“La parte más difícil de terminar es empezar otra vez”, una frase que dice mucho, palabras que nacen de una de grandes canciones de Linkin Park: “Waiting for the End”. En ella Chester Bennington y Mike Shinoda hablan de la compleja transición que supone soltar un pasado doloroso para poder asomarse a la necesidad de la reconstrucción en una nueva etapa. Quién nos iba a decir que, hoy, esa filosofía estaría más presente que nunca, renacer de tus propias cenizas no parece nada fácil, pero ellos lo han conseguido, aferrándose a Emily Armstrong como ancla entre dos tiempos, una jugada que, desde mi punto de vista, ha sido maestra, lo iré explicando a lo largo del artículo.
Pero antes de entrar en el momento cumbre de la noche, no podemos pasar por alto las bandas que abrían el show, Phantogram, llegaban a calentar aún más el ambiente tórrido que nos dejaba un sol que se negaba a perderse nada. Sorprendía la desgarrada voz de Sarah Barthel liderando sobre los loops y melodías de teclado que Josh Carter soltaba sobre un escenario desnudo. Sonidos rotos que despejaban la incógnita de ¿qué es esto? Rock electrónico y psych pop.
Seguía la tarde con Clipse, aunque es indiscutible que se trata de una banda con un gran bagaje, pero, personalmente, disfruté mucho más con sus predecesores. Su hip hop no acabó de conquistarme, muy a pesar de comulgar con su mensaje reivindicativo; eso sí, los visuales estuvieron muy a la altura de su entrega, que tuvo momentos increíbles como el de su interpretación de “The Birds Don’t Sing”.
Insistía el sol en no bajar del todo cuando aparecía en las pantallas una cuenta atrás para provocar cierta ansiedad, quedaban diez minutos para un momento que llevábamos nueve largos años esperando, eso sí, no se cortaron ni un pelo y nos dejaban locos al colar un tema de Quevedo para anunciar que tan solo faltaban tres minutos (“la noche sin ti duele” dice la canción, todos pensamos en lo mismo).
Con la emoción a flor de piel, los comentarios de todos los que me rodeaban se centraban en Emily, “¿Dará la talla?”... “Un amigo que vino ayer me dijo que no estuvo muy activa”… “Lo bueno que tiene es que no quiere imitar a Chester”… “10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0”, brazos en alto: comienza la noche, lo hace con una intro para que vayan asomando los dioses de la noche, el primero en aparecer fue el penúltimo en llegar, Colin Brittain que se sentó a la batería para ofrecer los primeros golpes del directo, y, cuando ya estaban todos sobre las tablas “Lying From You” nos hizo elevarnos del pavimento del Auditorio Miguel Ríos, un lugar que tengo aún en el corazón, ya que mi último concierto allí fue de Robe… poco más que añadir.
Aunque son ya muchos los conciertos que uno va viendo de sus bandas de adolescencia, siempre me pregunto si esas canciones aguantan el paso del tiempo, especialmente cuando la voz que las grabó ya no se encuentra entre nosotros, pero esa descarga inicial sirvió para corroborar que sí, siguen siendo gigantes. Los que vivieron el concierto el día anterior pudieron disfrutar de un repertorio parecido, aunque muy cambiado en estructura, pero funcionó a la perfección, sonido limpio, extremo en mi posición, que era muy cercana al escenario y, según me cuentan mis compañeros de faena, también lejos de las tablas, a pesar de ser un espacio difícil de sonorizar debido a la amplitud y lo abierto de sus gradas.
Si comienzan con ‘Meteora’, hay que seguir con ‘Hibrid Theory’ y su “Crawling”, algo más calmada, antes de dar paso a lo nuevo a través de su “Up From the Bottom”, momento que servía para afianzar la garra de Emily y poner en valor esa voz que no sé muy bien de donde nace, pero que parece conectada con lo más profundo de este mundo, más entre la lija del grunge y el descaro del garaje que al lirismo melódico original. “New Divide”, aquel experimento que formaba parte de una de las pelis de la franquicia ‘Transformers’ ,ponía las bases para uno de los temones de ‘From Zero’, el que abre este redondo que se ha convertido ya en una de las grandes novedades de los últimos años, “The Emptiness Machine” nos abrió de par en par, se notaba en el suelo que temblaba con los primeros pogos de la noche.
