Tras la inmensa resaca emocional, el tremendo derroche de energía y el monumental despliegue escénico vividos en las dos impresionantes jornadas anteriores (crónicas del viernes y del sábado), el domingo se presentaba ante nosotros como el colofón absolutamente perfecto para despedir por todo lo alto esta edición histórica del Rock Imperium Festival. El inevitable cansancio acumulado en las piernas, cuellos y espaldas de los miles de fieles a estas alturas del fin de semana se disipó como por arte de magia en cuanto las primeras notas de distorsión volvieron a rugir con fuerza desde los imponentes altavoces de El Batel. Quedaba más que claro que el leal público cartagenero, junto a las huestes llegadas desde todas partes de la geografía, aún tenían mucha hambre de directo, y la jornada de clausura prometía emociones fuertes desde primera hora de la tarde. Pese a que no fuera tan mastodóntica como la del día anterior, todavía tuvo cotas de asistencia muy altas, lo que hizo que muchas veces el escenario de arriba no diera abasto para tanto público .
Hagane
Las encargadas de abrir el fuego sagrado en el escenario principal en esta última jornada dominical fueron las japonesas Hagane. Formadas originalmente hace ocho años, la jovencísima y talentosa agrupación nipona se define a sí misma bajo la atractiva etiqueta de una banda de harmonic metal. Y es que, detrás de una imagen visualmente fresca, cuidada y luminosa, sobre el escenario late un sonido que bebe del mejor power metal Su estilo impactó en Imperium por su virtuosa sección instrumental demoledora que forma a la inconfundible y original identidad de esta singular girls band de Tokio. También sorprendieron por su curiosa indumentaria, y su dulzura al hablar, tanto en inglés como algunas palabras en castellano.
Salieron a comerse el escenario y vaya si lo hicieron, sosteniendo al principio su rubia vocalista una bandera con el logo de la banda. Arrancaron de manera audaz y veloz con la rapidísima "Tengagoken", un tema con un riff muy melódico y virtuoso digno de los mejores Stratovarius. Con la versátil y potentísima vocalista Nagi, la guitarrista Sakura, la bajista Sayaka y la arrolladora e incesante contundencia a los parches de la batería Junna, funciona como un reloj de precisión suizo. Hagane desembarcaron por primera vez en España tal y como nos recordaron, y su asalto escénico en el Rock Imperium fue un triunfo incontestable de principio a fin gracias a cortes como la étnica "Kagome", que sonó espectacular, al igual que la virtuosa "Records Of Tsurugi".
Me parecieron encantadoras, derrocharon simpatía, una técnica instrumental que asustaría a más de un veterano del género y una energía arrolladora que no dio un solo segundo de descanso a las primeras filas, dejando a un público que acabó cayendo plenamente rendido a sus pies ante la indiscutible calidad de su harmonic metal. Con la que estaba cayendo a las 4 de la tarde (nos regaban constantemente con la manguera) la verdad es que se vaciaron. Se despidieron con "Heart Scream" prometiendo volver muy pronto a nuestro país. Una forma sencillamente inmejorable de iniciar el último asalto del festival.
Estrella Negra
Radicados en Torremolinos, Estrella Negra hunden sus raíces en la segunda mitad de los ochenta, comenzando como Brujas de Salem antes de adoptar su nombre actual en 1987. Practican un heavy metal tradicional, lleno de misticismo y lo cierto es que la veterana formación malagueña desató sobre las tablas del escenario de arribauna auténtica tormenta de puro y honesto heavy metal patrio. Se entregaron en cuerpo y alma ante una audiencia, que a pesar de no ser muy numerosa a esas primeras horas de la tarde, sí tenía ganas por reencontrarse con los sonidos más clásicos de nuestra escena.

