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Crónica de Lörihen + Reytoro + SilverFeet en Barcelona: Cuando el Atlántico desaparece

Lörihen

Tras los conciertos en Madrid y Zaragoza, la parada en Barcelona fue el siguiente capítulo de una historia que Lörihen y Reytoro fueron escribiendo a ambos lados del escenario, llevando su música por buena parte de nuestra geografía antes de emprender el regreso al otro lado del Atlántico. Una travesía bajo el nombre “Metal del Plata” que volvió a demostrar que el heavy metal sudamericano sigue derribando fronteras con la misma fuerza y pasión que siempre.

La noche rockera en la Sala Upload comenzó con un sabor agridulce marcado por las despedidas. Los barceloneses SilverFeet anunciaron que ponían punto final a su trayectoria, una noticia que sorprendió a buena parte de los asistentes. Sin entrar en detalles sobre los motivos de la decisión, su vocalista y frontman, Marcus Spencer, explicó que la vida está hecha de etapas y ciclos, y que el de la banda había llegado a su conclusión natural. Eso sí, quiso dejar claro que la relación entre todos los miembros sigue siendo excelente y que la separación no responde a ningún conflicto interno.

SilverFeet

Con ese mensaje cargado de sinceridad y emoción arrancó una actuación que, inevitablemente, estuvo marcada por la sensación de estar asistiendo a uno de los últimos capítulos de la historia de SilverFeet sobre un escenario. Pero lejos de dejarse arrastrar por la nostalgia o la tristeza, Marcus Spencer tomó el micrófono y, junto a Toni Distortion a las guitarras, Ciprian al bajo y Edu Adell a la batería, se pusieron manos a la obra con lo que mejor sabe hacer SilverFeet: descargar hard rock sin concesiones y disfrutar cada minuto sobre el escenario como si fuera el primero... o el último.

SilverFeet

“In Flames”, “My Dark Room” y “Take This One” fueron los tres primeros cañonazos de la noche. Especialmente celebrada fue esta última, presentada por Marcus Spencer como una dedicatoria a “todos aquellos que nos tocan los cojones”, arrancando carcajadas, aplausos y los primeros puños en alto entre el público de la Sala Upload. El propio Marcus animó además a los asistentes a levantar el brazo y mostrar con orgullo el “dedo impúdico”, convirtiendo la sala en una pequeña rebelión de rock and roll. “Rockin' Soul” fue dedicada a todos los que siguen llenando salas, dejándose la garganta y recorriendo kilómetros por una banda. Porque, como recordó Marcus, sin público no hay rock and roll.

Con “Bipolar” llegó el momento de la despedida. Antes de abandonar el escenario, Marcus Spencer tuvo palabras de agradecimiento para las bandas que tomarían el relevo durante la noche, reconociendo la oportunidad de compartir cartel y escenario en una velada tan especial. Un adiós elegante para una banda que decidió despedirse haciendo lo que mejor sabe hacer: tocar rock and roll. Pero aún quedaba una última sorpresa. Una tarta de cumpleaños apareció sobre el escenario y, mientras toda la Sala Upload cantaba el “Cumpleaños Feliz”, Marcus Spencer sopló las velas entre aplausos, cerrando la noche con una sonrisa.

Reytoro

Cuando los técnicos terminaron el habitual baile de cables, amplificadores e instrumentos, cuatro sombras llegadas desde Montevideo tomaron posiciones sobre el escenario. No hicieron falta demasiadas presentaciones. Reytoro llevaba casi tres décadas escribiendo su propia historia dentro del metal sudamericano y aquella noche venía dispuesto a añadir un nuevo capítulo en Barcelona.

Reytoro

La primera sacudida llegó con “Hacha”, seguida por “Némesis” y “Dinamita”. Tres golpes directos al mentón que despertaron de inmediato a la Sala Upload. Las cabezas empezaron a agitarse al ritmo de los riffs y el ambiente fue calentándose hasta que apareció “Karma”. Fue entonces cuando se abrió el primer pogo de la noche y la historia cambió de ritmo. La sala se convirtió en un hervidero de empujones, sonrisas y puños en alto.

