He de confesar que no había escuchado nunca a Go to the Dogs y que mi primer contacto es este ‘Who Cares?’, segundo trabajo de la banda que ya ha sonado varias veces en mis auriculares. Precisamente estaba en su ciudad, Barcelona, mientras correteaba por la Barceloneta para bajar las torrijas del día anterior y sonaba “Tipo Equivocado (Borde)”, su primer corte que no me convenció del todo, pero según iba avanzando el disco reconozco que me hizo aumentar la velocidad de mis pasos, lo hizo con agrado, con fuerza, urgencia y tesón.
No hay duda de que se trata de una banda que sabe lo que hace, tirando la puerta a golpes de buena música, actitud y una decena de canciones que se enraízan en la cabeza según vas avanzando. No estamos ante un trabajo de homogeneidad musical, quizás ese es uno de sus grandes atractivos, el poder encontrar en él algo de punk, de rock and roll, stoner, rockabilly o garage.
El disco comienza con “Tipo Equivocado (Borde)”, la primera canción que Ítalo canta en castellano, aunque no es la única, ya que, en la recta final abordan “Vete” y “Mi Vena (voy a explotar)”, dos cañonazos antes de rematar a ritmo de “fucking rock’n’roll” con el tema que da título al trabajo y que apuntala la batería de Aaron, que se despide así para dejar espacio a Sergi de Motorzombis.
Entre medias el disco respira con cortes de texturas diversas, “Falling Down” reluce la vertiente más melódica de la banda, pero con ese grano en la guitarra de Phil que es ya marca de la casa, un sonido para circular por cualquier carretera secundaria con el volumen a todo trapo. El alto voltaje lo ponen “Do It!” o “Mess Boy”, martillazos que te hacen sacudir la melena, la primera, además, rebosa actitud con esos cambios rítmicos que fueron los que me hicieron entrar de lleno en el redondo.
Ojo a esa entrada del contrabajo en “Satan”, Ítalo le arrebata en este caso el bajo eléctrico a Alex para incluir un nuevo elemento que profundiza en los sonidos de Go to the Dog. De hecho, tanto esta, como “She Cursed Me” son temas que surgieron de la improvisación mientras se encontraban en pleno proceso de grabación, un impulso que recupera el espíritu punk que han mamado desde su más tierna infancia.
Quizás este último sea mi tema favorito, una pista en la que el ritmo se vuelve más pantanoso, casi blusero, pero pasado por el filtro de una psicodelia oscura. La frenética “Hells Calls For Me”, un descenso rítmico hacia lo salvaje, orgánica y sometida al rockabilly más primitivo, una vuelta de tuerca que muestra que son más que una banda de género.
Voces que rozan el desquicie, control descontrolado e imperfecciones que enganchan tras una grabación en la que han buscado los límites de su propia química. Mientras otras bandas se pierden en post producciones infinitas, ellos consiguen el sonido del colapso, de la presión urbana encontrando su vía de escape perfecta. ¿A quién le importa lo que digan? eso es lo que piensa este cuarteto que lleva en su nombre, al igual que Dire Straits (algo así como estar sin un duro), eso de “irse a pique, arruinarse”, aunque sea una filosofía abstracta, yo me voy a comprar el disco para que, al menos por mi parte, su nombre no se haga realidad.
El veneno del rock me da la vida. Defensor de las bandas que se dejan la piel en la carretera, amante de los vinilos y las Stratocaster. Si escuchas una descarga de decibelios, lo más probable es que yo ande a escasos centímetros de los amplis, si no estás, deja que te lo cuente.
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