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Crónica de The Aristocrats en Madrid: Malabaristas, hilarantes y transgresores

Tercera vez que nos enfrentábamos a la puesta en escena de tres músicos que van más allá de la mera actuación musical, traspasando barreras, rompiendo códigos y dando una nueva vuelta de tuerca al concepto clásico de interpretación musical. La primera vez fue en 2012, en la pequeña sala Randall, donde apenas llegábamos a las 100 personas, hace tres años en Changó la llamada congregaba a unos 500 asistentes y está vez en el Teatro Eslava la cifra se acercaba al millar.

Los impredecibles The Aristocrats estaban de vuelta para presentarnos su nueva creación discográfica ‘Duck’, que supone su quinto trabajo de estudio. Estamos ante una obra musical que narra la disparatada fuga de un pato, desde una remota isla antártica hasta Nueva York, huyendo de un persistente policía pingüino. Para quien no ha oído hablar nunca de The Aristocrats y para ponerles en contexto, estamos hablando de trío de virtuosos instrumentistas, que se desenvuelve dentro de una amalgama de estilos que engloban desde el rock progresivo, el jazz, el pop, el metal, el flamenco, el country y la música instrumental, todo ello aderezado con un hilarante sentido del humor.

Desde 2011, el trío formado por el guitarrista británico Guthrie Govan (Asia, Hans Zimmer, Steven Wilson), el bajista estadounidense Bryan Beller (BEAT, King Crimson, Joe Satriani, Dweezil Zappa, David Bowie, Talking Heads) y el batería alemán Marco Minnemann (Steven Wilson, Joe Satriani, Jordan Rudess, Tony Levin y Alex Lifeson), llevan desplegando su excitante propuesta musical y conquistando a un público fiel y creciente por los escenarios internacionales.

Pasaban unos minutos de las ocho y media de la tarde cuando sonaba la divertida versión de “Swan’s Splashdown”, del dúo Perrey & Kingsley, considerados pioneros de la música electrónica en los sesenta. Los músicos se fueron incorporando a sus posiciones, casi de puntillas y sin apenas luz. Desde el primer momento, las bromas y la diversión iba a estar de manifiesto, puesto que Guthrie elegía una de sus dos guitarras con el ritual de pito, pito gorgorito.

Con “Hey, Where’s My Drink Package”, que abría su fascinante y ambicioso ‘Duck’, iniciaban su actuación dando un buen repaso al citado álbum, pasando después por “Aristoclub”, con esa influencia del Joe Satriani más comercial. El grupo se mostró muy comunicativo, con mucha complicidad entre ellos y explicándonos el origen y contexto de cada una de sus composiciones con ese sentido del humor que les caracteriza. Bryan nos contó que aunque su madre había sido profesora de español durante 25 años, su español era muy malo y se iba a dirigir a nosotros en inglés.

Posteriormente Guthrie sacó un pingüino de peluche para presentarnos “Sgt. Rockhopper”, un trepidante tema donde recorrió el mástil con destreza, digitó a gran velocidad cambiando de ritmo y parando en seco, para dar la sensación por momentos de que estaba improvisando. En la presentación de “Sittin’ With a Duck in the Bay”, Marco nos sorprendió con un “hola chulapos y chulapas”, solicitando a Dimitry, el técnico de sonido, que distorsionara la voz para dar una sensación terrorífica de lo que nos estaba contando y hablar de heavy metal. Y como bien nos adelantaba, nos íbamos a enfrentar a una coctelera de rock, jazz y metal inclasificable.

Con “Spanish Eddie”, sacaban a relucir su inspiración flamenca, mientras se oía algún olé del público; dejando paso después a Marco para dar una master class de lo que es un solo de batería. Con una gran rapidez de movimientos, fue cruzando brazos, levantándose del taburete, haciendo malabarismos con las baquetas y utilizando los sonidos de un cerdo de plástico, que grabó y sampleó para que le marcara el ritmo, ante el asombro de los asistentes. El virtuosismo al servicio del espectáculo durante diez trepidantes minutos!

Mientras el señor Panda les traía una cervezas, que Guthrie probaba sentado en el suelo, ponían un poco de calma en este terremoto sonoro con “The Ballad of Bonnie and Clyde”, basada en un robo de sus instrumentos que sufrieron y que contiene una cautivadora melodía de guitarra. El grupo mostró una gran química sobre las tablas y una cercanía con el público de las que se agradecen, se valoran y te dan hagan ganas de repetir cuando regresen.

La parte final fue una especie de cierre de círculo, eligiendo la calmada “Flatland” de su homónimo debut discográfico, para dar un salto a la actualidad con la intrincada y jazzística “Here Comes the Builders” y la arabesca y embriagadora “This is Not Scrotum”, donde Guthrie era capaz de sacar el sonido de un violín de su guitarra. Con la extensa “Get It Like That” nos volvían a mandar al punto de partida, para interactuar con el público, hasta llegar a la locura musical en la que se producía una batalla entre el cerdo y el pollo de juguete. Y como propina final nos obsequiaron con un fantástico y exigente “Desert Tornado”, incluido en su segundo álbum ‘Culture Clash’, que no estaba sonando dentro de esta gira y que recibió una gran ovación final.

Dos horas y cuarto en el que este inconmensurable en inclasificable trío, conquistaron a un público, que vibró, aplaudió y siguió con mucha atención cada movimiento, cada sonido y cada giro de guion, en este viaje musical interactivo, pleno de virtuosismo, de ingenio y manejando los tiempos para que nos olvidáramos del reloj y todo fluyera con desconcertante naturalidad.

MariskalRock.com
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