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Crónica de la segunda jornada del Viña Rock con Barón Rojo, Celtas Cortos, Sexy Zebras o Poncho K en Villarrobledo: ¡inolvidable!

Barón Rojo

Lo bueno de un monstruo como Viña Rock es que, entre la multitud de bandas repartidas por todos los escenarios, siempre acaba apareciendo algún bombazo inesperado. Más allá de los grandes nombres del cartel, hay conciertos que te golpean casi sin buscarlos y terminan convirtiéndose en una de las sorpresas del festival. Y exactamente eso fue lo que ocurrió durante la jornada del Día del Trabajador.

Catalina Grande Piñón Pequeño

Había oído hablar de ellos, pero puedo decir que fuimos realmente afortunados los que pudimos asistir a la auténtica performance en el escenario Cutty Sark, de Catalina Grande Piñón Pequeño, uno de esos conciertos imposibles de explicar si no los vives desde dentro. Hay bandas que, más allá del estilo que practiquen, nacieron para el directo: puro espectáculo, descontrol del bueno y garantía absoluta de fiesta, sudor y buen rollo frente al escenario.

No, no es ninguna broma. “Barbies en Wallapop”, “Jabón de Lagarto” o “Gorro de piscina negro” son solo algunos de los delirantes títulos con los que esta banda de León atrapa al público desde el primer minuto, mezclando humor absurdo, punk salvaje y un caos tan surrealista como adictivo.

Catalina Grande Piñón Pequeño

David Verderón (vocalista), es un auténtico animal escénico. En pleno caos punk y surrealista, transformó el escenario en una especie de liturgia religiosa y macarra donde, tras un discurso espiritual sobre las virtudes de la cecina, comenzó a repartir canapés entre el público simulando una particular “comunión” pagana y rockera. Las primeras filas recibían su dosis entre carcajadas, brazos en alto y absoluto desconcierto, en una de las escenas más delirantes de todo el festival.

La locura siguió con “Riñones de leche”, dedicada por David Verderón a su padre, antes de enlazar “Cuattro Stagioni” y “Nocilla de dos colores” entre ironía, punk y desmadre absoluto. El remate llegó con “Los de la capi” y “Arroz con costillas”, convertidas en un auténtico campo de batalla de pogos, saltos y gargantas rotas frente al escenario.

Hubo tiempo incluso para celebrar el cumpleaños del técnico de sonido en pleno concierto, en otra muestra más del caos festivo que rodeaba a Catalina Grande Piñón Pequeño. Entre graznidos al micrófono, pogos y letras surrealistas, la banda dejó también una de las frases de la noche: “Entendemos el punk entre la violencia y el amor”, antes de pedir besos entre las parejas del público mientras el descontrol seguía creciendo.

Tras la presentación de la banda al más puro estilo Catalina, la versión de “Personal Jesus” de Depeche Mode fue ya la gota que colmó el vaso, antes de que David Verderón terminara en calzoncillos para afrontar los últimos bombazos de la noche reivindicando con orgullo a la gente de pueblo, la vida de pueblo y los productos de pueblo. “¡Que levante la mano quien sea de pueblo!”, gritaba al público antes de pedir que, a la de tres, todo el mundo berreara el nombre de su pueblo. “¡Cómo dijo el poeta! ¡Me voy para que me echéis de menos!”, soltó David entre aplausos y carcajadas antes de poner punto final a la salvaje actuación.

Forraje

A eso de las siete de la tarde llegaba el turno de esta banda gallega, que inicialmente se negó a participar en Viña Rock. Afortunadamente para el público, con el tiempo cambiaron de postura y terminaron descargando toda su furia rockera sobre el escenario Villarrobledo.

Forraje, fundada allá por 1998 y con media docena de discos a sus espaldas, la banda llegó a Viña Rock presentando un sonido compacto, sólido y sin artificios dentro de su característico rock urbano, descargando además buena parte de los temas de su gira “Entre tanta mierda”. “Solo pienso en ti”, “Queriéndome a solas” o “Entre tanta mierda” sonaron con contundencia sobre el escenario, mientras buena parte del público fiel, demostraba haber hecho los deberes coreando prácticamente cada canción de la banda de principio a fin.

Forraje

La otra cara del concierto estuvo en ese sector del público que llegaba con menos kilómetros recorridos junto a la banda. Ahí la conexión fue bastante más irregular, con momentos donde los riffs y la actitud de los músicos conseguían enganchar a las primeras filas, y otros en los que parte del respetable parecía desconectarse del todo. Aun así, la banda nunca bajó el pie del acelerador, defendiendo cada tema con oficio, tablas y esa sensación de rock de carretera curtido tras décadas subiéndose a escenarios.

Cutty Sark

El sofocante ambiente del día anterior dio algo de tregua con una tarde más fresca y un cielo cubierto sobre Villarrobledo. Pero la temperatura volvió a dispararse rápidamente con la llegada de este rock-autor al escenario Cutty Sark, capaz de calentar el ambiente solo con poner un pie sobre el escenario. Con 25 años de carretera a sus espaldas, la legión de seguidores frente al escenario era imposible de ignorar.

