Decir que todos los festivales son iguales es una generalización tan errónea como cualquier otra. Frente a las citas que son auténticos parques temáticos del postureo donde la música importa un pimiento, todavía quedan valientes que montan eventos desde la más absoluta independencia y se preocupan por configurar un cartel variopinto en el que en realidad ninguna banda está por encima de otra, a pesar de que existan, evidentemente, nombres con un importante arraigo en el personal.
Esta última idea la aplica a rajatabla el festival Canela Party de Torremolinos y por eso mismo la totalidad de las actuaciones nunca alcanzan ni siquiera la hora de duración. Un ritmo dinámico que hace que cada jornada se esfume sin la menor sensación de aburrimiento hasta llegar a ese último día que es casi como una dimensión aparte en el que público y artistas se disfrazan, legando infinidad de imágenes irrepetibles para la posteridad.
Cierto es que hay cosas mejorables, como seguir empleando esos ya desfasados baños de plástico tan típicos de los festivales en secarrales patrios, pero pocos sitios pueden presumir de una organización tan trasparente a la hora de divulgar precios, así como en dar respuesta a los retos que vayan apareciendo. La rápida sustitución de Unknown Mortal Orchestra por emergencia médica por los estadounidenses Friko fue para dar sopas con honda a otros festivales que ni siquiera se molestan en ofrecer una alternativa aceptable cuando les falla alguna banda o artista. Y desde luego merecen un aplauso los encargados de redes sociales y de frases tan inapelables como “Sí al pogo, no a la guerra” o “El reto marrón, en tu casa, cabrón”.
El sueño shoegaze de una noche de verano
Vayamos sin más dilación a lo que nos depararon las tres jornadas. En la primera, hubo cambio de horario por problemas con el vuelo de Prostitute y eso nos fastidió un poco, pues pensábamos prescindir por completo del proyecto de folk gallego electrónico de Baiuca a última hora, pero tampoco resultó un problema significativo.
Los catalanes Me and the Bees evocaron el candor y la inocencia de los amores adolescentes en plan Los Fresones Rebeldes con notable eficiencia y temas que eran un chute de optimismo, caso de “Me va genial”, “Tú no” o “Aurf!”. Han vuelto con su formación original y un cuarto disco después de ocho años en el que por primera vez incluyen letras en castellano, lo cual nos parece un acierto por completo, aunque también molaban en la lengua de Shakespeare. Todo un grupazo para apuntar el nombre, por mucho que a uno le tire más o menos la tralla.

Mucho más rebuscados se antojaban los londinenses Man/Woman/Chainsaw, con estructuras enrevesadas a caballo entre el post punk y el rock alternativo, además de contar con diferentes voces a cargo de su bajista, guitarrista y teclista. A pesar del indiscutible gancho del single “Only Girl”, para degustar sus curiosas composiciones quizás sí que había que tener el día predispuesto para ello. Animamos, sin embargo, a pegarle una escucha a su recién estrenado debut ‘Cannonball’, que salió a la luz hace escasas semanas. Llamarán la atención fijo.
En el Canela había que estar preparado para aceptar propuestas tan experimentales como la del otrora Black Midi Geordie Greep, que mezclaba así sin despeinarse ritmos latinos con free jazz o rock progresivo. Una peculiar ida de olla en la que también cabían alaridos o los enérgicos movimientos de su líder, que en ocasiones dirigía a su banda como un director de orquesta clásica. Este genio londinense ya había estado con su anterior banda en el festival, así que tal vez por eso el respetable recibió esta chaladura de buena gana con movimientos espasmódicos de comuna hippie. Para ir muy drogado.

