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Crónica de Cobardes en Madrid: La contundencia de una banda con una proyección gigante

Da gusto ver crecer a una banda. Cobardes ha conquistado ya el corazón de la capital. El pasado viernes, demostraron en la Joy Eslava que no es una banda emergente. Su potencial es una reivindicación. Si su segundo trabajo, ‘Que empiece el baile’, fue la ratificación de ser uno de los grandes grupos de rock urbano, el último disco, ‘Balance de daños’, roza la hazaña.

Su fuerza radica ahora en esta gira que supone su décimo aniversario y en la que no paran de dar bofetadas de realidad a todos los que sugieren que a las guitarras distorsionadas y a las letras crudas se les está acabando el oxígeno. Los navarros reventaron la sala madrileña, que presentaba un lleno que, al menos yo, no me esperaba.

Tanto público fue el que motivó al cuarteto a saciar su hambre sobre las tablas. Javier “Cordobés” como maestro de ceremonias se zampó la sala desde el primer acorde de “Ni conmigo ni sin mí”, uno de los grandes temas del último redondo, del que no se dejaron ni una canción en el tintero, siendo todas enormemente coreadas a pesar de que el disco no tenía ni dos semanas de vida.

Tras “Vino y besos”, retomaron su “Quinientas mil mañanas” del segundo disco, tema orgánico y que muestra que su directo es una salvajada independientemente de la etapa que aborden, una evolución que cobra sentido tras ver al cuarteto engrasado. Temas enérgicos a los que se unían otros como “Allá donde nunca hay flores” que, a pesar de ser uno de los cortes más tranquilos del disco, enseña colmillo cuando se escucha esa voz rota, los solos de Iñigo y la maquinaria pesada de Iñigo Idoate a la batería e Iban Sánchez al bajo.

Sello navarro con gran futuro

Es complicado seleccionar un setlist entre tanto lujo, pero creo que estuvieron muy bien elegidas las del segundo trabajo: “En llamas”, “Maldito abril”, “Caminos de algodón” o “Vuela” sonaron de lo más honesto, conquistando a un público variopinto. Fue inspirador ver que su estilo no se ha ceñido a una generación en concreto. Una parroquia de todas las edades celebró con Cobardes su llegada a la cima, buena prueba de que han dado con la tecla correcta.

Seguramente las letras sean también máximas culpables de su éxito, líricas que no olvidan esa vida que duele, pero tampoco la que ríe apoyada en la barra de un bar.

Su primer álbum, ‘Ceniza y viento’, también tuvo protagonismo con temas sobresalientes como “Rodeada de idiotas” o ese final hipnótico con “Princesa en paro” y “Romeo y Julieta”, su canción más aclamada, que cerró un bolo de altura.

Mención especial al sonido, nítido y cuidado, en general, en una sala que siempre ha gozado de un gran rendimiento en este sentido, y que el viernes volvió a demostrarlo.

Cobardes conecta con el público, se deja la piel, y eso siempre es de agradecer. Tienen un gran material en sus manos, estribillos que se meten en la cabeza y una actitud brillante: sello navarro con gran futuro.

Les queda mucho por hacer, pero van por el buen camino. Gijón, Barcelona, Pamplona, Bilbao y Valencia son sus próximas paradas. Si andas por allí, no dudes en pasarte.

Rodrigo Garcinuño

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