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El Toubab

Vivir la vida

Rock Estatal Records (2018)

Por: Pablo Camacho

7

El Toubab es un viajero, un trotamundos que, guitarra en mano, recoge las experiencias de cada paso que da. Le podemos considerar todo un veterano, ya que este ‘Vivir la vida’ es su cuarto larga duración en solitario, pero se mantiene jovial y fresco. Es un contador de historias que, esta vez, ha sido inspirado por sus peripecias por buena parte de América Latina.

Pero si algo es, ante todo, El Toubab, es un rockero de corazón. “Amor por el rock and roll” sirve para abrir este plástico, una carta apasionada a la música que le cambió la vida. “Canciones Prohibidas” sirvió como primer single y videoclip del largo, en el que vemos como el músico de Reus se rodea de buenos amigos como Gorka Robert (batería), Toni Catalá (guitarra) y Gustavo Cruz (bajo) para ofrecer un rock ágil y de fácil digestión. Como no podía ser de otra manera, “Aprendí a ser feliz” es una canción muy positiva, de corte sencillo, pero tremendamente funcional y pegadiza. En “Hotel Lavapiés”, El Toubab juega entre géneros, bailando entre el rock urbano y un reggae castizo, que nos transporta directamente al ecléctico barrio madrileño. “La Cárcel” cuenta con un solo guitarrero lleno de sentimiento que pone el broche a un muy interesante medio tiempo.

Los vientos son los absolutos protagonistas de “Para toda la vida”, un tema que reivindica la filosofía del Carpe Diem, de la que su autor es un defensor a ultranza. Entre Perú y Ecuador nos encontramos “La frontera” como bien nos indica la curiosa introducción del tema, en la que nos cuenta como se gana la vida tocando en todas partes. El corte más rocanrolero de todo el álbum probablemente sea “Inmortales (Cementerio Club)”, con un constante punteo y la nasal voz de El Toubab haciendo sus propios coros. La nostalgia llega con la maravillosa “Buenos Aires – Barcelona”, y es que las despedidas siempre son duras. Miquel Vilella se encarga del piano en “Galeano y Krahe”, un tema que si bien cuenta con gran personalidad, quizás cierre el disco con demasiada melancolía, pero ya lo hemos dicho, las despedidas pocas veces son alegres.

El Toubab es un ciudadano del mundo y su música así lo refleja. Podría haber escrito un libro de relatos, pero el de Reus nos ofrece sus historias en el marco de su guitarra. Merece la pena acercarse a este trabajo para aprender y comprender lo mucho que este planeta y sus gentes tienen que ofrecernos.

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Esta entrada fue escrita por Pablo Camacho

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