Lo de Melody’s Echo Chamber fue, por el contrario, el sueño shoegaze de una noche de verano. Como abrir la puerta hacia otro mundo, con voces etéreas y un colchón de neopsicodelia que sin duda elevaba hacia un plano superior. Prueba de esto último eran piezas, o más bien ensoñaciones, del calibre de “In The Stars” o “I Follow You”. No suele prodigarse demasiado por la península, por lo que aquello se antojaba un regalo para puros melómanos. Si Slowdive o My Bloody Valentine te ponen la piel de gallina, ya estás tardando en añadir a esta francesita a tu lista de reproducción.
Triada hardcore
Otros que habían regresado tras casi una década de silencio discográfico eran los británicos Basement. En teoría se suponía que se trataba de una formación de culto de post hardcore o punk melódico, pero la peña se emocionó de lo lindo y no pocos fueron llevados en volandas a lo largo del show. Milagros de este estilo acontecen de vez en cuando en el Canela y uno se sorprende de la cantidad de seguidores que puede tener un grupo underground. “Covet” o “Are You The One” no se tornaban malos puntos de partida para el que quisiera indagar en este combo que bebe tanto del rock alternativo de los noventa como del sonido emo de comienzos del nuevo milenio.

Los incorporados a última hora Friko demostraron sólidas tablas en directo con un indie rock con efluvios folk o guitarrero a lo Kaiser Chiefs en determinados momentos. “Seven Degrees”, punta de lanza de su reciente disco ‘Something Worth Waiting For’, delataba asimismo un marcado gusto por las melodías añejas en la escuela The Beatles o Big Star. Sumemos también a las increíbles ganas que le echaron un vocalista notable con cierto deje a lo Matt Bellamy (Muse), que no dudó en emular los epilépticos movimientos de Ian Curtis en la versión “Ceremony” de New Order. ¡Apunten su nombre!
Lo gordo de la jornada llegó con la triada hardcore que inauguraron Maruja, oriundos de Mánchester que iban a tocar en la pasada edición, pero tuvieron que cancelar. Con la vocación de saldar la deuda, se presentaron y triunfaron por completo con su personal fusión de post punk, jazz y post rock que en directo tiraba más hacia el hardcore, algo que no acertamos a vislumbrar al escucharlos en estudio.

Resulta complicado pillarle el sentido a sesudas composiciones del estilo de “Saoirse” o “Bloodsport” si uno se las pone en casa, pero en las distancias cortas añadían un componente de salvajismo que no dejaba indiferente. Y eso por no hablar de su hipnótica trompeta que te abría en bloque las puertas hacia otra dimensión. Puro espectáculo que desató pogos tremendos entre la concurrencia y además ganó puntos por su encendido apoyo a Palestina y otros pueblos oprimidos, aparte de su encendido mensaje de solidaridad y empatía. Fan desde ya.
Pasando por el alto el proyecto electrónico de Baiuca, nos acercábamos al final de la noche con los aguerridos hardcoretas de Speed, que pusieron patas arriba el recinto con rotundos cortes que te volaban la cabeza y un frontman bestial que no paraba quieto y que parecía también algo molesto porque hubiera tanta separación entre artistas y público. Dijo que en su Australia natal tocaban en lugares con los fieles más pegados al escenario, pero eso tampoco fue un inconveniente para que la liaran pardísima con mosh pits, circle pits y demás parafernalia del género. Dios, así uno podía irse bien descansado a la cama.

Pero antes había que catar la curiosa amalgama de post punk, hardcore y ritmos orientales de Prostitute, a los que dejaron para cerrar la primera jornada por problemas con su vuelo, como ya hemos dicho. Hubo que aguantar el comportamiento cavernícola de algunos indeseables que lanzaron vasos al escenario, pero la organización ya amenazó con expulsión del recinto sin posibilidad de volver a entrar a los descerebrados a los que se les posó semejante mierda en la cabeza. Piezas como “All Hail” revelaron sin duda una personalidad desbordante en su estilo.
Hazlo realidad

Al igual que el día anterior, también hubo grupos como Gazella para elevarse varios palmos sobre el suelo. Su estilo bebe a paladas de Slowdive, pero bordaban tanto las melodías vocales como las atmósferas oníricas que esa acusada influencia se olvidaba en cuanto uno oía temazos del calibre de “Velcro” o “Sol Menor”. No hubo pogos, pero fue un recital muy intenso, todo un despliegue de tristeza infinita. Maravillosos, en sala deben poner el corazón en un puño.
La expresión “Make It Happen” (“Hazlo realidad”) de la inmortal letra de “Flashdance… What A Feeling” de Irene Cara sirvió a Fuet! para dar pistoletazo de salida a un show incendiario que levantó de un plumazo el ánimo de la mayoría. Esto era como tomarse varios chupitos de golpe y eso valió a muchos para marcarse los primeros pogos del viernes. Se acordaron de “la peña del hardcore de Málaga” tras propinar puñetazos sonoros de la contundencia de “Think Think Think” y no perdieron empaque con otros trallazos para volar cabezas como su último single “Roll With It” o el homónimo “Make It Happen”. Que nos quiten lo bailao, que decía aquel.

