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Crónica de Hellfest 2026 en Clisson, Francia (jueves) con Alice Cooper, Deep Purple, Bring Me The Horizon y The Pretty Reckless marcando un espectacular inicio

A lo largo de sus diecinueve ediciones, el festival francés se ha consolidado como uno de los eventos de música pesada más importantes del planeta, reuniendo este año a cerca de 200.000 asistentes durante cuatro jornadas y un cartel compuesto por 183 bandas repartidas en seis escenarios. Pero Hellfest es mucho más que números. Lo que hace especial a este gigantesco encuentro es una organización prácticamente impecable y una identidad propia que lo diferencia de cualquier otro festival del mundo.

Los dos escenarios principales, Mainstage 1 y Mainstage 2, se encuentran uno junto al otro, y funcionan de forma alterna, una de las señas de identidad del festival. Gracias a ello, los asistentes pueden disfrutar de música prácticamente ininterrumpida desde primera hora de la tarde hasta bien entrada la madrugada sin necesidad de desplazarse de un escenario a otro. Apenas cinco minutos separan un concierto del siguiente.

Mientras tanto, Temple y Altar ofrecen refugio cubierto para las propuestas más extremas, desde el black metal al death metal técnico, mientras Valley y Warzone mantienen vivas las tradiciones del stoner, doom, hardcore y punk.

Como si se tratara de una catedral dedicada al heavy metal, Hellfest continúa ampliando año tras año su colección de monumentos dedicados a algunas de las figuras más importantes de la música pesada. Si la gigantesca estatua de Lemmy Kilmister lleva años vigilando el recinto desde las inmediaciones de Valley y Warzone, esta decimonovena edición estrenaba una nueva figura monumental dedicada a Ozzy Osbourne. Visible desde la entrada principal y recibiendo a los asistentes nada más cruzar las puertas del festival, la impresionante escultura del Madman se convirtió inmediatamente en uno de los puntos más fotografiados del recinto y en un recordatorio permanente de la enorme influencia que Black Sabbath y Ozzy siguen teniendo sobre varias generaciones de aficionados.

Foto: Iñigo Malvido

Y todo ello en una edición especialmente exigente. Francia atravesaba una de las olas de calor más intensas de los últimos años, con temperaturas que rozaron o superaron los 40 grados en numerosas regiones del país. Afortunadamente, Hellfest volvió a demostrar por qué marca diferencias. Zonas de sombra como Hellfresh dentro del Kingdom Of Muscadet, innumerables puntos de agua, estaciones para protección solar, asistencia médica, tapones para los oídos e incluso ayuda para conciliar el sueño permitieron a los asistentes sobrevivir a unas condiciones realmente extremas.

Con semejante escenario, el jueves arrancó de la mejor manera posible.

Mikkey Dee & Friends. Foto: Iñigo Malvido

El encargado de inaugurar los Mainstage fue Mikkey Dee & Friends, un proyecto creado por el histórico batería de Motörhead para mantener vivo el legado de Lemmy Kilmister. Acompañado por Viktor Skatt al bajo y la voz y William Dickborn a la guitarra, ambos procedentes de la banda sueca The Drippers, Dee ofreció una descarga de clásicos de Motörhead que convirtió el arranque del festival en una auténtica celebración.

Resultaba imposible no sonreír viendo a Skatt luciendo una imagen prácticamente calcada a la de Lemmy, incluido el bajo y gran parte de sus gestos escénicos. Sonaron himnos como “Born to Raise Hell” o “Killed By Death”, precisamente el tema en el que Chuck Garric, bajista de Alice Cooper, apareció como invitado especial. Más que un simple concierto, aquello fue un homenaje cargado de cariño al hombre cuya enorme estatua sigue vigilando el recinto desde las inmediaciones de Valley y Warzone.

Mikkey Dee & Friends. Foto: Iñigo Malvido

Desde allí tocó correr hasta Temple para descubrir a Perchta, una de esas bandas que explican perfectamente la diversidad musical que define a Hellfest. Los austríacos practican una peculiar mezcla de folk alpino y black metal liderada por la carismática vocalista Frau Percht. Entre rituales paganos, máscaras tradicionales y atmósferas inquietantes, la banda ofreció una de las propuestas más originales de toda la jornada.

El momento más surrealista llegó cuando la cantante comenzó a repartir el contenido de un cáliz entre los músicos para posteriormente “bendecir” al público. Desde el foso, uno podía dar fe de que aquella sangre ceremonial también alcanzó a más de un fotógrafo. Por fortuna, los dioses del metal fueron benevolentes y la sustancia se limpiaba con relativa facilidad.

Perchta

De vuelta al Mainstage 2, esperaba una banda que ya hace tiempo dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. Tras pasar los dos últimos años recorriendo estadios de todo el mundo junto a AC/DC, The Pretty Reckless demostraron que un escenario como este ya no les viene grande en absoluto.

The Pretty Reckless

Taylor Momsen apareció convertida en una auténtica estrella de rock, liderando un repertorio que combinó clásicos de la banda con adelantos de su inminente nuevo trabajo.

