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"Third Stage" de Boston cumple 40 años: Un superventas que sobrevivió a las peores pesadillas

Boston alrededor de 1987

Seguramente cuatro décadas pueden cambiar una industria, una generación y una vida. Pese a ello, hay discos que permanecen intactos, inalterables y que marcan una clara señal de identidad sonora, como si hubieran sido grabados para perdurar ajenos al paso del tiempo. 'Third Stage' de la siempre poco comprendida y elusiva agrupación americana Boston es uno de ellos.

 Comienza el viaje

Antes que nada, vamos a tratar de poner un poco de contexto: cuando Boston lanzó 'Third Stage' en septiembre de 1986, el mundo del rock ya no era el mismo que habían conquistado una década antes con su hasta hoy imbatible e impactante álbum debut. En 1978 fue editado un segundo trabajo, el no menos excepcional 'Don´t Look Back', consiguiendo consolidar la posición artística, profesional y comercial para Tom Scholz, líder indiscutible, compositor, productor y multi instrumentista del grupo. Pero algo había cambiado, algo no era lo mismo para el que es considerado como uno de los músicos más atípicos del rock. Este ingeniero del MIT devenido a músico no deseaba formar parte activa de la trituradora que por aquellos tiempos era la industria discográfica.

Su personalidad calma y mesurada, en dónde los excesos, la premura y la improvisación sencillamente no tenían lugar, no quería entrar en la dinámica de grabar un disco, salir de gira, volver a grabar otro disco, nuevamente salir de gira y así sucesivamente, esa rutina no formaba parte de su proyecto de vida. Necesitaba tiempo para redondear y plasmar adecuadamente sus ideas musicales y sus anhelos personales, algo que en cuestión de meses era imposible de conseguir. Este y otros motivos derivaron en seis años de disputas legales con la poderosa compañía CBS y a pesar de silencios forzados, el músico sin atemorizarse comenzó a trabajar en nueva música en 1979.

Las semanas, los meses y los años pasaban, sus compañeros de banda (Brad Delp, Barry Goodreau, Sib Hashian y Fran Sheehan) se cansaron de esperar a su estoico líder abandonado Boston e inclusive, algunos de ellos, se embarcaron en otros proyectos. Sin embargo, a medida que los problemas legales se iban resolviendo muy lentamente (por cierto.. a favor del músico), Scholz contactó nuevamente con su exvocalista y de esta manera, sin prisa ni pausa, el formidable Brad Delp comenzó a aportar su inimitable voz a las composiciones que tenía en stock un Scholz terco, obsesivo pero a la vez espiritual y casi monástico.

 Un resultado sorprendente

Los trabajos de grabación se realizaron en el estudio del guitarrista que no era otra cosa que un sótano adaptado técnicamente por él mismo, en habitaciones donde los cables parecían raíces. Cuenta la leyenda que, además de  lidiar con demandas legales antes comentadas, inundaciones, fallos eléctricos, presiones corporativas y una inevitable soledad fueron parte de este trabajo desarrollado a lo largo de seis años. Además del admirable Delp en la voces, Jim Masdea, un baterista amigo de Scholz que participó esporádicamente en el certificado diamante álbum debut de Boston fue de la partida, mientras que el ex batería del grupo, Sib Hashian también aportó su técnica en algunas de las nuevas canciones.

Portada de "Amanda", primer single de 'Third Stage'

El guitarrista Gary Pihl, quien estaba por aquellos tiempos trabajando codo a codo con Sammy Hagar, fue llamado para aportar algunas guitarras. Scholz siempre fue acusado de perfeccionista, pero curiosamente en "Third Stage", esa obsesión no suena fría, suena protectora. Cada capa de guitarra, cada efecto, cada textura parece colocada para sostener un sentimiento que podría desmoronarse si no se cuidaba con precisión quirúrgica. El disco suena limpio, pero no distante. Suena perfecto, pero no mecánico. Suena como alguien que encontró en la técnica un modo de sobrevivir con emoción de la mano. Una grabación analógica realizada en su mayoría con equipos diseñados o adaptados por el propio Scholz, el uso intensivo del Rockman, el procesador de guitarra creado por él mismo y que hoy en día es utilizado por miles de guitarristas en todo el mundo, sumado todo ello a una producción sonora no lineal ya que muchas pistas fueron regrabadas, reeditadas y reconstruidas durante años convirtieron al disco en algo más que un trabajo simplemente grabado sino en una obra construida artesanalmente.

