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Crónica de El Drogas en Madrid: Una noche descomunal

Esta claro que Enrique Villareal “El Drogas”, sigue teniendo un gran tirón en la capital, como atestiguan los dos llenazos que tuvo el fin de semana, con un ambientazo como el de las grandes ocasiones y con largas colas para el acceso a la sala con la suficiente antelación para tener una buena ubicación desde donde disfrutar al máximo de sus canciones. Sin invitado previo y, además, innecesario en un concierto de esta envergadura, en el que sabes que no se requiere calentamiento, puesto que vas a contar con un público que se sabe las canciones al dedillo y un repertorio de ensueño, listo para un gran karaoke colectivo.

La caída del telón abrió la caja de pandora y al igual que Miguel Ríos, El Drogas también tenía su canción para recibir al público como era “Sean bienvenidos”, que se grabó en el disco de Barricada ‘Hombre mate hombre’, y que arrancaba la segunda jornada. Desde los primeros compases los asistentes estaban entregados a los músicos, y estos en perfecta sintonía, supieron agradecerlo con su entrega, intensidad y cercanía. No se cansó Enrique de decirnos en varias fases del concierto como era su estado de ánimo, repitiendo lo de “A gusto”. El show fue un repaso a la carrera de Enrique, con un repertorio que pasó por casi todas las etapas de Barricada, intercalando canciones de Txarrena y la Venganza de la Abuela, además de alguna sorpresa, que el público recibió con entusiasmo y fervor.

De los inicios de Barricada en los ochenta con “Esperando en un billar”, se pasaba a la etapa de los noventa con “Problemas”, pasando después por “Mientras arde tu país (Europa callada)”, dejando claro el compromiso social y crítico del autor, en este caso ante la violencia de género, la inacción institucional y la pasividad de la sociedad. Los músicos que acompañaban a Enrique son los habituales de los últimos años, con Txus Maraví a la guitarra, Eugenio Aristu “Flako” al bajo y Nahia Ojeta a la batería, que sustituyó al histórico Brigi Duque tras la reactivación de Koma. La complicidad entre ellos era total, intercambiando sus posiciones a lo largo de toda la actuación y dando la réplica oportuna al vocalista navarro, con su vestimenta habitual en la que no faltaba el pañuelo y el bastón. Que bien sonaron!

“Come elefantes”, acentuaba su crítica contra la corrupción, pasando después a su etapa con Txarrena con “Nos queda poco tiempo”, donde nos hablaba de mantener el amor como un refugio íntimo frente a un mundo hostil y “Salvaje mirar”. En todos los temas siempre hay un hueco para esos estribillos coreables que hacen que la gente participe de forma muy activa. No había tregua posible y mientras iban cayendo “Peineta y mantilla”, “Víctima”,  y la celebradísima “Esta es una noche de rock & roll”, en una sala que rebosaba euforia y que cantaba cada estrofa con verdadera pasión.

La capacidad de Enrique para emocionarnos y abordar temas humanos y familiares quedaba de manifiesto en “Cordones de mimbre”, con una estremecedora letra que refleja una enfermedad tan terrible como el alzhéimer y dejándonos el mensaje final de que “lo último que se olvida son las canciones”. Tras uno de sus cortes más recientes como “Puede ser”, volvían al universo de Txarrena con “El Charco” y nos recordaban aquel inolvidable trabajo de ‘La tierra está sorda’, con dos tremendas canciones como “Los maestros” y “La estancia”.

Otro de los temas imprescindibles fue “Como animal caliente”, coreado al unísono y que servía de nexo intergeneracional entre los veteranos y el público más joven en la sala. Seguían con “La hora del carnaval” y volvían con Txarrena para ofrecernos “Así” y “Empujo pa’ ki”, sobre el agobio vital y la opresión, utilizando la metáfora del encierro. Hubo recuerdo también a los alaveses Cicatriz con “Aprieta el gatillo”, que fue reconocida enseguida por el público, volviendo a Barricada con “Campo amargo”, sobre la explotación y desigualdad en Andalucía, “Tentando a la suerte” de ‘No hay tregua’ y el inmenso “Lentejuelas”, una mordaz crítica a la superficialidad y falsedad en el mundo del espectáculo, cantada a voz en grito por toda la sala.

En la parte final sonaba  “Fue 24 D...¿y qué?” de La Venganza de la abuela, el maravilloso “Frío” que el añorado Manolo Tena y Jaime Asúa compusieron para Alarma, desembocando en otros imprescindibles y ovacionados himnos de la formación navarra como “Todos mirando”, “Okupación” y “Oveja negra”, para despedirse momentáneamente con esa atmósfera melancólica que es “Azulejo frío” de Txarrena. Los bises fueron un Barricada Fest, con auténticos himnos intergeneracionales como “Barrio conflictivo”, “Esta Noche” y “No hay tregua” y un explosivo y aclamado “En blanco y negro”, que dejó a todos los seguidores exhaustos y sudorosos.

En una noche de locura colectiva, con una artista que ha sabido envejecer como los grandes vinos, pleno de energía, con esa voz desgarrada y sin escatimar esfuerzos, nos llevó por un viaje donde el disfrute y la reflexión iban de la mano, con su particular lírica comprometida, donde había cabida para la crítica social, la poesía vitalista y la herencia memorial.

Treinta tres canciones, dos horas y cuarto sobre el escenario, sin solos plomizos de relleno, con la entrega máxima y emotiva, de unos músicos comprometidos con el público y un rico muestrario de composiciones eternas e intemporales, Enrique Villareal “El Drogas” firmó una actuación descomunal.

MariskalRock.com
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