Después de tres días de conciertos prácticamente ininterrumpidos, el Resurrection Fest llegaba a su última jornada sin dar síntomas de agotamiento (tienes las crónicas de las anteriores aquí del miércoles con Sabaton, aquí del jueves con Iron Maiden y aquí del viernes con Limp Bizkit). Al contrario. El recinto volvió a llenarse desde primera hora y el ambiente seguía siendo el mismo: camisetas negras, gente corriendo de un escenario a otro y la sensación de que todavía quedaban muchas horas de música antes de despedirse de Viveiro.
El sábado proponía uno de los carteles más variados del festival. Desde bandas emergentes como Hand of Juno hasta nombres históricos como P.O.D., pasando por Mastodon, Dogma, Marilyn Manson o Blood Incantation.
Hand of Juno
Uno de los primeros conciertos del día fue el de Hand of Juno, que debutaban en el Resurrection Fest con la responsabilidad, y también la oportunidad, de darse a conocer ante un público que acostumbra a responder muy bien cuando descubre bandas nuevas.

Las italianas no tardaron en meterse al público en el bolsillo. Su propuesta mezcla metal moderno, electrónica y diferentes registros vocales, una combinación que funciona especialmente bien en directo, y sobre todo con el público del metal más joven, gracias a la energía con la que defienden cada tema.
Más allá del sonido, destacó la actitud de la banda sobre el escenario. Se notaba que estaban disfrutando del momento y esa sensación terminó transmitiéndose también a las primeras filas.
Pese al horario y al sol veraniego que azotaba a todos, el escenario fue reuniendo cada vez a más gente. Muchos asistentes llegaban sin conocer demasiado a la banda y terminaron quedándose durante todo el concierto.

Hand of Juno aprovechó la oportunidad sin excesos ni artificios. Apostó por un directo muy dinámico, dejando una impresión muy positiva.
P.O.D.
Con P.O.D. cambió por completo el ambiente. Si Hand of Juno había abierto la jornada mirando al presente del metal moderno, los californianos hicieron viajar al público directamente a principios de los 2000. Y lo hicieron sin dar la impresión de ser una banda que vive únicamente de la nostalgia.

Sonny Sandoval sigue siendo un frontman muy efectivo. No necesita grandes discursos para conectar con el público; le basta con moverse constantemente por el escenario y animar a todos. A su alrededor, la banda sonó compacta y dejó claro que sigue cautivando después de tantos años de carrera.
El concierto fue creciendo poco a poco. Los corros comenzaron a abrirse frente al escenario y los asistentes acompañaron buena parte del repertorio cantando y saltando, en una actuación donde predominó el buen ambiente por encima de todo. Esa mezcla entre metal, rap y rock alternativo es el atractivo del directo, especialmente en un festival como el Resurrection Fest, donde buena parte del público creció escuchando a bandas de esa generación.

Sin ser el concierto más espectacular del día, P.O.D. dejó una actuación muy convincente. La experiencia se notó en cada momento, con una banda que sabe perfectamente cómo mantener la atención del público sin necesidad de recurrir a grandes producciones.
Mastodon
A medida que avanzaba la tarde, el Resurrection Fest entró en una de esas franjas horarias donde empiezan a concentrarse algunos de los nombres más esperados del día. Entre ellos estaba Mastodon, una banda que lleva años ocupando un lugar propio dentro del metal contemporáneo gracias a una propuesta difícil de encasillar.

Los estadounidenses salieron al escenario sin demasiados rodeos y toda la atención acabó centrándose en la música. No son una banda de grandes discursos ni de buscar continuamente la interacción con el público. Su fuerte está en otro sitio: en unas canciones llenas de matices, cambios de ritmo y detalles que ganan todavía más fuerza en directo.
El concierto fue avanzando con esa mezcla tan característica entre contundencia y complejidad. Troy Sanders y Bill Kelliher, acompañados por Nick Johnston a la guitarra desde la salida del fallecido Brent Hinds, volvieron a demostrar por qué Mastodon ha conseguido mantenerse como una referencia dentro del metal progresivo durante más de dos décadas, mientras Brann Dailor sostenía todo el entramado desde la batería con una facilidad que sigue impresionando incluso a quienes ya han visto a la banda varias veces.