Que después de hardcore te pusieran el flamenco experimental aderezado de electrónica de Ángeles Toledano parecía casi una broma de mal gusto, por lo que sufrimos un importante bajonazo. Tal vez en otro contexto se podría haber apreciado mejor la típica propuesta homenaje a las raíces que siempre se suele incluir en el Canela. Eso sí, la vocalista se quedó con el personal cuando se quitó su vestido de tonadillera y se metió entre la muchedumbre como si fuera una fan más.
El indie rock trufado de power pop de Weird Nightmare era otro de esos palos que tampoco suelen abundar demasiado en el festival, a pesar de que el líder Alex Edkins ya había estado en el Canela con su otra banda Metz. Canciones redondas como “I Think You Know” o “So Far Gone” delataban influencias de The Replacements, Elvis Costello, Big Star y otros nombres fundamentales del género, por lo que ya nos ganaron de inmediato. Y nos cautivaron definitivamente incorporando un fragmento de “Surrender” de Cheap Trick a “Might See You There”. Joyaza de grupo.

Desde Filadelfia y bajo el aval de la histórica discográfica Epitaph Records Mannequin Pussy se han convertido en una de las grandes sensaciones del punk contemporáneo y eso hasta les ha permitido recientemente acompañar a estrellas de la envergadura de Foo Fighters o Queens of the Stone Age. En directo agradaron, pero tampoco justificaron el excesivo hype en torno a ellos. Eso no impidió que mucha peña literalmente volara por los aires o que se aplaudiera al final a rabiar el discurso de la vocalista sobre la importancia del activismo político para impedir que sátrapas como Donald Trump acaben en el poder.

Los londinenses High Vis también disponían de un aval tan potente como haber abierto para Turnstile en su última gran gira europea y no menos cautivador se tornó su hardcore aperturista con guitarras a lo Siouxsie and the Banshees e influencias tan curiosas como Gang of Four o Hüsker Dü. Piezas como “Walking Wires” o “Choose to Lose” aportaron tanto frescura como una inesperada vuelta de tuerca a un género trillado de por sí en el que sorprender resulta complicado. De lo mejor del festival.
Primos hermanos y elevadas sensaciones
Podría decirse que los madrileños La Paloma son primos hermanos de Carolina Durante a nivel musical, pero seguramente porque no les hemos visto tantas veces no nos provocan la pereza infinita de estos últimos. Tuvieron problemillas con el sonido en el comienzo y eso les obligó a empezar de nuevo un tema, pero a partir de ahí el bolo fue como un cañón con principales éxitos como “Todavía no”, “La edad que tengo” o su canción bandera “Bravo Murillo”, donde renunciaron a hacer “la bromita sobre los áticos en Madrid”.

Están en la actualidad es un momento dulce, a pesar de que aún no dispongan del tirón de Carolina Durante, y casi mejor, para que así conserven ese enfoque callejero y aire garajero que todavía no han perdido por el camino. Hay que aprovechar para verles antes de que se hagan grandes.
Y cerramos el día con nuestros adorados Rufus T. Firefly, que se adelantaron a la fiesta de disfraces del sábado y aparecieron todos ataviados en pijama. Fue un recital un tanto raro en el que dieron rienda suelta a su faceta más puramente psicodélica e instrumental. Sentimos bastante que se olvidaran de su himno “Nebulosa Jade”, pero el inmenso inicio con “El coro del amanecer” nos puso la piel de gallina como pocas veces en el festival.

