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Entrevistas |Jen Majura

«Tenemos que dejar de señalar a las chicas»

Por: Texto: Alfredo Villaescusa. Fotos: Tom Row

La vida de esta guitarrista alemana cambió radicalmente en 2015 cuando se anunció que entraría en Evanescence sustituyendo a Terry Balsamo a las seis cuerdas. Pero no era en absoluto una recién llegada, puesto que ya había trabajado con bandas como Equilibrium o Rage y hasta llegó a montar una escuela de música junto a Victor Smolski en su país natal. Recientemente, Jen Majura ha editado su segundo disco en solitario ‘InZENity’ y sacó hueco en su frenética agenda para charlar con Alfredo Villaescusa acerca de su sintonía total con Amy Lee, la actual gira europea de los estadounidenses con entradas agotadas en casi todas las fechas, o el papel de las mujeres en el mundo del rock. Para no perder detalle.

¿Por qué titulaste a tu último disco ‘InZENity’? (ndr: juego de palabras entre el término “insanity”, locura, y la escuela de budismo Zen)

“Pues realmente no lo sé, se me ocurrió de repente, pero no recuerdo cómo llegué hasta ahí. Compuse un tema que en la preproducción tenía el nombre de “Crank”, pero luego una vez que lo grabé para el disco ya pasó a ser conocido como “InZENity”. El proceso para alcanzar esa palabra fue un tanto misterioso, no estoy segura del cuándo ni el cómo, es muy raro, ya lo sé (risas)”.

Este es tu segundo trabajo en solitario, ¿qué diferencias destacarías respecto al debut?

“Bueno, el primer disco fue más bien un intento de sonar como yo quería sonar y cómo el mercado musical o la sociedad querían que sonase, así que para este álbum no dejé que nadie me dijera la manera en que tenía que componer, lo que podía o no podía hacer, quería hacer lo que me diese la gana, si a la gente le gustaba, pues genial, en caso contrario, que no lo escuchen. Lo cierto es que esperaba que muchos entraran en estado de shock al oír las canciones, porque es un álbum muy diverso, pero las reacciones en general han sido muy positivas, lo cual me ha sorprendido incluso a mí. ¿De verdad está pasando esto?”.

Diría que en esta ocasión te inclinas ligeramente hacia el hard rock, ¿te agrada ese género o eres de las que reniega de etiquetas?

 “La intención de cualquier músico debería ser evitar que lo encasillen en un estilo determinado. ¡Tengo un montón de amigos que tocan en bandas de death metal y les encanta ABBA! (risas) Parece que si tocas metal tienes que estar escuchando metal las veinticuatro horas y no es así, abre tus oídos, tus ojos y no te pongas límites. Creo que son las etiquetas las que nos obligan a los músicos a permanecer en un terreno concreto y eso no va conmigo porque escucho metal, pop, me gustan cosas como Lady Gaga, Lamb of God, Arch Enemy, Sons of Apollo, Korn…Si escucho de todo, ¿por qué debería autolimitarme a la hora de componer?”.

Un ranger de Texas

Hay un tema llamado “Drama Queen” (ndr: reina del drama), ¿tiendes fácilmente al melodrama?

“Rotundamente no (risas), porque esa canción no habla sobre mí, sino sobre el tipo de mujer que se pasa horas y horas en el baño y tiene que ir maquillada hasta para bajar la basura, que se está todo el día quejando y nunca quiere hacer nada. Yo soy todo lo contrario a eso porque prácticamente desde que empecé en el mundo de la música he estado girando con tíos y esa es una de las cosas que me une más todavía a Amy Lee, que también ha experimentado eso de hacer giras y ser la única mujer entre 20 chicos, por ejemplo. Creo que aprendes mucho de eso y tal vez ese sea el motivo por el que no soy una chica de esas tan femeninas como las que describo en “Drama Queen””.

 

Entonces eres más tipo Chuck Norris, como dices en “Like Chuck Norris”, ¿no?

 (Risas) “Todo eso de Chuck Norris salió de casualidad. Estábamos una noche de cena, cocinamos algo, salimos con amigos y de repente alguien empezó a hacer bromas sobre Chuck Norris que casi nos tirábamos por los suelos de la risa, así que después de aquello tenía que escribir algo sobre él. Tampoco soy una gran fan suya, aunque cuando era niña solía ver ‘Walker, Texas Ranger’ (risas), no le conozco personalmente, pero me encantaría que escuchara la canción, no sé si poner un post en Facebook y etiquetarlo o algo así (más risas)”.

