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Crónica de Medina Azahara en Yecla (Murcia): Medina, así sí se termina

Menuda noche para enmarcar vivimos en Yecla, una de las ciudades que ha tenido la suerte de ver a Medina Azahara en infinidad de ocasiones a lo largo de su trayectoria. Con un lleno completo al ser entrada libre por la Feria local, la introducción final de esta gira de despedida la marcó un reloj, que avanzaba implacable proyectado en las pantallas gigantes del recinto Real de la Feria de Yecla, marcando una cuenta atrás cantada por todos al unísono y que encendió la expectación de esas miles de almas.

Al alcanzar el cero, una grabación con una majestuosa voz en off rompió el silencio para recordar la gesta de aquellos jóvenes cordobeses que, hace más de cuatro décadas, emprendieron un viaje irrepetible: "Desde los primeros acordes de 'Paseando por la Mezquita' hasta el día de hoy, su historia se ha escrito en cada escenario... Hoy, en esta gira, Medina Azahara no solo se despide, sino que celebra cada nota, cada letra, cada acorde que ha formado parte de su historia, nuestra historia".

Tras proclamar la bienvenida al "último capítulo de una leyenda", la banda irrumpió con fuerza descomunal abordando la icónica y progresiva "Paseando por la mezquita", tema perteneciente a su primer álbum de título homónimo, clásico indiscutible del rock andaluz, con esa guitarra afilada e inconfundible de Paco Ventura y esos teclados épicos de Manuel Ibáñez, bien secundados por la base rítmica de Carlos Deko al bajo y Fernando Prats a la batería. La interpretación vino acompañada por un rotundo estallido de pirotecnia, en lo que fue un concierto apoyado en todo momento por una producción visual magistral con fotografías, imágenes, videoclips y lyric videos proyectados en alta definición en cada canción. Desde los primeros compases se evidenció que la formación sonaba de diez, ofreciendo un sonido nítido, potente y perfectamente equilibrado, recibiendo una gran ovación Manuel Martínez en cuanto entró a cantar tras la primera parte instrumental de la canción.

Finalizada la apoteósica apertura, el mencionado y carismático vocalista tomó la palabra para conectar de inmediato con el respetable: “¡Buenas noches, Yecla! ¿Estáis bien? ¡Me alegro mogollón! Aquí estamos una vez más en Yecla, este pueblo tan maravilloso que siempre nos ha acogido con mucho cariño y mucha alegría”. Con esa calidez que le caracteriza, introdujo "Algo nuevo", de su laureado disco de 1992 'Sin tiempo', inquiriendo con una sonrisa: “¿Qué tal, bien, verdad?”. Sin dar tregua al entusiasmo, la formación continuó con la coreada y céltica "Palabras de libertad", incluida en 'Dónde está la luz', para dar paso posteriormente a "El vaivén del aire", de su álbum 'Aixa'. Manuel no dudó en recordar al público que en la versión original grabada en estudio contaron con la valiosa colaboración del mediático Antonio Orozco.

Antes de acometer "Junto a Lucía", otro de los momentos cumbre de 'Sin tiempo' —el trabajo más representado de la noche—, Manuel Martínez compartió entre risas una entrañable anécdota. Rememoró aquel día de hace varias décadas cuando, siendo unos jóvenes de 30 o 40 años menos que andaban "buscando novia", vieron entrar al camerino a una chica verdaderamente deslumbrante pidiendo un autógrafo. Los músicos se le quedaron contemplando con tal impacto que la joven terminó saliendo corriendo asustada. Fue entonces cuando le gritaron a lo lejos para preguntarle su nombre, a lo que ella, justo antes de perderse en el horizonte, se giró para exclamar "¡Lucía!".

El tono romántico continuó cuando el vocalista lanzó al aire la reflexión: “¿Y si esto se tratara solo de volver la cara y besarnos?”. Así introdujo la delicada "Solo un camino", extraída del álbum 'Tánger'. Y manteniendo el vínculo con ese mismo disco, tal como viene siendo habitual en esta gira de despedida, el grupo invitó a subir al escenario a seis chicas del público para acompañarlos a bailar la sensual e inolvidable "Danza al viento".

Llegó entonces el turno de un medley sumamente generoso y respetuoso con la obra original, donde las canciones no sufrieron recortes drásticos. En él rescataron dos piezas fundamentales de su primera etapa: "Al Hakim... otro lugar", del disco '...En Al-Hakim', y la emotiva "El soldado", perteneciente a su cuarto disco 'Caravana española', y regrabada actualizada más tarde en ‘Se abre la puerta’ en 2007. La inclusión de esta última supuso una bellísima sorpresa muy aclamada por los fans, rematada nuevamente con efectos de pirotecnia al final.

Uno de los relatos más aplaudidos de la noche precedió a la interpretación de "Córdoba", composición del célebre y laureado álbum 'Aixa'. Manuel revivió una calurosa tarde de agosto hace un par de décadas cuando, intentando conciliar el sueño a 40 °C, recibió una llamada urgente de Paco Ventura para componer la música de un nuevo tema. Contó también que tras enviar el resultado a la discográfica, terminaron nominados en la gala de los Premios de la Academia de la Música, acudiendo a la ceremonia con trajes vistosos que desentonaban sensiblemente entre la sobria elegancia del resto de invitados. Tras alzarse con el premio al Mejor Disco de Rock por 'Aixa' superando a grupos como Mägo de Oz o Dover, se encontraban celebrándolo entre bastidores cuando les reclamaron a toda prisa en el escenario. Para su asombro, habían ganado también el codiciado galardón a la Mejor Canción precisamente por "Córdoba". En Yecla, el tema sonó con una majestuosidad impecable, desencadenando una ovación cerrada y prolongada de todo el recinto, con su épico y majestuoso estribillo.