Son tan buenos en directo que a veces incluso da igual lo que toquen. Echamos muchos temas en falta, pero preferimos quedarnos con las elevadas sensaciones que nos legaron en “Todas las cosas buenas” o “Sé dónde van los patos cuando se congela el lago”, en clara referencia a la inmortal obra ‘El guardián entre el centeno’ de J.D. Salinger. Menos mal que recuperaron el rock setentero vía Led Zeppelin en “Río Wolf”. Tocamos más el cielo en la gira de presentación de su último disco en salas, pero nunca decepcionan. No está en su naturaleza.
Una poción mágica y un circo sin igual
La jornada del sábado, con la tradicional fiesta de disfraces de cada año, se abrió con el descaro punk de Amor Líquido, que en ocasiones remitía a su banda amiga Las Petunias o a Aiko el grupo. Sacarán nuevo disco en septiembre, pero en su debut ya disponían de auténticos himnos como “Mírame” o “A ver quién miente más”. Retrato certero de esa generación pérdida que se topó con crisis, pandemia y todavía lucha por salir a flote. Rabia contra el sistema.
El murciano Joseluis y su banda sorprendieron al irrumpir en escena todos ataviados como Elvis. Su fórmula tampoco revestía de demasiada dificultad al tratarse de ese indie rock de regusto festivalero con estribillos memorables para corear o pasar un rato divertido. “Fortuna” o “Navajas de Albacete” son claros ejemplos de ello, al igual que “Guapo”, donde intercalaron un fragmento de “Suspicious Minds” del rey del rock n’ roll, muy apropiadamente para justificar su disfraz colectivo.

Los pogos llegaron con el desquiciado punk a lo Desechables de Sandré, una bomba sónica que puso patas arriba el recinto desde bien temprano. Si ya hay que ser muy pijo para que no te remuevan lo más mínimo trallazos del calibre de “No”, “Géminis mal” o “Miedo a la vida”, contaban además con una carismática frontwoman, que por supuesto surfeó entre la muchedumbre como si se tratara de lo más normal del mundo. Para brillar todavía más, tuvieron de invitado de honor a Dandy Piranha, de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba y Cervatana, en “Cabeça”, otra maravilla que haría las delicias de fans de Parálisis Permanente o Biznaga. Incendiarios.

Karen Dió era una brasileña afincada en Reino Unido que reproducía al milímetro los postulados del movimiento Riot Grrrl, algo verdaderamente patente en “Sick Ride”, que hasta desató un circle pit. Habló en portugués para congraciarse con el respetable y hasta se atrevió con una versión punk del repugnante “Aserejé”. Anda que no podían haber elegido un tema más rockero, pero lo cierto es que pusieron mucho fuego en el asador y la lideresa estaba tan motivada que hasta hizo una cabriola al final. Volverá por estos lares, seguro.
En teoría los californianos Wavves eran una vieja aspiración de la organización del Canela, pero no nos dijeron nada por un deficiente sonido en el que no se escuchaban las guitarras, solo el bajo y la batería. Despojar a un grupo de rollo garajero de ese importante componente era casi como matarlo en directo, pero al personal no pareció molestarle aquello, pues muchos surfearon entre la multitud y vivieron el bolo como una auténtica fiesta. En otras condiciones podrían haber brillado.

A pesar de tratarse de una banda con sintetizadores onda OMD o New Order, Nation of Language sí que contaron con un sonido tan potente como envolvente, remitiendo al tecno pop ochentero, por un lado, pero también a los pioneros de la electrónica Kraftwerk o a nuestros Aviador Dro. Los miembros ataviados con trajes de hechiceros insuflaron todavía más la sensación de tratarse de un renglón aparte en la propuesta del festival.
“This Fractured Mind” o “Across That Fine Line” eran la prueba de que habían descubierto una especie de poción mágica del synth pop de la década de las hombreras, pero con un filo contemporáneo y sin quedarse anclados en la noche de los tiempos. Brillantes.