El quinteto no tardó en meterse al respetable en el bolsillo gracias a la poderosa ejecución de clásicos de su repertorio, sonando en una primera tanda cortes como la melódica "Magia negra " o la mágica "Brujas de Salem". Enlazaron también magistralmente composiciones más recientes como "Cabalgando sobre el infierno" o "La Doncella de Orleans" de su último disco hasta la fecha, "La Profecía ", de los que también sonó el tema homónimo. No faltó la crudeza y contundencia de su flamante nueva composición, "Por 30 Monedas", que sonó demoledora. Con una actitud intachable, unos riffs afilados que cortaban la respiración y una base rítmica de plomo, Estrella Negra se despidió con "Andalucía", dejando claro que su regreso no es un mero ejercicio de nostalgia, sino una rotunda declaración de intenciones. El heavy metal tradicional en castellano sigue teniendo unos dignísimos y combativos defensores en el sur de la península, y su paso por Cartagena se saldó con una rotunda y merecidísima ovación.
Dogma
Dogma es una de las formaciones más intrigantes y emergentes de la nueva escena del metal. Su propuesta se caracteriza por una estética enigmática y un sonido que combina misterio, oscuridad y fuerza, proyectando una identidad artística tan enigmática como magnética. Desde sus inicios, han llamado la atención con su enfoque conceptual, donde cada lanzamiento es una pieza de un universo narrativo propio. Canciones cargadas de dramatismo, riffs afilados y una poderosa puesta en escena han convertido a Dogma en una banda capaz de trascender etiquetas y atrapar tanto a los amantes del metal moderno como a quienes buscan experiencias musicales diferentes, con su particular imagen con hábitos de monja en contraste con su maquillaje blanco con tintes demoníacos.
El punto negativo que veo es que ya van por la tercera formación, por lo que se rumorea que tienen también mucha parte de marketing por parte del ideólogo del proyecto, un manager brasileño. Honestamente, la diferencia entre la banda que vimos en la pasada edición del Leyendas del Rock y la que vimos aquí, se notó muchísimo, tanto en la entrega y complicidad de esta nueva encarnación (se mostraron más bien frías) como en la recepción del público, con el que no conectaron tanto como el pasado año en el citado festival alicantino. Eso sí, tuvieron un guiño bonito al salir ataviadas todas con la camiseta roja de la selección española, un gran gesto de apoyo en el actual Mundial de Fútbol que se está disputando.
Abrieron fuego inmediatamente con la intensidad rítmica de la erótica "My First Peak" y la pesadez de "Made Her Mine", composiciones fundamentales que estructuran la columna vertebral de su único álbum de estudio, hasta la fecha, titulado de forma homónima 'Dogma'. Fue en este preciso momento de la liturgia cuando se hizo del todo evidente la realidad que envuelve al proyecto en la actualidad, reseñándose de forma palpable los profundos cambios de formación que ha sufrido el grupo como ya he mencionado:; una reestructuración absoluta que ha dejado a la guitarrista como la única integrante original y único baluarte real sobre las tablas de lo que se destapa como una suerte de calculado montaje conceptual de estudio.
Pese a esta naturaleza de producto de diseño, la puesta en escena sigue funcionando con precisión milimétrica cuando encaran himnos como "Father I Have Sinned", que es probablemente su éxito más conocido, aunque otro gran momento álgido y festivo de su presentación llegó con su aplaudida y pesada versión metalera del clásico "Like a Prayer" de Madonna, un cover que desató los coros unísonos de la audiencia antes de poner el broche de oro definitivo a su oscuro universo regresando a su álbum debut con la crudeza sónica de "Pleasure From Pain". Esperamos que el nuevo disco que integrará los singles de adelanto "Fate Unblinds" y "My Matricidal' consoliden esta nueva formación. En esta ocasión les faltó entrega y mayor credibilidad, cumplieron expediente, pero me faltó algo más.
Doble Esfera
Jugando prácticamente en casa, los murcianos Doble Esfera asaltaron el festival derrochando esa particular y arrolladora energía que tienen. La formación cuenta con la personal e incisiva voz de Eladio Ruipérez y los afilados e impecables riffs de guitarra de Antonio Elzaurdia y demostró sobre las tablas un estado de forma envidiable. Conectaron de inmediato con un público entregado que abarrotaba las primeras filas, dispuesto a disfrutar de su descarga compacta, potente y sin concesiones, gracias a temas como "Fuera de control" o la homónima "Doble esfera".

