Hay declaraciones que delatan de un plumazo al que las pronuncia. Frases con las que se ubica a un sujeto en las cavernas más profundas o en algún otro lúgubre lugar bajo el suelo del que nunca debería haber salido. Y luego por supuesto no debe perderse de vista aquella vieja máxima de que no ofende quien quiere, sino quien puede. Frente a la idea cristiana de poner la otra mejilla, nada mejor que convertir aquello que se critica en un motivo de orgullo, una muestra de que algo se debe estar haciendo bien para conseguir cabrear a gentuza de semejante ralea.
Tal es el caso de la frase que pronunció el agitador Eduardo Feinmann cuando se enteró de que el guitarrista Luis Gribaldo había salido de los argentinos Flema por apoyar a Milei, el adorador de perros muertos, aficionado a las estafas con criptomonedas y otros vicios que casi mejor no saber. Dicen que sus palabras fueron: “Son zurdos y porreros”. Argumento categórico propio del que posee un lodazal en el cerebro y no duda en extender su podredumbre en cuanto tiene ocasión, como el rey Midas, pero con ponzoña.
Todo un lujazo era poder ver en Bilbao a unas leyendas del punk argento con varias décadas a las espaldas. Con el icono Ricky Espinosa siempre en el recuerdo, el bajista Fernando Rossi mantiene en la actualidad un legado que a veces llega hasta el otro lado del Atlántico. Encima para engrandecer la velada contaron otros destacados compatriotas como Doble Fuerza, con los que telonearon a Ramones allá por 1995, aparte de dos notables bandas vascas que configuraron una noche sin desperdicio.
La Línea Roja

Abrieron la velada de manera inmejorable La Línea Roja, supergrupo con miembros de Gatillazo, Puraposse o Tobogán, entre otros, con especial querencia por ese rock punkarra de inspiración escandinava a lo Turbonegro o The Hives. Con semejantes mimbres nada podría salir mal, ni tampoco con temazos de los que dejan el culo torcido como "Todo lo malo es cierto" o “La mejor opción”, aparte de contar con un frontman enérgico muy competente y un veterano con los galones de Txiki a la guitarra.
Para que se note que esta bandaza surgió de las cenizas de La Excavadora, también cayeron himnos de la envergadura de “Mala música” o “Futuro”, que se llevaron a cabo muy dignamente, y eso que no resultaba sencillo ponerse en la piel de un vocalista con tanto carisma y buen hacer como Pela. Que viva la electricidad desatada y los mástiles al cielo. Deseando desde ya volver a verles.
Doble Fuerza

En una ocasión así Huguito Irisarri y compañía, o lo que es lo mismo, Doble Fuerza, no podían faltar. Con el bajista Pepe Bombs marcando el “one, two, three, four” del evangelio ramoniano fueron desgranando otro repertorio sin desperdicio, con momentos álgidos desde el mismo arranque con “Canción de libertad”, el homenaje a las compañeras de “Sola”, el himno “Pibes de barrio” y el colosal final con “Otra vuelta de cerveza”.
Por limitaciones del cable del micro, Huguito no se pudo dar su habitual paseo entre la concurrencia, pero no hubo problema porque los fieles se acercaron hasta cerca del foso para así poder entonar los últimos cánticos. Todo un fiestón en apenas media hora. Menos siempre es más en su caso.
Negracalavera

Los autoproclamados “nuevos reyes del rock” Negracalavera constituyen una referencia ineludible a la hora de hablar de música local con agallas. Txemi a la voz se lo sigue montando bien, con la actitud y chulería adecuada, además de una banda que le apoya como si se tratara de una legión romana, sin fisuras de ningún tipo. Hacía tiempo que no coincidíamos con ellos, pero nos agradó comprobar que siguen conservando todo lo que hace falta para subirse al escenario, además de pildorazos tan rotundos como “Navajazos” o “Un cadáver en el maletero”. Otro sonoro bofetón en la cara.
Flema

Con una trayectoria tan extensa como la de Flema no resulta complicado configurar un repertorio que permita que broten los pogos casi desde los primeros minutos. Hablando antes con el bajista Pepe Bombs nos comentaba que los de Avellaneda nunca gozaron por estos lares de un tirón descomunal y que su anterior vez en la capital vizcaína había sido a bordo de un barco junto a Manifa y Subversión X, allá por 2010, si no me equivoco.
A pesar de tratarse de una jornada complicada con interesantes bolos en las inmediaciones, se congregó la suficiente peña para que se montara el jaleo que una ocasión así merecía. Los ánimos se caldearon con “Si yo soy así” o “Maten a su suegra”, con la zona central del recinto transformada en una especie de campo de batalla, pero de buen rollo, ¿eh?

El bajista y actual líder hizo un brindis por el fallecido Ricky Espinosa y se acordó de sus compatriotas y de todos los latinoamericanos en general con “Lejos de casa”, un salmo a la tradición ramoniana. Los pogos se mantuvieron con “Metamorfosis adolescente” o “Siempre estoy dado vuelta”, que casi se convirtió para algunos en una prueba de resistencia.
También se acordaron de las compañeras presentes en la sala como Fabi de Penadas por la Ley o una “señorita con auriculares”, en referencia a una niña que observaba el recital con atención. Como la mayoría podrá imaginar, a pesar de que tocaron hora y poco, fue más bien un visto y no visto, con muchas de las canciones entrelazadas unas con otras y un pogo central que era más bien como una hoguera vikinga que irradiaba luz al resto de la sala. Ahí se metía gente con cresta, melenudos, no se discriminaba a nadie, en consonancia con el verdadero espíritu inclusivo del punk.

El único freno que hubo en su concierto fue en “No pasa nada”, que alargaron un poco para que las gargantas se elevaran, aunque no era en absoluto necesario, la parroquia ya andaba lo suficientemente motivada. El broche lo pusieron, como no podría ser de otra manera, con “Nunca seré policía”, donde Huguito Irisarri de Doble Fuerza no pudo evitar subirse al escenario para desparramar por última vez con sus compatriotas en un ambiente de total fraternidad.
Por más noches como esta, con cuatro grupos dejándose la piel y demostrando que el mensaje del punk sigue más vivo que nunca en 2026. ¿Zurdos y porreros decía aquel? Pues sí, y con orgullo. El día que nuestra música no moleste a nadie habrá que dedicarse a otra cosa.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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