Los caminos de la mente son inescrutables. Tras asistir por no-sé-cuánta vez a la casi siempre infalible descarga de Biffy Clyro, en mi cabeza sobrevolaba el mismísimo Mariano Rajoy materializado en forma de trabalenguas. Era consciente que respondía directamente a lo que había presenciado en el marco de Noches del Botánico, el mejor auditorio al aire libre estival de Madrid por su flora y a pesar de una fauna que equilibraba postureísmo instagramil con camisetas de todas las eras de los escoceses. A pesar de todo, el otrora líder del PP no hizo campaña a favor de sus actuales compañeros, sino que materializó su sabiduría en uno de sus lapidarias intervenciones.
“Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo”, comentó en sede parlamentaria al hoy en día más celebre registrador de la propiedad de España. En aquel entonces, aludió a la estrategia de la oposición, ¿pero acaso no se puede aplicar esta visión a esas ocasiones de la vida? ¿Una actuación musical (nos vamos ubicando) no puede ser mejor y peor al mismo tiempo? ¿Simon Neil se ve los reels de Rajoy que le pasan sus colegas en Instagram?
Biffy Clyro tenía tres opciones después de que su compañero James Johnson, bajista y hermanísimo de Ben, el batería, tuviera que dar un paso atrás para recuperarse de sus adicciones y recobrar la salud mental que se había tambaleado tras décadas de actividad sobre los escenarios. La primera era echar el freno, descansar, y esperar; la segunda, apostar por un formato dúo propio de combos como Japandroids o Twenty One Pilots para seguir manteniendo la crudeza de su propuesta.
La tercera vía es con la que se presentaron en esta gira estival, claramente orientada a repasar todos sus grandes éxitos y dejar en un segundo plano un ‘Futique’ (2025) que, a pesar de su solvencia, se ha quedado por detrás frente a sus últimos lanzamientos: apostar por ampliar la banda y con ella, su dimensión sonora, incorporando un segundo guitarrista (Mike Vennart), una bajista (Naomi Macleod), un teclista (Richard Ingram) y dos violinistas (Gillian y Annemarie) que, a lo Guadiana, aparecían y se alejaban según fuera necesario.
“A veces lo mejor es no tomar decisiones, y eso en sí, es una decisión”
No es la primera vez que Biffy sale de gira en formato ampliado, ni mucho menos. Pero sí diría que, de las ocasiones que les he podido ver, en esta he notado que su rol se ha dirigido a ampliar las dimensiones de las canciones y no a reforzar la propia energía sobre el escenario. Esto nos sitúa en una encrucijada: por un lado, las canciones suenan mucho más redondas; los coros suenan más épicos en canciones como “Wolves of Winter”, los violines ayudaron a elevar los puentes de temas como “That Golden Rule” y cortes como “Hunting Season” disfrutaron de una nueva dimensión con los efectos de guitarra apilados de Vennart.
Por otro lado: ¡ay! Hay algo diferente. Todo suena menos empacado, se echa en falta un extra de crudeza, de improvisación; ¡de ruooock! Cuando, en formato trío, las canciones daban la sensación de que podían evolucionar y extenderse, y los setlist a variar y evolucionar, en esta ocasión, todo está planificado hasta la posición de cada miembro en cada canción: “A ti te toca subirte a la tarima, a mí moverme aquí”.
En otra banda quizá no se notaría tanto; en Biffy, y más después de verlos defender sus canciones en diferentes circunstancias, la diferencia es palpable.
¿Mejor? ¿Peor? Diferente. Dependerá del concierto, del entorno, de la reacción del público y de las sensaciones de quien escribe. Al final, “somos sentimientos y tenemos seres humanos”. O algo así.
"Lo más importante que se puede hacer por vosotros es lo que vosotros podáis hacer por vosotros”
Pero vamos, que aún con todo, el concierto fue no solo dignísimo, sino muy divertido. Un grandes éxitos en toda la regla, con un setlist calcado al que están representando en la mayoría de conciertos de esta gira. Siempre criticaré esa ausencia de variedad. En un mundo en el que la información está por todos lados, lo imprevisible es oro.
