfectamente engrasados, el Auditorio Municipal Tomás Fernández Gil abrió sus puertas para dar paso a un intenso fin de semana de música en directo, donde la hermandad entre los seguidores y la pasión por los sonidos más duros marcaron el compás desde los primeros acordes de la tarde.
Vatican Spectrum
Los encargados de inaugurar la jornada principal fueron Vatican Spectrum, desplegando un repertorio de death y thrash metal técnico, oscuro y de corte clásico. Esta formación cartagenera, nacida en 2013 y con más de una década de trayectoria en el circuito extremo, estuvo compuesta por Jesús (guitarra y voz), Guille (guitarra), Matías (bajo) y Víctor (batería). Aunque a primera hora de la tarde el auditorio todavía no registraba una gran afluencia, el cuarteto defendió su sitio arropado por sus seguidores más fieles, quienes se encargaron de calentar el ambiente.
Jesús lideró la puesta en escena luciendo su característico maquillaje facial mientras defendían las canciones de su último disco de estudio, "Satanic Mantra" (2024). La banda ofreció una actuación demoledora, enlazando de manera fluida composiciones de su arsenal como "Satanic’s Cry", "Scythe on Their Heads", "Brutal War", "To Live Before to Die", "True Resurrection is a Possession" y "The King of Thieves" para coronar el cierre de su descarga.

Sheken
El relevo en el escenario mantuvo el protagonismo local con la llegada de Sheken, agrupación de Hard Rock nacida a finales de 2021 fruto de la unión entre Johnny Lorca y Rox Robles, y completada por Rudolf Villena (guitarra), Marco Zanetti (bajo) y Willy Medina (batería). Su actuación fue enérgica y potente, logrando calentar el ambiente y atrayendo a una gran afluencia de público frente a las tablas. Los verdaderos motores del grupo fueron sus dos guitarristas, Johnny Lorca y Rudolf Villena, mientras que la vocalista Rox Robles ejerció como el alma indiscutible de la formación.
Sobre el escenario, Johnny Lorca demostró ser puro nervio y un auténtico animal de directo. Su dinamismo escénico resultó incansable, contagiando a las primeras filas con una entrega física brutal que revolucionó por completo la descarga de la banda. Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó cuando el propio Johnny dedicó el concierto a Maleza, compañero de la escena fallecido recientemente, proclamando desde las tablas unas sentidas palabras: "Debería estar hoy aquí entre el público y era más heavy que todos vosotros".

El quinteto aprovechó la imponente cita para defender su nuevo álbum, ‘La sociedad del espectáculo’ (2026), desgranando composiciones de estreno como "Contracorriente" o "Santa contradicción". Una fantástica presentación de sus nuevas credenciales que alternaron con maestría con grandes y esperados himnos de su trayectoria anterior, destacando las ovacionadas "O tú o yo" y "Si las miradas mataran", para guardarse en una recta final demoledora el impacto de canciones como "Luna de invierno", "Un paso hacia la eternidad", "La furia de Salem" y el clímax absoluto de "Fuego".
Doble Esfera
El relevo llegó de la mano de uno de los grandes referentes de la escena murciana, Doble Esfera, formación fundada en 2010 que hacía parada en el festival dentro de su “La nueva era rock tour 26". Con el auditorio registrando un aspecto imponente, la afición respondió magníficamente ante una descarga planteada como continuación de su EP ‘La nueva era del rock' (2025). Para esta importante cita, la banda alineó a Eladio Ruipérez (voz), Antonio Elzaurdia (guitarra), Won Bassman (Cristóbal Won) al bajo, Rubén Zarza (batería) y sirvió para consolidar la reciente incorporación de Moi Dante Amo para doblar y potenciar las líneas vocales.
La banda arrancó con fuerza enlazando "RDSXXI" y el hit "Fuera de Control", para continuar desgranando un repertorio infalible donde brilló con luz propia su flamante single homónimo, "Doble Esfera" (lanzado el pasado 11 de junio de 2026). Este corte funcionó como una auténtica declaración de principios, desplegando toda la potencia de su característico hard rock y heavy metal de corte moderno. El viaje continuó rescatando éxitos como "El baile de los necios", "Three Sisters" y "2030".

