Para que un legado no se pierda en la bruma de la historia a veces hay que apuntalar los cimientos incluso con elementos que no se contemplaron en un primer momento. Tal es lo que sucede con aquellas bandas legendarias en las que todavía sobrevive, con suerte, por lo menos un miembro original, algún representante digno de aquel fuego arrollador de antaño, como el batería Marky Ramone de las leyendas de Forest Hills cuyo debut cumplió medio siglo el pasado 23 de abril.
Si nos ponemos a pensar aniversarios, casi da vértigo imaginar las seis décadas que cumplen álbumes tan legendarios como el primer disco homónimo de Love o su experimental ‘Da Capo’. En la actualidad, de la banda originaria solo queda el guitarrista Johnny Echols, falta el líder y mentor Arthur Lee, pero el grupo que acompañó a este último hasta su muerte en 2006, Baby Lemonade, se encarga ahora de mantener el legado sobre el escenario. Por lo tanto, no cabría hablar de un tributo en el sentido estricto.
A esta formación de Love del siglo XXI ya la pudimos ver hace un par de años en el festival Rebellion y ya entonces advertimos el profundo respeto que se traspiraba en cuanto rememoraban tan insigne repertorio. Por tierras vascas habían pasado del mismo modo todavía con Lee en sus filas, pero se trataba de uno de esos combos para melómanos, parte fundamental de la historia del rock que cualquiera debería controlar para ser tomado en serio. Y eso por no mencionar su peculiar amalgama de rock psicodélico, folk, jazz y blues que sigue pareciendo de otra dimensión a día de hoy.
Gran parte del rockerío vizcaíno abarrotó el bilbaíno Kafe Antzokia para una de esas visitas en las que había que estar sí o sí. Lo de la importante afluencia de público no sorprendió en una banda con tanta solera, pero seguramente con un inicio más temprano del show, habrían ganado un incremento importante. No son pocos los que opinan que un concierto con teloneros un día entre semana debería empezar antes de las 21.30, pero bueno, sabíamos a lo que veníamos.
Rubia & The Bandits

Si antes destacábamos el profundo respeto que caracterizaba a los protagonistas de la velada, no menos fidelidad profesaban Rubia & The Bandits hacia los sonidos de finales de los sesenta y principios de los setenta. Su disco ‘Only Lovers’ quedó atrapado en el limbo de la pandemia, por lo que pudieron resarcirse con gusto la siempre estilosa Sara Íñiguez y sus nuevos acompañantes, entre los que sobresalía una sección de cuerda con violines o un enérgico guitarrista que podría tocar en Guns N’ Roses.
Aparte de canciones nostálgicas con fuste del calibre de “Happy Last Longer” o “The Land of Lie”, rindieron homenaje a las estrellas de la noche con “The Red Telephone”, que el guitarrista dedicó al “rey Arturo”. Un entremés de categoría que nos proporcionó un agradable viaje en el tiempo, no era tampoco una mala idea para ir entrando en harina.
Love with Johnny Ecols

Que Love with Johnny Echols andaban bastante rodados en cuando a directos quedó patente desde las primeras notas del mítico “Maybe the People Would Be The Times or Between Clark and Hilldale”, de su legendario álbum ‘Forever Changes’. El vocalista y guitarrista Rusty recordó su concierto en ese mismo Kafe Antzokia hace dos décadas, por lo que ya solo con ese detalle se metió al grueso de la afición en el bolsillo.
La no menos relevante “My Little Red Book” tomó el testigo subrayando la química existente entre la formación actual. Desde una esquina el guitarrista Johnny Echols cumplía su papel de manera discreta, apoyado de vez en cuando en una silla, pero bastante que sigue subido a las tablas dando el callo a sus 79 años, ahí es nada.

Como ya se anunció, el repertorio bascularía entre el debut homónimo de Love y su vanguardista ‘Da Capo’, pero no se dejó ni mucho menos de lado ‘Forever Changes’, cuyo 60º aniversario será el próximo año, por cierto. “Stephanie Knows Who” y “Orange Skies” no podían faltar, aunque también brilló “No Matter What You Do”, cantada por otro de los guitarristas.
Curiosamente, avisaron que admitían peticiones y hasta se subió un espontáneo con la intención de cantar con ellos, pero solo acertó a aparcar sus enseres personales. Está claro que un escenario es el sitio más adecuado para despojarse de chaqueta y demás.

La popular “Alone Again Or”, que versionaron The Damned en su día, fue uno de los picos de la velada, con algún que otro requetefan subido a las escaleras alabando a la banda como si fueran profetas. Pero no era el único con la emoción a flor de piel, el resto del respetable también lo vivió muy intensamente cantando los temas como los himnos que eran. Y en un instante dado hasta se produjo un encuentro entre diferentes épocas cuando parte de The Bandits subieron para ayudar en “The Red Telephone”.
La reacción del personal fue tan extraordinaria que el vocalista Rusty agradeció la implicación en varias ocasiones, por lo que no cabría otra que marcharse con buen sabor de boca tras “Live and Let Live” o “You Set the Scene”. No tardaron en regresar con Nichols tomando el micro para “Signed D.C.”, que nos legó una interpretación muy digna. Anunciaron entonces una canción que nunca habían tocado en la península, “Wonder People (I Do Wonder)”, una bonus track de ‘Forever Changes’, todo un regalo para sibaritas. Y pusieron el broche con el protopunk de “7 and 7 Is”, que atronó con la misma contundencia con la que lo haría en su época. Inmenso.
No cabe duda de que Love por su peculiar mezcla de géneros o su carácter interracial fue un grupo que operó a contracorriente de los tiempos que les tocó vivir. Probablemente el público de la época no estaba preparado para esas tormentas garajeras que preludiaron el punk o esa psicodelia oscura a veces similar a The Zombies, o The Doors, sus grandes compañeros de sello. Volver a encender la antorcha de su aperturismo y falta de prejuicios es un necesario homenaje en un mundo convulso.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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