No son pocas las veces que hemos afirmado que el futuro vendrá del mestizaje de diferentes estilos o tendencias. Seguirán existiendo los géneros puros que no cambian ni una coma de sus parámetros, por supuesto, pero la falta de prejuicios será la tónica dominante, como ya hemos podido ver en propuestas tan transgresoras en nuestro rollo como las de Sleep Token o Poppy, por citar un par de nombres que hacen de la versatilidad una de sus principales señas de identidad.
Precisamente, el combo asentado en Reino Unido Opensight posee alguna que otra similitud con el dúo enmascarado de metal alternativo, sobre todo en su faceta más cercana al progresivo. ‘The Outfit’ es además un trabajo de esos cocinado a fuego lento, con multitud de detalles que irán subiendo a la superficie con cada nueva escucha. A diferencia de Sleep Token, en este caso el sonido adquiere un componente más cinematográfico que en ocasiones provoca que parezca que estemos escuchando la banda sonora de una película de terror, pero lo mejor de todo es que no se trata de un recurso que utilicen hasta la extenuación, sino de algo que viene y va a lo largo del redondo, sin resultar cargante.
De esta forma, tras la intro orquestal de “Procesión de la muerte”, “Killer Outfit” nos presenta una suerte de contundente oda al cine negro y a la vez nos revela la extraordinaria versatilidad que manejan que va desde Opeth o Pink Floyd hasta Faith No More o el rock alternativo noventero. En esta pieza, sin embargo, un servidor les situaría en la órbita de los Avenged Sevenfold de ‘City of Evil’, aunque por los riffs potentes no sería descabellado acordarse de los ya mencionados Sleep Token.
En “In Plain Sight” se nota más la herencia del heavy tradicional vía Iron Maiden, en especial en las melodías, y no debería caer en saco roto la evocadora parte con un solo de guitarra que se marcan hacia la mitad. “Defying Eye” posee un matiz más directo, pero sin renunciar a hipnóticos tramos que a veces bordean la música oriental.
“Iris (I Rise)” despliega su faceta más cinematográfica desde el comienzo, seguramente sea la pieza más accesible del conjunto, por lo que no habría que alarmarse demasiado si se queda incrustada en la cabeza una temporada. “Broken Vow” posee del mismo modo un comienzo de película de miedo total, con algunos arrebatos orquestales que añaden todavía mayor grandilocuencia al corte. Una puerta hacia otro universo.
“Mantra” nos lleva hasta parajes desérticos y atmósfera de spaghetti western en un inicio, pero no tardan en insuflar cierta solidez por medio de riffs densos y una batería de aire tribal que proporciona el complemento perfecto a este viaje cargado de influencias del séptimo arte. “The Director’s Curse” sigue una línea similar con poso cinematográfico y se antoja como una especie de guinda al tema anterior, el epílogo necesario para que todo encaje.
“Final Cut” pega un considerable cambio de timón con wah wahs que podrían hacer pensar incluso en Red Hot Chili Peppers, aunque lo acomodan a su peculiar sonido sin que parezca para nada forzado. “Heist” nos muestra una melodía de teclado que preludia el último corte “Delusion”, donde se escoran hacia el rock sinfónico con punteos en la línea del maestro David Gilmour, un guiño para melómanos aperturistas a los que eso de las etiquetas a veces se les queda corto.
Si eres de los que siempre pensaba que era más enriquecedor escuchar diversos géneros que centrarse en uno solo hasta el fin de los días, sin duda deberías pegar una escucha a esta banda que se ha movido un paso de gigante con este ambicioso lanzamiento. Tal vez algunos tramos necesiten varias vueltas, pero es innegable que destilan calidad a borbotones. Se sube a la cabeza como los caldos con solera.
El punk me salvó la vida y el hard rock siempre ocupó un lugar especial en el corazón, al igual que el rock gótico, pero nunca me he cerrado a otros géneros. Cual buscador de oro en el lejano Oeste, agito mi peculiar colador para quedarme con aquello que particularmente llame la atención o sobresalga del resto de propuestas, pues creo con firmeza en la vieja máxima de que de todo se puede aprender, o sacar algo de provecho, como decían los antiguos.