Sin embargo, la banda eligió precisamente este concierto para presentar a su nuevo vocalista Moi Dante Amo que compartió las tareas vocales junto a Eladio dn canciones como "2030" o "La momia". Con un setlist directo al mentón, la banda desató la locura colectiva encadenando trallazos de la talla de "La nueva era del rock", donde la sección rítmica se mostró como una auténtica apisonadora. No faltaron en su intensa actuación himnos clave como "Ricky Rock", cerrando una gran presentación que ratifica a Doble Esfera como una de las realidades más sólidas, honestas y combativas del rock duro estatal.
Queensrÿche
El listón de la sofisticación y el metal progresivo internacional alcanzó cotas inalcanzables gracias a la imponente irrupción en escena de los legendarios estadounidenses Queensrÿche. La banda de Bellevue ofreció una auténtica exhibición técnica, sólidamente comandada por la veteranía e innegable maestría de sus miembros fundadores, el guitarrista Michael Wilton y el bajista Eddie Jackson, excelentemente escudados por la solidez a las seis cuerdas del guitarrista rítmico Mike Stone.
Personalmente, era la primera vez que tenía la inmensa oportunidad de presenciar en riguroso directo la encomiable labor al frente de la formación de Todd La Torre, y he de reconocer que me quedé absolutamente anonadado. El vocalista posee un timbre vocal verdaderamente privilegiado que inevitablemente, y de forma magistral, recuerda a la esencia del original Geoff Tate. Su arrollador torrente de voz, su fidelidad milimétrica a los tonos más agudos y su carismática presencia escénica rinden un tributo impecable al catálogo histórico del grupo. A esta engrasada maquinaria hay que sumarle la soberbia técnica del nuevo batería, Casey Grillo (conocido por su estelar trayectoria en Kamelot), cuya pegada y precisión a los parches dotaron al conjunto de una contundencia arrolladora.

La descarga fue un viaje antológico, estructurado a la perfección y sin un solo segundo de concesión. Rompieron el hielo de forma demoledora con la crudeza primigenia y desbordante de “Queen of the Reich”, rescatada de su fundacional 'Queensrÿche' EP. Acto seguido, desataron la locura colectiva interpretando la majestuosa y siempre imponente pieza homónima “Operation: Mindcrime”, de su celebérrima obra maestra homónima.
El combo funcionó como un reloj suizo al sumergirnos en la cautivadora elegancia de “Walk in the Shadows” (del vanguardista 'Rage for Order'), para luego volver a golpear con la rotunda energía de “Speak” ('Operation: Mindcrime'). Manteniendo el pulso técnico en lo más alto, enlazaron los patrones clásicos e inmortales de “Warning” y nos ametrallaron las neuronas con la intrincada brillantez de “NM 156”, ambas joyas extraídas de su indispensable larga duración 'The Warning' Las proyecciones en pantalla, como es habitual, dotaban a cada tema de un mayor impacto, especialmente los videos que no eran estáticos.
La fascinante complejidad de la banda brilló con luz propia al ejecutar las texturas de la fenomenal “Neue Regel” (del disco 'Rage for Order'), dando paso a una demostración de vigencia absoluta con la fantástica y más reciente “Behind the Walls”, perteneciente a su álbum 'Digital Noise Alliance'. El clímax emocional llegó con la épica y sobrecogedora “Take Hold of the Flame” (de 'The Warning'), seguida inmediatamente por la opresiva y magistral atmósfera cibernética de “Screaming in Digital” (del plástico 'Rage for Order').

