LO ÚLTIMO

Crónica de Rock in Rio Lisboa: Por un mundo aún mejor

Mike Shinoda (Linkin Park). Foto: André Saudade.

Un filósofo de dudosa reputación dijo que “la vida sin música sería un error”, y al menos en eso estoy totalmente de acuerdo con él. A pesar de todo lo malo que nos rodea, la vida puede ser maravillosa, y más aún cuando le ponemos banda sonora. Bajo el lema “Por un mundo mejor” nació Rock in Rio en el año 1985 y desde entonces ha repartido alegría y concienciación a lo largo de veinticinco ediciones, que serán veintiséis cuando en septiembre se celebre en su emplazamiento original.

El momento bandera. Foto: Hugo Moreira

Más que un festival el rey de reyes es un parque de atracciones, y no lo digo solo por la noria o la tirolina, cuyo trayecto transcurre frente al Palco Mundo, el escenario principal. Diariamente a las 18:00 se despliegan bandera y camiseta de la selección portuguesa a escala gigante para los más patriotas, además de que hay un espacio en el que se retransmiten los partidos del mundial. A las 20:00 llega el turno –novedad para este año- de “The Flight”, la exhibición de aviación sincronizada, y ya cuando cae la noche, es el momento de los fuegos artificiales; ambos espectáculos acompañados de música.

"The Flight", novedad de este año. Foto: Samuel Martins

El enclave es mágico, a orillas del río Tajo y con el imponente puente Vasco de Gama presidiéndolo todo; en tan solo dos ediciones ese marco se ha convertido en una de las “postales” turísticas más famosas de Portugal. Para 2026 el recinto se ha sido ampliado hasta poder albergar a 100.000 asistentes, cifra récord en Lisboa que se alcanzó tanto en la primera jornada como en la que nos toca de lleno, la que aconteció el domingo 21 de junio. La ampliación ha permitido que en el segundo escenario –Music Valley- puedan congregarse hasta 80.000 personas, y 30.000 en el caso del tercero en importancia, el Super Bock.

El recinto, con el puente Vasco de Gama al fondo, es espectacular. Foto: Hugo Moreira

Es un festival al que acuden muchas familias, desde edades tan tempranas como que me crucé con varias mujeres embarazadísimas, además de con muchos niños de las más diversas edades correteando por el parque. Como compartió con nosotros orgullosa Roberta Medina, vicepresidenta del macroevento, para cientos de peques cada año Rock in Rio Lisboa es el primer festival de su vida. También nos contó que entre su equipo bromean diciendo que en la jornada pop viene toda la familia, en la de rock acuden los padres, que han dejado a los niños con los abuelos, para la de las leyendas los abuelos les devuelven los nietos a sus hijos, y en la urbana acuden todos los chavales que no hace mucho que dejaron la infancia atrás.

La incidencia del festival en el extranjero va a más, 18.000 asistentes foráneos frente a los 15.000 de 2024. España es el país número 1 en esa lista, con 7.500 asistentes en esta edición.

La jornada del sábado no tenía sustancia para medios rockeros como los nuestros, pero le sacamos partido en otros sentidos, con Anna Marotti, parte importante del staff de la organización, dándonos un paseo por el recinto. Nos contó con emoción que son muchos meses de trabajo durante los cuales no son conscientes de la magnitud de lo que van a llevar a cabo, pero que justo antes de que abran las puertas, todo el equipo para lo que esté haciendo para ver a la gente entrar corriendo al recinto, momento en el que sus esfuerzos son recompensados. Unas 3.000 personas trabajan en la Ciudad del Rock.

Los fuegos artificiales. Foto: Samuel Martins

Aprovechamos ese día para grabar curiosidades del recinto como esa capilla en la que los enamorados pueden casarse simbólicamente haciendo de maestros de ceremonias personajes como Freddie Mercury; o la zapatilla gigante con el 1985 detrás remitiendo a la primera edición; o la sala donde se emitía un vídeo exhibiéndose los mensajes por un mundo mejor que la gente había plasmado en los actos promocionales que el festival celebró en varias capitales europeas.

