LO ÚLTIMO

Crónica de la tercera jornada del Viña Rock con Sex Pistols y Mägo de Oz a la cabeza en Villarrobledo: Un dulce desenlace

Mägo de Oz

Más allá de los decibelios, el ambiente en el camping y momentos surrealistas como el concurso de imitación de cabras en la Plaza del Pueblo recordaron que Viña Rock es, ante todo, una convivencia. Un pequeño universo paralelo donde durante varios días se mezclan barro, guitarras, cerveza, madrugadas eternas y miles de personas unidas por la música y el caos compartido.

Llegábamos así al último día del festival, con el cansancio acumulado de varias jornadas encima, pero también con la sensación de que todavía quedaban muchos riffs, pogos y momentos por quemar antes del cierre definitivo. En una edición tan gigantesca como inabarcable, tocaba volver a elegir ruta entre escenarios y horarios imposibles en una auténtica carrera de fondo para cubrir todos los frentes que MariskalRock tenía en el radar.

Celtian

Con conciertos solapándose constantemente y la adrenalina siempre arriba, el cartel seguía rebosando talento en cada rincón del recinto. Y entre todos esos nombres propios que marcaron nuestro recorrido, la jornada arrancó con la épica y la potencia folk metal de Celtian, encargados de poner la primera gran descarga melódica sobre Villarrobledo. Como si hubieran salido de alguna vieja leyenda entre bosques, tabernas y caminos de piedra, Celtian apareció envuelto en melodías épicas, flautas y electricidad. Liderados por la voz de Xana Lavey y la magia instrumental de Diego Palacio, la banda ha consolidado su propio estilo dentro del folk metal nacional.

Celtian

Xana —también embarcada actualmente en la gira de Mägo de Oz— condujo el concierto como quien guía una historia canción a canción, cuidando cada verso y llevando al público de la mano entre pasajes de fantasía. A su lado, siempre sonriente, Diego Palacio parecía invocar el viento con flautas, gaitas y flautines, construyendo esa atmósfera mágica tan característica de la banda.

Mojinos Escozíos

La tarde siguió navegando entre dos mundos completamente distintos: por un lado, el cachondeo irreverente marca de la casa de Mojinos Escozíos, garantía absoluta de risas y desmadre; por otro, la solemnidad épica y el heavy metal clásico de Tierra Santa, descargando himnos de acero sobre Villarrobledo. En el escenario Cutty Sark aparecieron El Sevilla y los suyos dispuestos a montar una de esas fiestas para las que hay que venir preparado, no solo para escuchar, sino también para ver y dejarse arrastrar por el desmadre marca de la casa.

Además de sus “canciones de mierda”, como ellos mismos las bautizan entre risas, la performance de Mojinos Escozíos fue un auténtico espectáculo de humor gamberro y descontrol colectivo. “¡Polla, culo, polla, culo!” de su tema “Eco” retumbó en forma de coro gigantesco por todo el recinto.

Mojinos Escozíos

Y como en toda buena historia de taberna y rock macarra, el desmadre entre El Sevilla y Ale Rodríguez “El Kanishe” fue creciendo canción tras canción hasta alcanzar uno de los momentos más surrealistas de esta edición del festival. “¡No es un sobaco, es una axila!”, gritaba Sevilla entre carcajadas mientras enseñaba orgulloso su axila perfectamente depilada. El Kanishe, siguiendo ese guion imposible que solo puede existir en el universo de Mojinos Escozíos, terminó soltándole un lametazo a la susodicha axila ante un público dividido entre la incredulidad, el asco y las carcajadas. Pero el espectáculo no acabó ahí: segundos después ambos remataron la escena con un beso “con lengua” que terminó de desatar el caos festivo frente al escenario Cutty Sark.

Y en medio de aquella verbena, llegó el momento de celebrar los 30 años de rock and roll de Mojinos Escozíos. ‘El Sevilla’, convertido ya en una especie de juglar tabernero del rock patrio, fue presentando uno a uno a sus compañeros de batalla, deteniéndose especialmente en “El Puto”, el batería, del que juró solemnemente que ya había cumplido “85 años”. A partir de ahí, el monólogo no tuvo freno. Sevilla se miraba a sí mismo y parecía descubrir, canción tras canción, que el tiempo también castiga a las estrellas del rock: “Me miro al espejo y veo los pellejos”, “los años no perdonan”, “cada vez me cuesta más levantarme”, “gorda la barriga, ya no me veo la picha…”. El público reía y coreaba cada barbaridad celebrando tres décadas de puro rock and roll chulesco y sudoroso.

