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Crónicas

Stravaganzza: Un hito para la posteridad

«“Hasta siempre; volveremos muy pronto con nuevas canciones”, dijo Leo para dar carpetazo a un nuevo hito para Stravaganzza, un espectáculo musical y estético trabajadísimo y muy pero que muy gratificante»

28 septiembre 2019

La Riviera, Madrid

Texto: Jason Cenador. Fotos: Jorge Bobadilla

La banda de metal sinfónico más convocante de nuestra escena sumó un nuevo capítulo dorado a su relumbrante historia al abarrotar de nuevo la madrileña Sala La Riviera en un concierto muy especial, marcado por la anunciada grabación de su primer DVD en directo, cuyo lanzamiento será sin duda muy bien recibido por aquellos hambrientos de nuevo material por parte de Leo Jiménez y compañía.

No en vano, el propio vocalista desvelaba recientemente que el esperado nuevo disco de estudio del grupo, reunido hace un par de años y que no ha parado de cosechar noches de éxito sin paliativos desde entonces, no verá la luz previsiblemente hasta comienzos de 2020. No es Stravaganzza una banda de usar y tirar, sino que es lo más antagónico al fast food musical que a uno se le ocurre, de ahí que la meticulosidad y la paciencia sean elementos más que pertinentes de cara a una nueva obra, más aún teniendo en cuenta que su popularidad es sustancialmente mayor que cuando abrieron el largo paréntesis que culminó en 2017. Los madrileños son una rara avis en todos los sentidos.

A la hora prevista, el considerable número de protagonistas comenzaba a poblar su lugar en el escenario, empezando por las coristas, que emergían en escena portando lámparas antiguas y cargando el ambiente de una sobrecogedora sensación. El cuarteto de cuerda y las dos voces de apoyo ocuparon después sus lugares para que las primeras protagonistas esbozaran la reconocible melodía de “Dios” en mímesis con una sinfónica introducción que, junto con una voz en off y con bailarinas con vestidos alados en escena, daba paso al primer capítulo del concierto, dividido en tantos actos como discos ha publicado el grupo. El primer acto se inauguraba con la susodicha “Dios”, con la que la banda, que sigue contando con Migueloud (Wormed) como segundo guitarrista, se presentó con la energía y la solidez de los grandes.

Aprovechando el enorme despliegue técnico para inmortalizar el concierto, la banda dispuso dos pantallas en la sala como si de un gran festival se tratase, con imágenes de la realización, mientras que la central exponía la inquietante criatura que protagoniza la portada de un debut impresionante, que contaba con piezas tan magistrales como “Cárcel de piel y hueso”. Fue esa la segunda en aparecer, sorpresivamente, en el repertorio, emergiendo con ella emociones a flor de piel pese a que Leo abordó sus partes más agudas muy por debajo del tono original, eludiendo además el agudo final del tema, matiz diferente que no terminó de convencer. A la batería de Carlos Expósito, robusta y cualificada en líneas generales, se le podría pedir algo más de fidelidad con respecto a la original.

El sobresaliente y profundo medio tiempo “Y en soledad me lamento”, sublimemente interpretado y con su mensaje enfatizado por una coreografía en la que las bailarinas portaban enormes cadenas, nos hizo un nudo en la garganta. A su conclusión, el maestro Pepe Herrero, encargado de la guitarra con tremenda eficacia, ejerció de tal dirigiendo al cuarteto de cuerda en una cola de salida que redondeó a la perfección una canción capaz de agitar las entrañas de cualquiera.

Un afectuoso saludo de Leo, exultante y aclamado por doquier, dio paso a otra de las que ponen la piel de gallina, “Mi tempestad’,  que no podía faltar en este repaso exprés a un disco al que no le sobra ni un solo segundo de sus once piezas. La nostalgia de quien escribe no era ni mucho menos excepcional, pues muchos y muchas del público fueron marcados irremediablemente por Stravaganzza en su primera etapa. Uno se pregunta cómo es posible que por entonces las audiencias que congregaban fueran mucho más reducidas que hoy en día, hallando quizá la respuesta en la heterogeneidad generacional del público de aquella noche.