“Death By Rock And Roll” y “Since You're Gone” sirvieron para encender a un público que rápidamente cayó rendido a sus pies. Los nuevos temas mostraron una banda en plena evolución, mientras que himnos como “Heaven Knows” o “Going To Hell” confirmaron por qué The Pretty Reckless se han convertido en uno de los nombres más importantes del rock alternativo contemporáneo.

Especialmente memorable fue ver a Momsen bajar hasta la primera fila para cantar el reciente “ When I Wake Up” junto a sus seguidores mientras algunos carteles en el público llegaban incluso a pedirle matrimonio.

A continuación, llegó uno de esos momentos que convierten a Hellfest en un festival único. Porque no todos los días puede verse a Deep Purple actuando en un evento dominado principalmente por bandas de metal contemporáneo.

Con “Highway Star” como carta de presentación, los británicos protagonistas de la portada del número 482 de La Heavy demostraron que siguen siendo una fuerza a tener en cuenta. Ian Gillan, ya octogenario, superó ampliamente las expectativas, mientras Roger Glover, Ian Paice, Don Airey y el guitarrista Simon McBride volvieron a confirmar que la maquinaria Purple continúa funcionando con una salud sorprendente.

Deep Purple

Lejos de vivir exclusivamente de la nostalgia, la banda apostó por material reciente e incluso por adelantos de su próximo trabajo. Una declaración de intenciones que confirma que Deep Purple sigue mirando hacia delante más de medio siglo después de cambiar para siempre la historia del rock. Eso sí, el tramo final estuvo reservado para la artillería pesada con clásicos inmortales como “Space Truckin’”, “Black Night” y, por supuesto, “Smoke On The Water”. Ver las caras de muchos aficionados jóvenes descubriendo estas canciones interpretadas por sus creadores fue uno de los momentos más bonitos del día.

Deep Purple

Confieso que mi paso por el concierto de The Halo Effect fue breve. Apenas los tres primeros temas antes de emprender una nueva carrera entre escenarios. Sin embargo, bastó ese pequeño vistazo para entender por qué la banda está funcionando tan bien. El proyecto reúne a varios de los arquitectos originales del sonido de Gotemburgo, y eso se nota desde la primera nota. Mikael Stanne ejerció de perfecto maestro de ceremonias, sonriente durante toda la actuación y visiblemente agradecido por la respuesta de un público que llenó buena parte del Altar. Puede que The Halo Effect sea una banda relativamente joven, pero la experiencia acumulada sobre ese escenario equivalía a varias décadas de historia del metal extremo sueco.

The Halo Effect

Musicalmente, el repertorio se apoyó principalmente en temas de ‘Days Of The Lost’ y ‘March Of The Unheard’, confirmando que el proyecto ha dejado atrás hace tiempo la etiqueta de supergrupo ocasional para consolidarse como una banda con identidad propia.

Papa Roach aparecieron cuando el sol comenzaba a caer sobre Clisson y transformaron el recinto en una gigantesca fiesta de nu metal. Las enormes llamaradas de fuego que rodean los Mainstages parecían diseñadas específicamente para acompañar canciones como “Getting Away With Murder”, “Scars” o “Help”.

Jacoby Shaddix estuvo sencillamente espectacular. A sus 49 años, y tras más de una década sobrio, el vocalista continúa mostrando una energía contagiosa capaz de conectar con decenas de miles de personas al mismo tiempo. Especialmente emotivo resultó el momento de “Brain Dead”, cuando Brixton, su hijo, apareció para compartir escenario y cantar con él. Un instante familiar que arrancó una de las mayores ovaciones de la noche.

Tampoco faltó el divertido “Nümetal Time Machine”, donde la banda rindió homenaje a Korn y System Of A Down antes de encarar un tramo final demoledor coronado por “Last Resort” y “Between Angels And Insects”. Si hubo un candidato claro a concierto del día, Papa Roach estuvo sin duda en esa conversación.

 

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Alice Cooper

Del nu metal pasamos directamente a otro de los arquitectos fundamentales de la historia del rock. Si Deep Purple representó la historia viva del rock, Alice Cooper recordó por qué sigue siendo el rey indiscutible del shock rock más de cincuenta años después de inventarlo prácticamente todo.

Alice Cooper

A diferencia de muchas leyendas que sobreviven apoyándose únicamente en la nostalgia, Vincent Furnier continúa entendiendo que un concierto de Alice Cooper debe ser mucho más que una colección de canciones. Debe ser un espectáculo. Teatro, terror, humor negro y rock and roll formando parte de una misma experiencia.

Desde la aparición inicial con "Who Do You Think We Are" quedó claro que aquello iba a ser una representación perfectamente coreografiada. A sus 78 años, Cooper sigue dominando el escenario con una autoridad insultante, alternando personajes, interactuando con el público y ejerciendo de maestro de ceremonias de una pesadilla que el público conoce de memoria pero que sigue funcionando igual de bien décadas después.

