LO ÚLTIMO

Crónica de la primera jornada de Viña Rock con Medina Azahara, Leo Jiménez, Turbonegro o O'Funk'illo en Villarrobledo: Riffs y madrugadas eternas

Leo Jiménez

Desde su nacimiento en 1996 en Villarrobledo, Viña Rock se ha convertido en mucho más que un festival: es uno de los grandes templos de la música alternativa en España. Lo que empezó como una reunión de bandas de rock estatal acabó creciendo hasta mezclar rap, ska, punk, reggae o electrónica, siempre con el mismo espíritu rebelde, combativo y callejero que ha convertido a Villarrobledo en lugar de peregrinación para miles de personas cada primavera.

La edición de 2026 volvió a demostrar la dimensión de este monstruo: cerca de 100.000 asistentes, más de un centenar de artistas y siete escenarios funcionando durante cuatro días prácticamente sin descanso. Todo ello levantado en tiempo récord, apenas dos meses de trabajo contrarreloj y el esfuerzo de más de 1.800 profesionales para que Viña Rock siguiera en pie una vez más.

Pero entre pogos, guitarras y litros, hubo una ausencia imposible de ignorar: la de Robe Iniesta. Por primera vez, Viña Rock se celebraba sin una de las figuras más sagradas y respetadas de la historia del rock de este país, y el festival entero pareció empeñado en recordarlo. Durante los tres días se sucedieron homenajes improvisados, dedicatorias desde los escenarios y cánticos espontáneos del público.  Entre concierto y concierto sonaban himnos de Robe, por la megafonía y miles de gargantas los coreaban como si fueran parte obligatoria del cartel. Porque, aunque Robe no estuviera físicamente en Villarrobledo, su presencia siguió latiendo en cada rincón de Viña Rock.

Leo Jiménez

Después de pasar los pertinentes controles de seguridad, la descarga de Leo Jiménez ya esperaba en el escenario Villarrobledo Argimiro Martínez. Desde el primer minuto se sintió la potencia de la banda sobre las tablas y la arrolladora voz de Juan Daniel Jiménez, capaz de poner a vibrar al público con cada tema y dejar claro que el festival arrancaba para nosotros con el pie en el acelerador. “Hace mucho calor, pero la brisa nos da un poco de respiro”, soltó el exvocalista de Saratoga desde el escenario mientras el público aguantaba las altas temperaturas y seguía dejándose la garganta tema tras tema.

Leo Jiménez

El headbanging se convirtió en el lenguaje común entre Leo Jiménez y el público: melenas al aire, cuellos castigados y una auténtica descarga de energía compartida canción tras canción frente al escenario. Puro Heavy Metal disparado a toda velocidad. “Títeres con cabeza”, de su primer disco en solitario, “Mesías” o “Hijo de la luna” cayeron como auténticos martillazos, desatando una marea de puños en alto y gargantas rotas frente al escenario. “Cielo e Infierno” llegó además con una dedicatoria especial. “Normalmente se la dedico a los fans menores de 10 años porque gracias a ellos el rock continuará vivo, pero dadas las circunstancias…”, bromeaba Leo Jiménez antes de lanzar un grito que retumbó por todo el recinto: “¡Que siga vivo el rock and roll!”

La emoción también golpeó de lleno con “Grande”, dedicada al inolvidable productor Big Simón (Simón Echevarría). Entre riffs pesados y puños en alto, Leo Jiménez rindió homenaje a una de las figuras más queridas de la escena metalera, en uno de esos momentos donde el rock deja de sonar solo fuerte para sonar también desde dentro.

“¡Esto sí que es un temazo atemporal!”, gritó Juan antes de lanzarse con “Es por ti”, el clásico de Cómplices pasado por el filtro heavy de Leo Jiménez. Una versión potente y sorprendente que descolocó al público durante unos segundos… hasta que todo Villarrobledo acabó coreándola a pleno pulmón.

Mala Hierba

Desde Mallorca, Mala Hierba aterrizó a continuación en el escenario Cutty Sark para debutar en Viña Rock. Y bastaron apenas unos riffs para que su rock callejero nos golpeara de lleno con recuerdos inevitables a Marea o Barricada. Bajo el lema “El rock nunca muere… la Mala Hierba tampoco”, la banda mallorquina salió a ganarse al público con una actuación sin artificios: cruda, directa y con ese inconfundible aroma a rock callejero. Aunque la entrega sobre el escenario fue constante, la respuesta del público se mantuvo algo fría durante buena parte del concierto.