El momento álgido y más pintoresco del show llegó coincidiendo con la interpretación de "La momia", donde los murcianos revolucionaron por completo el escenario al irrumpir equipados con máscaras de lucha libre mexicana, camisas hawaianas y portando una calavera en alto. Tras este despliegue de pura actitud escénica, cerraron la descarga a máximas revoluciones encadenando sus dos grandes himnos, "La nueva era del rock" y "Ricky Rock", dejando el asfalto al rojo vivo para el tramo final de la noche.
Ronnie Romero
La expectación era máxima para recibir a Ronnie Romero, quien se subió al escenario respaldado por el bloque internacional con el que viene rodando la máquina últimamente. Para defender los temas de su último disco de estudio, "Backbone", que justo cumplía un año de su lanzamiento, el vocalista llegó a Murcia flanqueado por unos músicos excelentes con los que ya mantiene una química de rodaje brutal. Una cita que adquiría un tinte histórico sobre el asfalto al convertirse, oficialmente, en el último festival de la formación en este año 2026.
A las cuatro cuerdas estuvo el suizo Tony "T.C." Castell, cuya imponente trayectoria repartida entre su etapa al bajo en leyendas como Krokus, su labor como guitarrista en Crystal Ball hasta 2020 y su presencia actual en las filas de Gotus aportó una solidez y una clase descomunales a la base rítmica. En la batería estuvo Chris Allan, marcando el tempo con una pegada demoledora, mientras José Rubio asumió con una solvencia aplastante todo el peso de la guitarra, haciéndola rugir tanto en los riffs como en la ejecución de unos solos de impecable factura técnica.

Sin mediar palabra, la banda fue directo a la yugular del público encadenando sus tres primeros temas del tirón y sin un solo segundo de respiro: "Backbone", "Never Felt This Way" y "Eternally", en un inicio demoledor que dejó al respetable sin aliento desde los primeros acordes.
Fue justo después de esta tormenta inicial cuando llegó el primer pasaje de distensión y absoluta complicidad con la audiencia. Ronnie Romero empezó a hablar con el público diciendo que todavía seguían presentando el último disco, "Backbone", después de un año, y que: "vamos a tocar temas de este disco, vamos a tocar temas de...". Y aquí alguien gritó a pleno pulmón: "¡Iron Maiden!", no dejando acabar la frase a Ronnie. El cantante repitió: "¿Iron Maiden?", con cara de pregunta y girando hacia José Rubio. El guitarrista reaccionó al segundo arrancándose a tocar en directo el riff de "The Trooper". Ronnie reaccionó diciendo: "¡No, no!", mientras otra persona del público gritaba: "¡Dio!". El vocalista se giró entonces hacia el batería Chris Allan, preguntándole si se sabía algunas de Dio. Fue ahí cuando el mismo asistente del público volvió a gritar: "¡Queremos canciones tuyas!". Ronnie le contestó directo: "¡Que sí, que las vamos a tocar!", y le soltó el hachazo definitivo: "A ver, que las primeras tres canciones son mías y no te enteraste... ¡las escribí yo con José!”.
La música se reanudó con la versión de "Stand Up and Shout", seguida de la potente "Bring the Rock". El festival de anécdotas continuó antes de presentar "Hideaway", donde Ronnie relató que la canción fue escrita por Russ Ballard, a quien conoció cuando él estaba en Rainbow y no le cobró nada. Recordó entre risas que en el disco grabado suena la guitarra de Kee Marcello, pero que aquí la tocaría José Rubio porque tiene un nivel un poco más alto, diciéndolo entre las risas de los asistentes.
La tanda de risas llegó a su punto álgido al presentar "Stargazer", cuando Ronnie remarcó que es una de sus composiciones favoritas de una de sus bandas de cabecera, y que tenía la suerte de haber defendido ese micrófono durante cinco años. Dejó a su amigo Chris Allan presentarla, bromeando con que al ser británico de Londres no se enteraba de nada en español, lo cual a veces resultaba muy conveniente. Pidió que el público le enseñara una frase típica de aquí, y cuando empezaron a gritar palabras malsonantes, Ronnie dijo que esas feas no. Tras el divertido momento, el vocalista le dio la señal a Chris, quien arrancó a tocar con una ejecución impecable por parte de toda la banda.