Han querido dividir sus shows en cinco actos y así terminaba el primero para dar paso a un segundo más anodino, pero igualmente serpenteante, dejando a la ejecución musical lo que pasara, ya que, al margen de visuales electrizantes, pasarela infinita y serpentinas de colores, el escenario fue sobrio, las seis mentes pensantes robando el alma y regalando energía a todos. La segunda parte de la ceremonia comenzaba con “The Catalyst” y “Burn it Down”, para no dejar disco sin tocar. No había tiempo para ir a por una cerveza, hechizados por los movimientos de Shinoda, que pasaba de la guitarra a los teclados, de ahí a rapear y a cruzar miradas con una Emily a la que no se le puede reprochar la entrega ni la actitud.
La colectividad de esta banda también entiende de individualismo, de ahí que se atrevieran con el proyecto personal de Mike, Fort Minor y su “Where’d You Go” o los magnéticos scratches de Joe Hahn en “With You” o “One Step Closer”, quien combinaba su locura musical con la fotográfica, quizás hoy esté revisando en el avión alguna foto tuya en primera fila.
Tercer acto con el momento sobrecogedor de Mike y Emily, mano a mano con “Lost” (“The pain is all I know… when I’m alone, I’m lost in these memories”… uff). Quisieron ir poco a poco con “Breaking the Habit” y “Good Things Go” para culminar con “What I’ve Done”, con un final épico con el que abandonaban la escena para dar visibilidad a los espectadores más comprometidos, aquellos que habían madrugado para estar en las primeras filas y poder tocar a sus ídolos o aparecer en pantalla para mostrar sus tatuajes de Chester, frases de LP o mensajes de incondicional a la banda.
Momentos cumbre nos regalaba el cuarto acto, en el que pudimos ver a Emily a la batería, a Colin tocando el bajo de Phoenix mientras ambos desgranaban los misterios de los dos instrumentos, una baqueta en una mano y la otra en el bajo, ingluso el enfado de Armstrong con dos guitarras a las que no conseguía sacar ni una nota. Pero nada que impidiera que llegara uno de los momentos cumbre del reper, dos obras maestras juntas, casi unidas: “Numb” e “In The End”, que sonaban a gloria después de tantas vueltas de disco escuchando la versión de estudio como único recurso.
Y eso que aún faltaba un tramo de locos que abría con “Papercut”, idas y venidas a los extremos de la pasarela, encadenando con esa joya de la corona que nos deja el último lanzamiento: “Heavy is the Crown” se convirtió hace tiempo en uno de mis himnos de cabecera, la fuerza que da es desproporcionada, pero tiene esa droga que engancha, desde la voz de Emy, los rapeos de Shinoda a las melodías que se mezclan con la fuerza de las guitarras y las bases; subidas, bajadas… todo es excelencia en este tema. Quedaba escuchar la intro de Brad Delson a la guitarra haciendo que los circle pits se fueran formando en la pista para reventarnos los hombros con “Bleed it Out”, que ponía el punto y final a una noche para el recuerdo.
En 2017 se produjo un bache, un corte abrupto que retuvo el reloj de manera indefinida, un silencio que no fue, ni mucho menos un retiro dorado, devoró años de proyectos, sembró la duda de si todo lo que habían construido quedaría momificado en discos de coleccionista. Su decisión de reactivar el motor fue la mejor de las decisiones, quizás no para los más puristas, que someten a la banda a un escrutinio constante y despiadado, pero sí para el resto de la humanidad que nos merecemos que llegue una voz como la de Emily para cubrir tanta frustración, de ahí la enorme magnitud de lo que ha generado este proyecto que se reveló en toda su esencia anoche y que promete mirar hacia el futuro con la certeza de volver a meter a 60.000 almas en un estadio patrio, aunque sea en dos noches diferentes. Bienvenidos al presente de Linkin Park.
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.









