Un año más, nos dimos cita en la Plaza de Toros dentro del ciclo “Murcia On” para presenciar a ZZ Top, una de las instituciones más longevas del rock. Como viene siendo habitual, este ciclo de conciertos siempre nos acerca por estos lares a alguna leyenda mítica del género (el año pasado, sin ir más lejos, fue el turno de Europe).
Por cierto, más allá de lo que ocurre sobre el escenario, conviene destacar la encomiable y a menudo invisible labor del equipo de producción. Ver a profesionales en la entrada como Luis Pulgar Alemán compaginando la supervisión logística del evento con el cuidado milimétrico de cada detalle en las bolsas regalo para el público VIP antes de que suene la primera nota pone en valor el engranaje humano necesario para que una gran cita rockera funcione a la perfección en este recinto.
La calurosa jornada comenzó con cierta incertidumbre tras un fuerte aguacero vespertino, pero el temporal dio una tregua justo a tiempo para que Los Marañones inauguraran la velada, lidiando todavía con un bochorno brutal que nos mantuvo empapados de principio a fin. El veterano combo murciano, ejerciendo de profetas en su tierra, despachó un recital impecable liderado por la destreza y el carisma del guitarrista y vocalista Miguel Bañón, arrancando con temas como “Atrapado”, “El nómada” o “La memoria del extranjero”, dejando también mucho espacio para el lucimiento del resto de la banda. Todos aportan mucho, sin duda.

“¡Gracias, paisanos!”, exclamó Bañón antes de continuar con otras joyas de su repertorio como la emblemática “Fuera de límite”. El vocalista bromeó preguntándonos si íbamos bien, para añadir a continuación: “Hemos tenido suerte, no tenemos hoy frío”, ante el descojone general.
El repertorio de los locales siguió con la romántica “Quiero bailar agarrao” y la divertida “Mi gato se llama persona”, destacando por esa parte final tan rápida y vacilona. No faltaron otros himnos de su cosecha como “Sexy Dream”, “Yo no soy un Superman” o “Saluda al tren”.
Aprovecharon al máximo su tiempo sobre las tablas, culminando de manera victoriosa con la fiestera "Voy loco mamá" de su exitoso 'Shangri-La'. Así terminaron de calentar los motores de un aforo que fue llenándose progresivamente, disipando cualquier duda inicial sobre una posible baja asistencia. Nada más lejos de la realidad: para cuando llegó el plato fuerte, la Plaza de Toros de Murcia era una auténtica olla a presión.
ZZ Top

El escenario aguardaba a los cabezas de cartel con una estampa imponente. Tal y como pudimos captar en los momentos previos, cuando las lonas negras aún ocultaban los amplificadores y la batería, el fondo consistía en un gigantesco telón que simulaba una pared de ladrillos
Sobre este muro destacaba un enorme grafiti callejero con el logo de ZZ Top perfilado en blanco y negro, envuelto en una explosión de pintura en spray con vibrantes tonos rojos, naranjas, amarillos y verdes. También hubo un guiño, tanto a nuestro país como a la posible victoria de la selección en el Mundial de Fútbol, con una bandera de España colocada junto a la batería.
El momento esperado llegó con unos quince minutos de retraso sobre la hora prevista. Por megafonía, una voz en off nos puso en alerta en inglés: “¡It’s top time! Es verdaderamente un gran placer presentarles en este momento en particular, a nivel nacional e internacional a… ZZ Top!”, desatando la locura de la multitud mientras los imponentes tejanos tomaban posiciones.
Quedó también muy clara la realidad actual de la banda: Billy Gibbons, a sus 76 años, asume el control absoluto. Puede que el tiempo perdone a pocos, y aunque su voz no siempre suena perfecta, su presencia escénica y su carisma innato suplen cualquier carencia técnica; simplemente, su actitud sobre las tablas resulta inalcanzable para el resto de los mortales.
A su izquierda, Elwood Francis ocupa el inmenso vacío dejado por el añorado Dusty Hill, asumiendo el bajo y los coros con muchísimo respeto (cumpliendo, además, el deseo póstumo por escrito del propio Hill de que el grupo continuara). Lejos de imitarlo, aporta su propio estilo, incluso a nivel visual, con ese característico pelo de punta, aunque manteniendo intacta la inmensa y tradicional barba como su predecesor.
La otra gran ausencia fue la del enorme Frank Beard, presumiblemente por motivos de baja médica, cediendo las baquetas al joven Michael Monahan, quien ejecutó un trabajo soberbio durante todo el concierto.
Así, el setlist arrancó con la arrolladora "Got Me Under Pressure", extraída del superventas multiplatino 'Eliminator'. En este corte, Elwood sorprendió al público colgándose un gigantesco y pintoresco bajo de diecinueve cuerdas, del cual únicamente tocó algunas para asentar la base rítmica de forma magistral.

Tras las interminables ovaciones, continuaron con la animada "I Thank You", su particular visión del clásico de Sam & Dave, antes de sumergirse en el sonido pantanoso y espeso de sus inicios. Lo hicieron con la dupla formada por "Waitin' for the Bus" y "Jesus Just Left Chicago", ambas joyas indispensables de su tercer álbum, 'Tres hombres'. Fue en este punto donde Billy gritó por primera vez en la noche “¡España!”, ante una audiencia completamente desatada y entregada al cien por cien.
Una pista pregrabada de sintetizadores anunció la pegadiza y radiofónica "Gimme All Your Lovin'” (de su octavo disco, 'Eliminator'), levantando a todo el recinto, que cantó a pleno pulmón uno de los cortes más celebrados del evento. Inmediatamente después, bajaron las revoluciones con la sugestiva "Pearl Necklace" (pieza de su séptimo plástico, 'El loco’).
“¿Nos lo estamos pasando bien ahora?”, preguntó Billy a los asistentes, para luego exclamar: "¡Mi amigo Elwood Francis al bajo Fender!". En respuesta, toda la plaza coreó el nombre del bajista. Gibbons cerró su intervención bromeando: “Él es malo en todas partes”, sirviendo de perfecta introducción para la cadenciosa "I'm Bad, I'm Nationwide" (del imprescindible 'Degüello'), marcada por un sonido de bajo tan grave que retumbaba en el pecho de todos los presentes.