La respuesta del público fue creciendo conforme avanzaba la actuación. Quizá no fue el concierto con más movimiento de la jornada, pero sí uno de los que generó una atención más constante. Mucha gente optó por quedarse simplemente observando. En un festival donde la intensidad suele medirse en velocidad o en número de circle pits, este fue uno de esos conciertos que probablemente se disfrutan más cuanto más conoces a la banda, pero que también sirve para entender por qué sigue siendo uno de los nombres más respetados de la escena internacional.
Dogma
Si Mastodon había apostado por la complejidad musical, Dogma apareció para ofrecer algo completamente distinto. Desde antes de que comenzara el concierto ya había bastante expectación alrededor del escenario. Buena parte del interés tenía que ver con la estética de la banda, una propuesta visual que ha generado conversación desde sus primeros pasos y que volvió a convertirse en uno de los focos de atención de la jornada.

Sin embargo, una vez empezó la actuación, la banda aprovechó su paso por Viveiro para demostrar que detrás de toda la puesta en escena existe también una propuesta musical sólida, apoyada en riffs directos, melodías muy reconocibles y un enfoque claramente orientado al directo.
El concierto destacó sobre todo por su capacidad para mantener la atención del público. Había curiosidad, sí (no se ven a cinco mujeres vestidas de monjas con corpse paint y camisetas de la selección española todos los días), pero también una respuesta genuina por parte de los asistentes, que fueron llenando cada vez más el espacio frente al escenario a medida que avanzaba la actuación. La combinación entre teatralidad, actitud y canciones pensadas para funcionar en vivo terminó generando uno de los ambientes más animados de las primeras la noche que ya se hacía expectante por el concierto de Marilyn Manson.

Las integrantes de la banda supieron aprovechar perfectamente ese interés. Hubo seguridad sobre las tablas, una interpretación convincente y la sensación de estar ante un grupo que entiende muy bien cómo desenvolverse en un festival de estas dimensiones. Lejos de parecer intimidadas por el contexto, se movieron con naturalidad y terminaron firmando una actuación que dejó comentarios muy positivos entre quienes se acercaron a verlas.
Dogma abandonó el escenario dejando una sensación parecida a la que había provocado Hand of Juno al comienzo de la jornada: la de una banda que todavía está construyendo su camino, pero que sabe perfectamente cómo llamar la atención en un cartel repleto de nombres consolidados.
Marilyn Manson

Si había un concierto que concentraba todas las miradas en el último día del Resurrection Fest, ese era el de Marilyn Manson. El Main Stage volvió a llenarse mucho antes de la hora prevista y, conforme se acercaba la medianoche, apenas quedaba espacio libre frente al escenario. Su regreso a España llegaba rodeado de expectación después de varios años convulsos y de una nueva etapa artística que ha devuelto al músico estadounidense a los escenarios con una imagen renovada y un repertorio que combina clásicos con material reciente.
Sin grandes introducciones, el concierto arrancó con "Nod If You Understand", una de las todavía recientes composiciones de ‘One Assassination Under God - Chapter 1’, dejando claro desde el principio que la noche no iba a ser únicamente un ejercicio de nostalgia. Aun así, el público no tardó en estallar con "Disposable Teens" y "Angel With the Scabbed Wings", dos canciones que marcaron el primer gran pico de intensidad de la actuación.
A diferencia de otras giras centradas casi exclusivamente en los grandes éxitos, Manson construyó un repertorio bastante más variado. "Great Big White World", "This Is the New Shit", "Dried Up, Tied and Dead to the World" o "The Love Song" fueron dibujando un recorrido por distintas etapas de su carrera, alternando momentos de mayor agresividad con otros donde el protagonismo recaía sobre una puesta en escena mucho más contenida. La banda sonó especialmente bien durante todo el concierto, sosteniendo un repertorio exigente sin perder fuerza en ningún momento.
Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con "Exit Wound", interpretada por primera vez en directo. La reacción del público fue de curiosidad primero por el single que adelantó ‘One Assassination Under God - Chapter 2’, y de entusiasmo después, consciente de estar presenciando un estreno absoluto dentro de la gira. Ese equilibrio entre recuperar clásicos y presentar nuevo material terminó siendo uno de los grandes aciertos del concierto.