Justo después, Ronnie se dirigió al auditorio para confesar que su primer concierto profesional lo hizo con Santelmo en Murcia, por esto es tan especial volver a estar aquí. A continuación, preguntó si había fans de Manowar, recordando el disco de versiones que hizo hace tiempo. José enseñó el riff y Ronnie preguntó si el público se la sabía para cantarla todos juntos, empezando así un atronador "Metal Daze". Fue tras este subidón cuando llegó uno de los momentos más especiales: la banda se arrancó con "Castaway on the Moon" y el auditorio se vino abajo. Hacía muchísimo tiempo que no la tocaban en directo, por lo que oírla supuso una alegría inmensa tanto para el público como para los que estábamos en el foso.
Tras un espectacular solo de guitarra de José Rubio, el grupo encadenó sin frenos "Kill the King", su propia canción "Black Dog" y "Turbo Lover" de Judas Priest. Antes de encarar los bises, Ronnie presentó a la banda, y al oír sus palabras diciendo que "después de la tormenta siempre sale...", el público empezó a gritar con alegría sabiendo el himno que venía. La locura llegó a su clímax cuando Ronnie prolongó de forma increíble la frase "cause you are a rainbow..." para dejar que el auditorio respondiera con fuerza encadenando cinco impactos unánimes de "dark, dark, dark, dark, dark”.
Totalmente entusiasmado con la respuesta, el vocalista preguntó a los asistentes si querían repetir el juego, volviendo a estirar su voz para que el público rugiera de nuevo otras cinco veces consecutivas el estribillo. Fue un momento increíble, con la gente entregada exhibiendo su potencia vocal. En balance total, la audiencia respondió magníficamente tanto a las versiones de las leyendas como a los temas propios, despidiendo la noche entre gritos unánimes de "¡Ronnie, te queremos!".
El arranque de esta edición del Molina Rock City certificó el excelente estado de forma del metal y el rock estatal e internacional en directo. La respuesta del público en el Auditorio Municipal Tomás Fernández Gil fue impecable desde los primeros compases de la tarde, arropando la brutal descarga extrema de Vatican Spectrum y la tremenda energía local de Sheken.
La veteranía y los himnos modernos de Doble Esfera terminaron de caldear un ambiente que estalló por completo ante la arrolladora presencia y el nivel internacional de Ronnie Romero y su banda. Un balance sobresaliente para una primera jornada repleta de anécdotas, complicidad y una entrega colectiva que dejó el listón a una altura estratosférica.
12 de septiembre
Con la adrenalina del primer día todavía flotando en el ambiente, la segunda fecha del festival retomó la actividad en el Auditorio Municipal Tomás Fernández Gil confirmando las excelentes sensaciones del fin de semana. El público acudió puntual a la cita de la tarde, contagiando la misma pasión y energía para afrontar el tramo decisivo del certamen.
Suburb Boyz

Los encargados de abrir las actuaciones fueron los murcianos Suburb Boyz, una joven formación de hard rock y pop-rock nacida en 2023 en las aulas del IES José Planes de Espinardo. El cuarteto, integrado por Aitor (voz), Víctor (guitarra), Edu (bajo) y Hugo (batería), desplegó un directo potente y sin concesiones, basando su repertorio en los temas de su primer trabajo "Let It Burn" (2024).
Sobre el escenario, el cantante Aitor se mostró sumamente dinámico y expresivo, contagiando a los presentes con sus movimientos constantes y una marcada actitud callejera mientras dominaba el centro de las tablas. Esta entrega se vio respaldada por la excelente labor de Víctor a las seis cuerdas y Edu al bajo, quienes demostraron una complicidad constante, mientras Hugo sostenía la retaguardia con una pegada firme e implacable en la batería.
La banda arrancó desgranando cortes como "Stone in the Way" y "AE", demostrando una gran solidez. El punto álgido de su actuación llegó cuando se atrevieron a versionar el clásico "Tornado of Souls" de Megadeth, un auténtico hachazo técnico que puso a vibrar al público. La intensidad de la descarga continuó con temas como "Cuídate", "Bajo presión", "We Are Hope", "Fading" y "The Rising", ganándose el aplauso unánime de los asistentes antes de cerrar su tanda por todo lo alto con la contundencia de la propia "Let it burn".
Hyden