Son tantas las cosas que puedes hacer allí que, aun llegando pronto, te faltarán horas, pero una de las que había que hacer recurrentemente debido al calor del primer fin de semana era hidratarse. La organización dispuso varios puntos en los que refrescarse además de situar fuentes para beber en sitios estratégicos.

Nos dimos un garbeo por el School of Rock, el escenario de la academia de música en sus filiales lusas donde grupos de versiones, la mayoría de ellos adolescentes, nos entretuvieron con una retahíla de clásicos imperecederos.

También estuvimos viendo un rato a Napa, una banda indie de Madeira que representó a Portugal en Eurovisión en 2025 y que en algunos momentos rockea. Pero por lo demás, de un día en el que los cabezas de cartel eran Katy Perry y Charlie Puth poco más podemos contar, aunque antes de meternos en harina con la jornada del domingo, aprovecho para subrayar el carácter amable y calmado del público portugués; desde cierta altura, ver encaminarse parsimoniosamente hacia la salida a 100.000 personas era un espectáculo en sí mismo.

Tara Perdida. Foto: David Oliveira

El día del rock fue el que más rápido se vendió de todos, siendo además la jornada en la que más españoles acudieron, y eso que su principal reclamo, Linkin Park, estuvo también en O Son do Camiño y haciendo doblete en Rivas.

Frente al mucho postureo del sábado, desde primeras horas se notó que había cambiado el perfil del público, con el color negro predominando claramente.

A las 15:00 comenzaba la fiesta en el Palco Super Bock con Tara Perdida, banda lisboeta de punk rock melódico y skate punk idónea para pasar un rato desenfadado y olvidarnos de un sol castigador. Desde el arranque con “O Que É Que Eu Faço Aquí” se vio que es un grupo querido y valorado en su país, y nos pusieron las pilas a base de bien con un alegre y vertiginoso “Desalinhado”. Curiosamente, su canción más famosa es una balada impregnada de saudade portuguesa llamada “Lisboa” que, por supuesto, también tocaron.

Nuestra ruta siguió en el Palco Mundo con Grandson, que pegó el petardazo con “Blood // Water”, un tema donde el hip hop y el rock compiten por la supremacía, pero en realidad el artista criado en Canadá y nacido en Estados Unidos tiene mucho más rap metal en sus venas del que imaginarías con la escucha de ese hit. Bastó el inicial “Autonomous Delivery Robot”, con un pesado riff que probablemente agitó las aguas del río, para poner las cosas en su sitio, y con “Bury You” terminó de enterrar cualquier prejuicio acerca de su verdadera naturaleza, la cual provocó abundantes pogos en un escenario principal poco habituado a esos menesteres. Si puedes imaginarte un cruce entre los Royal Blood más duros y Rage Against The Machine, estarás cerca de visualizar cómo suena el poderoso cuarteto que lidera Jordan Edward Benjamin, que así se llama nuestro protagonista.

Grandson. Foto: Hugo Moreira

El otro aspecto que me gusta de la propuesta de Grandson es que es un músico comprometido, ha abrazado el “Free Palestine” a pesar de proceder de familia judía y ha sido muy crítico con el gobierno de EEUU. Aquí no llegó como en Washington D.C. a pasear como si fueran perros a dos figurantes con caretas de Donald Trump y Elon Musk antes de su versión de “Master of War” (Bob Dylan), pero fueron varios los discursos antisistema durante el concierto, y en un receso premeditadamente largo de “Self Immolation” nos pidió que alzáramos el dedo corazón como gesto de repulsa hacia “los millonarios que gastan dinero promoviendo ideologías homofóbicas”, afirmando que ellos son banda sonora de un lado de la sociedad y que está claro de qué lado se trata; a buen entendedor…

Hasta un pequeño wall of death se formó con “Brainrot”. Todo un descubrimiento este Grandson y mejor aún en directo que en disco.

Blasted Mechanism. Foto: David Oliveira

También sorprenderían a quien no los conociera los lisboetas Blasted Mechanism, que ya habíamos cubierto anteriormente en otros festivales portugueses. Su atractiva puesta en escena, con disfraces y maquillaje tribales, y su electrorock con influencias de músicas étnicas y folclóricas de diversa índole (“Karvow” podría resumirlo), no puede dejarte indiferente, aunque bien es cierto que hay más electrónica que rock, así que si no te ves capaz de escucharlos con mentalidad abierta, mejor no lo hagas. La instrumental “The Atom Bride Theme”, “Sun Goes Down” o “Blasted Empire” propiciaron el bailoteo del personal en el tercer escenario.

