El jueves las propuestas más modernas fueron las protagonistas del Hellfest 2026, el viernes el heavy metal clásico tomó el protagonismo con Iron Maiden, Queensrÿche, Accept o Helloween, mientras que el sábado se vivió una jornada memorable con thrash, calor extremo y una despedida histórica. José Crespo nos detalla cómo se desarrolló todo.
El sábado amaneció de una forma muy distinta a las dos jornadas anteriores. Antes incluso de poner un pie en el recinto, Hellfest ya era noticia. La ola de calor que estaba golpeando buena parte de Francia elevaba los termómetros hasta los 37 grados y obligaba a la organización a tomar una decisión poco habitual, cancelar los tradicionales fuegos artificiales que debían cerrar el festival el domingo por la noche debido al elevado riesgo de incendio.
Las malas noticias no terminaron ahí. La tarde anterior se había confirmado que Tom Morello no podría actuar por motivos familiares, una situación que posteriormente también afectaría a otras fechas de su gira, y poco después llegaba la cancelación de Max Cavalera, cuyo autobús había sufrido un pequeño accidente mientras viajaba tras actuar en Graspop. Eran contratiempos importantes para una edición que hasta entonces había transcurrido con una sorprendente perfección.
Aun así, bastó cruzar las puertas del recinto para comprobar que nada iba a detener la maquinaria de Hellfest. Miles de personas seguían llegando desde primera hora, refugiándose bajo cualquier sombra disponible y acumulando litros de agua antes de afrontar una jornada que, musicalmente, iba a estar dominada por uno de los géneros más representativos de la historia del metal: el thrash.

Cancer Bats
La primera parada nos llevó hasta el Warzone, un escenario que año tras año sigue demostrando ser uno de los espacios con más personalidad de todo el festival. Allí esperaban Cancer Bats, veteranos representantes de la escena hardcore canadiense que encontraron el entorno perfecto para desplegar su propuesta.
Desde los primeros compases quedó claro que el calor no iba a servir de excusa para nadie. Liam Cormier apareció como un auténtico torbellino. Corriendo de un lado a otro, buscando constantemente la interacción con las primeras filas y desafiando al público a elevar todavía más el nivel de intensidad, el vocalista lideró una actuación que encajó perfectamente con el espíritu del Warzone. Los circle pits comenzaron a abrirse casi de inmediato y durante buena parte del concierto la sensación fue la de estar contemplando una batalla campal perfectamente organizada.
Hablando de estas "batallas" en forma de mosh pit, merece la pena detenerse un momento en algo que volvió a llamar la atención durante todo el festival: el enorme respeto que existe dentro de la comunidad metalera. En medio de aquellos círculos de gente chocando unos contra otros a toda velocidad, bastaba que alguien cayera al suelo para que varias manos aparecieran inmediatamente para levantarlo. Esa filosofía quedó resumida en una imagen que difícilmente olvidaré. Desde el foso pude ver a una niña de no más de seis o siete años asomando apenas la cabeza por encima de la valla. Con sus protectores auditivos puestos y una enorme sonrisa dibujada en la cara, observaba fascinada todo lo que ocurría frente a ella mientras sus padres compartían con ella la experiencia. Una escena que desmonta muchos prejuicios y que explica mejor que cualquier discurso el ambiente que se respira en festivales como Hellfest.
Musicalmente, la combinación de hardcore, punk y metal moderno que ha definido a Cancer Bats durante casi dos décadas funcionó a la perfección. Temas extraídos de discos tan celebrados como “Hail Destroyer” o “Bears, Mayors, Scraps & Bones” sonaron especialmente contundentes en un escenario donde la cercanía con el público multiplica el impacto de cada riff y cada breakdown.
Crisix
Desde allí tocaba correr hacia el Main Stage 2 para asistir a una de las actuaciones más celebradas de toda la jornada. Los catalanes Crisix aparecían ante una audiencia mucho más numerosa de lo que muchos habrían imaginado hace apenas unos años. Y lo cierto es que tardaron muy poco en demostrar por qué se han convertido en una de las exportaciones más importantes del thrash metal español. Si el sábado iba a ser la gran fiesta del thrash, Crisix se encargó de encender la mecha.
La banda liderada por Juli Baz salió a por todas desde el primer minuto. La apertura con “Leech Breeder” dejó claro que no habían venido simplemente a cumplir expediente, mientras que “G.M.M. (The Great Metal Motherfucker)” terminó de convertir la explanada frente al escenario en una auténtica zona de guerra. Los riffs se sucedían a una velocidad vertiginosa mientras los mosh pits crecían canción tras canción bajo un sol abrasador que parecía no dar tregua.