El tramo final del show se vivió como una auténtica catarsis histórica dedicada a desgranar conceptualmente sus páginas más laureadas. Todo comenzó con la icónica introducción grabada “I Remember Now”, que preparó el terreno para la solemne marcha marcial de “Anarchy-X” y la combativa fuerza arrolladora de “Revolution Calling”, cimentando un bloque insuperable de su disco más legendario Como colofón supremo, la banda sacó a relucir la pesadez y el groove inconfundible de “Empire”, extraída de su aclamado álbum de idéntico título. El broche de oro definitivo llegó bajo un clamor unánime con los imponentes acordes de la insuperable “Eyes of a Stranger”, que nos devolvió al universo del omnippresente 'Operation: Mindcrime' para cerrar el círculo. Fue, sin lugar a dudas, una lección magistral de vigencia, elegancia y clase sobre las tablas en Cartagena, con un sonidazo increíble.
Crazy Lixx
La adrenalina y el espíritu del hard rock ochentero tomaron el festival con la impecable irrupción de los suecos Crazy Lixx. Convertidos en una apisonadora de Sleaze Metal, demostraron su estatus liderados por el incombustible Danny Rexon, cuyo rango vocal es el alma del grupo. Junto a él, la compenetración guitarrera de Jens Lundgren y Chrisse Olsson brilló con luz propia, escudados por una base rítmica implacable a cargo de Jens Anderson al bajo y el infatigable Robin Nilsson a la batería.. Durante cuarenta intensos minutos en Cartagena, desataron una fiesta descomunal. Tras la expectación de la intro "Enter the Dojo" (cuya grabación sonó un poco a trompicones), rompieron el hielo con la velocidad de "Rise Above" (Street Lethal) y encendieron al público inmediatamente con el coreado himno "Hell Raising Women". La nostalgia festiva continuó al desgranar la irresistible "Girls of the 80's", enlazada a la perfección con la soberbia "Silent Thunder" de su aplaudida obra 'Forever Wild'.
Demostrando la vigencia de su reciente álbum 'Thrill of the Bite', nos ametrallaron con los afilados riffs de "Hunt for Danger", virando luego hacia la oscura y cinematográfica "XIII" (de 'Ruff Justice'). En el tramo final, rescataron su joya melódica "Blame It on Love" ('New Religion'), para poner el broche de oro aplastante con su declaración de principios: la arrolladora "Who Said Rock 'n' Roll Is Dead". Con la outro "Crazy Crazy Lixx" sonando de fondo mientras repartían púas entre el público, firmaron un triunfo incontestable y una celebración inolvidable del mejor hard rock. Eso sí, metieron tanto público que mucha gente se quedó fuera, lo que demuestra que era un grupo para el escenario principal.
Trivium
La agresividad contemporánea, la precisión milimétrica y el metal moderno se elevó hasta la estratosfera con la imponente llegada al escenario de los estadounidenses Trivium. La formación de Florida es un absoluto engranaje de relojería pesada sobre las tablas, capitaneada de forma impecable por el polifacético y arrollador líder Matt Heafy a las voces y la guitarra rítmica, secundado de forma soberbia por la técnica destructiva y los demoledores coros de Corey Beaulieu a la guitarra solista, el pulso nítido e inquebrantable de Paolo Gregoletto al bajo y la velocidad sobrehumana e insultante de Alex Bent tras los parches, consolidado unánimemente como uno de los mejores baterías del planeta.

Los de Orlando ofrecieron una auténtica y monumental exhibición de contundencia sónica. El asalto comenzó a fraguarse con la solemne e intrigante introducción instrumental “The End of Everything”, que sirvió de antesala perfecta para que la banda hiciera estallar el Parque El Batel con la violencia descomunal de “Pull Harder on the Strings of Your Martyr”, un himno generacional absoluto extraído de su obra cumbre 'Ascendancy'. Sin darnos un solo segundo de tregua, encadenaron la pegadiza pesadez y la rabia rítmica de “Strife”, defendiendo con garras el poder de su trabajo 'Vengeance Falls', para inmediatamente después desatar una tormenta de riffs doblados de una exquisitez técnica abrumadora en “A Gunshot to the Head of Trepidation” (del 'Ascendancy').
