Estamos acostumbrados a ver a Antonio Postius en la trinchera. Guardando las espaldas a bandas de referencia de la escena como Mourn, Madee, Gyoza o Montesco, el músico barcelonés siempre ha sido una apisonadora tras los platos: baquetas aporreadas con furia, un ritmo demoledor y gotas gordas de sudor cayendo sobre la caja. Sin embargo, en su esperado primer álbum de larga duración en solitario, ‘Todo dicho’, lo verdaderamente violento, lo genuinamente hardcore, no viene envuelto en distorsión ni en ritmos frenéticos, sino en el peso confesional de sus palabras.
Este LP es una carta abierta a su vida sin filtros ni anestesia. Un decálogo desgarrador donde Postius ejerce de músico total y absoluto para exorcizar sus demonios, tocando todos los instrumentos —cambiando las baquetas por la guitarra y poniéndose al frente del micrófono— para convertir la composición en un ejercicio de terapia de supervivencia. Apoyado en la producción de Lluís Cots (Madee) y Víctor Valiente (Standstill, Sidonie), el resultado son ocho canciones humanas al extremo, un ejercicio de honestidad brutal de alguien que ha necesitado tocar el infierno y mirar a los ojos a la adicción para poder regresar a la Tierra con el caos ordenado.
Estructurado en ocho cortes —entre los que se incluyen una "Intro" y un "Interludio" que juntas podrían haber funcionado perfectamente como la séptima canción de este manuscrito—, el disco destaca por situar el peso compositivo en la lírica por encima de la potencia instrumental. Hay más melosidad y vulnerabilidad que fuerza bruta, permitiendo que la crudeza de sus confesiones aseste el verdadero golpe al oyente.
En "Al fin" firma una carta abierta y sincera a sus años de escolaridad y a la necesidad de perdonarse a uno mismo, en un tema que podrían haber firmado sus (y nuestros) admirados Standstill. Por su parte, "Pienso en ti" la podría haber cantado The New Raemon en sus mejores obras, mientras que en la sobrecogedora "Déjame ir" la súplica se desnuda de artificios y el fantasma de la dependencia se hace casi palpable.
Antonio Postius ha gastado toda la tinta en confesar sus pecados y definir como terapia sus miedos y todo lo que ha pasado en su tumultuosa existencia. Alejado de la protección de sus proyectos colectivos, este debut no busca la complacencia melódica ni el aplauso fácil; es el testimonio de un artista que ha decidido abrirse el corazón de par en par para convertir sus miedos en arte. Un disco reposado, introspectivo, tan valiente como desgarrador donde, tal y como promete su título, todo ha quedado dicho.
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