LO ÚLTIMO

Crónica de Rod Stewart en Valencia: Cátedra de rock, soul y supervivencia

Hay muchas veces que, hasta que no ves a determinado artista o grupo sobre un escenario, no llegas a ser consciente de su trascendencia, vigencia e influencia en nuestro mundo del rock. Y es que sin palabras me quedé en Valencia, donde este pasado martes, el público arropó a un Rod Stewart que, lejos de apagarse, desafía al tiempo con un repertorio plagado de himnos, versiones magistrales y una banda de auténtico lujo.

De esta forma, antes de que el primer acorde rasgara el aire, el mastodóntico y vanguardista Roig Arena de Valencia ya dejaba entrever el colosal nivel de producción, con dos pantallas laterales y una central donde se fueron proyectando videoclips, imágenes, lyric videos... Y eso que hace apenas unos días, el mundo de la música encogía el corazón al recibir las alarmantes noticias desde Utah, donde un repentino desfallecimiento y una preocupante falta de aire obligaron al astro británico a abandonar el escenario, requiriendo asistencia y una bombona de oxígeno. A sus más de ochenta años, la fragilidad humana asoma, pero si algo nos ha enseñado la historia del rock and roll, es que sus leyendas están forjadas en una aleación indestructible.

Las luces del pabellón se extinguen y el rugido del respetable es ensordecedor, ocupando cada músico un espacio milimétricamente asignado, que va variando según el corte interpretado. Por un lado, a la izquierda, la sorprendente majestuosidad de un arpa compartía protagonismo con el teclado. A la derecha, las congas se sumaban a la imponente base rítmica de batería y bajo. Guitarra, saxofonista, violinista… y unas coristas que arroparon a Mr. Stewart, que sólo con su presencia ya consigue la primera ovación de la noche.

¡Qué carisma se gasta! De este modo, la calidad técnica del recinto valenciano se hace patente desde el primer acorde. Tras una solemne introducción a los sones tradicionales celtas del instrumental "Scotland the Brave", la banda, una maquinaria perfectamente engrasada, ataca sin piedad con "Infatuation", aquel trallazo extraído del álbum ‘Camouflage’ (1984). La arenosa voz de Stewart, con esa lija inconfundible y ese desgarro tan característico, llena el recinto al instante, mientras el contraste entre el viejo y el joven Rod se hace patente, pues se proyecta al unísono como en una máquina del tiempo el legendario videoclip de la canción.

Sin apenas darnos tregua para asimilar la presencia del mito, el londinense nos sumerge en una celebración colectiva con "Having a Party", una elegantísima rendición al clásico del maestro Sam Cooke que Rod inmortalizó en los noventa en su ‘Unplugged...and Seated’, y donde tanto el teclista como el saxofonista dan una cátedra de diez. También es en este preciso instante donde empezamos a calibrar el nivel superlativo de las coristas. Las chicas, de imponente físico y voz y ataviadas en esta primera parte de blanco inmaculado a juego con el traje del “jefe”, no son un mero acompañamiento; son el colchón de terciopelo sobre el que descansa el vocalista, aportando unas armonías vocales estratosféricas.

El vocalista por fin menciona a Valencia y la intensidad no decae cuando atacan "It's a Heartache", la mítica pieza de Bonnie Tyler, que Rod tributó en su exitoso álbum de covers ‘Still the Same... Great Rock Classics of Our Time’ y que, en la garganta de Stewart, adquiere unos matices de melancolía y crudeza absolutamente fascinantes; sirva esa versión para enviarle la mejor energía a Bonnie para su completa recuperación tras su operación y haber salido ya del coma. Para coronar este vibrante triple arranque, nos regala "Some Guys Have All the Luck", la fantástica revisión del éxito de The Persuaders que también brillaba en aquel ‘Camouflage’, recordándonos su innata habilidad para el pop rock de estadios, y que fue coreadísima en esos “uoh” finales mientras el público seguía también el ritmo con palmadas al unísono.

Como ya he dicho, el carisma del frontman permanece intacto, con sus bailes sensuales, simpatía y ese feedback y camaradería que tiene con toda su banda; se nota que son una gran familia, y es lo que nos transmiten. Con su habitual desparpajo y su inconfundible melena rubia, ataca "Tonight I'm Yours (Don't Hurt Me)", la pista que dio título a su aclamado plástico homónimo a principios de los 80. La fiesta sobre las tablas es total, y la complicidad entre los músicos cristaliza en "It Takes Two", la célebre composición de Kim Weston que Stewart registró en su LP noventero ‘Vagabond Heart’ junto a la añorada reina del rock Tina Turner (para la cual Rod grita a pleno pulmón su nombre hasta en dos ocasiones, apareciendo incluso su fotografía en pantalla) y donde las vocalistas femeninas, en especial una, toman las riendas de los fraseos vocales que grabó originalmente Tina para batirse en un dueto interpretativo junto a Rod que pone los pelos de punta.