"I'm Eighteen", "Hey Stoopid", "Poison" o "No More Mr. Nice Guy" fueron cayendo una tras otra mientras la maquinaria de su banda funcionaba con precisión quirúrgica. Y no es para menos. Ryan Roxie, Tommy Henriksen, Chuck Garric y Glenn Sobel forman desde hace años una de las bandas de acompañamiento más sólidas del rock, capaces de sonar demoledores y elegantes al mismo tiempo.

Alice Cooper

Merece también una mención especial la joven guitarrista británica Anna Cara, sustituyendo temporalmente a Nita Strauss. Lejos de acusar la presión de ocupar semejante puesto, se mostró segura, agresiva cuando el repertorio lo requería y perfectamente integrada dentro de un elenco de músicos veteranos.

"Feed My Frankenstein" volvió a ser uno de los grandes momentos visuales de la noche. El gigantesco monstruo apareció sobre el escenario arrancando sonrisas entre los asistentes mientras Cooper continuaba interpretando con evidente diversión uno de los clásicos más queridos de su repertorio. Poco después, "Brutal Planet" sirvió para que cada miembro de la banda tuviera su momento de protagonismo, demostrando que detrás de toda la teatralidad existe también una formación de primerísimo nivel.

Alice Cooper

Por supuesto, tampoco faltó el segmento más esperado del espectáculo. "Ballad Of Dwight Fry" volvió a transformarse en una pequeña obra de teatro dentro del concierto. La aparición de Sheryl Cooper, esposa del cantante desde hace casi medio siglo, condujo al inevitable desenlace con Alice siendo conducido hacia la guillotina. Aunque todos conocemos el final de la historia, sigue resultando imposible no observar la escena con una mezcla de diversión y admiración por una producción que continúa funcionando generación tras generación.

El tramo final fue sencillamente irresistible. "School's Out", fusionada como es habitual con fragmentos de "Another Brick In The Wall", convirtió Hellfest en una gigantesca celebración colectiva. Pero cuando parecía que el espectáculo había terminado, Cooper todavía guardaba una última sorpresa. La banda atacó una inesperada versión de "Smells Like Teen Spirit" y la reacción fue inmediata. Resultó curioso comprobar cómo buena parte del público más joven saltaba y coreaba el clásico de Nirvana con incluso más entusiasmo que algunos de los propios himnos de Cooper.

Una demostración más de que Alice entiende perfectamente algo que muchos artistas de su generación han olvidado: el rock no consiste únicamente en mirar al pasado, sino en seguir encontrando formas de conectar con nuevas generaciones. Y a juzgar por la reacción de Hellfest, sigue consiguiéndolo mejor que casi nadie.

El momento más emotivo de la jornada llegó con el homenaje a Ozzy Osbourne. Un montaje audiovisual repasó algunos de los momentos más emblemáticos de su carrera mientras los acordes de “Bark At The Moon” resonaban por todo el recinto acompañados por una espectacular exhibición de fuegos artificiales. El tributo adquirió un significado aún más especial al tratarse de los únicos fuegos artificiales que vería el festival durante todo el fin de semana, ya que los tradicionales fuegos de clausura del domingo fueron cancelados debido a las altas temperaturas y al riesgo de incendios. Un reconocimiento merecido para una figura cuya influencia sigue siendo omnipresente en cualquier rincón de Hellfest.

 

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Y entonces llegó el turno del gran cabeza de cartel. Bring Me The Horizon demostraron por qué representan a toda una nueva generación dentro del metal moderno. Su producción fue sencillamente descomunal. Pantallas gigantes convertidas en una especie de videojuego distópico, efectos visuales constantes, cámaras perfectamente sincronizadas y una pasarela central única entre los cuatro días del festival sirvieron para construir el espectáculo visual más impresionante del jueves.

Musicalmente, la banda de Oli Sykes apostó principalmente por su etapa más reciente, reflejando la evolución que les ha llevado desde el metalcore hasta convertirse en una de las propuestas más ambiciosas y transversales del rock contemporáneo. La combinación de fuego, pirotecnia y tecnología provocó que miles de personas permanecieran hipnotizadas durante toda la actuación.

Y cuando parecía imposible pedir más después de diez horas soportando temperaturas cercanas a los 35 grados, apareció Alestorm para recordar que la diversión también forma parte esencial del ADN de Hellfest.

Alestorm. Foto: Iñigo Malvido

Los escoceses transformaron el recinto en una taberna pirata gigante. Patitos amarillos hinchables volando por todas partes, miles de personas remando sentadas durante “Nancy The Tavern Wench”, litros imaginarios de ron y un gigantesco “FUCK YOU” inflable dominando el escenario durante “Fucked With An Anchor”. Fue el final perfecto para una primera jornada memorable.

Porque si algo dejó claro este jueves fue que Hellfest sigue siendo mucho más que un festival. Es una celebración de la música pesada en todas sus formas, un punto de encuentro para generaciones distintas y un lugar donde leyendas del rock clásico comparten espacio con las estrellas del futuro.

Y lo mejor de todo era que todavía quedaban tres días por delante.

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