Entre los asistentes destacaba una pequeña pero ruidosa colonia uruguaya que vivía cada canción como si estuviera en casa. Por momentos, entre banderas, cánticos y abrazos, parecía que un pedazo de Montevideo se había trasladado a Barcelona para acompañar a sus héroes. Y aunque el aforo no estaba completo, nadie lo habría adivinado viendo la intensidad con la que se vivía cada tema. Los pogos se sucedían y hasta hubo espacio para algún que otro crowd surfing que cruzó la sala sobre una marea de manos.

Reytoro

Sobre las tablas, Fabián ejercía de líder natural de la expedición, guiando cada descarga con una presencia arrolladora. A su lado, Norberto hacía rugir la guitarra, mientras Enzo y Fernando sostenían una maquinaria rítmica tan sólida como demoledora. No era difícil entender por qué estos cuatro músicos han compartido cartel con gigantes como Sepultura o han abierto conciertos para Deep Purple. Había oficio, actitud y toneladas de metal en cada movimiento.

La historia fue acercándose a su desenlace con “Caminando”, “Finisterra”, “Desolador”, “Persecución”, “Viajar” y “Peste”, una sucesión de martillazos que terminaron de dejar exhausta a la Sala Upload. Entonces llegaron los agradecimientos y una última mirada hacia el futuro inmediato. Antes de abandonar el escenario, Reytoro anunció la llegada de unos viejos compañeros de carretera, una banda hermana con la que compartían años de amistad, kilómetros y heavy metal. Y así, entre aplausos y expectación, los uruguayos cedieron el testigo. Porque la noche todavía guardaba una última historia por contar.

Lörihen

Lörihen

Minutos después, Lörihen saltaba al cuadrilátero dispuesto a demostrar por qué ocupaba el puesto de cabeza de cartel. Treinta años de carretera, escenarios y heavy metal argentino avalaban a los siguientes protagonistas de la noche. Y así fue cómo Lörihen tomó el lugar: sin prisas pero sin concesiones.

Lörihen

Bastaron los primeros acordes de “Bajo la cruz”, “Aún sigo latiendo” y “Extraños signos” para que quedara claro que los argentinos no habían cruzado el Atlántico para cumplir expediente, sino para recordar por qué llevan tres décadas recorriendo escenarios.

La historia fue creciendo canción a canción. “Muro del silencio” y “El secreto más perverso” encontraron rápidamente respuesta entre los asistentes, mientras la banda avanzaba con la seguridad de quien conoce perfectamente el camino. No había artificios ni grandes trucos, solo canciones, oficio y una conexión constante con el público.

Sobre las tablas, Emiliano Obregón, con el que hablamos previamente en esta entrevista, guiaba la travesía desde la guitarra, Lucas Gerardo ponía voz y alma a cada estrofa, Christian Abarca hacía rugir el bajo, y Leo Dobao mantenía firme el pulso de la noche. Cuatro músicos remando en la misma dirección, demostrando que la experiencia acumulada durante años sigue siendo una de las armas más poderosas del heavy metal.

Cuando la noche empezó a acercarse a su desenlace, Lörihen decidió apretar definitivamente el acelerador. “El viaje”, “Cadenas de la perversión”, “Gritos de libertad” y una celebrada “Cautivo” de V8 fueron cayendo una tras otra mientras la sala respondía con puños en alto y gargantas entregadas.

El último capítulo llegó con “Vida eterna”, un cierre épico para una historia de carretera, metal y amistad que, treinta años después, sigue escribiéndose con la misma pasión que el primer día.

Así, entre kilómetros de asfalto, salas de conciertos y noches de heavy metal, la gira “Metal del Plata” continuó su camino por ciudades como Valencia, Murcia, Málaga, Sevilla, Valladolid o Vigo. Gracias por compartir vuestra música.

Ben Marcus

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