A partir de ahí, el tramo central enlazó algunos de los momentos más celebrados de la noche. "The Nobodies" volvió a demostrar que sigue siendo una de las canciones más queridas de su repertorio, mientras "Diary of a Dope Fiend" dio paso a uno de los momentos más coreados con "The Dope Show", precedida por un breve guiño a "I Don't Like the Drugs (But the Drugs Like Me)" que el público reconoció al instante. Poco después llegó "As Sick as the Secrets Within", otra muestra del buen momento creativo que atraviesa esta nueva etapa de Manson.
El concierto encaró su recta final con una sucesión de himnos difícil de igualar. La versión de "Sweet Dreams (Are Made of This)", ya convertida en un clásico dentro de sus directos, volvió a transformar el Main Stage en un inmenso coro. Después llegaron "(s)AINT", "mOBSCENE" y, como no podía ser de otra manera, "The Beautiful People", probablemente el momento de mayor comunión entre artista y público de toda la actuación. Miles de personas acompañaron cada palabra mientras las primeras filas no dejaban de moverse, cerrando el repertorio principal con una de las canciones más representativas del rock industrial de las últimas décadas.

Todavía quedaba un último tramo. Tras abandonar brevemente el escenario, Manson regresó para interpretar "Tourniquet", antes de sorprender con "Personal Jesus", la versión del clásico de Depeche Mode que recuperó para esta gira y que no interpretaba en directo desde 2017. Fue un cierre inesperado y muy celebrado por un público que respondió cantando hasta el último acorde, poniendo el broche a uno de los conciertos más esperados de todo el festival.
Más allá del repertorio, se pudo ver a un Marilyn Manson mucho más centrado sobre el escenario que en otras etapas de su carrera. Sin excesos innecesarios y dejando que fueran las canciones las protagonistas, ofreció una actuación sólida, bien medida y respaldada por una banda que sonó compacta de principio a fin. Puede que no todos consideren que haya sido el concierto más espectacular de la edición, pero sí se debe admitir que fue uno de los más impactantes.
Blood Incantation

Mientras buena parte del público daba por terminada la noche tras Marilyn Manson, todavía quedaba una última parada para quienes buscaban cerrar el festival de una forma completamente distinta. Blood Incantation tomó el relevo en el Ritual Stage con una propuesta que poco tenía que ver con el espectáculo que acababa de vivirse en el escenario principal.
Los estadounidenses volvieron a demostrar por qué se han convertido en una de las bandas más interesantes del death metal actual. Su mezcla de brutalidad, pasajes atmosféricos e influencias progresivas creó un ambiente completamente diferente, más hipnótico que explosivo, donde el protagonismo recayó exclusivamente en la música.
Lejos del bullicio del Main Stage, el Ritual Stage ofrecía una atmósfera mucho más recogida. El público seguía cada tema con una atención absoluta, disfrutando de un concierto técnicamente impecable que sirvió como cierre perfecto para quienes preferían terminar el Resurrection Fest con una propuesta más exigente y menos multitudinaria.

Con las últimas notas de Blood Incantation llegó también el final de cuatro días de música prácticamente ininterrumpida. Una edición que volvió a reunir a decenas de miles de personas en Viveiro y que confirmó, una vez más, la capacidad del Resurrection Fest para combinar leyendas del metal con bandas emergentes y propuestas muy diferentes entre sí.
Sabaton, Iron Maiden, Limp Bizkit y Marilyn Manson acapararon buena parte de los focos, pero el festival volvió a demostrar que su verdadero valor está también en esos conciertos que aparecen por sorpresa entre escenarios más pequeños y horarios tempranos.
Al fin y al cabo, esa sigue siendo una de las grandes señas de identidad del Resurrection: permitir que un mismo día convivan el heavy clásico, el death metal más extremo, el metalcore, el rock alternativo o el nu metal sin perder nunca su personalidad.
Cuando las luces se apagaron definitivamente, quedó la sensación de que, un año más, Viveiro había vuelto a convertirse en ese lugar al que miles de aficionados siempre quieren regresar.
Me gusta contar historias, descubrir nuevos sonidos y seguir de cerca la actualidad musical, ya sea a través de noticias, crónicas o reseñas, siempre con la idea de transmitir la energía que hace única a la música.
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