Probablemente el power pop sea uno de los géneros que un servidor escucha con mayor satisfacción en la actualidad, ya sea en casa o en conciertos. Pocas combinaciones nos resultan más insuperables que esa de guitarras enérgicas y estribillos memorables de los que no salen de la cabeza en una larga temporada. Y lo cierto es que el estilo debe vivir un momento boyante por la cantidad de grupos de ese palo que cada dos por tres recalan en las inmediaciones.
Si hace pocos meses pudimos ver a Uni Boys, ahora era el turno de The Speedways, considerados “los reyes del power pop londinenses”, algo que parecía más una exageración, pues el único monarca en este rollo debería ser Paul Collins. A pesar de esa inflada carta de presentación, los británicos consiguieron juntar a un número nada despreciable de seguidores en el piso superior del Kafe Antzokia bilbaíno a las puertas del fin de semana.
Era una cita fundamental para melómanos y fans de Cheap Trick, The Ronettes y todas las grandes Bs de la historia de la música, esto es, The Beatles, Big Star o The Beach Boys, entre otros. Los ingleses contaban con tres álbumes de estudio bastante decentes y un recopilatorio con canciones regrabadas de su trayectoria hasta la fecha. Mucho se tendría que torcer la cosa para que no fuera una noche memorable.
The Speedways
Nacidos como un proyecto en solitario del cantante y guitarrista Matthew Julian, The Speedways tampoco puede decirse que inventen la rueda en el género, pero seguramente no sea esa su intención, sino rendir pleitesía a las grandes formaciones o artistas que les han influenciado. Así parece quedar claro desde el vitaminado comienzo con “All I Want”, con melodías de las que crean afición y una notable competencia sobre el escenario. Se les notaba muy rodados, a pesar de que lleven juntos solo desde 2018, ni siquiera habían cumplido una década.
“I Shouldn’t Have Tried To Leave You” poseía un aire a los primeros The Beatles que era una maravilla, aunque la versión en estudio con la colaboración de una voz femenina se tornaba casi insuperable. “Luna” y “Kisses Are History” siguieron engrandeciendo la velada, así como su contrastada capacidad para facturar temas redondos. Sin apenas hablar, imprimieron además un ritmo frenético al bolo, un recital de esos en los que si parpadeabas, ya te habías perdido bastante.
Señalaron que era su primera vez en la capital vizcaína. De hecho, ahí comenzaron una larga gira peninsular de hasta once fechas que les mantendrá por estos lares hasta casi finales de septiembre. Y si en el resto de conciertos mantienen el entusiasmo del arranque, es probable que no dejen indiferente al personal.
“Missed Opportunities” se convirtió en un detalle de los británicos a la afición, pues la presentaron como una pieza nueva, y presumieron de codearse con el rey del power pop, Paul Collins, en “Angela Sincerely”, que participó en dicho temón redondo, con ecos también a los contemporáneos The Lemon Twigs. En los tiempos más contenidos, caso de “A Double Shot of You”, brillaban con igual profesionalidad. La única pega que les pondríamos es que su power pop tal vez sea demasiado de manual, sin apartarse ni un milímetro de los preceptos del género, pero para los forofos aquello tampoco se consideraba un problema.
Y así sin darnos cuenta nos plantamos prácticamente en la recta final del concierto con “Telephone Lies”, otro brillante ejercicio de estilo antes de una memorable “In A World Without Love It’s Hard to Stay Young”, de lo mejor de su catálogo. La versión de Nick Lowe “Heart of the City” les sirvió a los londinenses para despedirse por unos breves momentos, a pesar de no haber llegado ni siquiera a la hora.
Un servidor siempre entendió este género como un derivado del punk en cuanto a actitud, por lo que un recital corto no iba a suponer un inconveniente. Por fortuna, no se hicieron mucho de rogar y regresaron a las tablas para otorgar la estocada con la fantástica “Number Seven” y la no menos pegadiza “Tonight You’ll Find Love”, otro de los puntos álgidos del bolo. Todavía poseían una revisión más en la recámara, “Starry Eyes”, de Roky Erickson, aunque quizás hubiera encajado más algo de Elvis Costello.
Fue una sesión de power pop a piñón fijo, una clase magistral para explicar de un plumazo los fundamentos del género y tomar apuntes acerca de lo que debería tener un auténtico hit en este estilo. Que regresen cuanto antes. Un pecado perdérselos si pasan cerca de tu ciudad.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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