No existen muchos grupos con varias décadas a sus espaldas que puedan presumir de un estado de forma envidiable en la actualidad, como si hubieran realizado algún pacto secreto o escondieran en un oscuro sótano un retrato de Dorian Gray. Milagros de esa envergadura no abundan en el mundo de la música, por lo que habría que darse con un canto en los dientes al toparse con una banda veterana que ni vive de las rentas ni tiene intención de hacerlo en un futuro. Currantes en el pleno sentido de la palabra.
Los granadinos 091 son un claro ejemplo de años y años al pie del cañón, ajenos a modas pasajeras y con la voluntad de seguir aportando su granito de arena en el panorama musical contemporáneo, pese a que lo de las letras poéticas apenas se estile en una época atontada por las pantallas y con marcado déficit de atención. De hecho, el título de su último disco, ‘Espejismo nº 9’, poseía truco, puesto que no había ninguna canción titulada así, pero lo que sí prevalecía era el rastro de obras anteriores. Todo un guiño para sibaritas.
Si nos tenemos que remontar a la anterior visita de los andaluces a la capital vizcaína tal vez hubiera que echar la vista una década atrás, pues fue entonces cuando un servidor les pudo ver en un WOP Festival junto a Kurt Baker. No había que engañarse tampoco, por estas latitudes nunca fue un grupo de masas, por lo que no sorprendió que la bilbaína sala Santana 27 apenas presentara media entrada, algo muy alejado del recinto hasta la bandera que contemplamos recientemente con Airbourne o Saxon.
091
Aunque su música disponga de cierto matiz comercial, podría decirse que 091 son más bien una banda de culto, un tesoro oculto solo digno para esas mentes elevadas que deciden apearse de la rueda de hámster en la que vivimos y realizar tareas de otros tiempos como escuchar, analizar y valorar en su justa medida. El que tenga la paciencia para tan ardua labor, descubrirá un material riquísimo en versatilidad, una auténtica rara avis del rock patrio, con textos destinados a perdurar en el tiempo y no a olvidarse a los cinco segundos por su evidente mediocridad.
Ya de entrada comprobamos que su material más reciente se había amoldado con una naturalidad pasmosa a su repertorio, sin que se produzcan llamativos saltos, como si su sitio hubiera estado siempre allí. Eso nos venía a la mente mientras atronaba una pieza tan redonda como “No tiene sentido escapar” o la blusera “Dormir con un ojo abierto”, ambas de ‘Espejismo nº 9’.
Otro dato que parecía ciencia ficción era lo cristalino que sonaba el conjunto en las distancias cortas, así como el vocalista José Antonio García, con unos tonos clavados a los de estudio. Quizás no sea el cantante más potente ni el que más grite, pero no debería pasarse por alto la elegancia y buen hacer que destilaba en cada estrofa. Y el maestro José Ignacio García Lapido a las seis cuerdas ofrecía el contrapunto necesario, el compositor principal, fundamental para que el barco siguiera navegando.
“El baile de la desesperación” calentó los ánimos del respetable, que coreó en repetidas ocasiones el nombre de Lapido y hasta lo calificó como “el puto amo”. Los granadinos correspondieron a las espontáneas muestras de afecto y el guitarrista y miembro fundador recordó un bolo que tuvieron que suspender en Bilbao por la pandemia, por lo que querían “sacarse la espina” durante esa noche. Lapido en solitario sí que estuvo por estos lares hace pocos años, como constatamos en esta crónica.
“Ven vestida de nube” subrayó la faceta más reposada de su sonido, al igual que “Piezas de desguace”, pero les quedaron tan perfectas que no cabía pensar siquiera en reproche alguno. “Tormentas imaginarias” continuó en esa senda, aunque con un poco más de brío, antes de que “Algo parecido a un sueño” insuflara poso rockero.
“Un hombre con suerte” recuperó todavía más energía y no provocaron ni de lejos bajón con “Una revelación”, de su trabajo más reciente. Regresaron a los valles más tranquilos en “Como acaban los sueños”, quizás hubo demasiadas incursiones en este terreno a lo largo de la velada en un tramo determinado del show, pero como el listado de canciones se tornó bastante equilibrado no fue demasiado problema.
“Antes de que salga el sol” estaba sin duda en pie de igualdad con cualquier clásico pretérito, por lo que se antojó perfecta para desentumecer las gargantas que se elevaron en “Otros como yo”. Sin desperdiciar la conexión conseguida, se arrancaron con “La torre de la vela”, una joya del álbum ‘Debajo de las piedras’, y se despidieron por primera vez con una incontestable “La calle del viento”.
A la vuelta, el cantante José Antonio nos explicó que en cada ciudad que van miran en qué dirección quedaba “la torre de la vela”. El frontman y el guitarrista Lapido se marcaron entonces en acústico y con armónica “La canción del espantapájaros”. “Nubes con forma de pistola” incidió en el recogimiento antes de un percutor natural como “Este es nuestro tiempo” y de que “Huellas” recogiera el testigo con solvencia. Muy bien rematada la primera tanda de bises.
Una vez pisado el acelerador, no se hubiera entendido aminorar, por lo que prosiguieron en trayectoria ascendente regresando con galones en “Esta noche”, enlazando con “Qué fue del siglo XX” y colocando la guinda en todo lo alto de la tarta con “La vida qué mala es”, que alargaron para que el personal, cantara y se dejara hasta el alma, había por ahí peña muy fan.
Un concierto de órdago, a un nivel extraordinario como pocas bandas pueden ofrecer hoy en día, perdérselos en esta gira sería un error profundo para cualquier melómano que se precie. Los granadinos son algo mucho más que un espejismo, una auténtica realidad que brilla hasta la extenuación en cada concierto. Que no se retiren nunca.
Te recordamos que 091 está confirmado junto a La Frontera y Ringo Rango para la segunda fecha del Iberia Festival. La cita será el próximo 26 de septiembre en el Auditorio Julio Iglesias de Benidorm. Puedes conseguir entradas en este enlace.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.







