Los suecos Diamond Dogs, que llevan más de tres décadas con el rock and roll por bandera, volvían a nuestro país para presentar su flamante nuevo trabajo ‘Similar Shakes, Different Distortion’, tras su anterior ‘Macon Georgia Gant’, junto a Chris Spedding, que supuso un homenaje a Little Richard y el viaje del combo a Macon, Georgia, realizando allí parte de la grabación.
La sala que presentaba un gran aspecto, contaba con un público adicto a los sonidos clásicos del rock británico de los setenta, el rhythm & blues y con muy buena predisposición a corear sus canciones y a mover el cuerpo con esos ritmos tan contagiosos, consiguiendo crear un ambiente muy animado y festivo. No hubo grupo invitado y ni falta que hizo, pues la banda de Katrineholm se metió enseguida a los asistentes en el bolsillo.
Con el carismático e incombustible vocalista Sören “Sulo” Karlsson a la cabeza, miembro fundador junto al peculiar teclista Henrik “The Duke of Honk” Widén, salieron en tromba con “Golden age of Rock and Roll”, todo un clásico de los británicos Mott the Hoople que te engancha desde los primeros acordes. Tenían muy claro lo que los seguidores querían y prosiguieron con “Honked!”, de su homónimo debut discográfico en 1994, “Stop Barking Up the Wrong Tree”, un delicioso “Sad to Say I’m Sorry” y un explosivo “Bound to Ravage”.
Después de la tempestad llegaba la calma y Sulo, que mostraba una ligera cojera, aunque su estado vocal sigue en excelente forma, sacaba una banqueta para interpretar un tema más intimista de su nuevo álbum, como es “My Heart is a Cold Case”. A un fantástico “Whaterver It Is, Now”, le sucedía el baladón “Jealous Guy”, todo un clásico de John Lennon, interpretado de forma sorpresiva por el bajista, que lucía camiseta blanca de camionero.
Con “King of Rock and Roll”, llegaba el momento de poner en valor el legado de Little Richard y la razón por la que Sulo, desde los cinco años, se declaró fan absoluto del “arquitecto” del rock and roll, profundizando durante muchos años en su esplendoroso catálogo. Canciones como “True fine Mama”, “Hey, Hey, Hey, Hey”, o “Send Me Some Lovin” son himnos intemporales que compuso el músico estadounidense y que Diamond Dogs han sabido actualizar dándoles su toque personal.
Volvían a sus propias canciones con una vibrante “Valentina (Queen of Broken Heart)”, “Every Little Crack”, donde Henrik se lucía con los teclados y su curiosa forma de hacerlo sentado y apoyado en sus piernas. Uno de los momentos más sentidos llegó con la balada “Rush for Comfort”, que se encontraba en su disco del 2004, ‘Black River Road’.
Las revoluciones subían con “Goodbye Miss Jill”, desatando la locura por momentos y con un Robert Damberg, tirando de armónica y demostrado su capacidad multiinstrumentista durante todo el show, pasando de la guitarra a la mandolina o al violín de forma muy natural. Un habitual colaborador de apoyo en las grabaciones de estudio, que se incorporó de forma fija como segundo guitarra y que ha enriquecido los directos con su virtuosismo. El momento emotivo de la noche llegó cuando salieron con una tarta, para que Sulo soplara una vela por su cumpleaños y el público le cantara el cumpleaños feliz.
Y lo que nos quedaba por delante no iba a suponer bajar el nivel, con un “When the Morning Comes to Get Me”, en la mejor tradición stoniana, “Desperate Poetry”, “Stubborn Pony”, el último y electrizante guiño a Little Richard “Bama Lama Loo” y un maravilloso “Passing Through My Heart”, aflorando las reminiscencias de Faces y que contó con las palmas de un público que sabía que esto se estaba acabando. La guinda final llegó con “Wild Side of Life”, una versión de un clásico del músico estadounidense Hank Thompson y que tanto Rod Stewart, del que son deudores, con su voz rasgada, como Status Quo con su boogie rock, reinterpretaron en los setenta, dejándonos unas magníficas sensaciones en un concierto muy generoso.
Diamond Dogs volvieron a dejar constancia de que están hechos de una pasta especial, con su forma de entender y transmitir el rock and roll, que corre por sus venas, y donde tienen cabida el soul, el glam y el boogie, consiguiendo complicidad y empatía con el público, y llevandolos, con este idilio, desde sus inicios a comienzos de los noventa.
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