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Crónicas

Ramoncín: Un barriobajero siempre al límite

«Si la noche acaba con todos los implicados sudados y satisfechos eso significa que repetir no sería mala idea»

18 mayo 2019

Joy Eslava, Madrid

Texto y fotos: Jorge Bobadilla

Casi todas las crónicas pueden empezar diciendo que fue una noche especial, muchos motivos convierten cada concierto en una experiencia única, de las que esperemos nadie nos pueda privar nunca. El motivo de que esta noche fuera especial lo encontramos primero en la celebración del 40 aniversario de un disco como ‘Barriobajero’, pero cuando salimos de la céntrica sala madrileña la sensación de comunión entre los asistentes y la banda que acababa de dar una nueva clase de rock and roll sobre el escenario nos embriagaba completamente.

“Estoy dispuesto a no salir de aquí en los próximos años, deberíamos quedar todos los meses”, nos decía el protagonista casi al final de una actuación de cátedra, que había comenzado con una lección aun más importante: la del respeto en los conciertos. Antes de que las cuerdas empezaran a vibrar teníamos a Ramoncín saltando al escenario para darnos la bienvenida, imposible ser más cercano y caluroso con su público, y hacernos una petición “guardad los móviles y disfrutad, no os deis la vuelta para haceros un selfie. Tranquilos, hay profesionales haciendo fotos y vídeos”. La sorpresa, y seguramente la definición del tipo de público, llegó cuando mediada la actuación me doy cuenta de que se le está haciendo caso y son escasísimos los móviles que veo en toda la sala. Mi aplauso al artista y a este público que disfrutó de un show único.

“Esta no la esperáis”, sonríe, y ya con toda la banda ocupando sus puestos arranca el concierto con la propia “Barriobajero”. Ya nos avisó Ramoncín (aunque sea el nombre artístico, cómo me cuesta utilizar el diminutivo, lo confieso) en la entrevista que tuvimos que el show empezaría y terminaría con el disco del que celebrábamos cumpleaños. Y así fue, pero no nos adelantemos.

“Putney Bridge” nos metía en terrenos más habituales de las descargas del madrileño, que también cumplió la promesa de realizar un show cargado de interactuación con su público, con constantes mensajes como el inicial en el que recordó que allí a todos nos importaba muy poco el certamen musical que se estaba emitiendo en esos momentos en televisión desde Israel. Más tarde mostraría mayor simpatía por Palestina.

Todas las canciones tuvieron un guiño especial, fuera acercándose Ramoncín a las primeras filas, donde la más joven del lugar nos pareció que lucía el maquillaje que popularizó el cantante en sus inicios (si no me equivoco, ya que estaba en el otro extremo de la abarrotada pista), o porque era el público el que hacía suya la canción y le sumaba la dosis de emoción que nos fue erizando el vello a cada paso del show.

Jorge Escobedo (Sôber) y Ramoncín

Estábamos empezando a tomar nota del buen hacer de los Eléctricos del Diablo: Jesús Varas, Miguel Jiménez, Charley Gonzalbo, David Castelló, Manuel Silva y Óscar Castelló, la banda que respalda las composiciones de un Ramoncín que toma y se libera de su preciosa telecaster intermitentemente a lo largo del concierto, cuando se presentó a un invitado que no me esperaba: Jorge Escobedo, guitarrista de Sôber, que se sumó en la ejecución de “¡Hola muñeca!”, otra de las que destacaron en aquel segundo disco que hoy iba a ser más protagonista que nunca.

El concierto continuaba con una constante de muestras de satisfacción generales cada vez que se anunciaba la siguiente canción, tan profundamente grabadas a fuego en las pieles de todos los que allí nos encontrábamos, fuera “La punta de la aguja” o “La chica de la puerta 16”, que siendo tan diferentes provocaron similar reacción. Creo recordar que fue en la primera en la que se sumó la guitarra acústica de Gaby Abril. Sonidos de mandolina y violín se fueron sumando en diferentes momentos de un concierto que musicalmente ha subido mucho el nivel desde el macarra concepto que siempre se ha tenido de su creador.

La que hubo que poner aparte, por supuesto, fue “Como un susurro”, ese tremendo clásico que esta vez nos cantó cara a cara, bajando entre el público y repartiendo abrazos durante toda la canción. Al terminar, nos confesó que uno de esos abrazos se lo había dado a la que fue su primera novia. La lluvia de nostalgia empezaba a ser torrencial tuvieras la edad que tuvieras. Casi al final del concierto hizo una pequeña encuesta a mano alzada sobre nuestras edades, volvió a ganar el rock and roll, dejémonos de números.

“Rock&roll Duduá” nos puso a todos a bailar antes de llegar al final de la primera parte del concierto, que daría paso a una nueva charla del vocalista con la frase “no me da la gana ser políticamente correcto”, que se ganó una ovación más antes de hablarnos de lo importante que es ejercer nuestro derecho (y yo diría que deber) al voto, recordando que él la primera vez hizo la cola dos veces, porque le parecía que no había disfrutado suficiente ese momento en el que nosotros somos los que decidimos. Echando una mirada atrás lamentó que en todo el centro del escenario estuviera un determinado amplificador. “Qué putada. Pero ese es el único Vox fiable, el AC30”, bromeó en referencia a las nuevas sanguijuelas que han entrado en el congreso.

Pero lo importante siguió siendo la música, y nos esperaba la delicia en la que se ha convertido “Marica de terciopelo”, dividida con acierto de forma que “Forjas y aceros” y “Miedo a soñar” oxigenaran el cargado ambiente que provoca ese clásico de su provocador despertar artístico.

¿Y el final? El final fue como si nos abrieran a todos las puertas de la jaula. Me descubrí emocionado ante los rugidos de armónica más famosos de nuestro rock. “Estamos desesperados” y “Hormigón, mujeres y alcohol” (alias “Litros de alcohol”) desataron la locura en la sala más lucida de la ciudad. Espero poder mostraros en algún momento la presentación del segundo tema, en la que a alguien se le “quemó el bolsillo” o un camión, como señaló con gracia Ramoncín.

Para terminar siempre está “Al límite”, otra de esas canciones que ya están por encima de su compositor, que ya son cultura rockera en general. Pero cuando se suponía que tocaba despedirse, el protagonista anuncia que nos quedamos porque “el público nos va a cantar Felisín”, y así fue. Se cumplía la promesa de terminar también con ‘Barriobajero’ y lo hizo con todas las voces presentes en la sala unidas en esta vacilona canción.

Si la noche acaba con todos los implicados sudados y satisfechos eso significa que repetir no sería mala idea.

Ramoncín en Joy Eslava:
Barriobajero
Putney Bridge
¡Déjame!
Blues para un camello
Reina de la noche
¡Hola muñeca!
La punta de la aguja
La chica de la puerta 16
Veneno
En el infierno
Cuerpos calientes
Como un susurro
Bajando
Rock&roll Duduá
La cita
Marica de terciopelo I
Forjas y aceros
Miedo a soñar
Marica de terciopelo II
Estamos desesperados
Hormigón, mujeres y alcohol
Al límite
Felisín el vacilón

Jorge Bobadilla
@jorgebobadilla

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