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Crónica de Uni Boys en Bilbao: A un lado Ramones y al otro The Beatles

Hay detalles que revelan al verdadero melómano del consumidor de música ocasional que se conforma con cualquier cosa. Uno de ellos lo encontraríamos en la devoción por esas canciones secretas que de vez en cuando nos topamos en algún disco al terminar la última pista y que se perciben más como un regalo para oídos sibaritas que como una mera anomalía. Otro gesto para entendidos lo encontramos en esos pequeños guiños a otros artistas que probablemente solo pillarán aquellos con un bagaje cultural importante.

Los californianos Uni Boys ya de entrada apuestan por el formato físico en tiempos digitales al reservar algunas bonus tracks para los que siguen teniendo ese vicio de palpar los discos en vez de limitarse a escucharlos en un triste ordenador. Su power pop de altos vuelos remite por un lado tanto a figuras fundamentales como The Beatles, The Beach Boys o Ramones, pero también a bandas contemporáneas como The Lemon Twigs, cuyo guitarrista de pelo afro, Reza Matin, también toca con estos últimos.

Hace casi un par de años visitaron el piso superior del Kafe Antzokia de Bilbao y entonces nos llamaron la atención porque poseían la urgencia y filo punk que les faltaba a The Lemon Twigs, en nuestra opinión. Quizás no atraigan a multitudes como la banda de los hermanos D’Addario, pero sin duda poseen  un reducto considerable de fieles que se agolparon en esta ocasión en el Crazy Horse del barrio bilbaíno de Deusto.

Uni Boys

Uno de los grandes atractivos de Uni Boys es sin duda sus impolutas armonías vocales, por lo que si este aspecto no brilla lo suficiente en directo, apaga y vámonos. Podemos apelar del mismo modo a su faceta punk y power pop para no ponernos demasiado picajosos con el sonido, pues esto tampoco era rock progresivo ni otro de esos géneros para mover ligeramente la cabeza y sujetarse el mentón.

En cualquier caso, habríamos agradecido un mayor volumen en el bolo de los angelinos en el Crazy Horse, aunque estamos seguros de que el técnico currante Rudy Mental hizo todo lo que pudo para que las condiciones sónicas fueran las adecuadas, pues le vimos pasearse por un lado y otro del garito con frecuencia. En suma, que las voces no se elevaron tanto como en su homónimo último disco en estudio.

Parecía tal vez más pub rock que power pop, pero eso tampoco tenía por qué ser malo, así que intentamos disfrutar de la velada, lo cual no era complicado con temas directos al grano que no se andaban con zarandajas. No tardó en sonar “I Don’t Wanna Dream Anymore” de su material más reciente, y posteriormente en “Intentions” asumió tareas vocales Reza Matin de The Lemon Twigs. Esta responsabilidad fue compartida a lo largo del recital con Noah Nash, vocalista y guitarrista que adoptó la posición central en el escenario.

“You’ll Curse His Name Again” era una joya que constataba lo mucho que su sonido bebía de la primera época de The Beatles y en este sentido las alusiones eran constantes, ya sea a la inolvidable manera de entonar de John Lennon o esos “uhhhh” que bordaban los Fab Four. Si “From Me to You” o “Eight Days A Week” te parecen de las mejores canciones de la historia, estás tardando en hincarle el diente a este grupazo.

“Look On The Bright Side” reprodujo las coordenadas básicas del power pop y “Our Last Kiss”, una de las bonus tracks de su último disco, demostró que en cuestión de repertorio no apostaban por los éxitos y ya. He aquí todo un obsequio para los muy cafeteros.

“Live Like The Movies” se acercó más al garage rock, algo que les pegaba, porque, aunque mejoró la cosa desde el inicio, no pudimos hablar esa noche de un sonido puramente cristalino. “Maybe I’m Wrong” certificó su talento para la composición de cortes pop con mayúsculas, según la tradición de los sesenta, en especial la de Lennon y McCartney, como hemos dicho.

Nos pareció que evocaron en un momento dado el “Heroin” de The Velvet Underground colando una parte de la letra, pero tampoco podríamos asegurarlo al cien por cien, pues se trató de un detalle visto y no visto. Mucho más evidente nos resultó la alusión al “I Want You Around” de Ramones en la colosal “Let’s Watch A Movie”, uno de los instantes álgidos de la noche.

Las canciones iban a velocidad de vértigo y para cuando nos quisimos dar cuenta ya se habían retirado del escenario, pero obviamente debían regresar para otorgar la puntilla, que llegó en este caso con el monumental “Please Please Me” de The Beatles en una clave más punk. Seguro que no son pocos los que opinan que grandes canciones de los de Liverpool adquirirían una nueva dimensión aumentando las revoluciones.

Por este último homenaje y las otras referencias musicales que colaron a lo largo de la velada ya salimos del recinto con un grato recuerdo en la memoria, a pesar de las dificultades sónicas. Con esa infalible ruta en la que Ramones están a un lado y al otro The Beatles es imposible perderse en ningún sitio, ni siquiera en la vida. Una brújula fundamental para desenvolverse en periodos de penumbra.

Alfredo Villaescusa

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