El pasado sábado 25 de julio, en el marco del décimo aniversario del festival Noches del Botánico, aterrizaba el combo inglés The Kooks, y desde MariskalRock acudimos para sumergimos por completo en esa máquina rítmica perfecta. El grupo capitaneado en voz y guitarra por Luke Pritchard es una garantía absoluta en vivo.
The Kooks proviene de una ciudad literalmente bendecida por los dioses del rock and roll, Brighton, esa pequeña localidad de poco más de ciento cincuenta mil habitantes que ha dado vida a proyectos increíbles de la talla de Black Honey, Creeping Jean, Royal Blood y Architects por destacar algunos nombres ¿Cuál será la fórmula secreta?
El festival madrileño, ya en su recta final, por el que han pasado en esta temporada leyendas como ZZ Top, huracanes como Biffy Clyro, el dream team denominado BEAT o un mito viviente como Van Morrison, presentaba el sábado pasado a The Kooks, quienes ponían a latir a un auditorio completamente abarrotado repasando toda su trayectoria, con especial detenimiento en su disco ‘Inside In/ Inside On’, sobre el que giró toda la actuación, ya que se encuentra cumpliendo dos décadas de vida.
Es para destacar, además de la amplia variedad de proyectos artísticos de primer nivel del festival madrileño, cómo los asistentes pueden disfrutar de una especie de oasis en Madrid en plena época estival con amplia zona de restauración, un mercadillo con ropa y accesorios de moda y amplias zonas de relax con hamacas. Hasta una numerosa familia de patos, la cual es víctima de los paparazzi espontáneos y sus teléfonos, se puede ver en el recinto.

Con una puntualidad excelsa, The Kooks llegaba nuevamente a la capital para ofrecer un directo que no falla. Son como una especie de árbol de levas de un coche británico que sabe controlar el momento exacto para abrir y cerrar las válvulas de su motor, permitiendo que el aire de la voz y los pulmones de Luke Pritchard entre y convine con el combustible de sus acordes para expulsar canciones que atrapan a la platea por completo.
Abrían el juego con “Sofa Song”, y desde los tambores comandados por Alexis Nuñez se ponía una velocidad trepidante. Casi sin tiempo para los aplausos, enlazaban con “Always Where I Need to Be” seguida de “Eddie's Gun” para que el frontman saludara al auditorio con un celebradísimo “Buenas noches”, y una petición de disculpas por no hablar bien español. Verdaderamente, lo destacable es que el grupo conoce el lenguaje más universal a la perfección, el de la música bien ejecutada y mejor entendida aún.
Durante casi una hora y media de directo, demostraron por qué son canciones que disponen de un aura magnética. Desde sus riffs movidos, pasando por compases más alegres y pasajes más introspectivos, hasta concluir con los himnos más aclamados de su trayectoria, The Kooks tejen una telaraña envolvente de sonidos. Pero aquí no hay víctimas, hay un público extasiado y con los esqueletos cargados de batería para entregarse por completo al show y saltar como si no existiera un mañana o, mejor dicho, celebrando que es sábado y hay que darlo todo.

Como una especie de monje de paz, vestido completamente de blanco hueso Luke Pritchard y los suyos van colocando baldosa a baldosa un sendero por dónde invitan al público o a transitar y rememorar épocas pasadas con piezas como “Stormy Weather“ de su disco ‘Konk’, “Bad Habit” de su placa ‘Listen’, y también dan una pincelada de actualidad con “Sunny Baby” de su último trabajo de estudio hasta la fecha, ‘Never/Know’.
Una bandera ubicada en uno de los palcos del auditorio manifiesta querer saludar a los artistas en el backstage, lo que da pie a que el cantante, entornando la mirada y leyendo el mensaje,
haga un inciso y recuerde sus días de instituto y de cómo soñaban con vivir momentos como estos.
Es evidente que The Kooks juegan de local en la capital ibérica. De hecho, esta era la segunda parada en Madrid en lo que va de año. Y llenando. Ya sea en festivales o en solitario, el grupo inglés desprende elegantemente canciones que en vivo que funcionan muy bien. Son como un motor perfecto que quizás no es el más potente, el que más fuego desprende ni más velocidad alcanza, pero si es efectivo. Sabes que nunca te va a fallar, como atestiguan momentos de gran complicidad con el respetable como fueron las interpretaciones de "She Moves in Her Own Way", “Junk of the Heart (Happy)”, “Seaside” y “See Me Now” con Luke al piano.
Promediando la actuación, varios fans nos consultaban por el stand de merch oficial de la banda, que en esta oportunidad no había en el recinto. Los seguidores querían llevarse también un recuerdo tangible de la rítmica velada. Es que después de formar espontáneos karaokes y ver al cantante recorrer el escenario de esquina a esquina, con guitarra al hombro según la canción interpretada, la energía era palpable, colectiva y envolvente, bajaba en forma de acordes y era recibida por una auditorio completamente entregado.

Su repertorio en directo cuenta con “Gap”, “See the World” o “Matchbox”, que son muy celebradas, pero la recta final es de esa química especial que no se compra. La poseen algunos grupos elegidos que, además, la saben trasmitir en su show, como es el caso de The Kooks. Cierran la parte central de su actuación con clásicos de su carrera como son “Do You Wanna” y “You Don't Love Me” ante una tormenta de aplausos.
Pasados unos instantes y después de los gritos para que regresaran, el combo ingles retorna a las tablas para ofrecer como ofrenda de cierre de ceremonia dos hits descomunales que siguen sonando atrapantes en directo. Nos referimos a "Ooh La" y “Naïve".
Concluyeron ante una marea de aplausos un directo fresco y rítmico con composiciones que explican por sí solas por qué el karaoke es un integrante más en los espectáculos de The Kooks.
The Kooks pasó por el stage de Noches del Botánico en el décimo año de vida del ciclo rubricando una actuación cargada de clásicos, riffs bailables y letras pegadizas que corroboraron que el grupo juega completamente de local en Madrid.
He cursado mis estudios de Derecho y Ciencias Políticas en Granada, teniendo puestos mis cinco sentidos en los héroes, mitos, leyendas y también en las propuestas emergentes del género.
Escribo con mi pluma cargada de tinta en MariskalRock y en La Heavy, con rigor, honestidad y tratando de conectar con los lectores desde mi prisma.
Sin Rock and Roll, no hay vida.
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