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Crónica de The Reins en Madrid: Toda una experiencia sensorial

En vísperas de un puente en la capital, y con lo que ello supone de la huida de sus habitantes en busca de unas minivacaciones, aun quedaban propuestas musicales estimulantes que nos incitaban a disfrutarlas en vivo. Una de ellas era la del grupo madrileño de nuevo cuño que atiende por el nombre de The Reins. Estábamos ante una idea musical ecléctica, que huye de etiquetas, evitando encasillamientos y donde sus influencias del rock y el pop de los años sesenta y setenta fluyen con naturalidad para fusionarse con sonidos contemporáneos y actuales.

El nombre de la formación surgió en una exposición de pintura impresionista francesa, donde se encontraba un cuadro titulado “The Reins”, en el que se mostraba a dos niños jugando con unas riendas. Esto inspiró al grupo por su simbolismo: la libertad, el control creativo y el deseo de manejar su propio destino, que son valores que asumen en su filosofía artística.

The Reins iniciaron su andadura en 2022 como el proyecto de los hermanos César y Aleks Sánchez, que se dieron a conocer con ese fantástico y añorado grupo de hard rock clásico como fue Eldorado (con César al bajo y Aleks como roadmanager, portadista, apoyo en directo y mucho más) y que nos dejó cinco interesantes trabajos discográficos. César también es miembro actualmente de los históricos Ñu. En 2023 se incorporó la alemana Miki Rhines, cantante y artista callejera, cuya energía y talento creativo encajó a la perfección con la visión de sus fundadores.

Ahora nos presentaban su primer larga duración, ‘My Echo, My Shadow and Me’, producido por los hermanos Sánchez, llevando César el peso de las composiciones, y mezclado por su habitual productor e ingeniero multi-platino Richard Chycki (Rush, Aerosmith, Alice Cooper, Dream Teather, Mick Jagger...) en sus estudios de Toronto (Canadá).

Su repertorio fue un viaje de contrastes y, como suele ocurrir con los grupos que acaban de comenzar, fue una mezcla de temas propios y de composiciones de otros artistas que les han marcado o cuyas influencias son palpables. Convirtieron el escenario en un set cinematográfico donde el rock clásico y el soul moderno se fundieron en una atmósfera densa y elegante.

Desde los primeros compases, con la versión de “The Chain” de Fletwood Mac y con ese ritmo adictivo y que incita a mover el cuerpo de “Sandman”, nos dejaban claro que estábamos ante unos músicos que habían dejado el hard rock directo para abrazar un sonido más orquestal, sofisticado y visceral.

Además de los guitarristas Cristian del Corral (Luback) y Javi Lisón (Film Symphony Orchestra), el grupo se completó con la incorporación del violinista talaverano Alfredo Ancillo (Parallel Quartet), un músico de conservatorio que reforzó el sonido orquestal de la banda.

Tras una susurrante “Fucking Friends”, la reinterpretación de “Everybody Dies” de la cantante americana Billie Ellish y “Wild Child”, llegaban un par de canciones propias. “A Church In a Wild” y “Take a Break” nos ponían de manifiesto las cualidades de Miki Rhines, aportando esa calidez soul que define su álbum ‘My Echo, My Shadow and Me’. Su voz serpenteaba como un instrumento de viento entre la luz y la sombra de la sala.

El ADN beatlemaniaco salió a relucir con la maravillosa “Something”, esa extraordinaria composición de George Harrison incluida en el mítico ‘Abbey Road’, junto también a otra suya como “Here Comes the Sun”. ¡Casi nada!

Otra de sus fuentes de inspiración llegaba con “House of the Rising Sun”, todo un homenaje al folk americano con una canción que popularizaron The Animals y Joan Báez en los años sesenta.

En la preciosa balada “Forgotten”, volvimos a dejarnos atrapar por el registro vocal de Miki y la calidez que imprime a su interpretación, que te embelesa y no te suelta hasta el final. ¡Que gran descubrimiento!

Con la festiva “Beautiful Things”, una canción que Benson Boone dedicó a su abuela, daban un salto a la modernidad con una naturalidad y continuidad muy desenfadada. “Hometown” es sin lugar a duda una de las grandes joyas de este disco y una de nuestras favoritas, que nos llegó hasta lo más adentro con una interpretación casi teatral.

Para el final, además de “Ordinary” y de “Use Somebody”, tiraron de dos artistas británicos de éxito masivo como Ed Sheeran con “I See Fire” y la desaparecida Amy Winehouse con “Valerie”, pero también nos dejaron una arrebatadora pieza propia como “Letters For Suzie”, que incitó a la participación de un público entusiasta, que supo reconocer el esfuerzo y la propuesta que tenían delante, despidiendo al grupo con una gran ovación.

The Reins nos demostraron que se puede ser preciosista sin perder la garra y la energía, entregándonos un concierto que fue, por encima de todo, una experiencia sensorial. Deseamos volver a verlos en una sala con un escenario mayor, donde los músicos puedan tener más movilidad y expresarse con mayor soltura, pues su propuesta tiene un gran recorrido que irá creciendo con cada directo y con visos de aspirar a jugar en la liga del rock de autor internacional.

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