Tierra Santa

Después del caos, las carcajadas y el desmadre tabernero que había dejado el escenario anterior, aparecieron los riojanos Tierra Santa como quien llega para recordar que el heavy metal también puede sonar a leyenda. Sin demasiadas palabras ni artificios, la banda dejó que fueran las guitarras las encargadas de hablar, descargando clásicos con la misma solemnidad y fuerza con la que llevan décadas recorriendo carreteras y escenarios.

Tierra Santa

Y entonces comenzaron a caer himnos como “Pegaso (El Corazón de Leyenda)”, “Por el valle de las sombras” o “La leyenda del holandés errante”, canciones que en Villarrobledo sonaban casi como viejos relatos de acero y batalla. Puede que la explanada no estuviera completamente llena, pero los que habían acudido frente al escenario lo hicieron con la fidelidad de quien lleva media vida creciendo junto a los discos de Tierra Santa, coreando cada estrofa como si formara parte de su propia historia

Skindred

El anochecer ya se empezaba a palpar sobre Villarrobledo y, entre luces, humo y kilómetros acumulados de festival, nuestros pasos terminaron llevándonos hasta el escenario donde aguardaba Skindred. Y allí comenzó uno de esos momentos capaces de cambiar por completo el pulso de una jornada.

El punto de inflexión internacional llegó convertido en una descarga de energía y explosión. Para quien nunca los haya visto, imaginar a Skindred es pensar en una batería atronadora, guitarras disparando riffs distorsionados y, sobre todo, en la figura imparable de Benji Webbe al frente del caos: mitad maestro de ceremonias, mitad cantante jamaicano desatado, lanzando rimas, melodías y órdenes al público sobre una mezcla explosiva de metal, reggae y ragga imposible de encasillar.

Skindred

Los galeses, auténticos reyes de este sonido inclasificable, consiguieron transformar el recinto en una gigantesca fiesta de Kingston pasada por el filtro del metal más salvaje. Frente al escenario, una auténtica marea humana saltaba sin descanso mientras las guitarras repartían cera a diestro y siniestro. A medida que avanzaban las horas, el recinto terminó convertido en un auténtico polvorín de luces, polvo y decibelios. Mientras Huecco aportaba su habitual mezcla de mestizaje festivo, comenzaron a desfilar algunos de los grandes pesos pesados de la jornada.

Mägo de Oz

Mägo de Oz montó su particular ritual de folk metal con un despliegue a la altura de su propia leyenda. La banda, inspirada desde sus inicios en “The Wizard of Oz”, apareció como si una vieja caravana de juglares eléctricos hubiese aterrizado en mitad de Villarrobledo. El escenario se transformó entonces en un auténtico aquelarre de folk metal, luces, fuego y fantasía donde “Fiesta Pagana” volvió a sonar como uno de esos himnos eternos que parecen inmunes al paso del tiempo.

Entre flautas, violines y guitarras rugiendo hacia la madrugada, también hubo un momento especial para Rafa Blas. El público manchego lo recibió con el cariño reservado a quienes juegan prácticamente en casa, en la tierra de Albacete que le vio crecer antes de acabar formando parte de una de las bandas más legendarias y respetadas de este país.

Mägo de Oz

Xana Lavey y Diego Palacio, de Celtian, se sumaron al escenario aportando todavía más magia, melodía y espíritu folk a aquella celebración colectiva. Pero la noche aún guardaba más sorpresas: desde algún rincón del pasado regresó Juanma Lobón, primera voz de Mägo de Oz entre 1988 y 1995, acompañado por Toni Corral al saxofón, despertando inevitablemente la nostalgia entre muchos de los que abarrotaban el escenario principal Negrita.

Sex Pistols

Acercándonos a la medianoche, en el ambiente ya se respiraban ganas de punk: guitarras sucias, ritmos acelerados, actitud desafiante, himnos callejeros y esa sensación de caos, rebeldía y libertad. Y todo eso tiene un nombre propio dentro de la historia del género: Sex Pistols.

