Recuerdo que en un viaje al Rebellion parecía que había bastantes enojados con eso que se llamó folk punk o punk céltico, es decir, bandas en la onda de The Pogues o Dropkick Murphys que utilizaban instrumentos tradicionales para intentar reproducir a toda pastilla el espíritu de Irlanda y otras regiones gaélicas. Había camisetas en contra de dicho estilo que evocaban aquella cruzada contra el “falso metal” que libraban Manowar antaño y uno se preguntaba qué habrían hecho los pobres punkis célticos para merecer tanto odio.
Supongo que la abundancia de grupos de dicho palo debió saturar a los ortodoxos, al igual que sucede en otros géneros. Sin embargo, a pesar de la saturación, romperé una lanza a su favor señalando que no se trata de ninguna moda pasajera, sino de un movimiento cuyas raíces, en Gran Bretaña por lo menos, se remontan hasta la mismísima irrupción del punk rock. Y existen brillantes bandas en este movimiento como New Model Army o The Levellers, por citar un par de reseñables ejemplos que también pican de otras cosas.
En este compartimiento encajaríamos a los piratas de Nueva Gales del Sur The Rumjacks, pese a que hoy en día su centro de operaciones esté en Europa y constituyan un colectivo profundamente internacional. Ya estuvieron en la capital vizcaína hace poco más de un año y entonces nos sorprendió la cantidad de fieles que se acercaron hasta el bilbaíno barrio de Zorroza. Volvían a repetir en el mismo recinto, pero se trataba de un día caluroso de comienzos de semana, quizás no la coyuntura más propicia para un bolo de estas características.
Deiedra Rebel Folk

Abrió la velada una banda tan curiosa como Deiedra Rebel Folk, procedente de la margen izquierda del Nervión y con la vocación de rescatar el folk irlandés y escocés, por lo que por ahí sonó algún homenaje a Shane McGowan como “Bésame el culo” o una versión del “Whiskey in the Jar” en euskera llamada “Guiski botila bat”.
Como nota pintoresca, no estuvo mal, aunque no esperábamos que su repertorio fuera tan extenso como el de los protagonistas de la noche. A un servidor con media hora le habría bastado, pero parece que se encontraban muy a gusto sobre las tablas.
The Rumjacks

Quizás lo que echábamos de menos lo aportaron The Rumjacks con su componente punk y pinceladas de ska, aunque iniciaron su recital apelando a sus parámetros más básicos con “Come Hell or High Water”, todo un himno para dejarse la garganta en cualquier garito irlandés con cerveza volando por los aires. “Kirkintilloch” mantuvo el fiestón en un punto álgido, pues si con este tipo de música uno no se no anima, mejor comprobarse el pulso para asegurarse de estar vivo.
Legaron uno de los momentos de la noche con “Father’s Fight”, con tralla punk y coros para desgañitarse como si fuera la vida en ello, antes de relajar un poco los ánimos con “An Irish Pub Song”, un himno que se convirtió en un fenómeno viral y hoy en día acumula más de cien millones de visitas en YouTube, ahí es nada. Seguro que cada año en San Patricio siguen subiendo.

Evocaron a féminas guerreras como “Lizzie Borden” y se pusieron algo melosos con “Rhythm of Her Name”, donde bordaron los coros. Mencionar en este aspecto lo bien que sonó el recital en general, y eso que sonorizar en condiciones un recital suyo con tantos instrumentos diferentes tiene que ser una ardua tarea.
Las palmas espontáneas y no verbeneras inundaron “An Irish Goodbye On St. Valentine’s Day”, otra de las que debía caer sí o sí, antes de que la peña siguiera bailoteando con un peculiar medley en el que destacaron “The Jolly Executioner” o “To Have or Have Not” del cantautor izquierdista Billy Bragg. Para los insensatos que sigan pensando que el punk no es político.

Reivindicaron el carácter internacionalista de su proyecto, con miembros de Sídney o Boston, entre otros lugares, antes de “Across The Water”. Y pisaron el acelerador a fondo con “Hesia”, de lo mejor de su catálogo. “Light in my Shadow” otorgó la puntilla necesaria para regresar a casa con la satisfacción del deber cumplido, a pesar de que solo habían tocado una hora. Ese fue el único punto negativo, pero hasta cierto punto, porque no todas las bandas derrochaban tanta intensidad en las distancias cortas.
Regresaron por lo menos para un par de bises, “Goodnight & Make Amends”, que transmitía por completo esa sensación de despedida que flotaba en el ambiente, antes de una pieza tradicional como “Tell me ma”, en un inicio una canción infantil para juegos de corro y comba que acabó transformada en todo un estándar del folk irlandés. Hubiéramos preferido algo más cañero para echar el resto, pero bueno, apelar a las raíces tampoco venía mal.
Nos faltaron cañonazos como “Naysayers” o “Bloodsoaked in Chorus”, pero siguen siendo una de las bandas más solventes en su estilo y me atrevería a decir que por repertorio incluso superan a los colosos Dropkick Murphys, pese a que esto último más bien sea cuestión de gustos. El punk de San Patricio levantó los ánimos como una contundente cerveza irlandesa. Brindemos por todo lo alto hasta la próxima.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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