En “Lied Ohne Namen” tu voz se asemeja a Doro Pesch, ¿es una de tus influencias?

“Lo cierto es que ese tema, que significa “canción sin título” en alemán, hace referencia a ese gesto muy racista que tuvo Phil Anselmo durante la celebración del Dimebash en 2016 (ndr: hizo el saludo nazi y gritó “poder blanco” en evidente estado de embriaguez). Me enfureció muchísimo porque pienso que si tienes una voz que la gente joven escucha y respeta, deberías dar ejemplo de la manera más positiva posible, no haciendo algo estúpido porque estás borracho. Por eso mismo colgué un vídeo criticando esa actitud, en principio solo para unos pocos seguidores, pero acabó siendo compartido por la agencia de noticias Blabbermouth y me llamaron de todo por ello, hubo incluso amenazas de muerte…y la verdad es que eso es duro para cualquier artista, de eso habla precisamente “Lied Ohne Namen”. El día siguiente hice un show acústico y la presenté como “la canción sin título”, había surgido de manera tan rápida que ni siquiera había reparado en ese detalle. Respecto a lo de Doro, por supuesto que la conozco, de hecho, su guitarrista holandés es uno de mis mejores amigos y ella me parece una persona muy grande y humilde, pero a nivel vocal me cuesta reconocerme en otras voces, no puedo contestar a esa pregunta de manera objetiva”.

En el disco te has rodeado de gente como Alex Skolnick (Testament) o Jeff Waters (Annihilator), ¿buenos amigos?

 “Quiero dejar claro que no se trató de decir “¿Qué guitarrista famoso puede tocar en mi álbum?”, porque todos ellos, en primer lugar, son buenos amigos y luego da la casualidad de que también son guitarristas que destacan en su respectivo campo. Hay una amistad sincera con todos los invitados de ‘InZENity’, no los considero compañeros de trabajo ni nada de eso. Quería implicar también a otra gente en el proceso creativo, no estar yo sola en una habitación, salir con algo ya terminado y que todo el mundo lo acatara, eso lo puede hacer cualquiera…Me interesaba más conocer los pensamientos de mis amigos guitarristas sobre alguna canción en concreto”.

Y entonces llegó Amy…

Precisamente fue Alex Skolnick el que te recomendó cuando Evanescence buscaban guitarrista…

 “Eso es, lo cierto es que coincidimos en un par de festivales en Europa, a mí siempre me había encantado su manera de tocar, así que no tardamos en conectar, salimos por ahí de fiesta, le conté lo de mi disco en solitario y un par de días después casualmente le pidieron recomendar a alguna guitarrista femenina para Evanescence y les dijo mi nombre. Al poco ya estaba en Nueva York con Amy, pero no llevé mi guitarra, éramos simplemente un par de seres humanos que se estaban conociendo. Cuando estás delante de miles de personas, una de las cosas más importantes es contar con alguien en el que puedas confiar por completo. Un concierto dura solo hora y media, ¿qué vas a hacer el tiempo restante? Es muy importante llevarse bien.  Amy y yo pensamos de forma muy similar, nos hacen gracia las mismas cosas…aunque el término sea un poco cursi, la verdad es que somos almas gemelas, coincidimos en tantas cosas que es increíble”.

¿Ha cambiado mucho tu vida desde que entraste en Evanescence?

 “Claro, tan simple como eso (risas). No he modificado mis rutinas, sigo practicando e intento ser una mejor persona, pero siento que ahora me escucha mucha más gente que antes. Tampoco es que sea ahí como un profeta sentando cátedra en la cima de una montaña, pero veo que hay mucha gente joven que se refleja en todo lo que hago y sueñan con estar donde yo estoy, por eso intento centrarme en la energía positiva. El mundo es un lugar aterrador y prestar atención a cosas negativas no ayuda nada, el ser humano es muy quejica, pero yo intento siempre ver el vaso medio lleno porque creo que puedo verdaderamente aportar algo”.

¿Y cómo reaccionaste cuando te comunicaron la noticia?