Uno de los momentos más celebrados llegó con el medley formado por “Fight For Your Right”, "Walk” y “Antisocial”, recibido como una auténtica fiesta colectiva por una audiencia completamente entregada. La recta final con “Fast Music”y la imprescindible “Ultra Thrash" terminó de confirmar lo que muchos ya sabían: Crisix no solo pertenece a este tipo de escenarios, sino que está más que preparada para conquistarlos. La imagen del guitarrista Marc Busqué inmerso en medio de uno de los mosh pits resumió perfectamente el espíritu de una actuación que respiró diversión, velocidad y autenticidad por los cuatro costados.
Anthrax
A medida que avanzaba la tarde, la presencia del thrash se hacía cada vez más evidente. Y entonces aparecieron Anthrax.

Pocas bandas pueden presumir de haber ayudado a construir los cimientos del thrash metal moderno. Joey Belladonna, Scott Ian, Frank Bello, Jon Donais y Derek Roddy, sustituyendo una vez más a Charlie Benante, no necesitan demostrar nada a estas alturas de su carrera, pero aun así ofrecieron una actuación que recordó exactamente por qué siguen ocupando un lugar privilegiado dentro de la historia del metal.
Belladonna fue probablemente el gran protagonista visual del concierto. Sonriente, hiperactivo y claramente disfrutando de cada segundo, pasó gran parte del show acercándose al borde del escenario para buscar la complicidad del público. A sus espaldas, Scott Ian seguía descargando riff tras riff con esa presencia inconfundible que le ha acompañado durante más de cuarenta años, mientras Frank Bello no dejaba de recorrer el escenario animando a las primeras filas.

Cuando llegaron clásicos como “Madhouse”, "Caught in a Mosh” o especialmente “Antisocial”, la reacción fue inmediata. Miles de personas comenzaron a cantar al unísono convirtiendo el Main Stage en una gigantesca celebración colectiva. Era imposible no dejarse arrastrar por la energía que desprendía la banda.
Sin embargo, la jornada todavía guardaba cambios de ritmo.
A Perfect Circle
A primera hora de la noche llegaba uno de los nombres más exclusivos de todo el cartel. A Perfect Circle aterrizaban en Clisson con la siempre enigmática figura de Maynard James Keenan al frente. El cantante de Tool continúa siendo una de las personalidades más fascinantes y misteriosas del rock moderno y su presencia convertía esta actuación en una auténtica rareza dentro del circuito de festivales europeos.

La situación recordó inevitablemente a lo ocurrido con Opeth la noche anterior. Tras horas soportando temperaturas extremas y con Megadeth esperando justo después, una parte importante del público aprovechó la actuación para sentarse, descansar y recuperar fuerzas. Pero quienes decidieron permanecer atentos encontraron una propuesta completamente diferente a todo lo que había sonado durante el resto del día.
Junto al guitarrista y fundador Billy Howerdel, Maynard construyó una atmósfera hipnótica basada en desarrollos largos, texturas envolventes y una ejecución impecable. Temas como “The Package”, “Disillusioned”, “Weak and Powerless” o la magnífica versión “All Main Courses Mix”en “3 Libras” fueron envolviendo lentamente al público en una experiencia mucho más introspectiva que explosiva. No era un concierto diseñado para provocar mosh pits ni para competir en volumen con lo que había sonado antes. Era una pausa elegante y necesaria antes de la tormenta. Porque la verdadera explosión estaba a punto de llegar.
Megadeth
Cuando las luces se apagaron y apareció Dave Mustaine sobre el escenario, quedó claro que nos encontrábamos ante uno de los momentos históricos de esta edición de Hellfest.

Megadeth llegaba a Francia dentro de su gira de despedida. Una gira que está poniendo punto final a una de las carreras más importantes que ha conocido el heavy metal y que permitía al público francés despedirse de una banda absolutamente fundamental para varias generaciones de aficionados.
Personalmente fue uno de esos conciertos que justifican por sí solos un viaje entero al festival. Poder fotografiar a Dave Mustaine desde tan cerca, contemplar cada gesto, cada expresión y cada detalle de una figura tan trascendental para la historia del género, es algo que difícilmente olvidaré.

La apertura con “Tipping Point” sirvió para reivindicar un último disco excelente que demostró que Megadeth todavía tenía mucho que decir en estudio incluso después de cuatro décadas de carrera. A partir de ahí comenzó un recorrido por algunos de los momentos más importantes de su historia. “Hangar 18" fue una auténtica exhibición instrumental, seguida por “Sweating Bullets” o “Let There be Shred”, todas ellas recibidas con auténtica devoción por un público consciente de que estaba viviendo una despedida.
Si hubo un aspecto que recordó constantemente que estamos ante una gira de despedida fue la voz de Dave Mustaine. El líder de Megadeth sigue conservando ese timbre áspero e inconfundible que ha definido la personalidad de la banda durante décadas, pero en varios momentos del concierto se hizo evidente el desgaste acumulado tras tantos años sobre la carretera. Especialmente durante "À Tout Le Monde”, uno de los momentos más emotivos de toda la noche, su voz pareció resentirse por momentos y ya no volvió a ser la misma.
Lejos de restar emoción al espectáculo, aquello añadió una dimensión humana a una actuación cargada de simbolismo. El hombre que sobrevivió a un cáncer de garganta y que ha superado innumerables obstáculos físicos durante su carrera seguía allí, delante de miles de personas, despidiéndose de una vida entera dedicada al metal.