Los tan en boga Carolina Durante cada vez nos provocan más pereza, a pesar de haber seguido al grupo desde los inicios. Nos sucede algo parecido a lo que pasó con Muse una vez se pusieron en boca de todo el mundo tras el disco ‘Absolution’. Su asimilación al mainstream ha sido tan descarada que a veces uno no siente que esté en un concierto de rock viendo a gente que podrían ser seguidores de los madrileños, o de La Maravillosa Orquesta del Alcohol, por poner otro significativo ejemplo.
Al margen de apreciaciones particulares, la verdad es que los directos se los curran bastante. En este caso, incluso montaron una suerte de gran circo de los de antaño, con el vocalista Diego en el papel de forzudo y toda una troupe de payasos, mimos y hasta una fiera enjaulada en el fondo del escenario. Ya solo por ese detalle, su recital fue de los que se recordarán en el tiempo, además de canciones como “Joderse la vida” o “Elige tu propia aventura”, que se han convertido en parte del acervo cultural de una generación.

Pero seamos justos, también se acordaron de su faceta más punk con “Aaaaaa#$!&”, de los mejores temas de su repertorio, y se agradece que aún sigan tocando “Las canciones de Juanita”, de su primer larga duración. Hay que admitir que en la actualidad son todo un fenómeno social, cualquiera llegaría a esa conclusión tras escuchar a la peña desgañitarse con “Hamburguesas”. Para gustos, colores.
Tormenta inmisericorde de blackgaze
Con el precedente de una ocasión en la que Idles tocaron en el Bilbao BBK Live y la mayoría huyeron por la crudeza de su propuesta, pensábamos que con los salvajes Deafheaven sucedería prácticamente lo mismo, pero nos impactó la afición a la tralla burra de muchos de los asistentes del festival. Esta enorme aceptación hacia unos de los principales referentes del llamado “blackgaze” pareció pillar con el pie cambiado a los mismos norteamericanos, que alabaron en repetidas ocasiones la entrega de la parroquia.

Bajo un sonido demoledor de los que despeinaba, desgranaron enrevesadas composiciones del estilo de “Body Behavior” o “Winona”, con la furia del black metal y el poso atmosférico del shoegaze. Y todo ello comandado por un enérgico vocalista que se dejó el sudor y casi hasta el alma para que allí se montara un pitote inolvidable con pogos, circle pits y demás parafernalia. Al final hasta le tiraron un sombrero de flores que recogió a modo de ofrenda.
Qué bien sentaba un aporte metálico exquisito de semejante categoría. Diría que básicamente acudimos al festival por ellos y no nos decepcionaron en absoluto, aunque fijo que su potencial se incrementa en salas pequeñas repletas de niebla. Intensidad, pasión, una pericia instrumental encomiable y un ritmo de locomotora generaron una tormenta inmisericorde que cayó sobre la multitud cual maná del cielo. Alabados sean.

El listón había quedado demasiado alto, pero tomó el relevo de manera muy digna el quinteto de Atlanta Upchuck, con su afropunk rock de muchos quilates que impidió que nadie se durmiera. La cantante KT Thompson era otra fiera desatada de un nivel muy similar al de su aguerrido precedente en el otro escenario. Si te gusta el punk rock a lo Amyl and the Sniffers, no debería caer en saco roto un temón y una declaración de principios como “Freaky”.

Y para cerrar el Canela, por lo menos para un servidor, porque esos horarios hasta las cinco de la mañana se nos van de las manos, recurrimos a Las Petunias, otro grupo punk de chicas tan descaradas como divertidas, pues no tuvieron problema en admitir que estaban allí para “hacer el canelo”. Me jugaría el cuello a que ninguno de los asistentes salió defraudado de su recital, que comenzó con la versión de Cariño “Si quieres” y adquirió ya una velocidad importante con “Agota la suerte” o “Avda Andraitx”. Otras bandas de su rollo están más enfocadas al pop, ellas enarbolan con orgullo la bandera del macarrismo y de la sencillez, la letra de “Marcelo Criminal” resume de un plumazo sus líneas maestras. Cuidado, podrían arrancarte la piel a tiras y luego comérsela.
Fue una edición en la que sobresalió tanto la tralla hardcore como el blackgaze purificador, entre otras propuestas tan curiosas como las de Nation of Language o Gazella. Y más de 16.000 personas apoyaron el evento con su presencia durante tres jornadas en las que la temperatura no fue tan sofocante como antaño, lo que siempre es de agradecer. Una cita termina y otra empieza a vislumbrarse en el horizonte con los primeros nombres confirmados para 2027. Esa ya es otra historia.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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