El relevo sobre las tablas lo tomó Hyden, demostrando que el hard rock estatal cuenta con un futuro generacional totalmente asegurado. El grupo murciano se formó en 2017, aunque no se consolidó de manera definitiva hasta 2022 con la llegada de sus actuales componentes, lo que culminó con el lanzamiento de su primer álbum de estudio, ‘Prelude’, el pasado 31 de marzo de 2026. Con Jose (voz), David (guitarra), Alejandro (bajo) y Manuel (batería) a los mandos, la formación descargó una sucesión de riffs cargados de adrenalina.
Al frente del escenario, su vocalista Jose desplegó una notable fuerza interpretativa, mostrándose sumamente expresivo, mientras David a la guitarra y Alejandro al bajo evidenciaban una gran complicidad y una fuerte entrega física en cada cambio de ritmo.
Tras una atmósfera inicial marcada por la "Intro", el cuarteto puso los motores al límite enlazando "No Way Back" y "All the Fire". La intensidad del directo continuó su curso ascendente a través de piezas de su repertorio como "Little John", "The Only One" y "Between the Lines", donde la sección rítmica se mostró muy bien engranada. Para enfilar la recta final de su actuación, descargaron "Forever" antes de cerrar su tanda por todo lo alto dejando el ambiente perfectamente caldeado con "Modern Darkness".
Hard Love
El ecuador de la jornada del sábado corrió a cargo de los locales Hard Love, que jugaban en casa y salieron a morder el asfalto desde el primer acorde. Para ello, cabe destacar el enorme esfuerzo de Manuel, quien hizo doblete esa noche al ser también el encargado de los parches en Hyden. Este factor permitió que sus compañeros de Hard Love arrancaran su descarga con muchísima más rapidez y dinamismo sobre el escenario.

La formación murciana, creada en 2015 y compuesta por Pedro Oliva (voz), Charly García (guitarra), Juanjo Parrón (guitarra), Pedro García (bajo), el citado Manuel (batería) y Javi (teclados), demostró por qué son uno de los estandartes más sólidos del hard rock estatal contemporáneo. Desplegaron un show cargado de movimiento, expresividad y una potencia aplastante para defender los temas de su aclamado último álbum de estudio, ‘Ilusión’ (2024).
El sexteto ofreció una actuación sin fisuras, donde el constante contacto con el público desató una comunión perfecta: los asistentes respondieron en la misma frecuencia, cantando y disfrutando al límite de cada segundo.
La base rítmica y los arreglos de teclados pusieron la intensidad a tope desde el arranque encadenando "Ilusión", "Cazador" y "Arena". La primera gran ovación llegó cuando Pedro Oliva, manejando los tiempos con maestría, tomó el micrófono para dirigirse a la audiencia y dejar claro el respeto por sus compañeros de cartel: "Es un auténtico placer estar aquí y compartir el escenario con tan grandes bandas". A continuación, anunciaba el siguiente tramo del viaje: "Seguimos con un tema del disco ‘Ilusión’: ¡"Noches de invierno"!", desatando la nostalgia y potencia melódica.

El nivel se mantuvo arriba con "Princesa de hielo", seguida por "Ladrón de sueños". Sin duda, el momento más desgarrador e íntimo de la descarga llegó con "Hay un ángel en el cielo". Pedro Oliva detuvo el tempo para dedicar el tema a su padre, fallecido hace unos meses: "Siempre estará en mi corazón... ¡Todos tenemos un ángel en el cielo!", unas palabras que erizaron la piel de los asistentes y tiñeron el recinto de una atmósfera única.
El lugar volvió a arder en el tramo final con "21 grapas", una pieza muy aplaudida y dedicada al guitarrista Charly García tras superar una dura cirugía. Para el cierre, metieron la quinta marcha encadenando himnos como "Pasión de vivir", "Libre" y "Al pie del cañón" que certificó el triunfo absoluto de los murcianos en el Molina Rock City. Una demostración de que a esta formación le sobra clase y magnetismo sobre las tablas.
Saurom
La jornada grande del festival llevó el sello indiscutible de Saurom. Los gaditanos, que celebran este año su 30º aniversario desde su formación en septiembre de 1996, llegaron a Murcia demostrando por qué juegan en una liga diferente, no solo por su música, sino por su gigantesca calidad humana.
Lejos del misticismo de frontmen inalcanzables, la intrahistoria de su descarga comenzó mucho antes de que se encendieran los focos principales. Tras terminar el soundcheck y en el momento en que el público empezaba a acceder al recinto, el vocalista, Miguel Ángel Franco, se acomodó en los asientos junto a los técnicos en la mesa de mezclas. Allí, desde las gradas, recibió a los primeros asistentes saludando, firmando y fotografiándose con cada uno de ellos mientras disfrutaba como un fan más de la actuación de Suburb Boyz. Una sencillez que anticipaba la noche histórica que estaba por venir.