El concierto fue un auténtico viaje de carretera entre himnos rockeros como “Punki Gitano”, “Alfileres” o “Fijo en las paredes”, coreados a pleno pulmón. Pero entre tanta electricidad y ruido también hubo espacio para bajar pulsaciones y dejar que hablara el corazón: “Magia Pura” apareció defendida únicamente con su voz y una guitarra acústica, en uno de esos momentos íntimos capaces de silenciar durante unos minutos todo el caos de Viña Rock.

Poncho K

La sencillez y la grandeza de Poncho K no solo aparecen en sus canciones, también en cada palabra cuando deja a un lado el micrófono y la guitarra para hablar de frente al público. Tras los agradecimientos, dejó una frase que cayó como un golpe seco sobre Villarrobledo, en clara referencia a la ausencia de figuras como Robe Iniesta: “Siempre se van los buenos”.

Poncho K

¡Poncho K! Gracias por no cumplirlo. Porque cuando Poncho K anunció su retirada indefinida, muchos pensamos que el rock urbano perdía otra voz imprescindible. Por suerte, Villarrobledo volvió a tenerlo sobre el escenario. Con el tiempo justo para una rápida hidratación, Lèpoka tomaba el escenario dispuesto a desatar su particular tormenta de folk metal. Los castellonenses, fieles a su esencia, convirtieron el directo en un auténtico ritual de fiesta, desenfreno y cerveza en alto, mezclando melodías celtas, riffs contundentes y una actitud puramente rockera.

Lèpoka

El público, que a esas alturas de la noche ya abarrotaba cada rincón del recinto, terminó completamente entregado tras la descarga de Lèpoka, con el ambiente en ebullición y las ganas de fiesta todavía lejos de apagarse. La noche todavía guardaba momentos enormes. Y si había una banda capaz de recoger toda esa energía y llevarla todavía un paso más allá, esos eran los eternos Celtas Cortos, preparados para aparecer en escena como otro de los grandes platos fuertes de una jornada que no daba tregua.

Lèpoka

Celtas Cortos

Celtas Cortos demostraron estar en plena forma. Jesús Cifuentes y los suyos afrontan este año tan especial celebrando nada menos que cuatro décadas de trayectoria, y sobre el escenario dejaron claro que el paso del tiempo no ha hecho más que reforzar su personalidad, su energía y esa conexión tan particular que siguen manteniendo con el público generación tras generación. No faltaron ninguno de sus clásicos, "20 de abril", "Cuéntame un cuento", "La senda del tiempo", o temas icónicos incluyen como "Tranquilo majete" o "Haz turismo”.

Curiosa y muy acertada también la presentación de la banda, apareciendo en pantalla a modo de fichados policiales, con imágenes estilo registro de comisaría que encajaban perfectamente con esa actitud canalla y desenfadada que ya forma parte de su ADN. Aun así, ciertos pasajes instrumentales alargados en exceso terminaron enfriando por momentos la respuesta del público.

Celtas Cortos

Pasadas la una de la madrugada y tras la descarga de los vallisoletanos, pudimos contemplar como el festival conseguía unir a generaciones completamente distintas bajo un mismo cartel. Mientras Sexy Zebras (escenario Negrita) y Barón Rojo (escenario Villarrobledo) arrancaban prácticamente al mismo tiempo, el público se repartía entre ambos extremos del recinto ante uno de los choques más curiosos y atractivos de toda la noche.

Sexy Zebras

Sexy Zebras se marcaron un concierto simplemente brutal, con una explanada hasta arriba donde era prácticamente imposible moverse. Lo suyo fue una auténtica barbaridad desde el primer segundo: gente dejándose la voz en cada tema, cebras hinchables volando por todas partes, camisetas del grupo, pelucas y un ambiente completamente desatado que demostraba las ganas que había de verlos sobre el escenario.

Sexy Zebras

Da absolutamente igual que sonaran “Mañana no existe”, “C'est la vie” o “Jaleo”, porque con Sexy Zebras cada canción explota como si fuera el último himno de tu vida. Estribillos imposibles de sacarte de la cabeza, ese “Quiero follar contigo” retumbando entre guiños al “Come as You Are” de Nirvana y una explanada completamente fuera de control entre distorsión, pogos y cerveza volando. Y aun así, en medio de todo ese caos maravilloso, todavía fueron capaces de encogerte por dentro hablando de “un año jodido” y dejar a media explanada emocionada hasta los huesos.

Barón Rojo

Como ya he dicho, en el otro extremo de la explanada aguardaban los incombustibles Barón Rojo, celebrando nada menos que su 45º aniversario y demostrando una vez más por qué siguen siendo una referencia absoluta del rock estatal muchas décadas después. Eso sí, y quizá debido al enorme tirón de Sexy Zebras al otro lado del recinto, la presencia de público fue bastante más discreta de lo que probablemente merecía una banda de semejante calibre.

Barón Rojo
Ben Marcus

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