Arrancaron pidiendo ayuda a cantar con “The Captain”, para seguir con “That Golden Rule” y “Who’s Got a Match?”, que vino precedida de una felicitación por nuestro triunfo en el Mundial (ole, ole, Españita). Este triplete permitió comprobar lo metido que estuvo el respetable, lo mal acostumbrados que estamos a unas cámaras que aquí brillaron por su ausencia y el sólido esquema de luces que eligieron para su directo: nada nuevo, pero tremendamente efectivo.
“Biblical” fue el primer momento karaoke de la velada, y vino seguida por “A Little Love”, heredera del pop británico, pero bien empujada en directo por unas guitarras que sonaron pesadísimas durante todo el concierto; a veces, quizá, demasiado afiladas, pero ya sabemos el tono de Neil.
Los grandes éxitos continuaron con “Instant History”, ya consolidada en la rotación; “Goodbye”, más flojita, y “Living Is a Problem Because Everything Dies”, normalmente momento cumbre y que, en esta ocasión, fue desmerecida por unos riffs en el puente que no salieron del todo bien.
En “Space” brillaron las cuerdas, como era de esperar, mientras que “Cop Syrup”, del disco ‘A Celebration of Endings’, se erigió una vez más como cumbre del concierto. Totalmente diferente a otros temas de su trayectoria, y al mismo tiempo reflejando el espíritu de la formación, destacó esa agresividad que a veces traspasa en sus grandísimas estructuras pop rock.
Biffy Clyro será recordado por sus canciones, pero ojalá también lo sea por las idas de pinza e ideas casi inconexas de su discografía, como un “In The Name of the Wee Man” que ojalá vuelva a sus setlist más pronto que tarde.
"It's very difficult todo esto"
No se puede contentar a todo el mundo. Pero quizá sean cosas mías, porque el público, si bien un tanto estático, respondió con vítores y palmas a cada uno de los temas que restaron de la noche.
La entrega con “Black Chandelier” fue total, así como con “Mountains”, con la gente metidísima dejándose la voz en el puente. “Fuck yeah, Madrid!” exclamó Neil, al abandonar las tablas antes de los bises.
Volvió apenas unos minutos después en formato acústico para tocar la bonita “Machines” de ‘Puzzle’. Con cierto cacareo de las cotorras del botánico, el tema fue creciendo con la intervención de los violines y los coros de Ben Johnson, esta vez de pie a un lado del escenario.
El cierre vino con “Wolves of Winter”, muy festejada y en la que quizá la voz de Simon despuntaba en exceso; “Bubbles”, la única que consiguió hacer saltar a toda la pista, con tímidos intentos de circle pit, y en la que se demostró una vez más que el público madrileño no sabe dar palmas a tiempo, y “Many of Horror”, último karaoke tras el que nos desearon un feliz verano y se despidieron con el ya clásico “We are Biffy Fuckin’ Clyro!”
Los casi treinta años de experiencia de Biffy Clyro sobre las tablas palidecen al compararlos con su trayectoria ofreciendo un concierto en formato banda completa.
Tengo la confianza que, vista la evolución y la ambición sonora de los escoceses en sus últimos lanzamientos, e incluso con la recuperación de James, este es el camino a seguir. Pero todavía queda recorrido para sonar tan empastados y contundentes como de costumbre. Pero qué sabré yo: “No he dormido nada, no me pregunten demasiado”.
Setlist: "The Captain" / "That Golden Rule" / "Who's Got a Match?" / "Biblical" / "A Little Love" / "Instant History" / "Goodbye" / "Living Is a Problem Because Everything Dies" / "Hunting Season" / "Space" / "Cop Syrup" / "Different People" / "A Hunger in Your Haunt" / "Black Chandelier" / "Mountains". Bises: "Machines" / "Wolves of Winter" / "Bubbles" / "Many of Horror”.
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