Aunque entre los asistentes se respiraba cierta expectación e incertidumbre por descubrir qué versión de Sex Pistols iban a encontrarse con Frank Carter al frente del micrófono, cualquier duda saltó por los aires en cuanto comenzó el concierto. El escenario Cutty Sark ardió literalmente entre pogos y una descarga de punk salvaje que terminó conquistando a propios y extraños.

Sex Pistols

Es más que evidente que celebrar casi 50 años de historia no está al alcance de cualquiera. Y allí seguían Steve Jones a la guitarra, Paul Cook a la batería y Glenn Matlock al bajo, miembros originales de Sex Pistols, acompañados por un desatado Frank Carter al frente del escenario. Fue precisamente Frank Carter quien terminó provocando uno de los momentos más salvajes de la jornada al gritar al público: “Please, let’s have the biggest pogo of Viña Rock”. La respuesta fue inmediata: una gigantesca marea humana comenzó a agitarse alrededor del propio vocalista mientras interpretaba la explosiva “Pretty Vacant” completamente mezclado entre el público, convirtiendo el momento en un auténtico estallido de caos punk.

No faltaron clásicos inmortales como “Liar”, “God Save the Queen” o “My Way”, convertidos en auténticos himnos coreados por miles de gargantas frente al escenario. Entre canción y canción, Frank Carter no dejó de mostrar admiración y respeto hacia Steve Jones, Paul Cook y Glenn Matlock, llegando incluso a inclinarse ante ellos antes de gritar con orgullo: “A legend… The Sex Pistols!!”, reivindicando la grandeza de una de las bandas más importantes e influyentes de la historia del punk rock. Fue la chispa que prendió la mecha para lo que vendría después: el asalto final marcado por la contundencia de Hamlet —cuyo concierto se retrasó alrededor de quince minutos— y el magnetismo festivo de Seguridad Social.

Hamlet y Seguridad Social

Mientras los de Molly descargaban una auténtica lección de metal nacional sin concesiones, riffs afilados y violencia sonora, los valencianos se encargaban de poner a rugir a todo el Viña con himnos que hace tiempo dejaron de ser simples canciones para convertirse en parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Y así llegó el último gran estallido de la noche. El instante en el que todo pareció arder una vez más antes de que la madrugada comenzara lentamente a devorar el festival.

Todavía quedaban canciones sonando por la megafonía entre el polvo y las luces cansadas del recinto, pero en algún rincón de aquella madrugada todos empezábamos a sentir que la historia de Viña Rock 2026 se apagaba poco a poco, entre abrazos, ojeras y los últimos ecos de la música que todavía flotaban en el aire. No podemos ignorar que esta edición de Viña Rock llegó marcada por mucho ruido fuera de los escenarios, con el festival atravesando una transición compleja y cargada de incertidumbre. Pero si algo quedó claro durante estos días entre cervezas, guitarras y madrugadas infinitas, es que el espíritu de Villarrobledo sigue muy vivo.

Hamlet

A pesar de los cambios, de los líos y de todas las dudas que rodeaban esta nueva etapa, el Viña volvió a demostrar que pertenece, sobre todo, a la gente que lo llena cada año de canciones, abrazos y kilómetros de carretera. Nos marchamos con la esperanza de que esta nueva era sepa cuidar el legado construido durante casi tres décadas y con la mirada ya puesta en un 30º aniversario que debería convertirse en el gran reencuentro de toda una cultura.

Porque mientras sigan existiendo bandas dispuestas a dejarse la piel sobre un escenario, gargantas rotas al amanecer, pogos interminables y canciones sonando por la megafonía camino del camping… Viña Rock seguirá muy vivo. ¡Larga vida al Viña Rock!

Ben Marcus

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MariskalRock.com
Resumen de privacidad

Desde este panel podrá configurar las cookies que el sitio web puede instalar en su navegador, excepto las cookies técnicas o funcionales que son necesarias para la navegación y la utilización de las diferentes opciones o servicios que se ofrecen.

Las cookies seleccionadas indican que el usuario autoriza la instalación en su navegador y el tratamiento de datos bajo las condiciones reflejadas en la Política de cookies.

El usuario puede marcar o desmarcar el selector según se desee aceptar o rechazar la instalación de cookies.