Para Electric Light Orchestra la edición de ‘A New World Record’ no significó un hito más en su carrera. Marcó el momento exacto en el que el grupo dejó de ser una banda prometedora para convertirse en una fuerza incontenible. Es el instante preciso en el que su eterno líder Jeff Lynne, después de años de búsqueda, encuentra por fin el equilibrio perfecto entre la ambición sinfónica y la inmediatez pop. Y ese cuasi milagro es palpable en cada segundo del álbum.
Hágase la luz
No es ningún secreto que cuando al mítico John Lennon le preguntaban cual y cómo sería el sonido de The Beatles si no se hubieran separado en 1970, el músico no dudaba en responder que la propuesta musical de los cuatro de Liverpool seguramente sería muy similar a la de una banda oriunda de Birmingham quienes a mediados de la década de los setenta comenzaron a dominar el mundo con melodías arrolladoras, arreglos orquestales sobresalientes y un sonido tan excelso como inimitable. Estos no eran otros que la Electric Light Orchestra, un grupo que desde sus convulsos comienzos tenía muy en claro el camino a seguir.
Formado originalmente por Roy Wood, Jeff Lynne y Bev Bevan, ELO (como se los conoce más usualmente) fue la derivada de otro proyecto llamado The Move en dónde la idea de combinar rock moderno con arreglos orquestales era una prioridad. De esta manera, incluyeron violines, cellos, vientos a composiciones ciertamente elaboradas. Adicionando al competente teclista Richard Tandy y a diferentes violinistas y violonchelistas, el grupo editó sus dos primeros trabajos que pasaron sin pena ni gloria, algo que provocó que Wood abandonara a la agrupación que él había ayudado a fundar. Jeff Lynne sin vacilaciones asumió el rol de único líder, compositor, y productor consiguiendo publicar 'On The Third Day' siendo este también una rotunda decepción.
Lynne sabía que para conseguir el sonido pomposo, completo y casi barroco que tenía en su cabeza debía descartar el simple violín y los dos cellos con los que usualmente la banda trabajaba para contar en las grabaciones con una orquesta en su plenitud y para ello compuso una sinfonía que bajo el título de 'El Dorado' fue puesta a la venta en 1974 significando el primer destello comercial importante para la ELO. Fue fundamental la posterior incorporación del bajista y vocalista Kelly Groucutt y el que es considerado como el "miembro fantasma" de la ELO, Louis Clark, siendo este el encargado junto a Lynne y Tandy de los complejos arreglos orquestales que se convertirían en marca registrada del grupo. Un año después, la publicación de "Face The Music" conseguiría que hits como "Evil Woman" o "Strange Magic" lograran entrar no solo en los charts de ventas ingleses sino también en los rankings americanos y de otros países.
De esta manera se iba consolidando un sonido y un concepto musical tan propio como único. Una fusión accesible al oído, pero a la vez muy elaborada en su composición que aunaba el rock, pop, intrincados arreglos orquestales, armonías vocales y estructuras melódicas a veces muy inspiradas en The Beatles, consiguiendo lo que pocas bandas habían logrado hasta ese momento: hacer que la orquesta sonara tan natural dentro del rock como una guitarra eléctrica. Su mezcla de géneros creó un sonido grandilocuente, casi cinematográfico y a la vez profundamente pop. Pero nada los prepararía para lo que el futuro les deparaba.
Un generador incontenible
Las giras mundiales se sucedían una tras otra y la ELO que ahora junto con Black Sabbath se habían convertido en piezas comerciales y financieras claves para Jet Records, la compañía discográfica del irascible y complicado Don Arden (padre de Sharon Osbourne), sin pérdida de tiempo les solicitaron un nuevo disco. Jeff Lynne, evaluando la repercusión de las canciones de su anterior trabajo, sabiamente se dio cuenta de que debía hacer un giro hacia temas más cortos y accesibles, pero sin abandonar la sofisticación orquestal que caracterizaba a la banda, y de esta manera, conseguir mantener a flote el proyecto.
Los trabajos de grabación comenzaron en los Musicland Studios de Múnich, con sobregrabaciones en De Lane Lea Studios de Wembley y retoques finales en los Cherokee Studios de Los Ángeles y ese peregrinaje geográfico se siente perfectamente en el resultado final del trabajo que fue titulado 'A New World Record' ya que parece que es un álbum que respira mundo, que suena a viaje, a expansión, a banda que sabe que está a punto de conquistar algo grande. Hasta entonces ELO había estado tanteado caminos que los acercaban al rock sinfónico exuberante, las estructuras largas o la experimentación heredada en parte por The Move.
