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Crónica de BEAT en Noches del Botánico (Madrid): De lo humano a lo divino

Steve Vai con BEAT. Fotos: Sami Auvinen

El ciclo madrileño Noches del Botánico ya nos anunciaba cuando acudimos a la presentación de su décima edición, el pasado mes de febrero en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII, que este año las guitarras aguerridas, los riffs heroicos y el rock tendrían una presencia importante e ideada para los oídos más exigentes con artistas de la talla de ZZ Top, Garbage, Van Morrison por partida doble, Biffy Clyro, M Clan o BEAT, el supergrupo que revive la obra de King Crimson de la década de los 80.

MariskalRock no podía faltar a la actuación de los mencionados BEAT del viernes 26 de junio, cuya alineación estelar la integran los históricos de King Crimson Adrian Belew en voz y guitarra, y Tony Levin en bajo, chapman stick y sintetizador, junto a uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, como es Steve Vai, y el siempre titánico batería de Tool, Danny Carey. Un cuarteto de verdadera antología que, con sus texturas, interpreta los discos ‘Discipline’, ‘Beat’ y ‘Three Of A Perfect Pair’, publicados respectivamente en 1981, 1982 y 1984 por el mítico grupo inglés de rock progresivo.

El calor se había hecho notar intensamente a lo largo de toda la jornada en la capital y el concierto estaba anunciado a las 21 horas. Con numerosos amplificadores repartidos por todo el stage, la batería ubicada en el fondo hacia el costado derecho, el sintetizador y varios bajos en uno de los laterales más próximos al público y el recinto en plena ebullición, con precisión quirúrgica, en cuanto las agujas marcaron las nueve de la tarde (tardaría más de una hora en caer la noche) los artistas pisaban el imponente escenario ante una ovación colosal.

Adrian Belew

Por la pantalla central, un elefante, que ya no abandonaría su posición en todo el directo en tonos dorados con auras rojizas y sobreimpreso en un fondo negro azabache, miraba fijamente al auditorio mientras Adrian, enfundado en un traje en tono carmesí, con sombrero oscuro, hacia sonar un silbato y daban el pistoletazo de salida con “Neurotica” emulando el comienzo del álbum ‘LIVE’, único registro sonoro hasta la fecha del supergrupo, que fue grabado en Los Ángeles en 2024.

El show estuvo divido en dos bloques claramente separados. El repertorio elegido para el concierto, fue un recorrido que siguió estrictamente el orden de las diecinueve canciones del mencionado disco ‘LIVE’ con una pausa extensa tras “Larks' Tongues in Aspic (Part III)”.

De lo humano a lo divino

Tony Levin

El primer segmento fue integrado por nueve interpretaciones, mostrando a un frontman desacertado por momentos, fallando notas en su guitarra, algo incómodo, solicitando que le pusieran paños húmedos en la nuca para refrescarse y despojándose de su chaqueta. Se evidenciaba que el calor había dejado y dejaba huella. Los seguidores, que celebraban cada gesto, se entregaban a la causa en cuerpo y alma aplaudiendo y lanzando gritos y vítores en señal de apoyo y animo hacia Belew, pero lamentablemente no pudieron disfrutar como les hubiera gustado en vivo de himnos como “Neal and Jack and Me”, “Heartbeat”, “Sartori in Tangier” y “Model Man”.

No hubo cohesión plena (aunque lo intentaron) entre unos músicos de tal importante calibre y constatada calidad técnica en el primer bloque. Mostraron su lado humano.

Pero el entretiempo, si me permiten el símil futbolístico al encontrarnos en pleno desarrollo del Mundial de Fútbol en estos momentos en Norteamérica, fue la panacea que necesitaban. Sea cual sea la pócima sagrada y mágica que tomaron o el simple gesto de estar sentados unos minutos y refrescarse, fue la formula perfecta para lo que todos esperaban. Mostraron su lado divino.

Vaya comienzo del segundo segmento con una versión envolvente de “Waiting Man” para dejar con la boca abierta a todo el auditorio y que las pulsaciones de hasta las esculturas del Jardin Botánico se aceleraran. La iniciaba el batería Danny Carey con una sección de toms ubicados en el borde del escenario y tras unos minutos se sumaba Adrian Belew para batirse en un duelo de tambores que concluyó con la formación al completo en su posición correspondiente.

Steve Vai

Estos sí eran ellos. Estos sí eran esos cuatro gladiadores que abarrotan recintos de todo el orbe. Estos sí eran los que esperaba el respetable. Salieron a jugar el segundo tiempo con una camiseta nueva, luciendo el diez en la espalda y todos llevando el brazalete de capitán. Expandieron el universo artístico de King Crimson a otro nivel. Elevaron su obra y demostraron que un gran legado se puede, incluso, hasta mejorar.

A sabiendas de lo ocurrido en el primer bloque del concierto, y con una sinceridad que es de agradecer, el propio Belew comentaba que no sabía lo que le había sucedió, que por favor no subieran a las redes los videos de la primera parte, y agradecía por el apoyo en todo momento.

Steve Vai fue ese demonio incontrolable a las seis cuerdas del cual sus venas echan fuego, Danny Carey a cargo de la batería era una apisonadora que no dejaba de traccionar, y Tony Levin en el chapman stick de doce cuerdas, en los distintos bajos que utilizaba y en sintetizadores, fue destreza plena para enmarcar. A todo ello hay que sumar al dragón que parecía haber poseído a Adrian Belew para que, junto a sus compañeros, ofrecieran una ceremonia de rock progresivo de esas que no van a olvidar los asistentes al directo.

Canciones como “The Sheltering Sky”, “Sleepless”, “Frame by Frame” y “Matte Kudasai” entre otras sonaron con una pulcritud abismal. El auditorio estaba completamente entregado y no cesaba de aplaudir tras cada ejecución. Había demasiada historia concentrada sobre un mismo escenario y el supergrupo iba mutando nota a nota en sublime, apoteósico, mítico, versallesco, mitológico, legendario… En definitiva, próceres de la música.

Desde aquí hago un llamamiento al imaginario popular para que se prohíba usar la frase “segundas partes nunca fueron buenas”. Es este caso, fue de antología artística y creativa la segunda mitad del show. Cada composición fue creciendo por capas, envolviendo y sumergiendo al público en una experiencia donde la técnica se fusionaba con la improvisación, logrando una simetría absoluta y creando un nuevo dogma que convivía con una arquitectura sonora minuciosamente diseñada. Rock progresivo en su máxima expresión.

Adrian Belew

Al finalizar la interpretación de “Three of a Perfect Pair” e “Indiscipline”, tras regalar baquetas y púas, después de unos minutos y ante la ovación de todo el recinto, el grupo volvió para afrontar “Red” y “Thela Hun Ginjeet”, dos bises que hicieron fluir aún más los espíritus con ese aroma mezcla de precisión quirúrgica, gotas de psicodelia y libertad creativa plena.

Conforme llegó el directo a su epilogo, las guitarras afiladas, las texturas sintéticas, los pulsos hipnóticos, los tambores divinos, las notas sobrehumanas, los acordes imposibles y las estructuras cambiantes encontraron en el alma de los miembros de BEAT el corazón de cada uno de los integrantes que han pasado por King Crimson a lo largo de toda su historia.

Mauro Nicolás Gamboa

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