Matt estuvo muy agradecido al público y la banda en general demostró su arrollador presente compositivo al atacar la intrincada y majestuosa “The Sin and the Sentence”, corte homónimo del álbum del mismo título y donde las transiciones de Alex Bent rozaron lo milagroso. El viaje continuó por los senderos de su catálogo más laureado rescatando la grandilocuencia destructiva de “Down From the Sky” ('Shogun') y envolviendo el recinto en una atmósfera densa y melódica de estadios con la soberbia ejecución de “Until the World Goes Cold” (de 'Silence in the Snow').

El tramo central del show fue un regalo incalculable para los amantes de la vieja escuela, ametrallando nuestras neuronas consecutivamente con la joya primigenia “Like Light to the Flies” y el coreable y emotivo single “Dying in Your Arms”, coronando de nuevo las páginas doradas de su icónico Ascendancy. Sin bajar el ritmo cardíaco, destaparon la furia de “Forsake Not the Dream” de su laureado disco In Waves, como también dieron paso a la imponente solemnidad de tinte clásico que destila “Silence in the Snow”. Enfrentándonos a la recta final por puro aplastamiento técnico, el cuarteto nos regaló las intrincadas y progresivas texturas de “Throes of Perdition” (Shogun), la modernidad rabiosa y aplaudida de “Catastrophist” (de 'What the Dead Men Say') y la infecciosa melodía de su exitoso single “The Heart From Your Hate” (del álbum 'The Sin and the Sentence'). Para el definitivo e histórico broche de oro, el festival se tiñó de penumbra mientras los altavoces escupían la inquietante intro “Capsizing the Sea”, desatando un colosal cataclismo sónico que desembocó en su himno supremo por excelencia, “In Waves”, provocando el circle pit más gigantesco y salvaje de toda la jornada dominical. Un triunfo monumental de actitud, potencia y maestría contemporánea.
Sabaton
En más de dos décadas de carrera, Sabaton se ha consolidado por méritos propios como una de las formaciones de heavy metal más icónicas, grandes y trabajadoras de todo el planeta:, en el bolazo que dieron aquí repasandolas se comprende que nadie les ha regalado nada y que han logrado su actual estatus a base de girar y girar. Desde sus primeros pasos en el año 2000, la todopoderosa maquinaria bélica sueca ha encabezado los principales festivales del globo, agotando entradas en mastodónticas arenas y construyendo una legión inquebrantable de fieles seguidores gracias a una energía arrolladora, su precisión absoluta en el directo y muchos discos y records de streamigs conseguiidos.
Con estos antecedentes, la banda desembarcó como cabeza de cartel de este domingo en el Parque El Batel con un espectáculo verdaderamente monumental. Liderados por la incombustible energía y el carisma magnético de Joakim Brodén a la voz, el inagotable motor de Pär Sundström al bajo, las afiladas e impecables guitarras de Chris Rörland y Thobbe Englund, y la precisión aplastante de Hannes Van Dahl a la batería, "El Batallón Sueco" demostró en Cartagena que su épica mezcla de narrativa, fuego y metal sigue siendo inigualable, respaldados incluso por numerosos coristas de ambos sexos (situados en grupos de tres a la izquierda y derecha en los laterales). Y luego la producción, que llevan quita el hipo, con toda la pirotecnia de fuego, videoproyecciones ilustrando cada historia bélica de sus canciones (si hasta hay renegados de la asignatura de Historia que han amado la asignatura gracias a estos suecos).

