Casi tenemos ante nosotros la segunda jornada del Iberia Festival en 2026, que se celebrará el próximo 26 de septiembre en el Auditorio Julio Iglesias de Benidorm (entradas aquí) y cuenta con un variopinto cartel en el que estarán bandas tan míticas como 091, La Frontera o Duncan Dhu, entre otras. Precisamente, los primeros viven en la actualidad un momento boyante tras la publicación de su disco ‘Espejismo nº 9’, conjurando a la nostalgia y sin acomodarse décadas después de su creación. El guitarrista y compositor José Ignacio Lapido comparte sus impresiones con Alfredo Villaescusa, muy agradecido por entrevistar a toda una leyenda patria.
Muchos grupos interesantes de los ochenta se quedaron por el camino, ya sea por el fallecimiento de alguno de sus integrantes o bien por el hastío vital que surge cuando uno empieza a comprobar lo que decía aquel de que la vida iba en serio y que hay que comer, pagar alquileres y demás preocupaciones mundanas. Tal vez lo que hicieron los granadinos 091 de tomarse un tiempo para dedicarse a sus propios proyectos debería prescribirse a todas las formaciones con varias décadas a las espaldas.
No cabe duda de que volvieron con energías renovadas tras regresar a los escenarios en 2016, un entusiasmo que no ha aflojado lo más mínimo a día de hoy, según lo que nos contaba el guitarrista José Ignacio Lapido.
Así se tomarán su participación en la segunda jornada del Iberia Festival: “Lo afrontamos con mucha ilusión, como corresponde en un festival con tanta categoría que lleva ya un tiempo programando a grandes bandas. Es la primera vez que vamos y estaremos además acompañados por grandes compañeros como Duncan Dhu, La Frontera o La Orquesta Mondragón. Para nosotros, ese es el ambiente ideal para dar un gran concierto, que es lo que vamos a intentar”.
091 llevan ya un tiempo recorriéndose la geografía presentando su último disco, el flamante ‘Espejismo nº 9’, pero en el repertorio habrá también hueco para canciones de otras épocas: “Nosotros tenemos un pasado del que nos sentimos muy orgullosos y nuestros seguidores demandan escuchar también en los conciertos canciones de los años ochenta y noventa. Tenemos un montón de ellas, así que podemos intercalar temas nuevos con clásicos”.
Obviamente, no resulta lo mismo un concierto propio que participar en un festival, pero los granadinos suelen configurar de esta manera sus espectáculos: “Ya sabes tú que en los festivales hay un tiempo de actuación más reducido que cuando vamos a salas, que tenemos el tiempo que queremos nosotros y los repertorios son más amplios. En los festivales, por motivos lógicos de que hay más grupos en el escenario, tienes que acortar el show y ceñirte al horario que te dan, pero claro, haciendo un equilibrio entre clásicos y canciones del nuevo disco”.
Al compartir cartel con grupos veteranos, Lapido guarda buenas memorias de ellos: “La Frontera empezaron prácticamente en el mismo momento que nosotros. En el 84 o 85 creo que tocamos incluso con la formación original en un concierto que compartimos en Madrid, y luego hemos coincidido más veces, evidentemente. Y con Duncan Dhu, ellos eran un poco más jóvenes, pero no mucho más (risas). Empezaron dos o tres años después de nosotros y digamos que generacionalmente son también compañeros nuestros. La Orquesta Mondragón sí que era un poco anterior, pero bueno, es un clásico del rock español y estamos muy contentos de compartir cartel con ellos. Cuando era muy jovencillo, antes de tener el grupo, les vi aquí en directo en Granada, cuando sacaron el primer disco, llevaban a Jaime Stinus a la guitarra, salía Popotxo y todo eso”.
La maldición de los veteranos
Parece que lo normal hoy en día es apostar por el talento emergente y casi se torna en determinados sectores una osadía dar voz a bandas veteranas, que al final fueron las que crearon una escena de la nada. El guitarrista envidia en cierta manera la consideración hacia los mayores de otros lugares: “En Estados Unidos hay un respeto por las nuevas bandas, pero también por las veteranas. Allí ven con una naturalidad absoluta que bandas de los sesenta y los setenta sigan girando, y además compartan escenario con grupos nuevos. Aquí en España parece más raro, pero tenemos que asimilar que el rock va cumpliendo años, y con ello los que lo hacemos, pero la creatividad, las ganas y la energía siguen ahí. La veteranía en este caso es un grado también”.
Al igual que Fortu de Obús, Lapido opina que en este país no se trata con la justicia debida a los veteranos: “Hay determinados medios generalistas y no especializados que cuando cumples determinada edad parece como que ya no interesa. Interesa la novedad, el esnobismo y las modas. Los que llevamos ya unos años en esto sabemos que las modas son péndulos y lo que hoy está arriba mañana estará abajo. Al final solo queda la calidad y la actitud que tiene una banda”.
El músico además recordaba lo que les sucedió hace poco en un festival en Sant Boi de Llobregat (Cataluña), en el que tenían una prueba de sonido muy temprano, y como no les daba tiempo a llegar desde Granada, optaron por estar allí el día anterior. Se toparon con una banda mítica donde las haya: “¡Los Sírex! Nada más y nada menos, que llevan desde los años sesenta. Yo ya les había visto, pero dieron un conciertazo increíble. Hablando de veteranía y tal, pocos habrá más veteranos que Los Sírex, que son de la primera hornada del rock en España. Nos quedamos todos con la boca abierta. Ese creo que es el camino”.
