Crónicas

Depeche Mode + Suzie Stapleton en Barakaldo (Bizkaia): Inmensa celebración

«Frente a otros sinvergüenzas que arrastran su leyenda por los suelos, diría con convicción que merece la pena pagar hasta el último céntimo por asistir a un espectáculo de Depeche Mode hoy en día. Lo que aportan es una inmensa celebración con un frontman como pocos se contemplan en la actualidad y un sonido contundente y poderoso capaz de sorprender hasta al más reacio.»

21 marzo 2024

Bizkaia Arena BEC, Barakaldo (Bizkaia)

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Nada mejor que ver a un grupo en directo para reconciliarse con toda su trayectoria y discografía. Aunque, a decir verdad, jamás llegamos a odiar a Dave Gahan y compañía, por mucho que en el ambiente gótico nos los metieran hasta por los ojos o que todavía permanezca en nuestra memoria una fiesta temática del grupo en la capital en la que algún asistente terminó desplomado en el suelo. Por mucho que les cataloguen como comerciales o mainstream, es innegable su amplia influencia tanto en la historia de la música, como en el rock y metal en particular, con una nutrida pléyade de bandas oscurillas que les deben casi hasta la vida.

Lo cierto es que las veces que hemos visto a Depeche Mode nunca hemos salido defraudados con una banda cuyo poderío rockero crece en las distancias cortas y un vocalista que sin duda estaría entre lo más profesional que puede uno ver en directo. Un espectáculo grandilocuente y pomposo, sí, pero con el mimo y la actitud de tipos que nunca se caracterizaron por su divismo.

Desde su última visita a la capital vizcaína, en una de ellas incluso Gahan acabó lesionado por su incesante actividad, había sucedido un hecho tan relevante como el fallecimiento del miembro fundador Andrew Fletcher el pasado mayo. Pero sus compañeros, lejos de sentarse a rumiar miseria, anunciaron el disco ‘Memento Mori’ y una mastodóntica gira mundial, el mejor homenaje posible.

En su recital en el Bizkaia Arena hubo impresionantes colas tanto a la entrada como a la salida del evento, el metro en particular presentaba un aspecto abrumador nada más finalizar el concierto. Y en el interior pocas veces habíamos presenciado el recinto tan lleno hasta la bandera, todo repleto a excepción de esa jaula limbo de prensa donde sobraban la mayoría de las sillas. Ironías de la vida.

Como no nos dejaron hacer fotos a la telonera Suzie Stapleton, a la que entrevistamos recientemente, intentamos catar algo de su breve recital y concluimos que su show habría ganado enteros en una sala, por su poso místico a lo Patti Smith, el guitarreo alternativo a lo PJ Harvey y la chatarrería fantasmagórica heredera de Nick Cave. Un servidor, que adora los ingredientes mencionados, disfrutó de esa breve sesión de hipnotismo y cruza desde ya los dedos para coincidir con ella en un escenario más modesto y acorde a su rollo doliente.

Una puesta en escena impactante, con una M gigante en el escenario y una pasarela para lucir palmito como si fueran The Rolling Stones, utilizaron Depeche Mode en el último concierto de su gira peninsular. El guión no se apartó de lo previsto desde el inicio con una intro instrumental y la prolongación de la misma que podría considerarse “My Cosmos Is Mine”, que también abría su disco ‘Memento Mori’.

Que el grupo en la actualidad es un dúo lo demostró el indisimulado protagonismo de un Dave Gahan pletórico, con la voz impecable de principio a fin, y de Martin Gore, que nos legó los punteos más rockeros de la jornada y además se defendió con mucha solvencia a las cuerdas vocales en un par de ocasiones. Había más gente sobre las tablas, evidentemente, pero en un segundo plano, tan discreto que si no te fijabas, ni reparabas en su presencia. Lo importante fue un repertorio colosal en el que no sobraba prácticamente nada, pues lo mismo atronaron piezas recientes como “Wagging Tongue” que clásicos del estilo de “Walking In My Shoes”.

Disfrutamos del matiz industrial de “It’s No Good”, la tremenda solidez con la que todavía resuena “Policy of Truth” décadas después desde su creación o el sonido envolvente de “In Your Room”, una de nuestras preferidas. La solidaria “Everything Counts”, que en su día versionaron In Flames, confirmó su plena vigencia en la actualidad y la añoranza por aquellos tiempos en los que se hacían letras con mensaje.

Somos conscientes de que algunos lectores catalogarán a los de Basildon como un mero grupo pop, pero los que así piensan, seguramente nunca se toparon con ellos en directo. No vieron a Dave Gahan moviéndose con el magisterio de Steven Tyler, Mick Jagger y demás leyendas del rock. Porque su actitud e intención de dar un show potente está a años luz de la complacencia y ombliguismo con el que nos bombardean tantos artistas con ínfulas de grandeza.

“Precious” bajó las revoluciones, cierto, pero Gahan la interpretó tan impecablemente que puso piel de gallina. Ni siquiera la reciente “My Favourite Stranger” cortó el rollo, pues poco después Martin Gore se fue hasta el fondo de la pasarela para su particular momento de gloria, que esta vez contó con munición de tanta envergadura como el éxito “Strange Love” y la delicada “Home”, que antaño constituía uno de los instantes más memorables del show.

“Ghosts Again” nos recordó el tiempo que llevaban Depeche Mode sin lanzar un single tan tremendo y “I Feel You” fueron ya palabras mayores, con esa inevitable cadencia que te incita a mover la cabeza, a no ser que estés muerto por dentro. Y que rescataran “A Pain That I’m Used To” también moló, con imágenes de una pareja bailando al fondo en la pantalla.

La recta final con “Behind The Wheel” y “Black Celebration” colmaría las ansias de los fieles, al igual que la sobrecogedora “Stripped”, que versionaron Rammstein. Los británicos, por su parte, pusieron énfasis en esta pieza añadiendo un matiz sideral, como de ‘2001: Una odisea del espacio’, y algunos arreglos orientales. Mencionar que gran parte de las canciones no suelen emplear la misma versión que en estudio, pues tratan de actualizar el sonido del material más pretérito.

“Enjoy The Silence” quizás estuviera demasiado trillada, pero seguía sobrecogiendo en directo, con las gargantas desatadas al máximo y móviles preparados para compartir el inevitable momento de postureo en las redes sociales. La faceta de Depeche Mode que nos llama la atención nada tiene que ver con eso, sino con su carácter más transgresor y vanguardista, aquel que supuso una auténtica revolución a comienzos de los ochenta.

En los bises, Dave Gahan y Martin Gore se acercaron hasta el final de la pasarela y se permitieron pillar un poco de aire en la reposada “Waiting For The Night”. La horterada de “Just Can’t Get Enough” fue lo único que nos sobró por completo, pero por suerte nos hicieron olvidar aquello con “Never Let Me Down Again”, otro himno de piel de gallina. Perdonados con creces. Y “Personal Jesus” puso la guinda a un recital fantástico, de los mejores que les recuerdo.

Frente a otros sinvergüenzas que arrastran su leyenda por los suelos, diría con convicción que merece la pena pagar hasta el último céntimo por asistir a un espectáculo de Depeche Mode hoy en día. Lo que aportan es una inmensa celebración con un frontman como pocos se contemplan en la actualidad y un sonido contundente y poderoso capaz de sorprender hasta al más reacio. ¿Y esto dicen que es un grupo pop? En directo, ni de coña. Su actitud es la del puro rock.

Alfredo Villaescusa
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