No cabe duda de que la primera opción para diferenciarse en un panorama muy concurrido es contar con una puesta en escena muy potente, de esas que no se diluyen cual azucarillo al salir del recinto y uno recuerda con cariño cuando le mencionan el nombre de la banda. En una época tan saturada de ofertas culturales como la actual parece incluso la única manera de desafiar algoritmos y otro tipo de taras intelectuales que nos dicen que solo se puede prestar atención durante diez segundos. La muerte de la filosofía y la reflexión.
Existen grupos garajeros por doquier, pero probablemente no haya tantos con una frontwoman tan carismática como Jackie Brutsche, una polifacética artista que lo mismo le da al cine que a la música capitaneando The Jackets, formación suiza que lleva en la carretera desde 2008. Lo cierto es que ya les habíamos visto en la Nave 9 en su anterior visita vizcaína allá por 2019 y el grato recuerdo que nos dejaron entonces nos incitó a regresar para catarles de nuevo.
Se conoce que un servidor no debió ser el único que estuvo en su bolo previo por estos lares, pues el piso superior del bilbaíno Kafe Antzokia presentó una afluencia considerable para tratarse de un día entre semana. Aunque algunos lo nieguen, a veces en el rock también se come con los ojos, y desde luego no pasa desapercibido un maquillaje a caballo entre el difunto Hank Von Helvete de Turbonegro y el Alice Cooper de la primera época.
The Jackets
Con la expectación en un grado importante, The Jackets desataron su tarro de esencias garajeras con “Keep Yourself Alive” y ya desde el principio la lideresa nos transmitió que iba a realizar algo especial en la sala mandando quitar toda la ropa y mochilas que había sobre uno de los monitores. Del mismo modo, la cantante también se quejó de “mucho frío” ante la tibia reacción inicial del respetable.
Pero la señora tenía unas tablas en escena significativas y no tardó demasiado en encarrilar la situación. Sin inventar la rueda, lo cual se antojaba complicado en un género tan trillado, el cancionero poseía la suficiente versatilidad para permanecer atento, con picos como esa suerte de homenaje al “White Rabbit” de Jefferson Airplane llamado “Crossing Streets”. Por algo mencionaban en su Spotify a esta banda emblema del movimiento hippie nunca suficientemente reivindicada. Grace Slick marcó el paso a vocalistas femeninas como Patti Smith, PJ Harvey y muchas otras.
Con un uniforme en blanco y negro como el de The Hives, el trío demostró que la puesta en escena era un elemento fundamental en sus shows, además de las acrobacias, movimientos histriónicos y caretos de dibujos animados de Jackie. Querían una implicación complicada de lograr en la dictadura de las pantallas en la que vivimos, así que la cantante pidió “más caos” y una primera fila de gente bailando, algo que debería ser lo habitual en cualquier recital con fuste. A ver vídeos con el móvil, a casa.
“Coco Loco” logró el propósito de que la peña se desparramara y cada vez más chicas se fueron animando a bailar. “The Question” aceleró hasta casi el punk y “You Said” evocó la destrucción sónica de The Who, otra de las grandes referencias de los suizos, junto con The Cramps y el garaje primigenio. Esta versatilidad no muy habitual en el género provocó que hasta versionaran a The Wailers en “Hang Up” y posteriormente se despidieron por unos momentos con la enérgica frontwoman llevada en volandas por la peña.
Aquello se había pasado como un suspiro, visto y no visto, pero los bolos de combos garajeros tampoco es que se suelan prolongar demasiado en el tiempo. Regresaron obviamente para los bises, en teoría tenían apuntados cuatro temas, aunque el hecho de que salpicaran de cerveza a la vocalista cuando se acercó al respetable quizás influyó para que cambiara de opinión.
En cualquier caso, volvieron con la frontwoman imitando un theremin, ese marciano artilugio que suelta sonidos siderales al acercar las manos, en “Misery of Man”, antes de otorgar la estocada final con el último sencillo “Rock & Roll Band”. Toda una declaración de intenciones.
Tal vez se hizo muy corta la hora y poco de actuación, pero ya lo hemos dicho en otras ocasiones, eso es un indicativo de que uno disfrutó realmente el bolo. El tiempo se suele transformar en una losa inamovible en el caso contrario. Fue una buena ración de caos garajero.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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