Tal y como marca su propia y sagrada liturgia bélica, el asalto de esta noche comenzó a toda velocidad con la atronadora "Ghost Division", rescatada de su icónico trabajo 'The Art of War', desatando el caos desde el minuto uno. Inmediatamente y sin darnos cuartel, nos sumergieron en la solemnidad de los acorazados nipones con la potente "Yamato" para, acto seguido, invocar su mítico avión rojo sobre las tablas e incendiar la noche cartagenera (inevitable aquí acordarnos de nuestros hermanos de Castro mientras vemos el mítico e histórico avión de combate en pantallas), con esa base de ritmos endiablados en la celebérrima "The Red Baron", extraída de ‘The Great War’. La lección de historia y músculo sonoro prosiguió encadenando la épica coral de "The Last Stand" del álbum homónimo y la solemnidad ensordecedora de la majestuosa "Great War" (del álbum también de idéntico título).
La potencia técnica se mantuvo en su cénit absoluto cuando la banda nos hizo saltar al compás de "Stormtroopers" antes de emocionar a todo el recinto con el innegable e inmenso aura que desprende la melancólica "Christmas Truce", ambas pertenecientes a 'The War to End All Wars'. Uno de los momentos teatrales más destacados llegó gracias a la inmersiva introducción narrada que sirvió para presentar el contundente medio tiempo "Soldier of Heaven" (de 'The War to End All Wars'). Pero la noche escondía ases en la manga: en Cartagena pudimos atestiguar y disfrutar del aplastante presente compositivo de Sabaton, inmersos de lleno en su monumental undécimo álbum 'Legends', dejándonos perplejos con la contundencia de sus novísimos trallazos. Así, nos ametrallaron con el estreno y la fuerza melódica de "Crossing the Rubicon" , para intercalar inteligentemente la agresividad clásica de "Night Witches" (del disco 'Heroes') y regresar de inmediato a mostrar músculo con la poderosa "I, Emperor" del nuevo álbum.

El teatro de operaciones se volvió visualmente terrorífico al recurrir a la impactante intro histórica para dar paso a las tétricas máscaras antigás en la asfixiante "The Attack of the Dead Men" de 'The Great War'. La comunión masiva con los fieles continuó por todo lo alto coreando al unísono la majestuosa "Bismarck", dejando el terreno allanado para que los suecos remataran la presentación de su nuevo y esperado arsenal con el aplastante doblete de "Hordes of Khan" y la espectacular épica cruzada de la nueva "Templars" Para cerrar este descomunal bloque, no podía faltar el salto masivo, generalizado y unánime que siempre provoca el eterno y primigenio himno que da nombre a su debut, "Primo Victoria".
Sin embargo, para los definitivos y apoteósicos bises, Sabaton nos tenía guardados a todo el recinto entonando a pleno pulmón el famoso "Ooh ooh ooh" de la divertidísima "Swedish Pagans" ('The Art of War'), la furiosa carga de caballería de "Coat of Arms" y, finalmente, poniendo un broche de oro absolutamente inmejorable y definitivo a esta edición del Rock Imperium bañados en fuego, chispas y confeti al ritmo de su festiva y vitoreada "To Hell and Back". El cansado pero eufórico respetable fue abandonando paulatinamente el recinto de El Batel mientras sonaba pacíficamente la cinta de "The Last Battle" de fondo, certificando que habíamos sido testigos de una jornada titánica, magistral y que perdurará para siempre en la memoria del metal en estos lares. Solo pecan (como les ocurre a otras bandas como Powerwolf) de un exceso de discursos, pero, por lo demás, chapeaú.
Testament
Hablar de Testament es invocar el mismísimo ADN del thrash metal de la Bay Area de San Francisco. La incombustible maquinaria liderada por Chuck Billy y Eric Peterson demostró con creces por qué llevan cuatro décadas en la cumbre del género, habiendo sabido evolucionar sin perder ni un ápice de su fiereza y precisión técnica. Su más reciente obra, 'Para Bellum', reafirma este enorme legado. Así, la noche fue testigo de una descarga de puro thrash metal donde Testament demostró por qué sigue siendo un titán indiscutible del género.

