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Crónicas

Berri Txarrak: Desde Lekunberri a Nueva Zelanda

«Solo queda esperar que el anunciado parón indefinido únicamente sea una excusa para tomar aire y regresar con fuerzas renovadas»

Kafe Antzokia, Bilbao

Texto y fotos: Alfredo Villaescusa

Lo de las despedidas es todo un arte. Los hay que prefieren soltar amarras cuanto antes, borrar hasta el más mínimo rastro presente y a otra cosa, así sin aspavientos. Una auténtica terapia de choque. Y otros que, para no sufrir el mono de una decisión tan drástica, prefieren desengancharse poco a poco, no dejar la puerta completamente cerrada y quizás autoengañarse ligeramente bajo el convencimiento de que uno pueda controlar la situación. Mentiras piadosas que a veces sirven para sortear amores imposibles y no caer en la más absoluta desesperación.

Los navarros Berri Txarrak tal vez han optado por la segunda vía desde que anunciaran su decisión de colgar los bártulos hará escasos meses. Pero uno de los grupos patrios con mayor proyección internacional no se podría marchar así por las buenas, sino que era necesaria una gira de despedida que agotara entradas en tiempo récord y demostrara que el tirón entre el personal sigue intacto. Así solo lo hacen los grandes de verdad, los que se retiran cuando se encuentran en la cresta de la ola y no dando pena o agonizando a la espera de que alguien les otorgue la estocada de gracia.

Daba igual que fuera mitad de semana, el lleno total estaba más que garantizado, pese a que la noche anterior ya hubieran “profanado el templo”, como dijo el voceras Gorka Urbizu a lo largo del show. Un respetable eminentemente veinteañero, con una notable proporción de chavalas euskéricas en la flor de la vida, abarrotó el recinto y se entregó como pocas veces se puede ver hoy en día en directo. Metal, stoner, punk o simplemente rock alternativo en la lengua de Gabriel Aresti, lo del estilo al final era lo de menos pues el entusiasmo no disminuiría un ápice.

Tras un leve retraso, en apariencia por problemas con la batería, Berri Txarrak iniciaba su última velada en el Kafe Antzoki recordando su más reciente largo con “Beude” y un escenario sobrio con plataformas en la parte delantera, ideal para destacar, pero sin tampoco colgarse demasiado de la parra o que la peña piense que son los Rolling Stones. Al contrario, gran parte de su solidez reside en el hecho de que nunca se les ha subido la tontería a la cabeza ni han permitido que otros les dictaran lo que tenían que hacer. El derecho a decidir llevado al terreno musical.

La temperatura fue incrementándose con un repertorio atípico en el que se mantuvieron algunas piedras angulares capaces de levantar de un plumazo a la concurrencia, caso de “Izena, Izana, Ezina”, mientras en lontananza se veía un fondo de estrellas perfecto para dejarse los pulmones. Hasta el infinito. Había ganas de que recuperaran piezas punkarras de ‘Payola’, su mejor disco a nuestro entender, pero nos quedamos con las ganas de escuchar  ese momento adrenalínico en el que se arrancaban con “Folklore” y con un único redoble como transición arremetían con un “Gure Dekadentziaren Onena” a tope de revoluciones. Al parecer, la noche anterior sí tocaron la homónima “Payola”, aunque en esta ocasión nos tuvimos que conformar con un “Hasi eta Bukatu” que tampoco estuvo mal.

“Gezur Bat Mila Aldiz” mantuvo el interés antes de regresar a la rabiosa actualidad de “Infrasoinuak”. Y sin apenas pausa se tornaron pesarosos rescatando de nuevo de ‘Payola’ “Dortoken mendean”, cuyo ritmo denso certificó una vez más la inmensa calidad musical del trío, así como su vocación de puente entre lo euskaldun y el otro lado del Atlántico. Gorka no renunció asimismo al preceptivo baño de masas bajando las escaleras para que le hicieran corrillo y algún seguidor entusiasmado hasta le alabara. “Zimelkor” puso en guardia antes del pistoletazo punk de “Zerbait Asmatuko Dugu”, que fue presentada por el bajista David y constituyó uno de los instantes más tralleros de la velada.

En un evento tan señalado no quedaba otra que volver la vista atrás y ofrecer una buena recopilación de su trayectoria hasta la fecha, con parada obligada en su segundo redondo ‘Ikasten’ o en ‘Eskuak/Ukabilak’, con “Ez” y “Ez Dut Nahi” en calidad de fieles representantes de aquella primeriza época. Se tornaron introspectivos en “Aditu Bihurtuak” antes de otro guiño a su álbum triple con “26 segundotan”. Daba la casualidad de que aquella noche era el cumpleaños de Kurt Cobain, siempre se han declarado fans de Nirvana, así como de combos tan variopintos como Weezer o New Order, por lo que tampoco resultó sorprendente que homenajearan a los creadores de ‘Nevermind’ con un fragmento del “Heart-Shaped Box” que cosechó entusiasmo generalizado, aunque en vista de la tierna edad de los asistentes no tenemos claro si pillarían la alusión.

“Y una vez más, solo el pueblo salva al pueblo”, advirtió Gorka en su ya mítica versión de los catalanes KOP, “Sols el poble salva al poble”, y la peña botando desafiando convenciones sociales como que el día siguiente fuera laborable. Una onda expansiva incrementada por la pegada de “Stereo” y controlada por un “Soilik Agur” que olía ya a cierre. Como era de esperar, las peticiones de bises fueron estruendosas, así que no se demoraron demasiado en regresar con “Isiltzen Banaiz” y otro par de testimonios inapelables de los inicios como “Betiko Leloaren Betiko Leloa” y un “Ikusi Arte” muy apropiada para finiquitar una cita histórica en la capital vizcaína.

Pero todavía regresaron por segunda vez con la relajada “Eskuak”, la también melódica aportación de su material más reciente “Katedral Bat” y un potentísimo “Oihu” para terminar de volar la peluca al respetable. Tuvimos que pellizcarnos para comprobar que no habían tocado ni “Denak Ez Du Balio” ni “Oreka”, dos himnos imprescindibles sin cuya inclusión casi no se entiende un concierto de Berri Txarrak, aunque dado que ambas piezas sí sonaron la noche anterior, suponemos que en esta ocasión preferían apostar por un formato diferente. Hay que jugársela.

De lo que no cabe duda es que fue un rotundo cierre con galones, con un sonido muy gordo desde el principio, pese a que el repertorio no nos convenciera por completo. Ahora solo queda esperar que el anunciado parón indefinido únicamente sea una excusa para tomar aire y regresar con fuerzas renovadas. Tras más de mil conciertos desde Lekunberri a Nueva Zelanda ya se lo pueden permitir.

Alfredo Villaescusa

Alfredo Villaescusa

Eclecticismo en vena. No hay nadie que no dispare el viernes por la noche, ni hay quien esquive los disparos.
Alfredo Villaescusa

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Esta entrada fue escrita por Alfredo Villaescusa

1 comentario

  • Juandie says:

    Un placer haber leído esta crónica del concierto por parte de una de nuestras mejores bandas como son BERRI TXARRAK por territorio vasco en la mejor sala de Bilbao y con esos temazos metaleros que siempre es un puto placer escuchar. Como disfruté la semana pasada escuchando uno de sus mejores trabajos como es PAYOLA del año 2009. Les echaremos de menos cuando decidan dejarlo hasta que vuelvan de nuevo.

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