Otro gran momento de comunión emocional llega de la mano de una extendida "Forever Young" (joya de la corona del disco ‘Out of Order’ de 1988). Tras los mencionados baches de salud, escucharle entonar este himno a la eterna juventud cobra un significado abrumador, casi testamentario, y es que el bueno de Rod sigue demostrando que la edad sólo es un número.

La iluminación se torna dorada, abrazando a un público que canta cada estrofa como si fuera una plegaria, y es que eso es una de las cosas que más me impactó; seguramente porque en Valencia hay también una buena legión de seguidores británicos viviendo, pero las canciones en los interludios donde Rod cedía el micrófono eran interpretadas a capela como ésta, que se tornó en un karaoke gigante por las cerca de 15.000 personas que abarrotaron el recinto. En el puente, Rod se retira mientras sus coristas, que son además multiinstrumentistas virtuosas, brillan en primera línea de fuego, tocando el violín de manera impecable y rápida, u otros instrumentos acústicos, mientras ejecutan una percusión trepidante con los pies inspirada en el stepdance celta o irlandés. Rod regresa entonces al escenario, para coronarse con un final épico.

El setlist, diseñado con la inteligencia de quien lleva más de medio siglo pisando escenarios, nos lleva a un pasaje más íntimo. Las guitarras acústicas y un precioso arpa toman el protagonismo y el escenario se baña en luces cálidas y tenues para abordar "The First Cut Is the Deepest", una de las versiones más definitivas que jamás se hayan hecho del original de Cat Stevens, recogida en el sublime ‘A Night on the Town’ (1976). Aquí la generosidad de Stewart queda más que patente, pidiendo aplausos para cada uno de sus músicos, donde prevalecen las mujeres.

Acto seguido, la catarsis colectiva continúa con la lacrimógena "I Don't Want to Talk About It" (original de Crazy Horse e indispensable en su mítico ‘Atlantic Crossing’ de 1975). La capacidad de Stewart para hacer suyas las composiciones ajenas es digna de estudio; cada susurro, cada inflexión de voz, transmite una vulnerabilidad que está por encima de si llega a las notas o se le quiebra su característica voz. El público canta con fervor, y desde luego, pone los vellos de punta ver la imagen desde el graderío, mientras la pieza acaba con un cameo vocal entre Rod y su saxofonista, que va replicando las mismas notas, para acabar ambos fundiéndose en un sentido abrazo.

Antes de volver a pisar el acelerador, la deliciosa balada "You're in My Heart (The Final Acclaim)" (himno ineludible de su Foot Loose & Fancy Free, 1977) pone una preciosa nota sentimental en la velada. Pero no nos engañemos, esto sigue siendo un concierto de rock, y el ritmo cardíaco vuelve a dispararse con la entrada arrolladora de "Hot Legs", ese riff pendenciero y macarra perteneciente a ese mismo e icónico álbum, ‘Foot Loose & Fancy Free’ de 1977. La sección de metales echa humo, el guitarra se desata en florituras y Rod demuestra que sus caderas aún conservan mucho groove. El éxtasis se mantiene en lo más alto cuando suenan los acordes de la imperecedera "Maggie May", el baluarte del disco setentero ‘Every Picture Tells a Story’, desatando otro karaoke monumental de miles de gargantas en el pabellón. Todo un himno que todavía se inmortalizó más a fuego en nuestro país con la exitosa cover castellanizada que hicieron en su día nuestros M-Clan.

El talento de los instrumentistas brilla con luz propia en el doloroso blues de "I'd Rather Go Blind" de Etta James, pieza magistral que el británico hizo suya en su plástico ‘Never a Dull Moment’, y para la que Rod tiene emotivos recuerdos para la añorada vocalista de Fleetwood Mac, Christine McVie, que también popularizó la composición mucho antes de triunfar con la icónica banda. Nuevamente aquí, los solos de saxofón y guitarra dialogan con la voz rota de un Stewart soberbio, antes de meternos de lleno en los sintetizadores y el pulso más ochentero de "Young Turks" (regresando al fantástico ‘Tonight I'm Yours’, 1981).

El tercio final del show es una amalgama de estilos que define a la perfección la ecléctica carrera del cantante, que ya se ha cambiado a un elegante traje brillante azul, a la par que sus coristas. Nos emocionamos con las reminiscencias celtas de "Rhythm of My Heart" de Marc Jordan, otra representación exitosa de ‘Vagabond Heart’. Teniendo un trasfondo antibélico en su mensaje, es emotivo ver cómo se ha convertido en un auténtico tributo a la lucha del pueblo ucraniano, con proyecciones tanto de su bandera como de Zelenski como símbolo de liderazgo y resistencia. Stewart se retira cediendo el protagonismo a su virtuoso saxofonista en la parte final, que es ovacionado como otro héroe.

