El pasado martes 14 de julio, mientras se dirimían lindes balompédicas entre los combinados nacionales de España y Francia por ver quién alcanzaba la ansiada final del mundial que está teniendo lugar en Norteamérica (con resultado positivo finalmente para la escuadra ibérica), hubo un claro triunfador sobre el escenario principal del ciclo madrileño Noches del Botánico.
Más que victorioso, el concierto por el 30º aniversario del álbum ‘Omega’ fue coronado de laureles de gloria debido a la colosal, eléctrica y desgarradora presentación del recordado y rupturista disco de flamenco y rock ideado por Enrique Morente y Lagartija Nick en 1996.
En esta oportunidad, y para defender aquella obra de vanguardia, los granadinos Lagartija Nick junto a Kiki Morente, hijo del eterno cantaor, se encargarían de interpretar el repertorio junto a músicos de excepción que supieron homogeneizar el rock y el flamenco de manera magistral ante un recinto abarrotado.
En el escenario, antes de comenzar, se observa una batería rodeada con paneles acústicos, teclados, tambores de percusión, sillas de típico cuadro flamenco, numerosos pies de micrófonos, cajón peruano, bajo, guitarra eléctrica y el espíritu de Enrique Morente sobrevolando el anfiteatro madrileño.

Como intro, por las tres pantallas, se pueden apreciar ensayos de la gira por el décimo aniversario del álbum, a los responsables de la poesía adaptada en el disco. En primer lugar, a Federico García Lorca en fotografías y su libro ‘Poeta en Nueva York’, placas en honor a Leonard Cohen, recortes de prensa antiguos donde se menciona lo vanguardista del disco concebido en 1996, a Enrique Morente paseando por las calles de la ciudad de La Alhambra y concluye el video introductorio con un sol apocalíptico mutando a fuego poco a poco para finalizar con el año 2026 como imagen final ante la ovación del anfiteatro.
Un guitarra comienza rasgar el aire atravesándolo, rompiendo los aplausos, y en la atmósfera se evidencia el aroma Morente. Kiki ingresa lentamente para ubicarse frente a una silla flamenca vacía ubicada en el centro neurálgico de la escena y contemplándola, mirándola fijamente, cierra sus ojos, dejándose impregnar el alma del duende de su padre para mostrar al mundo que no solo es el vástago de Enrique, sino que es fiel custodio y guardián de la obra. No imita, honra.
Con máscaras blancas que les ocultan sus rostros, los Lagartija Nick, capitaneados por el bajista y cantante Antonio Arias y el batería Eric Jiménez, que comienza a marcar el pulso con atronadores tambores, junto al resto de la banda, afrontan en primer término una versión sublime de “Un cantaor debe morir” seguida de “Manhattan”, con la voz de Kiki Morente completamente libre, sin ataduras, respetando la sangre, pero llevando las canciones a su terreno como hizo a lo largo de todo el show.
Máscaras fuera y Kiki junto a Arias, (ya recuperado de una intervención médica por la que tuvo que ser reprogramada la fecha original prevista para el día 3 de junio por la del pasado martes 14 de julio como día del show finalmente) como almirantes de la multitudinaria representación artística que se daba cita en Madrid, fueron construyendo un espectáculo de antología.
Hasta trece músicos en escena, contando guitarras, cantaores, percusionistas y los propios Lagartija ,interpretaban piezas como “Vals en las ramas”, “La aurora de Nueva York” y “Niña ahogada en el pozo”, con la participación especial del bailaor Jesús Carmona, máscara en mano, que fundió sus piernas como raíces hechizadas con las maderas del escenario para culminar un primer bloque aguerrido.
El segundo tramo del directo, ya sin los integrantes de Lagartija Nick, muestra un latido muy flamenco. Seguramente el más profundo de la noche y transitando por distintos palos del género. Por momentos parece un tablao de esos que hay en las cuevas típicas de Granada y donde tienen lugar los encantamientos y los cuentos a la luz de la luna. La platea pudo disfrutar de “Solo del pastor bobo”, “Adán” y “Sacerdotes”. Nadie miraba el resultado del partido. El auditorio al completo tenía depositados todos los sentidos en el directo.