Con la emoción a flor de piel, el vocalista agradeció el cariño incondicional antes de afrontar el pasaje más desgarrador y conmovedor del concierto. Explicó que la inclusión de "Solo y sin ti" —joya de 'Sin tiempo'— responde a una propuesta expresa de sus compañeros de banda para rendir tributo a su hijo, Manuel Ángel Mart (líder de la banda Estirpe), tras su doloroso fallecimiento por cáncer en 2021. Manuel confesó con absoluta honestidad que durante los primeros meses de la gira le resultaba casi imposible interpretar el tema sin quebrarse. Así, a petición del cantante, un mar de teléfonos móviles iluminaron el recinto en el instante más emotivo de la jornada, transformando el espacio en un firmamento cuajado de estrellas. Se vivió un ambiente de un respeto y una elegancia superlativos, donde brotaron lágrimas silenciosas entre los asistentes al recordar, cada uno en su intimidad, a aquellos familiares y seres queridos que partieron bajo las mismas circunstancias. Fue una comunión colectiva donde el dolor se transformó en luz, arte y memoria imborrable en una de sus baladas más inmortales, con el gran Manuel Mart proyectado en la pantalla. Un sentido y alargado aplauso al finalizar el corte redondeó el momento más emocionante de la noche.

El tributo a otros grandes referentes del rock andaluz, Triana, llegó de la mano de dos versiones emblemáticas que la banda ha registrado en diversos trabajos a lo largo de su trayectoria: "El lago" y "Tu frialdad". Ambas sonaron con una solidez técnica impecable, y un honesto respeto a las originales interpretadas por el añorado Jesús de la Rosa. Durante la parte final de esta última, Manuel jugó con el público al "manos arriba" al ritmo del "nah, nah, nah", creando una postal visual preciosa que el propio cantante afirmó desear contemplar al día siguiente en los vídeos grabados por los asistentes.

Para dar paso a "Al padre Santo de Roma", Manuel buscó conectar directamente con las raíces flamencas del grupo. Explicó que la canción fue compuesta por el padre de Paco de Lucía e inmortalizada por Camarón de la Isla, subrayando además el papel crucial del grupo Flamenco como pioneros del género, cuya versión les sirvió de inspiración para la suya. El tema sirvió para brindar una afectuosa dedicatoria tanto a la memoria de aquellos músicos legendarios como al público congregado en Yecla. El entusiasmo volvió a desbordarse cuando Manuel gritó a capela el estribillo de "Necesito respirar", himno imprescindible de 'Sin tiempo' que fue entonado a pleno pulmón por las miles de almas que abarrotaban el espacio. Un gran despliegue pirotécnico puso el broche a esta sección del espectáculo.

El final de la velada no pudo ser más apoteósico. La banda abordó "A toda esa gente", tema de 'Dónde está la luz' dedicado íntegramente a su fiel audiencia, para rematar con su imprescindible versión del clásico de Los Módulos, "Todo tiene su fin", incluida también en ‘Sin tiempo’ y que el vocalista empezó a cantar a capela, siguiéndole a continuación todo el público. Demostrando la humildad de los grandes, Manuel Martínez detuvo la actuación para visibilizar a quienes trabajan en la sombra: “Voy a presentar a mis compañeros. Esos que están siempre en silencio: esos que hacen todo el trabajo duro”. Así, alabó pública e individualmente la labor de los técnicos de monitores, mesa de mezclas, iluminación, montaje y hasta de Mónica Cuesta, su actual mánager, que salió también al escenario a saludar y se fundió en un caluroso abrazo con el cantante.

Acto seguido, presentó con enorme admiración a los componentes de la banda, cuyos instrumentos sonaron con una calidad superior de diez: su actual bajista Carlos Deko, impecable al bajo de cuatro cuerdas (que hizo un cameo del “Seven Nation” de The White Stripes, tarareado por el público); Manuel Ibáñez, elogiado al teclado como el mejor teclista de España, galardonado año tras año durante más de dos décadas en premios como el Rockferendum de la revista “La Heavy”, calificado por Manuel como uno de los mejores de Europa y del mundo (que hizo otros guiños, esta vez del “Final Countdown” de Europe y del Rosanna de Toto); Paco Ventura, a las seis cuerdas, ensalzado como uno de los virtuosísimos y mejores guitarristas del país; y Fernando Prats, el actual motor rítmico de la banda desde la batería.

Paco Ventura elogió a Manuel Martínez recordando cómo en 1980 el cantante apostó por iluminar con su música una época "en blanco y negro". Tras coronarlo ante la afición como “la voz más grande del universo”, el incombustible líder de Medina Azahara tomó el micrófono profundamente agradecido. Como broche perfecto para la noche, Manuel se despidió agradeciendo al Ayuntamiento y a la empresa New Rock el haber hecho posible el concierto, lanzando a sus seguidores cuatro deseos innegociables: felicidad, paz, amor y mucha libertad. De este modo, Medina Azahara se despidió de Yecla dejando una huella imborrable, demostrando que aunque los escenarios digan adiós, su legado musical permanecerá vivo para siempre en el corazón de su público y es que, menudo conciertazo dieron: Medina, ¡así sí se termina!

Andrés Brotons

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