No son pocos los conciertos a los que uno acude más por los teloneros que por los cabezas de cartel. Da igual que se trate de un grupo de reconocido prestigio, de esos que a veces hay que mencionar para que te tomen en serio en las conversaciones más sibaritas. Pero ya decían los antiguos que sobre gustos no hay nada escrito, aunque a la salida todo el mundo haya flipado con el bolo y un servidor siga pensando que los que salieron primero se los comieron con patatas.
Parecía increíble que hubiera gente que esperara aquel momento desde hace casi un año, como les escuchamos comentar a las chicas de al lado, pero lo cierto es que las entradas para el concierto bilbaíno de los suecos The Soundtrack of Our Lives se agotaron hace tiempo. No cabe duda de que estamos hablando de una banda de culto surgida de las cenizas de Union Carbide Productions que no reproducía los parámetros de The Hellacopters o Turbonegro, sino que más bien miraba hacia la psicodelia de Love o los Pink Floyd de Syd Barrett.
La cita en el Kafe Antzokia se convirtió en una de esas en las que el rockerío de la zona acudiría en tropel y al final si no te había parecido el concierto de tu vida ya podías ingresar en el club de los raritos. Como nunca nos gustó el pensamiento gregario ni borreguil, aprovechamos para desafiar a la concurrencia apostando por los teloneros, unos auténticos dioses de la electricidad de cabo a rabo.
Spiders

Los ingredientes resultan un componente fundamental a la hora de valorar un plato y lo que ofrecían los suecos Spiders era canela fina para un servidor. Por un lado, la indiscutible herencia escandinava de The Hellacopters, pero también el rollo setentero de los Heart de ‘Dreamboat Annie’ o los Jefferson Airplane de ‘Surrealistic Pillow’. Sumemos además una pizca de glam rock británico en la senda de The Sweet o la elegancia de los Fleetwood Mac con Stevie Nicks y un servidor iría con ellos hasta el mismísimo infierno.
Encima contaban con una frontwoman de altura como Ann-Sofie Hoyles, que se tiraba por el suelo como Patti Smith en su juventud, buscaba en todo el momento el contacto con los fieles y hasta se subió a los altavoces para cantar desde las alturas legando una estampa impresionante. Y había además temazos para poner la piel de gallina del calibre de “Rock ‘n’ Roll Band”, “Love Yourself to Death” o “Would you Miss Me”. Qué bandaza más gorda. Ojalá vuelvan lo antes posible de cabezas de cartel.
The Soundtrack of Our Lives

Existen regresos que apenas acaparan una mínima atención. Tal es el caso de The Soundtrack of Our Lives, que se disolvieron durante una década y volvieron con todos los honores para una actuación en el Azkena Rock Festival de 2023. Quizás el hecho de que no se hayan prodigado demasiado fuera de su tierra natal haya generado la sensación de que sus conciertos se perciban como algo realmente extraordinario, tan poco frecuente como los eclipses solares o algo así.
En cualquier caso, no había que restar mérito a sus capacidades para el directo ni a la facilidad con la que conectaron con un respetable muy predispuesto a los ritos psicodélicos que proponían. “Mantra Slider” fue el primer salmo que nos presentaron los de Ebbot Lundberg, un grandullón vocalista con túnica y algunas dificultades de movimiento, como delataba una leve cojera. A este no le íbamos a ver subido a un bafle ni haciendo ninguna cabriola.

Sus referencias musicales se antojaban más propias del otro lado del Atlántico que de su fecundo país, e incluso en ocasiones ponían el enfoque en Oasis, con los que llegaron a girar por invitación de los propios hermanos Gallagher. “Mind the Gap” era un claro ejemplo de devoción por estos últimos, pero los momentos en los que realmente partían la pana se producían cuando rescataban alguna pieza de su debut, ‘Welcome to the Infant Freebase’, como en “Confrontation Camp”, “Grand Canaria” o el hit “Instant Repeater ‘99”, que poseía el ambiente hippie de “With A Little Help From My Friends” versión Joe Cocker.
“You Are The Beginning” añadió todavía más épica a la velada, con la mayoría del personal en conexión total con su atmósfera onírica, antes de ponerse a corear los riffs en “Bigtime”, con la pulsión hipnótica del krautrock. “Nevermore” desató de nuevo los ánimos de los fieles, y no era de extrañar, pues era una composición de las de poner pelos como escarpias, con cierto aire al “Like A Hurricane” de Neil Young. De lo mejor del recital.

“Second Life Replay” fue un in crescendo que elevó gargantas en la parte final y con la rockera “Sister Surround” casi se montó un pogo recatado, a la par que uno de los guitarristas nos regalaba alguna que otra acrobacia. El público había estado comiendo de la mano desde el comienzo, pero quisieron todavía rematar la jugada con los consabidos bises, con “Dow Jones Syndrome” como punta de lanza.
“21st Century Rip Off” rememoraba el riff de “Woman from Tokyo” de Deep Purple, así que valía de sobra para mover la cabeza. Finiquitaron la sesión con “The Passover”, un cántico muy pastoral, de catequesis, y con melodías que agradarían a los hermanos Gallagher. Para salir del recinto como si nos hubiera iluminado una gran presencia.
No había estado mal la sesión de dioses de electricidad y ritos psicodélicos, aunque a nosotros nos cautivara más la primera propuesta. Eso no quita para reconocer la valía de una banda especial con un sonido que les distinguía del resto de compatriotas y que siguen marcándose bolos con un importante componente emotivo para la parroquia. Siempre tiene que haber diversos cultos.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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