Para el tercer bloque, se forma una especie de pequeña cofradía en el corazón del escenario y los cantaores enfundados en esta oportunidad con las máscaras blancas, marcan el ritmo y el compás, manifestando desde sus pulmones que la invocación trae recompensa. En este caso, Kiki como faro mismo de la velada. Tras enlazar “Kyrie” y “Martinete” de Enrique Morente prosiguen con “Omega”, pieza que le da nombre al celebrado disco y la cual, treinta años después, posee ese mismo espíritu avasallador y llama a las puertas del cielo. En el show suena titánica, con furia, homogénea y conmovedora. No era un sentimiento, eran todos.
Ya nos encontrábamos en el tramo más rockero de la noche y eso se reflejaba en las interpretaciones de “Vuelta de paseo”, la cual puso a temblar el anfiteatro. Era impresionante ver cantar a miles de personas aquello de “asesinado por el cielo” aglutinando todas las golas en una sola voz para que escuchara Enrique desde el tablao más alto.
En esta etapa del concierto, los Lagartija Nick aumentaban las revoluciones y se veían como los pulsos se aceleraban aún más. Se agitaban las cabezas de los presentes con cada acorde. Entre los asistentes se ven camisetas con la portada del disco ‘Omega’, del Granada Club de Futbol, con el rostro del poeta Federico García Lorca y de Leonard Cohen.
Se percibía como Kiki llevaba a sus dominios las canciones, a su amplio registro vocal, y la complicidad que ha generado con los Lagartija Nick, es notoria. Aplausos y más aplausos recibían como contraprestación a su concierto. Hay una conexión que el espectador palpa y se puede aseverar que “Omega”, no es ningún final por más que lo diga el alfabeto griego. Por el contrario, fue el comienzo de todo. El alfa estatal del rock y el flamenco.
Es cautivante como se ve transitar por el interior de cada uno de los presentes “Ciudad sin sueño” y “Aleluya”. Durante esta última, Kiki se sienta en el borde del escenario para dejar que el auditorio interpretara unos fragmentos a capela y hacer la postal más emotiva aún. Esta gira por el treinta aniversario del disco ‘Omega’ es la rúbrica perfecta en vivo de ese amor, esa relación a priori difícil, pero con un resultado excelso entre el rock desafiante y el flamenco de autor. Ambos, tomados de la mano, sin prejuicios y con los arpegios como testigos privilegiados aromatizados por la poesía de Lorca y Cohen, crearon una semilla de la cual surgió un árbol de madera sagrada e ideal para tallar la leyenda hecha música.

La luna alumbraba la ciudad y llegaron los bises sin novedades del partido mundialista. Hay apellidos que pesan, pero otros se llevan con hidalguía. Eso es lo que hicieron juntos Estrella Morente y su hermano Kiki. Ambos parecían estar jugando juntos, correteando por las calles del barrio del Sacromonte en Granada. Cantaron “Pequeño vals vienés” y “Manhattan” en versión extendida.
Sostiene Antonio Arias, alma mater de Lagartija Nick, que “decía el maestro Morente que hasta la séptima hecatombe esto sale pa´lante. Sed vosotros hasta la séptima hecatombe” y remeta junto a sus compañeros de escenario con un grito sincero “¡Morente vive!”, acompañado de una ovación atronadora y cerrando la velada con la participación de Aurora Carbonell, otrora esposa de Enrique Morente y madre de Estrella y Kiki, en “Dama errante”. Un eclipse presidiendo la escena en la pantalla central mientras los músicos se retiraban lentamente ante una tormenta de aplausos.
Una obra que cumple treinta años y es defendida en directo con talento, sangre, audacia y honor por Lagartija Nick y Kiki Morente junto a un elenco de ilustres artistas que engrandecieron la leyenda de Enrique y hicieron latir Madrid.
No todos tenemos el privilegio de nacer en Granada, pero si tenemos la fortuna de poder pasar a la eternidad contemplando La Alhambra escuchando Omega, el mejor disco de rock y flamenco hasta la fecha.
He cursado mis estudios de Derecho y Ciencias Políticas en Granada, teniendo puestos mis cinco sentidos en los héroes, mitos, leyendas y también en las propuestas emergentes del género.
Escribo con mi pluma cargada de tinta en MariskalRock y en La Heavy, con rigor, honestidad y tratando de conectar con los lectores desde mi prisma.
Sin Rock and Roll, no hay vida.
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