Tras este momento de tanto peso dramático y emocional, nos dejamos sorprender por una vibrante adaptación de la archiconocida "Jolene" de Dolly Parton, cantada majestuosamente por el coro femenino en primera línea de batalla mientras Rod se tomaba su mencionado y merecido respiro fuera del escenario. El componente espiritual y conmovedor inunda el Roig Arena de la mano de "People Get Ready" (obra maestra de The Impressions, que Rod presenta mencionando a la banda que lo grabó, y que él revivió e inmortalizó junto al gran guitarrista Jeff Beck en su día). Acto seguido, nos vuelve a derretir con la aterciopelada y romántica "Have I Told You Lately" del León de Belfast, Van Morrison, también presente de forma gloriosa en aquel ‘Vagabond Heart’, en la que Rod utiliza fotografías personales junto a su mujer Penny Lancaster.

Si algo quedaba de reserva en el tanque del público, se agota cuando la locomotora de "Proud Mary" (creación inmortal de la Creedence Clearwater Revival, interpretada nuevamente por las formidables chicas del coro en escena ataviadas con nuevos vestidos “aleopardados”, mientras Rod se toma su último descanso antes del final) pasa por encima de nosotros, poniendo a bailar hasta a los acomodadores.

Rod regresa con su icónico traje de leopardo en consonancia a sus coristas para arremeter hacia la locura total a la que tiende el sofisticado pop de "Baby Jane", extraído del exitoso ‘Body Wishes’, celebradísimo también. Y como no podía ser de otra manera, el cénit de la fiesta se materializa bajo una tormenta visual de purpurina, proyecciones deslumbrantes y luces estroboscópicas al ritmo de "Do Ya Think I'm Sexy" (incluida en el superventas ‘Blondes Have More Fun’ de 1978), al principio del cual Rod y sus coristas van pateando y lanzando varios balones de fútbol a la audiencia, y es que a lo largo del show Stewart hizo menciones a lo aficionado que es al fútbol, por el actual Mundial y por su equipo escocés Celtic F.C. Las sugerentes y divertidas imágenes de emoticonos de berenjenas y melocotones en las pantallas gigantes ilustran uno de los himnos más celebrados y virales de la historia de la música.

Para el bis, tras casi dos horas de un derroche físico envidiable dadas las circunstancias, el pabellón se convierte en un océano de luces de teléfonos móviles. Los acordes solemnes de "Sailing", aquel himno casi marítimo de The Sutherland Brothers Band rescatado brillantemente para su ‘Atlantic Crossing’, nos mecen con unas armonías épicas que ponen el nudo en la garganta; la escena es realmente épica, y aunque soy más de disfrutar del momento que de grabar videos, un servidor, como otras muchas miles de personas, no puede resistirse a inmortalizar con su celular tan mágico momento, con el vocalista y sus coristas ataviados con gorras de marinero, y el público manos en alto simulando las olas del mar.

Como broche de oro definitivo, en un canto al optimismo y a la fraternidad llega el tema final "Love Train" de The O'Jays (que Rod grabó para su álbum de corte soul, ‘Soulbook’, en 2009). Toda la banda en el escenario, coristas desatadas, sonrisas cómplices y una lluvia de globos de colores, mientras las pantallas gigantes del escenario muestran divertidas imágenes en tono satírico generadas por IA de Donald Trump conquistando Groenlandia. Sin duda, Rod Stewart estuvo pletórico despidiéndose de una ciudad que se rinde a sus pies, y para la que aún tuvo un precioso gesto final, con un mensaje impreso en castellano en las pantallas: “Mis queridos amigos en Valencia. Muchas gracias por vuestro entusiasmo, apoyo y baile. Por favor, llegad a casa con seguridad. Con cariño, Rod y la banda”.

Me faltó algún guiño a sus míticos Faces con Ronnie Wood y Kenney Jones, pero fue todo un bolazo. Y aunque la prensa se preguntaba si el león había perdido su rugido tras el reciente susto en Norteamérica, en Valencia la respuesta ha sido un rotundo e incuestionable no. Sir Rod Stewart no solo cantó; sobrevivió, reinó y nos regaló una velada impecable en lo técnico y legendaria en lo emocional. Su carisma está por encima de su maltratada voz, por eso, ahora y siempre, larga vida al Rey Mod.

Andrés Brotons

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MariskalRock.com
Resumen de privacidad

Desde este panel podrá configurar las cookies que el sitio web puede instalar en su navegador, excepto las cookies técnicas o funcionales que son necesarias para la navegación y la utilización de las diferentes opciones o servicios que se ofrecen.

Las cookies seleccionadas indican que el usuario autoriza la instalación en su navegador y el tratamiento de datos bajo las condiciones reflejadas en la Política de cookies.

El usuario puede marcar o desmarcar el selector según se desee aceptar o rechazar la instalación de cookies.