De ahí, vuelta al principal para ver a The Pretty Reckless que, tras dos años girando con AC/DC, han visto incrementada su popularidad, especialmente entre el público femenino, llamando la atención la cantidad de chicas que adoran a Taylor Momsen.

Durante los primeros minutos de su actuación se nubló el cielo, un alivio que nos permitió disfrutar aún más intensamente de la puesta en marcha con “Death by Rock and Roll”. Tras “Since You’re Gone”, el pregrabado de organismo femenino anunciaba la llegada de un “Follow Me Down” con una tónica más oscura que el hard rock habitual del grupo. Es la primera de varias canciones alargadas, principalmente para mayor gloria del guitarrista Ben Phillips. Al final ese recurso acaba resultando un poco repetitivo, pero en una jornada con tanto sample y tantos sonidos procesados, se agradeció el tener también a una banda orgánica como The Pretty Reckless.

Taylor comenzó el concierto demasiada abrigada, con chaqueta de cuero y camisa, pero para el cuarto tema, “Miss Nothing”, ya vestía solo su característico camisón.

The Pretty Reckless. Foto: Hugo Moreira

La cantante se mueve con gracilidad y simpatía por el escenario, e indudablemente tiene carisma, aunque en ciertos momentos echo en falta un poco más de brío en su performance. Bueno, al menos esta tarde no hubo sobresaltos, tras el murciélago sevillano y la araña chilanga, ya no habría sido tan extraño que le picara un gallo portugués.

Dos canciones seguidas sonaron de su inminente ‘Dear God’, que sale este viernes 26: “For I Am Death” y “When I Wake Up”, ambas con buena respuesta por parte del público; especialmente la segunda y sobre todo cuando Momsen bajó al foso a chocar manos en las primeras filas.

A las chicas les dedicó “Witches Burn”, y de “Make Me Wanna Die” dijo que fue la primera canción de grupo. Otra de las más famosas, “Heaven Knows”, es perfecta para corear y dar palmas en directo, algo que efectivamente ocurrió. La estampa con un solo desbocado de Ben y Taylor agarrada al bombo de Jamie Perkins sí me transmitió el salvajismo que eché de menos en otros momentos.

Para despedirse eligieron “Going to Hell”, una de las canciones con más influencia del metal, así que hubo melenas al viento, ese que iba a hacer que un rato después hiciera fresco como para ir a cuerpo gentil.

Es la hora del espectáculo aéreo. Si vas a acudir el día 27 a la jornada de las Leyendas con Rod Stewart, 4 Non Blondes o Xutos & Pontapés (¡allí volverá a estar MariskalRock!), te cuento que desde la explanada del Music Valley es desde donde mejor se ve. Allí estábamos nosotros para reencontrarnos muchos años después con P.O.D. en detrimento de unos Kaiser Chiefs que los tuvimos en 2025 en Mad Cool. Me parece mentira que hayan pasado ya casi 25 años desde que publicaran ‘Satellite’, su gran disco y uno de esos álbumes que figuraría en cualquier lista respetable sobre lo mejor del new metal.

Nos situamos junto a la plataforma para personas con discapacidad, y eso me lleva a recordar que la mayoría de los conciertos tenían traducción simultánea al lenguaje de signos en las pantallas, además de un sistema para que, aquellos que físicamente no puedan escuchar la música, al menos sientan sus vibraciones.

P.O.D.. Foto: Lucas Coelho

Tras intro spaghetti western de Ennio Morricone la banda saltaba a la cancha con “Boom”, un caballo ganador que nos puso a pegar botes desde el principio. El cantante Sonny Sandoval quiso aprovechar esa inercia pidiéndonos que siguiéramos haciéndolo con “Rock the Party (Off the Hook)”.