 “Estaba en una tienda de guitarras con Amy cuando me lo dijo y al principio no me lo podía creer, así que lo celebré un poco, comí algo de sushi. Cuando se hizo el anuncio oficial en agosto yo estaba perdida en los bosques suecos en un campamento para guitarristas, como una estudiante cualquiera, esas eran mis vacaciones. Desde que se publicó la noticia, no dejó de sonar el teléfono, tuve que marcharme de las clases porque mi móvil echaba humo en esos momentos”.

Sé sincera, ¿qué pensabas de Evanescence antes de unirte a ellos?

 “Nunca fui una gran fan, ¿vale? Pero como todo el mundo en la época, también me compré el disco ‘Fallen’ y siempre me gustó porque me pareció un grupo diferente, que no seguían las tendencias que estuvieran de moda ni nada de eso. La verdad es que es algo conmovedor verme a mí misma en el escenario junto a esa Amy Lee del álbum que compré siendo una chavala”.

¿Cómo es trabajar con Amy?

 “Es genial, es una persona de la que puedes aprender mucho. Me fijo con detalle en todo lo que hace y en cómo trabaja con otra gente. Ella empezó Evanescence siendo una chavala, así que ha estado toda su vida trabajando así. Mi momento preferido fue cuando ensayamos coros en algunas canciones de ‘Synthesis’ y entonces me pidió que me sentara para cantar junto a ella en el piano, fue algo muy emotivo”.

A pesar de que las diferencias serán abismales, ¿en qué aspectos cambian más las giras entre Evanescence y Equilibrium?

 “Oh, son geniales tus preguntas (risas). Tal vez suene cursi, pero girar con Evanescence es como un sueño hecho realidad, porque todas esas cosas de las que se suelen quejar los músicos, como que el hotel es muy pequeño, el vuelo es demasiado temprano o el autobús está lleno de gente, ya no existen. Amy trata a sus músicos realmente bien, es una persona muy humilde. En cambio, con Equilibrium, para ver algo de dinero había que tocar en un mes igual 20 conciertos y al de 7 u 8 estás ya destrozada…A mí me gusta girar, de hecho, duermo en un bus mejor que en una cama normal (risas), pero lo de Evanescence es otro nivel, es como estar de vacaciones con unos amigos”.

¿Habrá posibilidad de ver a Evanescence por la península?

 “Me temo que en esta ocasión no hay fechas españolas, tengo que hablar con Amy sobre ello… Me haría mucha ilusión tocar por allí porque viví en Alicante dos o tres meses, me encanta ese país, la comida, la gente, el ambiente… Tampoco estuvimos por ahí en la gira anterior, no sé por qué. Tengo que hablar con mi jefa” (risas).

Sola en un mundo de hombres

Montaste una escuela de música junto a Victor Smolski, ¿sigues acudiendo por ahí de vez en cuando?

 “Rotundamente no, además esa escuela ya no existe, tengo la mía propia en el norte de Alemania, con un gran equipo y buenos profesores con experiencia en varios grupos. Intentamos que los chavales se lo pasen bien mientras aprenden”.

¿Crees que las mujeres guitarristas tienen que demostrar el doble que los hombres para que las tomen en serio?

 “Oh, la famosa pregunta de qué se siente al ser una mujer en un mundo dominado por hombres (risas). Lo primero de todo, yo nunca he sido un tío, así que tampoco sé si tendrán que demostrar más o menos que nosotras. Por fortuna, creo que cada vez existen más mujeres con gran talento en todo tipo de instrumentos, pero creo que tenemos que llegar a un punto en la sociedad, y en el negocio de la música en particular, en el que se deje de señalar a las chicas, porque si hablamos de emancipación, eso significa igualdad, y eso no llegará mientras sigamos diciendo “Oh, mira, una cantante femenina”, “Oh, una bajista femenina”. No creo que el género importe en absoluto en ese sentido, al igual que tampoco sería relevante la raza o la edad, lo importante es que eres un músico que se deja la piel en el estudio, todos hacemos lo mismo, eso es lo que importa, yo no hago distinciones en ese aspecto y todos deberíamos darnos cuenta de que se trata de música, no de género”.

Alfredo Villaescusa

Alfredo Villaescusa

Eclecticismo en vena. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos.
Alfredo Villaescusa
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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

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