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Entrevista a Starbenders: “No haber explotado de golpe nos ha dado libertad; con este disco hemos dado ese paso, porque sentimos que seguimos aquí contra todo”

Foto: Julian Randall

Hay discos que buscan encajar en su tiempo, y luego están los que simplemente avanzan… sin pedir permiso. Con ‘The Beast Goes On’ (Sumerian Records), Starbenders no solo han firmado su trabajo más ambicioso hasta la fecha, sino también el más honesto: un álbum más grande, más oscuro y, al mismo tiempo, más libre. Una declaración de intenciones que no termina en el estudio, sino que encuentra su verdadera dimensión sobre el escenario. Al otro lado de la pantalla, Kimi Shelter (guitarra y voz) habla con José Crespo con la misma claridad visceral que define a la banda.

La bestia sigue… y ahora toma la carretera

Con la publicación reciente de su nuevo trabajo aún resonando, la conversación con Kimi Shelter encuentra un nuevo ángulo cuando el foco se desplaza hacia la carretera. Porque si el disco define el universo de la banda, es en directo donde ese universo respira, se expande y, sobre todo, se pone a prueba.

La próxima gira llevará a Starbenders de vuelta a España en dos escenarios tan distintos como reveladores: una fecha en la sala Nazca de Madrid el 19 de junio (entradas aquí) y su participación en el Azkena Rock Festival el 20 de junio en Vitoria-Gasteiz, compartiendo cartel con nombres como Alice Cooper o The Hives. Dos contextos opuestos, la cercanía del club frente a la amplitud de un festival, que, sin embargo, la banda afronta sin cambiar su esencia.

Aparecer y tocar

“Intentamos subir al escenario siempre de la misma manera, da igual si es uno grande o uno pequeño. No queremos pensarlo demasiado. Tenemos un lema: aparecer y tocar”, explica Kimi. “Eso reduce toda la presión. Es simplemente estar ahí y hacer lo que sabes hacer”.

Esa filosofía, casi minimalista en su planteamiento, conecta directamente con la identidad que han construido también en estudio. Si su último disco se mueve entre lo emocional y lo visceral, el directo es su extensión natural: menos cálculo, más instinto. “Estamos muy emocionados por volver a España. Es un país increíblemente bonito y el público es de los mejores con los que hemos tocado”, continúa. “La última vez fue una de las audiencias más divertidas de toda la gira. Hay una conexión muy especial”.

Sin embargo, no todas las experiencias relacionadas con España han sido exactamente como esperaban. Entre risas, Kimi recuerda un malentendido que dice mucho tanto de su personalidad como de los riesgos de la traducción: “En una entrevista dije que la gente española es tan refrescante como el agua fría del Mediterráneo… y lo tradujeron como si estuviera diciendo que sois fríos”, explica. “Cuando lo leí publicado pensé: no, no, no… eso no era lo que quería decir. Ahí aprendí que igual no puedo ponerme demasiado poética en ciertas entrevistas”.

Ese equilibrio entre intensidad emocional y espontaneidad también se refleja en la vida durante una gira. Porque, más allá de los escenarios, la carretera se convierte en un espacio de aprendizaje constante, donde lo importante rara vez coincide con lo esperado. Uno de los momentos más surrealistas lo vivieron junto a The Struts, concretamente con su vocalista Luke Spiller: “Había una mesa de ping pong en el backstage y nos preguntó si queríamos jugar. Cuando dijo: “¿Sabéis las reglas?”, nos quedamos como… ¿hay reglas?”, recuerda entre risas. “Fue muy británico por su parte. Nosotros estábamos en plan: ni idea, solo queremos jugar”.

Pero más allá de la anécdota, las giras con The Struts y Palaye Royale también ha sido su verdadera escuela. Un proceso de crecimiento que Kimi describe con una honestidad poco habitual. “La mayor lección es no dejarse aplastar por la presión. A veces estás cansado, pero dejas que la canción haga el trabajo por ti. Le das permiso para que te lleve”, afirma. “Y eso es algo en lo que puedes apoyarte cada vez más a medida que crece la conexión con el público”.

En ese sentido, la carretera no solo moldea a la banda como intérpretes, sino también como proyecto a largo plazo. Porque tras más de una década de trayectoria, Starbenders han desarrollado una visión muy particular sobre lo que significa “tener éxito”. “¿Qué significa realmente triunfar hoy en día?”, plantea Kimi. “Para mí es poder vivir de esto, cuidar nuestra salud mental y física, y decidir nosotros cuándo parar. Eso ya es éxito”.

Una definición que se aleja de cualquier narrativa convencional y que, curiosamente, encuentra su reflejo directo en el momento actual de la banda. “No haber explotado de golpe nos ha dado libertad. No tenemos una expectativa constante que cumplir. Simplemente seguimos adelante”, explica. “Y creo que con este disco ya hemos dado ese siguiente paso, pero no porque alguien lo diga desde fuera, sino porque nosotros sentimos que seguimos aquí contra todo”.

Una identidad propia

A lo largo de los años, Starbenders han sido etiquetados de mil formas distintas. Glam, punk, gótico, alternativo… pero ninguna termina de definirlos. Y no es casualidad: “Siempre hemos sido los mismos creando, y eso hace que, aunque haya variedad, todo siga teniendo sentido”.

Para Kimi, la necesidad de etiquetar responde más a la industria que a la realidad artística: “Hoy en día la forma en que la gente consume música es de una forma muy diferente a como lo hacíamos cuando éramos pequeños. Todo gira al rededor de plataformas de streaming y “playlists”. Y todo es mucho más abierto. Hoy puedes escuchar Black Sabbath y SZA en la misma playlist. Así que es normal que la música sea diversa”. Esa mezcla no es una estrategia. Es simplemente lo que son.

El mapa musical de Kimi Shelter es tan amplio como impredecible. En él conviven muchos nombres: “Escucho muchísimo a Ronnie James Dio, me encanta Rainbow con y sin Dio, Nine Inch Nails o PJ Harvey”. Pero también hay espacio para algo menos esperado. “Me encanta el dance de los 90. A mi banda le parece raro, pero lo adoro”. Una mezcla que explica, en gran parte, el sonido del álbum: imprevisible, híbrido y sin complejos.

Si algo distingue a la banda es su componente visual y escénico. Pero lejos de ser una decisión calculada, nace de forma natural. Influencias como David Bowie o Prince sobrevuelan su universo, pero sin convertirse en una referencia consciente. Más que imitación, es herencia emocional. “No nos sentamos a pensar cómo ser teatrales. Es algo innato. Puedes escribir tus propias reglas. Si encuentras la manera, simplemente lo haces”, concluye.

Y ahí es donde todo encaja. El disco como declaración artística. La gira como prueba de fuego. Y una filosofía que, lejos de artificios, se resume en algo tan simple como poderoso: Aparecer y tocar.

Escucha ‘The Beast Goes On’ en Spotify:

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