Pero aquí ocurre y se manifiesta la metamorfosis: canciones con tiempos más reducidos, más directas, más luminosas, sin perder la riqueza orquestal que las definía. La épica apertura está a cargo de "Tightrope" y funciona como declaración de principios. Una atmósfera oscura de cuerdas, arreglos corales y sintetizadores, que desembocan en un ritmo de rock sólido. La orquesta no es adorno, marca el pulso y los acentos combinando el dramatismo sinfónico con un estribillo directo, estableciendo el tono del álbum. La archiconocida "Telephone Line" es una de esas baladas clásica entre las clásicas y que se convertiría en el mayor éxito del álbum en Estados Unidos, otorgándoles además el primer single en ser certificado oro en el Reino Unido. Musicalmente, es un ejemplo perfecto de cómo el grupo logra unir pop accesible con arreglos elaborados, sin perder claridad ni sentimiento.
La emotiva voz de Lynne suena íntima, personal, como si estuviera cantando desde una habitación vacía asemejando su interpretación a una llamada telefónica real. "Rockaria!" es una verdadera explosión de humor, virtuosismo y teatralidad. El tema abre con la voz de la soprano Mary Thomas interpretando un fragmento operístico que pronto se ve interrumpido por un riff de rock acelerado. Esta yuxtaposición que parece un chiste fácil exhibe de qué manera el espíritu casi lúdico de ELO consigue amalgamar una supuesta alta cultura con la cultura más popular con total naturalidad. Las cuerdas empujan la canción hacia adelante, dialogan con la guitarra y crean un caos controlado que recuerda a la energía del rock and roll clásico de los años 50 y 60 filtrado por la sensibilidad sinfónica de Lynne. Es un tema que demuestra que la ELO no solo era solamente ambiciosa, sino también divertida, irreverente y profundamente musical.
Cerrando la primera cara del disco encontramos "Mission (A World Record)" una pieza más contemplativa, con atmósfera espacial, alejándose del pop directo para explorar un sonido más introspectivo. La canción parece narrar una búsqueda, una misión personal o espiritual. Los teclados y las cuerdas crean un paisaje sonoro que evoca distancia, viaje, reflexión. Para abrir el segundo segmento del trabajo encontramos "So Fine" y el lado más luminoso de la ELO se hace presenta. Combinando un pop más directo, con un groove que combina sintetizadores, percusión marcada y cuerdas que aportan brillo, el tema representa la transición del grupo hacia un sonido más radio friendly, sin abandonar la sofisticación.
“Livin’ Thing” es uno de los momentos más brillantes de 'A New World Record' y una de las canciones más representativas del sonido sinfónico-pop de Electric Light Orchestra que con el recorrer de los años se ha convertido en uno de los himnos definitivos del grupo. El tema fue un éxito internacional y uno de los cuatro singles que impulsaron el álbum a su estatus de fenómeno global. La introducción de cuerdas es vibrante y la melodía es irresistible, con un estribillo que se convirtió en un clásico instantáneo. "Above the Clouds" es un interludio atmosférico, breve pero significativo. Su sonido etéreo y su enfoque vocal íntimo lo convierten en un momento de pausa dentro del trabajo.
La inclusión de la canción "Do Ya" conecta la historia de ELO con sus raíces ya que fue interpretado inicialmente por The Move y esta versión sirve como homenaje y reafirmación de identidad. Es el corte más rockero del álbum, con guitarras más presentes y menos protagonismo orquestal. De hecho, este tema fue versionado por el gran Ace Frehley para su producción "Trouble Walking". Finalmente llega "Shangri-La" como majestuoso cierre del álbum. Una balada sinfónica que combina melancolía, arreglos elaborados y un crescendo emocional que deja una sensación de plenitud. Las claras influencias de la manifiesta "Beatlemanía" de Lynne, especialmente en las armonías vocales y la construcción melódica, son aquí casi tangibles. Es un final que encapsula todo lo que hace grande a 'A New World Record': emoción, melodía, producción detallista y ambición artística.
Y la luz continúa brillando
Los positivos resultados de esta sexta producción del grupo no se hicieron esperar. El disco no solo fue un éxito artístico, fue el álbum que coronó comercialmente a la ELO. El mismo fue certificado como multiplatino en Inglaterra y Estados Unidos, le dio su primer single de oro y un dominio en listas internacionales lo convierten en uno de los discos más premiados, vendidos y celebrados de toda su carrera. Sin duda, fue el trampolín que Jeff Lynne y los suyos necesitaron para impulsarse a lugares artísticos y comerciales que con el devenir de los años y nuevas producciones ni ellos mismos esperaron alcanzar, en especial para Lynne en solitario... pero esa es otra historia por contar.
En esencia ‘A New World Record’ es el disco donde la Electric Light Orchestra se reconoce a sí misma, donde su identidad queda fijada para siempre. Es el álbum que los convierte en estrellas, que define su estilo y que sigue sonando tan fresco hoy en día como lo hizo hace cinco décadas atrás. Lejos está de ser solamente un disco premiado o superventas, fue el punto de inflexión, el instante en que la banda pasó de ser prometedora a ser histórica. Un álbum que no solo recibió galardones, sino que los convirtió en parte de su identidad.
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