Mala Hierba

En medio de la descarga de “Mi Pecho Rasgaré”, “Quiero Que Vengas” u “Os cedo los estribos”, se coló también “Agila”, himno firmado por Robe Iniesta, desatando una ovación inmediata entre el público. La garganta rota y salvaje de Nico Galindo encajó como un puñetazo en el tema, llevando el espíritu más macarra y visceral de Extremoduro hasta el corazón de los allí presentes. “¡No te vamos a olvidar!”, rugió Nico Galindo varias veces durante su actuación, desatando una nueva ovación dedicada a músico fallecido.

“Venimos desde Mallorca, no hace falta que vayáis vosotros allí… nosotros nos movemos y volveremos siempre”, soltó Nico entre risas y aplausos, dejando claro el hambre de carretera y rock que arrastra Mala Hierba. “¡Hasta la próxima, Viña Rock!”, gritó la banda antes de despedirse entre aplausos.

O'Funk'illo

Era el momento del funk rock —o del “funky andaluz embrutessío”, como lo definen sus propios miembros— y, como no podía ser de otra manera, O'Funk'illo aterrizó en el escenario Negrita dispuesto a poner patas arriba Viña Rock. Sin duda, era uno de los platos fuertes del día. O'Funk'illo apareció en plena forma y con hasta ocho músicos sobre el escenario, en una auténtica fiesta de funk, rock y locura andaluza donde no podían faltar dos de sus grandes pilares: Andreas Lutz a la voz y el inconfundible Pepe Bao al bajo.

O'Funk'illo

La hermandad entre los “funkáticos” se respiraba desde las primeras filas. La mezcla salvaje de metal, flamenco y reggae, sumada a la potencia y la guasa marca de la casa de O'Funk'illo, desató una auténtica locura festiva al ritmo y baile de “En el campito”, “Rulando” o “Nos vamos pal’keli”.

“¿Estáis cansaos?” preguntaba Andreas Lutz mientras el público respondía saltando todavía más fuerte. Y es que O'Funk'illo fue a degüello desde el primer minuto; incluso cayó una ronda de chupitos en plena actuación, desatando todavía más la locura tanto sobre el escenario como entre el público.

Mención especial también para Óscar Álvarez Rifbjerg, que por unos segundos abandonó el teclado para marcarse un rapeado que terminó de incendiar al público y demostrar la versatilidad y el desmadre absoluto que desprende O'Funk'illo sobre el escenario. “No podemos llevar dinero en los bolsillos, nos lo gastamos, nos lo fundimos” retumbó decenas de veces en perfecta comunión entre banda y público, en uno de esos coros que acaban convirtiéndose en himno colectivo antes de la despedida final de O'Funk'illo.

Medina Azahara

Con un cambio de tercio, aunque sin movernos demasiado del sur marcado por la banda anterior, volvimos al escenario Cutty Sark, donde la formación liderada por Manuel Martínez Pradas ya calentaba motores para saltar a escena. Tras unos pequeños problemas técnicos y bajo la atenta mirada de sus fieles seguidores, algunos de ellos portando banderas y símbolos de Adamuz, Medina Azahara hacía finalmente su aparición sobre el escenario entre aplausos, expectación y aroma a puro rock andaluz.

Medina Azahara

Expectación, pero también cierta incertidumbre por comprobar el estado de forma de una banda que lleva más de 45 años dejándose la piel en la carretera y cuyo líder y vocalista, Manuel Martínez Pradas, a sus 75 años, ya ha anunciado que el grupo prepara su gira de despedida. Tras descargar “Paseando por la Mezquita” y “Algo Nuevo”, el propio Manuel tomó la palabra para mirar al público con una sonrisa cargada de nostalgia y soltar: “Cómo ha cambiado el Viña, ¿verdad?”. Una frase sencilla, pero suficiente para dejar entrever la añoranza de quien ha visto pasar décadas de carretera y ha sido testigo de la evolución de todo lo que hoy representa Viña Rock.

“Hay un tipo que se dedica a tirar petardazos y matar gente por todo el mundo… esta canción se la dedicamos al presidente Donald Trump”, soltó Manuel antes de arrancar con “Tierra de la Libertad”, en uno de los momentos más reivindicativos y combativos de la actuación de Medina Azahara. “El Lago” y “Tu Frialdad” fueron calentando todavía más el ambiente antes de la llegada de la archiconocida “Necesito Respirar”, el himno que prácticamente todo el público esperaba corear frente al escenario.

Antes de despedirse, Medina Azahara aprovechó para presentar uno a uno a los miembros de la banda, recibiendo cada músico una sonora ovación del público. Como cierre definitivo, una potente versión instrumental de “The Final Countdown” puso el broche final a una actuación cargada de nostalgia y con un inevitable aroma a despedida definitiva tras más de cuatro décadas de carretera.

