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Crónica de Rebrote en Guadalajara: La vida de Uoho, la vida de todos

Toda una vida lleva Iñaki Uoho haciéndonos vibrar. El rock and roll en nuestro idioma no se entendería igual sin la contribución del guitarrista bilbaíno, responsable en buena parte de la banda sonora vital de millones de personas a las seis cuerdas de Platero y Tú, Extremoduro e Inconscientes. Pero no solo nuestras vidas han sido irremediablemente marcadas por su talento, su garra y su genialidad; la suya sigue cobrando mucho más sentido cada vez que hace una canción, que se sube a un escenario. Por eso, lejos de retirarse a vivir de las rentas, puso en pie Rebrote con una formación de primera que está ahora de gira presentando su fulgurante primer álbum, al tiempo que reivindica himnos de una trayectoria de leyenda.

Ni los problemas de salud que Iñaki ha atravesado en los últimos tiempos y que afortunadamente son ya agua pasada ni los kilómetros de distancia que separan Bilbao de la Cádiz natal del vocalista Jaime Moreno, cantante también de los hardrockeros The Electric Alley, han sido palo en la rueda para poner en marcha el que su principal instigador considera su banda definitiva a día de hoy. Y no es para menos, pues la soberbia calidad y el colosal empaste que exhibieron sobre el escenario de la sala Óxido de Guadalajara atiborra de argumentos todas las ambiciones que puedan ostentar. No obstante, si las hay, que debería haberlas, no es algo tan notorio una vez se sitúan bajo los focos.

Ver a Rebrote sobre el escenario es comprobar la diversión de una banda que lo da todo y no se deja nada, cuyos miembros, sin excepción se lo pasan en grande tocando cada tema. A Iñaki Uoho se le veía pletórico, distendido y feliz, muy feliz, compartiendo sensaciones y camaradería con sus antiguos compañeros de Extremoduro José Ignacio Cantera, a la batería, y Miguel Colino, al bajo. También con Jaime Moreno, con quien ha tejido una conexión sobrenatural, con el habilidoso guitarrista Jaime Tejedor y con el cualificado teclista, segundo vocalista y cuasi director de orquesta Íñigo López, a quien por algo le llamarán “El Profe”.

Tras una espera en la que la expectación y la tensión de los grandes momentos podía palparse en el ambiente de una sala que colgó el cartel de no hay billetes y en la que se nos antojó un verdadero privilegio vivir un show de tamaña magnitud, aparecieron en escena los protagonistas para rubricar sus intenciones de buenas a primeras con la fenomenal “Aceleraciones I: de luz”, cuyo estribillo fue muy coreado por todos los presentes. Enseguida nos contagiaron de su júbilo sobre el escenario, de su actitud irrevocable, de su energía, como reza la canción, incandescente.

Bromeó un risueño Iñaki a cuenta del kalimotxo antes de acometer “Acto de revolución”, una eléctrica declaración de amor contra viento y marea, para que después el delirio se apoderase de todos cuantos han mamado de la teta de Platero y Tú con “Me dan miedo las noches”. Fue una locura inexplicable, una emoción incontenible, contemplar a Uoho trazando con esbeltez y sumo oficio tan mítico punteo, en perfecta compaginación con un Jaime Tejedor excelso a sus seis cuerdas y un Jaime Moreno cuya garganta hizo un gran servicio a la emblemática pieza.

Tras frotarnos los ojos – algo se nos habría metido en ellos –, aplaudimos el agradecimiento sentido del vocalista al público por parte de Jaime, quien puso de relieve que ante nosotros había gente que nos resultaría familiar y otra que menos, entre los que se incluyó, aunque no somos pocos quienes lo veneramos desde hace tiempo. Iñaki, a renglón seguido, continuó bromeando invitando a irse “a la puta calle” a quienes no comulgasen con ellos.

“Vamos a tocar una de Deep Purple: él es Deep y yo soy Purple”, comentó después en alusión a Jaime antes de que abordaran la más acompasada y bluesera “Cuando no estás tú”, con exquisitos cromatismos que nos trajeron a colación a los Extremoduro más detallistas, y la inmensa “Dentro de una botella”, en una onda más AC/DC y original del inolvidable primer disco de Inconscientes. Inaugurada por una certera batería de Cantera, ni que decir tiene que la voz de Jaime encajó en ella como anillo al dedo.

Aunque tenían claro que no querían exprimir demasiado la obra de Extremoduro por motivos evidentes que los honran, hubo tiempo también para que el espíritu de Robe planease por la sala de la mano de “Cuarto movimiento: la realidad”, cantada al principio por Íñigo López con increíble magnetismo y solvencia, y sin más acompañamiento que su teclado, para que después se unieran todos los demás en su maravillosa instrumental final que nos emocionó hasta el llanto, con ese eje vertebrado melódico tan memorable de ‘La ley innata’.

Volvieron a reivindicar la cosecha propia de Rebrote con el que fue su primer single, “La flor de la verbena”, antes de que estallase la mayor de las locuras con “A un tipo listo”. De repente, nos sentimos en el Kafe Antzokia de Bilbao antes de que Platero y Tú inaugurase la misma canción como primera piedra del mítico directo ‘A pelo’. Y sentimos que no había más realidad que ese momento, que esa recreación sideral de lo que algunos no pudimos vivir en primera persona por motivos netamente generacionales.

La excelencia en todas las variables siguió aflorando a borbotones con la rocanrolera y alegre “Un brote” y la imprescindible “Hay poco rock ‘n’ roll”, himno atemporal de Platero y Tú perfectamente engarzada con la anterior y ante el que el público puso en riesgo la viabilidad estructural de una sala que seguía sonando excelentemente bien. Al Papa lo que es del Papa: merece la pena desplazarse a Guadalajara para ver un concierto en estas condiciones.

Tras retirarse unos instantes, regresaron en una onda más comedida con “Aceleraciones II: cromatismos”, la última de Rebrote en el repertorio – también era la única que quedaba por defender del álbum – antes de una traca final que llevó la exultación y el frenesí a niveles peligrosos para la cordura humana. Así, los adoradores de Platero y Tú volvimos a tocar el cielo de la mano de “Cigarrito” y “Voy a acabar borracho”, tras cuyo solo le imprimieron un giro pausado antes de volver a romper en una deflagración rockera y festiva inconmensurable.

El broche de oro lo pusieron, ya en clave de Extremoduro, con la sentida “El camino de las utopías” y “Ama, ama, ama y ensancha el alma”, inaugurada y culminada con la inevitable alusión al “Rockin’ All Over the World” de Status Quo, conduciéndonos a un éxtasis absoluto que tardaremos mucho en borrar de nuestra memoria.

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