Al caer la noche, la cuenta atrás llegó a su fin en un auditorio que rugió con fuerza para recibir un directo basado en su último disco de estudio, ‘El Principito’ (2025). La formación estuvo integrada por el propio Miguel Ángel Franco (voz), Elizabeth Amoedo (voz), Raúl Rueda Hernández (guitarra y mandolina), Narci Lara Márquez (repartiéndose entre la guitarra, la flauta, el violín y la gaita), José Gallardo (bajo), Santiago Carrasco (teclado) y Antonio Ruiz (batería). La velada se estructuró en cuatro bloques conceptuales.
El Bloque I arrancó con solemnidad. Mientras en la pantalla gigante se proyectaba el vídeo oficial, se escuchaban esas emotivas frases de “por favor... ¡dibújame un cordero!”, erizando la piel de los asistentes antes de enlazarse con el tema homónimo "El Principito", "Irae Dei" y "No seré yo", que puso la intensidad al máximo. Fue precisamente en este arranque donde Jose Gallardo dejó uno de los detalles más rockeros de la noche al pegarse la púa en la frente con el propio sudor del directo para continuar tocando.
Para el Bloque II, Eli Amoedo apareció en escena para unir su voz a la de Miguel Ángel Franco, quien no dejó de contagiar al recinto con una sonrisa de puro disfrute y emoción constante para elevar "Reina de mis sueños". Este tramo continuó con la fiesta de "La batalla con los cueros de vino" y la atmósfera de "Baobabs".

La entrega física marcó el ritmo en el Bloque III, que arrancó de golpe con una versión de "El pájaro fantasma" defendida de nuevo por Eli. Detalles de puro rock and roll salvaje que convivieron con la maestría de Raúl Rueda a las seis cuerdas y las texturas de Santiago Carrasco al teclado, destacando especialmente en "La musa y el espíritu" antes de rematar con "Todo en mi vida".
Finalmente, el Bloque IV marcó el tramo definitivo. Con el grupo enlazando los temas con una fluidez eléctrica, se sucedieron cortes como "El mordisco de la serpiente", "El rey que no sabía mandar", "El carnaval del diablo", "El círculo juglar" y "Fuego". Los músicos rompieron todas las barreras de seguridad invitando al escenario a los niños y al equipo de la organización durante "La taberna”.
El fin de fiesta se convirtió en una comunión colectiva, con todo el mundo saltando y bailando bajo los focos en una foto de familia histórica. Un cierre memorable de unos artistas que se vacían en la pista. Al terminar, Miguel volvió a demostrar su grandeza bajando de nuevo al foso para despedirse de sus seguidores uno a uno.
La jornada de clausura del Molina Rock City consolidó el éxito del festival apostando por la intensidad y la variedad sobre las tablas. Desde la frescura inicial de Suburb Boyz y la solidez técnica de Hyden, hasta la arrolladora respuesta local ante Hard Love, el público no bajó los brazos en ningún momento. La apoteosis definitiva llegó con el espectacular despliegue de Saurom, transformando el Auditorio Municipal Tomás Fernández Gil en una auténtica fiesta colectiva que desdibujó las barreras entre el escenario y la audiencia. Un cierre memorable que despidió el fin de semana por todo lo alto, dejando una maravillosa sensación de hermandad y el listón a una cota extraordinaria.
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