Los granadinos no se pueden quejar al tener fans con un nivel de entrega espectacular: “La fidelidad de nuestro público es a prueba de bombas, lo tenemos comprobado. Nuestra primera época fue del 82 al 96. A partir de entonces y hasta el 2016, nos dedicamos a nuestras respectivas carreras en solitario. Ya sabes tú que veinte años en música rock es una eternidad y cuando volvimos pensando que íbamos a ser un vestigio del pasado nos encontramos con que la gente había guardado los recuerdos en su memoria. Al final, más que la banda en sí, son las canciones las que sobreviven, porque la gente las hace suyas”.

Hay grupos que utilizan determinados rituales antes de salir al escenario, pero eso tampoco va demasiado con 091: “No somos como los toreros (risas), algunos tienen su parafernalia, se montan su capilla… Nosotros nos tomamos una copa de vino y brindamos, una cosa muy normalita”.
Después de varias décadas, Lapido no sabría precisar que es más importante de conservar, si la complicidad entre los diferentes miembros o la capacidad para sorprender al público: “Ambas son complicadas. Ten en cuenta que cuando uno empieza un grupo, con 16 o 18 años, los cuatro o cinco componentes solo tienen en mente a la banda. Son cinco chavales que quieren comerse el mundo, son todos fans del rock n’ roll, pero no tienes muchas más preocupaciones vitales, ¿no? Cuando va pasando el tiempo, lo que en un principio era vocación se convierte en profesión, y claro, las profesiones tienen sus puntos álgidos y sus puntos bajos. Vamos cumpliendo años, tenemos responsabilidades familiares, y ya entran a valorarse otras circunstancias dentro de la carrera de una banda”.
El guitarrista opinaba que por este último motivo se separaban muchos grupos, pero su caso fue un tanto diferente: “Incluso los veinte años que estuvimos separados, nosotros hemos seguido manteniendo la amistad, los gustos musicales más o menos eran los mismos, aunque hemos escuchado mucha más música desde entonces. Esa era la raíz que nos llevó a juntarnos como grupo. Nuestro gusto por el blues, los sesenta, el rock n’ roll primigenio, el punk… todo eso sigue siendo la raíz de nuestros gustos musicales, y eso ayuda también”.
Joe Strummer en Granada
La trayectoria de 091 no se podría explicar sin la importancia de Granada: “Ahí están nuestras raíces. Es la ciudad en la que seguimos viviendo todos. Y una ciudad marca, ya sea Granada o cualquier otra. Cada ciudad tiene una idiosincrasia particular y en Granada el tema artístico o cultural tiene también una personalidad muy marcada. Creo que nosotros también hemos marcado a las nuevas generaciones de músicos granadinos”.
José Ignacio Lapido fue además una parte activa en la incipiente escena granadina de finales de los setenta, una época que recordaba con mayor intensidad que la actualidad: “Estaba en el instituto y ya comenzaba a ir a los primeros conciertos que había en Granada. Luego empecé a ensayar con los primeros grupos, no con 091, sino con los primeros grupos amateur de chavales del instituto que se juntaban, con un material muy precario. Te estoy hablando de finales de los setenta, ninguno imaginábamos que más de 40 años después seguiríamos en esto. Aquello se hacía por puro afán de imitación”.
Una parte importante de la historia de 091 tiene que ver con el líder de The Clash, el vocalista y guitarrista Joe Strummer, que durante una época recaló en Granada y ellos mantuvieron una relación tan cercana con él que hasta produjo su segundo disco, ‘Más de cien lobos’: “Joe vino en el año 1984 a Granada porque tenía aquí algunos amigos, que conoció en Londres cuando estaba empezando, antes de que fuera famoso con The Clash. Vino un poco huyendo, porque él estaba en una situación profesional complicada, había prescindido de dos de los miembros fundadores del grupo y estaba solo, no estaba muy contento con la deriva de los acontecimientos”.
Una inesperada casualidad hizo que 091 y Joe Strummer conectaran: “Coincidió que nos encontramos en el bar donde íbamos nosotros por la noche a tomar copas. Apareció él, y bueno, no sé…quizás vio en nosotros el reflejo que tenía cuando él empezaba, unos chavales con toda la ilusión del mundo y mucha afición por el rock n’ roll. Él venía ya de la época de decadencia con The Clash, el guitarrista Mick Jones y el batería Topper Headon ya no estaban en la banda”.
No imaginaban que el vocalista y guitarrista llegaría a producir su segundo disco: “Venía durante ciertas épocas del año, luego se iba a Londres, volvía y tal. En una de esas idas y venidas, coincidió que estábamos grabando las maquetas del segundo disco. Le invitamos a venir al estudio, le gustaron las canciones, se involucró mucho en el tema y se propuso para producirnos el disco. Imagínate, nosotros, que además éramos superfans de The Clash, Sex Pistols y toda esa gente… Encontrar a Joe Strummer en Granada fue como una aparición mariana (risas). Firmamos contrato con la discográfica, se grabó en Madrid y ahí está. Para nosotros, fue una experiencia total”.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.
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