Por ello, cuando Boston fichó con una nueva compañía discográfica (MCA) y finalmente el 24 de septiembre de 1986 lanzó 'Third Stage' el mundo ya no esperaba nada de ellos. La industria los daba por perdidos, la crítica los había archivado y el silencio de más de un lustro parecía una lápida. Pero Tom Scholz volvió con un álbum que no era un regreso: era una confesión. Era un diario íntimo escrito con guitarras comprimidas, composiciones sublimes, voces extraordinarias, arreglos memorables, representando el sonido de un hombre que decide seguir adelante cuando todo alrededor le indica que ya no tiene sentido.

El viaje interior

Temáticamente el concepto del disco desarrolla una metáfora completa sobre la vida, dividida en ciclos, impulsos, frenadas y desprendimientos. Tom Scholz lo concibió como un viaje emocional y espiritual, narrado con imágenes de vuelo, motores, ascensos y separaciones, pero que en realidad habla de crecer, madurar además de expresar resiliencia y transformación personal. El título "Third Stage" hace referencia figurada a la tercera etapa de un cohete, la fase final del despegue donde la nave se separa de sus módulos anteriores y alcanza el espacio.

Scholz usa esta imagen para hablar de la vida en dónde una primera etapa resalta la juventud, el impulso y la energía. La segunda etapa habla de conflictos y lucha, mientras que la tercera etapa aporta claridad, madurez y un propósito. Básicamente el disco representa ese momento en el que uno deja atrás lo que ya no sirve y se eleva hacia una versión más auténtica de sí mismo. El inicio de la placa arranca con "Amanda", la apertura más calma e íntima en toda la discografía de Boston, una balada que llegó al número uno de los charts, compuesta en 1980 y en la que la voz del eterno Brad Delp logra transmitir una vulnerabilidad casi inédita en el rock de estadio ya que su voz parece temblar, como si estuviera confesando algo que no se atreve a decir en voz alta.

"We're Ready" es una declaración de intenciones con capas de guitarras limpias en dónde la potencia y el distintivo sonido de Boston dicen presente. La canción funciona como puente entre la vulnerabilidad de “Amanda” y el concepto del ascenso. Es el primer impulso del viaje. A continuación llega “The Launch”, dividido en Countdown / Ignition / Third Stage Separation siendo el núcleo conceptual de la obra. Efectos que simulan vibraciones, tensión, despegue, luego la música se acelera, las guitarras se vuelven más intensas, pero sin perder claridad para llegar a la separación final: dejar atrás lo que pesa.

La estupenda "Cool the Engines" y su mensaje que llama a bajar una marcha en un mundo acelerado da paso a piezas instrumentales como "A New World", la suave "My Destination" para volver a tomar vuelo con "I Think I Like It" o "Can’tcha Say (You Believe in Me) / Still in Love", canción que empieza como una poderosa balada para mutar en el momento más “Boston clásico” del disco. “To Be a Man” es justamente lo contrario, es un momento de introspección, de vulnerabilidad, de humanidad pura. Cerrando la nostálgica de "Hollyann" en la cual Delp, tomando el  contexto de su vida y su lamentable fallecimiento, canta con una ternura que parece estar despidiéndose de algo importante. Una interpretación se vuelve aún más conmovedora ya que su voz suena como un abrazo que sigue resonando décadas después.

Portada de "We're Ready", segundo single

 Tercera etapa

Los conceptos antes expuestos ilustran el tono introspectivo que explica "Third Stage", que pudo parecer un regreso triunfal pero en realidad fue un renacer silencioso. Expuso el sonido de alguien que, después de años de desgaste, decide volver a crear desde la calma. Y ciertamente el callado e introspectivo Scholz no se equivocó en su proceder: el álbum fue cuatro veces platino, el primer trabajo editado en CD en ser certificado oro por la RIAA, cuatro sencillos en el Billboard Top 100 y 50 semanas en el Billboard 200, demostrando una longevidad comercial notable, son algunos de los galardones cosechados por este estupendo trabajo. A 40 años de su lanzamiento, 'Third Stage' no es un clásico del rock melódico: es un compañero de viaje. Un álbum que envejece con nosotros. Ciertamente no será el disco más explosivo y vendedor de Boston, ni siquiera el más icónico, pero sí es el más honesto. A cuatro décadas de su publicación sigue siendo un recordatorio de que, incluso después de largas pausas, disputas, pérdidas y transformaciones, siempre podemos despegar para iniciar una anhelada "tercera etapa".

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