NoWayOut

 Saltamos de nuevo al escenario Villarrobledo Argimiro Martínez, donde los barceloneses NoWayOut arrancaban su actuación a guitarrazos limpios, descargando una buena dosis de potencia desde el primer segundo. Aunque formada en 1998, la sensación inicial era la de estar ante una banda todavía desconocida para gran parte del público del festival, con unas primeras filas algo tímidas y dispersas. Sin embargo, la contundencia de los riffs y la intensidad de la actuación fueron haciendo su trabajo poco a poco, atrayendo cada vez a más asistentes hasta convertir el escenario en un pequeño hervidero de saltos y cabezas agitándose al ritmo de la música.

NoWayOut

Con un parón largo en la actividad musical a sus espaldas, NoWayOut regresaba a los escenarios con ganas de reivindicarse y demostrar que todavía tienen mucho ruido que ofrecer. “Piso el escenario, y ya está. Todo lo malo que ha pasado se va olvidando… y no hay marcha atrás. Ya no hay marcha atrás”. Con esa declaración de intenciones extraída de “Efectos Secundarios”, NoWayOut puso a Txosse (voz y guitarra), Noel Campillo (voz y guitarra), Fèlix Muñiz (voz y bajo) y Oxi Ros (batería) a descargar toda la rabia y energía acumulada tras su regreso a los escenarios.

Turbonegro

De vuelta al escenario Cutty Sark, los noruegos Turbonegro pisaron las tablas con su explosiva mezcla de glam rock, punk y hard rock disparada a quemarropa. Un sonido sucio, provocador y acelerado. El espectáculo de Turbonegro no solo estuvo en la música. Cuero, denim, gorras marineras, cadenas y chalecos repletos de parches convirtieron el escenario en una auténtica convención “deathpunk”, la estética macarra y provocadora que acompaña desde hace años tanto a la banda como a su legión de seguidores, la conocida Turbojugend.

Turbonegro

“All My Friends Are Dead”, “Fuck the World” o “The Age of Pamparius”, himnos salvajes, que cayeron una tras otra como auténticos misiles sobre Villarrobledo durante la salvaje descarga de Turbonegro. Cada riff parecía empujar todavía más al público hacia el caos, entre pogos, empujones y una nube constante de distorsión y sudor. Duke of Nothing, vocalista de Turbonegro, hizo ondear la bandera con el símbolo de la banda mientras llevaba al público hasta la histeria final entre gritos, fuego y una descarga constante de puro punk escandinavo.

Killus

Pasada la una de la madrugada, ya en pleno 1 de mayo, nos adentramos en la “atmósfera de las profundidades del caos sónico y el éter digital” —tal y como describe la propia banda su universo— para presenciar la actuación de Killus en el escenario Villarrobledo. Rubén “Ruk” a la guitarra, Josué “Premutoxx” al bajo, Javi “Ssagittar” a la voz y Ángel “Anhell Stixx” a la batería cumplieron desde el primer minuto la promesa lanzada al arrancar el concierto: aquello no iba a ser solo una actuación, sino un auténtico ritual, una invocación de caos y oscuridad.

Killus

“Burning Out”, “Vortex” o “Ultrazombies” fueron claros ejemplos del descenso a los infiernos que proponía Killus, un viaje oscuro y enfermizo entre metal industrial, maquillaje extremo y atmósferas decadentes que por momentos recordó al universo más macabro de Marilyn Manson.

¡Mención especial merecen también las sorprendentes versiones que Killus ha llevado a su terreno más oscuro y enfermizo, como “Gimme! Gimme! Gimme!” de ABBA o “The Look” de Roxette. Precisamente con esta última, la banda rindió además un pequeño homenaje a Marie Fredriksson tras el fallecimiento de la icónica cantante sueca, transformando el clásico en una descarga industrial tan sombría como adictiva.

Killus es, sin duda, una de esas bandas que podrían sonar perfectamente mientras el mundo se derrumba. Su mezcla de metal industrial, oscuridad, distorsión y estética decadente convierte cada canción en la banda sonora ideal para un paisaje postapocalíptico

Ben Marcus

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MariskalRock.com
Resumen de privacidad

Desde este panel podrá configurar las cookies que el sitio web puede instalar en su navegador, excepto las cookies técnicas o funcionales que son necesarias para la navegación y la utilización de las diferentes opciones o servicios que se ofrecen.

Las cookies seleccionadas indican que el usuario autoriza la instalación en su navegador y el tratamiento de datos bajo las condiciones reflejadas en la Política de cookies.

El usuario puede marcar o desmarcar el selector según se desee aceptar o rechazar la instalación de cookies.