Mientras la sinfonía copaba todo el protagonismo, Pepe ejercía de maestro de orquesta ante el coro, que esbozaba la melodía de “Esperanza” a la par que una bailarina ponía el broche de oro estético a la introducción del segundo acto efectuada, una vez más, por una voz en off en literario relato.  El alto voltaje de la demoledora “Miedo” avasalló entonces, con Leo enfundado en una negra indumentaria, capucha incluida, poniendo a prueba nuestras cervicales.

El cantante nos instó entonces a hacer ruido, para después acometer la emotiva “Pasión”, una de las pocas de aquel mítico ‘Segundo acto: sentimientos’, majestuosamente producido por el añorado Big Simon, que evoca emociones luminosas. Repitiendo número, las coreógrafas aparecieron en escena evocando diferentes disciplinas artísticas: pintura, escritura, música… El resultado fue, valga la redundancia, apasionante.

La soberbia “Desilusión”, sentimiento que, en boca de Leo, hemos sentido todos alguna vez, se antojó sensacional, sumiéndonos en la severidad de su letra y llevándonos en volandas sobre ese final sinfónico con una inspiradísima melodía salpicada de las súplicas con las que el tema arriba a su final. La gente, entusiasmada, coreó el nombre de la banda, en plena forma para afrontar una de las piezas más exigentes de toda su discografía, “Dolor”, oscura, desgarradora, devastadora. Su estratosférico agudo previo al último estribillo fue alcanzado por un Leo que recibió la merecida ovación de un público hipnotizado por completo. Por cierto, muy loable la aportación de Beatriz Albert, quien fuera vocalista de Ebony Ark, en el acompañamiento vocal de la canción.

Sumidos en una asfixiante oscuridad, con las coreógrafas portando lúgubres lámparas como única iluminación, la intro correspondiente marcó el inicio del tercer acto, que arrancó con “Deja de llorar”, una de las canciones más coreadas por la audiencia. “Los comienzos fueron arduos”, manifestó después Leo, arguyendo que entonces su música no era comprendida y mostrando una enorme satisfacción por lo conseguido a día de hoy. No en vano, llenar una Riviera era, en aquellos comienzos, un sueño casi enteléquico para ellos.

Un emotivo recuerdo a quien fuera su productor, el mentado Big Simon, precedió a una canción escrita expresamente en su honor, “Grande”, la cual, por cierto, hizo honor a su título y sonó portentosa y muy efectiva. Con Natalia Barrios, bailarina que acompañó a Stravaganzza desde sus orígenes, en escena poniendo en valor el bodypainting en una coreografía con un bastón, se pusieron la “Máscara de seducción”, de la cual se despojaron después para acometer la más tenebrosa, atmosférica y sentida de las piezas de aquel redondo, “Requiem”, en la que las segundas voces cobraron un mayor protagonismo y las bailarinas hicieron acto de presencia en escena portando lápidas.

Hizo mención Leo al bajista Patricio Babasasa, compositor del siguiente tema y quien saludó efusivo y entusiasmado a un público que lo aclamó en varias ocasiones, alabando su enorme firmeza a las cuatro cuerdas. Hasta puso segundas voces en su creación, “Perdido”, que arrancó inusitadamente industrial y en la que la accesibilidad se da la mano con la brutalidad, emergiendo incluso blast beats en la batería de Expósito, quien los articulaba casi sin inmutarse.

Inesperadamente, Leo anunció, no exento de criterio, “una pieza preciosa”, que vino a ser la pista oculta del ‘Sentimientos’, aquella breve pero sublime “Nostalgia” que volvió a cantar increíblemente con el único trasfondo del teclado interpretado esta vez por el propio Pepe Herrero. Fue enlazada con la también brevísima “Inmortal”, ejecutada de la misma manera para ensoñación de los ahí presentes.