Bajo la imponente presencia de su clásico logotipo proyectado en el fondo del escenario con su nconfundible tipografía de bordes afilados y aquí con efecto de goteo que encarna a la perfección la ferocidad de su propuesta—, la banda sonó como una maquinaria arrolladora. La incombustible e imponente voz de Chuck Billy lideró la ofensiva con una potencia desgarradora, respaldada por la maestría de una de las mejores duplas de guitarras de la historia: los riffs implacables de Eric Peterson y los solos prodigiosos y melódicos de Alex Skolnick. Todo esto se cimentó sobre una base rítmica absolutamente brutal y milimétrica, cortesía del virtuoso bajo de Steve Di Giorgio y la velocidad destructiva de Chris Dovas en la batería, logrando un sonido en vivo tan denso, técnico y sólido que hizo temblar cada rincón del recinto.
El repertorio fue un recorrido magistral que no dio tregua, intercalando himnos históricos que definieron el thrash con material de una pesadez abrumadora. La locura se desató en la pista con clásicos inmortales como "Into the Pit" del venerado 'The New Order', el cierre frenético con "Over the Wall" de su debut 'The Legacy' y la genialidad de "Sins of Omission" extraída de 'Practice What You Preach'. La faceta más oscura y contundente de la banda golpeó con fuerza al interpretar "Low" de su disco homónimo, "So Many Lies" del álbum 'The Ritual' y la aplastante "Demonic Refusal" del visceral 'Demonic'. Para rematar esta demostración de poder inagotable, inyectaron pura adrenalina con "Henchmen Ride" de 'The Formation of Damnation' y presentaron la brutalidad moderna de cortes como "Infanticide A.I.", "Shadow People" y "Nature of the Beast" pertenecientes a 'Para Bellum', coronando un concierto épico de ejecución perfecta.

Para poner el broche de oro a esta crónica, es de rigor felicitar a la organización por firmar otra exitosa edición del Rock Imperium, así como enviar un inmenso agradecimiento al personal de limpieza y a todos los trabajadores que, con su esfuerzo incansable, han hecho posible el festival. A nivel personal, mil gracias a mi casero Germán, de la Asociación Benéfica "Una Bonita Sonrisa", por acogerme con los brazos abiertos un año más. Aprovecho estas líneas para recordar que el próximo 28 de agosto organizan un estupendo festival benéfico de entrada libre en El Algar (Cartagena) con bandas del calibre de Armando (Armando de Castro) y Hard Love. Un enorme abrazo también a todos los compañeros de prensa con los que he compartido esta aventura, con una mención muy especial a la familia de La Heavy y MariskalRock: Mariano, José, Pedro y Josep. Confiamos en que el año que viene nos regale una entrega igual de triunfal y memorable; sin duda, allí nos volveremos a ver para seguir celebrando el rock.
Comencé a colaborar en “La Heavy” (cuando se llamaba “Heavy Rock”) y en su hermana gemela, “Kerrang!” (edición española), a finales de los 90, retomándolo en el nuevo milenio también en MariskalRock.com. También he escrito en el diario ABC y en publicaciones locales como “Siete Días Yecla”, además de haber trabajado durante un tiempo en el Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de mi querida Yecla. Tengo un blog, Brotando Music, donde podréis encontrar poco a poco los enlaces de todo el material que publico aquí, así como nuevo contenido inédito. Entre mis próximos planes está escribir un par de libros, uno de ellos sobre una de mis bandas favoritas.
Actualmente vivo en Yecla, aunque Alicante, Madrid, Murcia, Valencia… son ciudades también muy importantes para mí, por diferentes motivos. ¡Nos vemos en los conciertos… y que brote la buena música!
- Crónica de Rock Imperium Festival (Domingo) con Sabaton, Trivium, Testament o Queensrÿche: Batalla final victoriosa - 6 julio 2026
- Crónica de Rock Imperium Festival (sábado) con Iron Maiden, Anthrax,H.E.A.T o Blues Pills: Scream for me, Cartagena! - 5 julio 2026
- Crónica de Rock Imperium Festival (viernes) con Within Temptation, Mastodon, Lacuna Coil o Crimson Glory: épica imperial - 4 julio 2026