Y es que donde Megadeth sigue resultando prácticamente intocable es en el apartado instrumental. Teemu Mäntysaari ofreció una auténtica exhibición durante toda la actuación. Cada solo parecía ejecutado con una facilidad insultante. Canciones como “Tornado of Souls” o “Hangar 18” sirvieron para recordar por qué el catálogo de Megadeth sigue siendo una referencia absoluta para generaciones enteras de guitarristas. A su lado, James LoMenzo no dejó de sonreír ni un solo instante. Constantemente animando al público y conectando con las primeras filas, el bajista se ha convertido en una presencia fundamental dentro de la banda actual. Detrás de ellos, Dirk Verbeuren volvió a demostrar por qué está considerado uno de los mejores baterías del metal moderno, convirtiendo cada canción en una auténtica demostración de potencia y precisión.
La recta final llegó cargada de clásicos imprescindibles. “Symphony of Destruction” provocó uno de los mayores coros de toda la noche antes de que “Peace Sells" y la imprescindible “Holy Wars... The Punishment Due” pusieran el broche a una actuación tan emocionante como histórica.
Limp Bizkit
Tras semejante descarga, el festival necesitaba cambiar completamente de registro. Y para eso pocos nombres funcionan mejor que Limp Bizkit.
Si Megadeth había ofrecido una lección magistral de thrash metal, Limp Bizkit apareció para recordar que a veces un festival también necesita simplemente divertirse.

Desde el momento en que Fred Durst pisó el escenario, el ambiente cambió por completo. Las enormes masas de público que habían pasado gran parte del día soportando temperaturas cercanas a los cuarenta grados encontraron una última reserva de energía para entregarse a un repertorio construido prácticamente a base de himnos generacionales.
Wes Borland volvió a convertirse en uno de los personajes más fascinantes visualmente de todo el festival. Su presencia escénica, tan extravagante como impredecible, sigue siendo el complemento perfecto para una banda que nunca ha tenido miedo de abrazar el espectáculo. Mientras tanto, Durst ejerció de maestro de ceremonias conectando con un público que respondió con entusiasmo a cada una de las canciones.

Cuando llegaron clásicos como “My Generation”, “Take a Look Around”, “Rollin’" o la inevitable “Break Stuff”, el recinto entero pareció transformarse en una gigantesca fiesta colectiva. Resultó imposible no percibir, sin embargo, los efectos acumulados de tres jornadas de calor extremo. Muchos asistentes eligieron precisamente el final de Limp Bizkit como punto final de su festival, iniciando lentamente el camino de regreso mientras las primeras señales de agotamiento comenzaban a hacerse evidentes por todo el recinto.
Behemoth
Quienes decidieron quedarse fueron recompensados con una circunstancia muy especial. Tras una de las cancelaciones del cartel, Behemoth ascendía desde el Altar hasta el Main Stage, un escenario que, viendo la magnitud de su producción, la espectacularidad de su puesta en escena y la respuesta del público, parecía corresponderles de forma natural.

Nergal y los suyos transformaron la noche en una ceremonia oscura cargada de fuego, teatralidad y una potencia descomunal. Su blackened death metal encontró una dimensión todavía mayor sobre uno de los escenarios principales del festival y puso el broche perfecto a una jornada que había comenzado marcada por las cancelaciones y la incertidumbre.
Cuando las últimas notas se apagaron, el agotamiento era visible en todas partes. Tres días de calor extremo, kilómetros recorridos entre escenarios y decenas de conciertos comenzaban a pasar factura incluso a los veteranos de Hellfest. Pero aún quedaba una última jornada, y después de un sábado tan intenso, nadie quería perderse el final de la historia.
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En lo que respecta a los segundos, catorce años después de su última visita a España, Limp Bizkit ofrecerá un conciertazo cargado de grandes éxitos en dos descargas que reunirán a aficionados de ayer y hoy de su siempre divertida propuesta. Route Resurrection traerá su show al Movistar Arena el próximo 1 de julio (aunque os avisamos de que las entradas están a punto de agotarse), mientras que el propio Resurrection Fest también ha decidido contar con los de Florida para encabezar la jornada del 3 de julio.
Como fotógrafo y redactor he colaborado con distintos medios especializados en rock y heavy metal, cubriendo conciertos y festivales por toda Europa.
Colaborar con esta casa tiene un significado especial. Cuando era un niño, antes incluso de descubrir el heavy metal, fue aquí donde conocí a artistas como Rosendo o Extremoduro y donde empezó a crecer mi pasión por la música. Hoy tengo la suerte de aportar mi granito de arena al mismo medio que me acompañó en aquel viaje.
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