Se llegó así al cuarto acto, inaugurado con una introducción mucho más industrial, y es que evoca, sin duda, su álbum que más recursos de esta índole posee, aun siendo también el más accesible en algunos puntos. La bailarina Natalia Barrios volvía entonces a ocupar el protagonismo visual, antes de que cayera el tema con el que se inauguraba ‘Raíces’, “Cuestión de fe”. Otra de las más emotivas de la velada fue “Sin amar”, en la que las “stravaganzzers”, como Leo se refirió a ellas en varias ocasiones, aparecieron con estilizados paraguas que ya emplearon en conciertos anteriores, girándolos y llevando a cabo una coreografía muy elegante y vistosa.

La elegancia dio paso a la brutalidad con la versión más moderna de “Impotencia”, originalmente contenida en ‘Segundo acto: Sentimientos’ y remozada por completo en su último trabajo. Para ella, contaron con las abrumadoras y formidables guturales de Mr. Corpa (Fuck Division), cuya estética, con la camiseta de fútbol americano de Wilson, de los Saint Louis Cardinals, a decir verdad desentonaba considerablemente con la solemnidad y elaboración estética del concierto. Más allá de eso, he de reconocer que no soy en absoluto aficionado a esta versión de la canción – llamadme clásico –, opinión que no parecía muy popular en la sala a tenor de la fervorosa reacción de la mayoría de la audiencia, encantada con ella.

Preguntó Leo a la audiencia si tenía ganas de un quinto disco y la respuesta fue unánimemente positiva, si bien la pregunta llevaba trampa: respondió que lo estaban grabando en directo. El show se iba acercando a su final, y tanto a los de arriba como los de abajo del escenario se les estaba haciendo corto, algo no exento de mérito teniendo en cuenta su duración final de más de dos horas.  Prosiguieron entonces con “Un millón de sueños”, tras la que el frontman presentó a sus queridos compañeros y tuvo palabras de agradecimiento hacia todos los involucrados en Stravaganzza y en el concierto. La cosa olía a despedida y esta fue encarnada, momentáneamente, por la acompasada y penetrante “Raíces”.

Algo nos decía que su adiós no iba a ser definitivo; las luces permanecían apagadas y la gente los reclamaba sin cesar, con lo que volvieron para unos bises marcados por las dos versiones más populares de la banda, “Hijo de la luna”, original de Mecano y estupendamente interpretada como siempre, y la siempre divertida “Eloise”, de Tino Casal. “Hasta siempre; volveremos muy pronto con nuevas canciones”, dijo Leo para, con todos los protagonistas bajo los focos, dar carpetazo a un nuevo hito para Stravaganzza, un espectáculo musical y estético trabajadísimo y muy pero que muy gratificante.

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3 comentarios

  • Juandie says:

    Pedazo de crónica la que se ha marcado el bueno de Jason Cenador hacia este pedazo de concierto que STRAVAGANZZA brindo a sus paisanos en una de las mejores salas de Madrid a través de esos temazos oscuros y extensos de esos grandes albumnes que se curraron hace años y que por mi parte es un puto placer tener sus dos primeros álbumnes. Una gran noticia que dicho concierto se grabase para su posterior edición en DVD.

  • Alejandro says:

    David Expósito ajajajajaa Lo mismo hay que pedirte a ti un poco más de profesionalidad…

  • Juanma says:

    Allí estuve yo el sábado y por lo que vi en el escenario y se iba viendo en las pantallas va a quedar un DVD de auténtico lujo. Una banda que sienta cátedra cada vez que sale a escena. Es algo más que un simple concierto de rock, Stravaganzza es un concepto en sí mismo. Espero que en el DVD se les dé algo de protagonismo a la sección de cuerda, teclados, coral y Carlos, que les vi un poco en segundo plano, quizá la iluminación ahí me falló un poco.
    Mi enhorabuena a todos los miembros de la banda y su equipo! Deseando que llegue el quinto acto 😉

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