“¡Oh Dios mío, sí señor!”, exclamó de nuevo el líder, que siguió repasando su extensa trayectoria con la arenosa "I Gotsta Get Paid", perteneciente a 'La futura' (2012), el último trabajo de estudio de la formación hasta la fecha. Continuó dirigiéndose al público alternando a veces guiños en español, como cuando soltó un “¡Mi cabeza está en España!” para dar paso a la pesada "My Head's in Mississippi", extraída de su noventero décimo LP, ‘Recycler'.
El incombustible frontman también encontró espacio para brillar con su material en solitario, interpretando su reciente y eléctrico sencillo "Brown Paper Bag” (editado junto a la estrella del country Keith Urban), que no desentonó en absoluto con los clásicos. Acercándonos al final del repertorio principal, la intensidad se mantuvo por todo lo alto. Billy anunció en su idioma: "¡Hora de ponerse las gafas de sol baratas!", desencadenando la rítmica "Cheap Sunglasses" (también de 'Degüello'). A esta le siguió la contundente y festiva "Just Got Paid" de su legendario segundo álbum, 'Rio Grande Mud', donde el vocalista giró su guitarra para revelar, provocando las risas y la sorpresa general, la palabra “cerveza” escrita en castellano.

Con los termómetros rozando los 40 °C en el foso (y una sensación térmica que se acercaba a los 50) y un público totalmente sofocado, la banda asestó el golpe definitivo rescatando su etapa más comercial. Gibbons volvió a interesarse por nuestra diversión justo antes de atacar la elegante "Sharp Dressed Man" y la bailable "Legs", completando así el tridente ganador de 'Eliminator'.
Fue precisamente durante la ejecución de este himno (que hasta Nickelback ha versionado) cuando aparecieron en escena las míticas y graciosas guitarras forradas de pelaje, en este caso violetas. Además, el batería sustituto, Mike Monahan, aprovechó para lucirse con un asombroso e incesante manejo de su instrumento que le valió una ovación rotunda.
Para los bises, Gibbons y Francis regresaron con un llamativo cambio de vestuario, enfundados en un elegante conjunto de americanas rojas empuñando instrumentos de color esmeralda, lo que generó un contraste visual tremendo. La química y complicidad entre ellos resultó palpable en todo momento, bromeando a lo largo del show y culminando esta fase final con sus característicos pasos coreografiados, caminando medio agachados al unísono. Así nos regalaron su primigenio pero actualizado blues “Brown Sugar” (no confundir con el clásico de los Stones) y una acelerada y aplaudidísima “Thunderbird”, la joya blusera de su mitad-directo setentero ‘Fandango!'.
Debido al asfixiante calor, recortaron ligeramente el listado habitual de temas de la gira, yendo directamente al grano para rematar la faena exclusivamente con la apoteósica e indispensable "La Grange", acompañada por un estallido final de burbujas de jabón. Ante un himno de tal magnitud, piedra angular de cualquier orquesta rockera que se precie, es fácil imaginar la locura que se desató en la pista. Moló mucho, el concierto, la escenografía, las luces, el buen rollo en general...
Es indudable que faltaron temas, como la explosiva "Tush!", pero resulta totalmente comprensible que la mantengan fuera del setlist; esa canción siempre pertenecerá a la voz y al alma de Dusty Hill. Aunque se interpretó en algunas ocasiones al principio de su fallecimiento, quizás algún día decidan recuperarla a modo de tributo.
Aun con todo, como he dicho, presenciamos un conciertazo en mayúsculas, porque, ¡qué diablos!, ¿quién iba a imaginar hace unos años que disfrutaríamos de una gira ibérica tan extensa de estas leyendas en nuestro país? Nos sentimos, sin duda, muy afortunados.
A pesar del paso de los años, del calor extremo y de las notables ausencias en su alineación original, la maquinaria tejana sigue ofreciendo un espectáculo de blues y rock que justifica por completo su estatus histórico. Y es que la leyenda sureña continúa reinando en el top del rock mundial. ¡Por muchos años más!
Comencé a colaborar en “La Heavy” (cuando se llamaba “Heavy Rock”) y en su hermana gemela, “Kerrang!” (edición española), a finales de los 90, retomándolo en el nuevo milenio también en MariskalRock.com. También he escrito en el diario ABC y en publicaciones locales como “Siete Días Yecla”, además de haber trabajado durante un tiempo en el Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de mi querida Yecla. Tengo un blog, Brotando Music, donde podréis encontrar poco a poco los enlaces de todo el material que publico aquí, así como nuevo contenido inédito. Entre mis próximos planes está escribir un par de libros, uno de ellos sobre una de mis bandas favoritas.
Actualmente vivo en Yecla, aunque Alicante, Madrid, Murcia, Valencia… son ciudades también muy importantes para mí, por diferentes motivos. ¡Nos vemos en los conciertos… y que brote la buena música!
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