Les he seguido la pista desde la lejanía, con lo que el tramo central del concierto, sin poder reprocharles nada, me pasó más desapercibido. Cuando realmente volví a conectar del todo fue cuando tocaron “Satellite”, con el bajista Traa Daniels dejándose la garganta en los estribillos, y por supuesto “Southtown” también provocó algarabía y algunos circle pits. Como era de esperar, todo aquel que conocía el hímnico estribillo de “Youth of the Nation” se lo hizo saber a la banda acompañando el cántico, y el final con “Alive”, donde hubo voces pregrabadas para cubrir aquello a lo que Sonny no llegaba, les dejó en una buenísima posición para que el público, a petición de Sandoval, acabara entonando “Olé, olé, olé, P.O.D., P.O.D.”.

De vuelta al escenario principal, ahora era el turno de Cypress Hill, que se escapan de nuestra jurisdicción pero desde su idiosincrasia hiphopera siempre han tenido escarceos rockeros. Comenzaron su concierto con “How I Could Just Kill a Man”, el tema que versionó Rage Against The Machine, y más tarde tocarían “Bombtrack” de los de Morello; cabe recordar en este punto que B-Real fue miembro de Prophets of Rage. Una conexión más entre las canciones interpretadas: la intro de “(Rock) Superstar” la grabó Chino Moreno de Deftones.

Perspectiva desde el escenario durante el show de Cypress Hill. Foto: André Saudade

Más allá de que no sean expresamente de nuestro palo, es indudable que estábamos viendo historia viva de su género, de cuando el rap era peligroso y genuina voz marginal de las calles.

Tuve que marcharme antes de que acabara para coger buen sitio en el Music Valley, donde Sepultura tocaría al mismo tiempo que Hoobastank en Super Bock.

“Polícia” de Titãs nos indicaba que el show que sirve al mismo tiempo para conmemorar 40 años de trayectoria y su despedida de los escenarios estaba a punto de empezar.

La gente gritaba el nombre del grupo y había tensión contenida en el ambiente. Cuando estalló “Inner Self” tuve que echarme a un lado unos metros porque desde el comienzo las primeras filas fueron un hervidero de pogos y circle pits; da igual que el carácter habitual de los portugueses sea tranquilo y educado, Sepultura les saca la bestia que todos los metaleros llevamos dentro.

Sepultura. Foto: Rita Seixas

Ya lo dijo Derrick Green, habría clásicos pero también querían reivindicar su material reciente, de hecho tocaron tres de los cuatro temas de su EP ‘The Cloud of Unknowing”, empezando por “All Sounds Rising”.

Tras “Kairos”, la intro de berimbau nos preparaba para recibir la corrosiva “Attitude”. Recuperábamos fuerzas con la relativa tranquilidad de “The Place” y el monumental riff de Andreas Kisser, que se dirige a nosotros para anunciar que se venía una descarga de thrash metal de la vieja escuela en forma de “Escape to the Void”; ¿recuerdas las viñetas de los cómics de humor ilustrando una pelea? Pues más o menos esa era la escena en la explanada, aunque sin pegarse de verdad, como en las películas de Bud Spencer.

La tregua vino en forma de “Kaiowas”, con Sonny Sandoval y Zachary Christopher de P.O.D. colaborando en la percusión y parte del público meneando las caderas como si aquello fuera un sambódromo.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de MariskalRock (@mariskalrock)

La introspectiva “Beyond the Dream” daba paso a un doblete infalible con “Territory” y “Refuse/Resist”, de cuando Sepultura fue una de las bandas de metal más importantes del mundo, fama que se habían venido labrando desde la escena thrash con temazos como “Arise”.

El batería Greyson Nekrutman –tan bueno como sus predecesores- hizo un pequeño solo antes de un acortado “Ratamahatta” en el que Andreas hizo de Carlinhos Brown. Tras un sonoro “Sepultura do Brasil” proferido por Derrick, la banda nos robaba nuestros últimos ímpetus con “Roots Bloody Roots”.

Juan Destroyer y Roberta Medina (Vicepresidenta de Rock In Rio Lisboa) con La Heavy 482

Linkin Park

Salimos de allí exhaustos, pero con ganas de sacar fuerzas de flaqueza para encarar el grand finale, con el espectáculo de fuegos artificiales como preámbulo al concierto de Linkin Park.

Tras el tráiler del documental que se proyectará pronto en cines de todo el mundo, una cuenta atrás no dejaba dudas acerca del momento en que comenzaría el show.

Emily Armstrong (Linkin Park). Foto: André Saudade

Tras una intrigante intro, con ecos de “Castle of Glass” e “In The End”, el escenario a oscuras y proyecciones intermitentes en las pantallas, estalla “The Emptiness Machine”, la máxima expresión de que el soberbio ‘From Zero’ ha calado hondo entre los fans; los de antes y también los jóvenes que todavía no habían tenido la oportunidad de ver a la banda en vivo, favoreciendo que Linkin Park haya recuperado e incluso superado su propio listón de popularidad, uno de los más altos del rock a escala mundial.

“Lying from You” da la medida de lo bien que va a cantar y gritar Emily Armstrong esta noche. Al comienzo de “Crawling” deja que cantemos nosotros algún verso y estribillo, quizás porque a la cantante le viene demasiado baja aunque hayan subido la afinación de las canciones antigua para adecuarlas a su rango; en esta las pantallas nos muestran por primera vez el pad desde el que Joe Hahn toca las melodías de teclado.

Acompañando a Alex Feder, la cantante actúa como segunda guitarra en los estribillos de un temazo como “Up from the Bottom”, de lo mejor de su obra más reciente. Mike Shinoda también agarrará la guitarra en algunas canciones, o en otras apoya con teclado a Hahn.

Aunque lustrosa, la producción escénica es relativamente sobria con respecto a los espectáculos visuales de otros grandes artistas, pero los láseres de un “Somewhere I Belong” extendido sí llaman poderosamente la atención.

“The Catalyst” convierte el Palco Mundo en una pista de baile que se prolonga con “Burn It Down”. Ahora lo que vienen son un par de temas lentos. “Where’d You Go”, lo ha recuperado Mike de Fort Minor; es él quien se dirige a nosotros alabando la labor de Emily, que se emociona y se le escapan unas lágrimas durante “Waiting for the End”, quizás también porque no se canta para 100.000 personas todos los días.

Se sacude ese momento de debilidad con un impactante “Two Faced” en el que va calentando para, con el juguetón “A Place for my Head” entre medias, asombrarnos a todos con su rasgadísima voz en el muy exigente “IGYEIV”.

El escenario se engalana con una especie de corazones-mariposa en “One Step Closer”, acompañado también de confeti. Tras un par de minutos de interludio, regresan solo Mike y Emily para una reinterpretación únicamente a piano de “Lost”, rareza de los tiempos de ‘Meteora’. No la hacen entera, enseguida saltan a “Breaking the Habit”.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de MariskalRock (@mariskalrock)

Seguramente muchos de los presentes no identificaron el guiño a “One” de Metallica en el comienzo de “Overflow”, y es que en la audiencia de Linkin Park hay de todo, desde newmetaleros de época hasta público más light que disfruta con mayor efusividad “What I’ve Done” que “Heavy is the Crown”, aunque siempre hay canciones de consenso como “Numb”, y “Bleed It Out” es tan marchosa que no haría falta ni conocerla para venirse arriba; simpático el final a lo heavy metal, con solo de guitarra e hiperagudos.

Es difícil expresar con palabras lo que se siente al escuchar a tantas personas entonar el estribillo de “In the End”, un nudo en la garganta que desató el liberador final de “Faint” con el que quien suscribe le dijo adiós a la más exitosa de las ediciones de Rock in Rio Lisboa. ¡Eu fui!

Este finde será Mariskal el que esté en la capital lusa para disfrutar de Rod Stewart en la que probablemente sea la última gira fuera de Reino Unido o el regreso de 4 Non Blondes en uno de los tres únicos conciertos en Europa.

Juan Destroyer
¡Sígueme!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MariskalRock.com
Resumen de privacidad

Desde este panel podrá configurar las cookies que el sitio web puede instalar en su navegador, excepto las cookies técnicas o funcionales que son necesarias para la navegación y la utilización de las diferentes opciones o servicios que se ofrecen.

Las cookies seleccionadas indican que el usuario autoriza la instalación en su navegador y el tratamiento de datos bajo las condiciones reflejadas en la Política de cookies.

El usuario puede marcar o desmarcar el selector según se desee aceptar o rechazar la instalación de cookies.