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Crónicas

Miguel Ríos: Los viejos rockeros siempre vuelven

«Una noche muy gratificante, con una artista con letras mayúsculas, imprescindible en la historia de nuestra música y con la clase de un músico que domina el espacio y el tiempo»

6 julio 2018

Teatro Real, Madrid

Texto: José Luis Martín. Fotos: Alfonso Dávila

Ocho años después de la gira de despedida ‘Bye Bye Ríos’ que pudimos ver en el Palacio de los deportes de Madrid, teníamos la oportunidad de volver a encontrarnos con el maestro y rockero granadino Miguel Ríos, y no la íbamos a desaprovechar. La frase que acuñó en 1979 con el título de su octavo álbum, ‘Los viejos rockeros nunca mueren’, servía como premisa para esta vuelta a los escenarios. Miguel nos dejó claro que echaba de menos el directo. Es por eso que, cuando le propusieron esta gira con una orquesta sinfónica, decidió tirar adelante, “porque es un lujo que no te puedes permitir”.

Después de haberle visto en todo tipo de recintos como pabellones, campos de fútbol y plazas de toros, en esta ocasión sería en el marco solemne del Teatro Real de Madrid, que se encuentra inmerso en la celebración de su bicentenario y dentro de la cuarta edición del Universal Music Festival. Esta vez iba a ser la Orquesta Sinfónica Universal Music, con la dirección de Carlos Checa, la que nos iba a introducir en el universo de Miguel Ríos con una obertura donde interpretarían las melodías de sus canciones más reconocibles. A continuación, se incorporaron la base rockera con los Black Betty Boys, apareciendo en último lugar Miguel con traje y camisa negra, entre grandes ovaciones del público, arrancando con “Memorias de la carretera”.

Llegó después una de sus canciones más populares como “Bienvenidos”, que abrió durante muchos años sus conciertos, especialmente durante su gira más exitosa y mediática como fue la del disco en directo ‘Rock & Ríos’, y del que dio buena cuenta durante la noche, con nueve cortes de aquel álbum. Recordemos que salió hace nada más y menos que treinta y seis años, y en este show la década de los ochenta tuvo un destacado protagonismo. Durante los primeros compases, el sonido no fue todo lo bueno que deseáramos, quedando la guitarra de José Nortes un tanto apagada, aunque no tardaron mucho en solucionar estos pequeños desajustes.

Fueron cayendo después “Directo al corazón”, los recuerdos de su partida a Madrid en busca de la aventura con “Boabdil el chico”, y su cara más reivindicativa, que aunque fue escrita en 1983 sigue de plena actualidad como es “En la frontera”.Se remontó a finales de los sesenta para rescatar uno de sus primeros éxitos como “El río”, pidiendo disculpas después, con su gracejo andaluz,  por algunos lapsus en la letra “no sé si es por lo prestigioso de este sitio o por los setenta y cuatro tacos que tengo”.Dedicó la siguiente canción a más de la mitad del planeta y a la mitad de la orquesta, refiriéndose a las mujeres y a su lucha por la igualdad en “No estás sola”.Con “Reina de la noche”, nos comentó que era “la balada más heavy que he hecho en mi puta vida”, y que no tocaba en directo desde la gira del ‘Rock & Ríos’.

Miguel se mostró durante toda la noche muy cercano, comunicativo, jocoso, incisivo, divertido y reivindicativo.En la maravillosa “Reina de la noche” pudimos comprobar cómo es una de las canciones que mejor empastó con la orquesta, pasando después por otro tema denuncia como “Un caballo llamado muerte”, el relato de su propia vida con “Todo a pulmón” o el “Blues del autobús”, que quiso de dedicar a todos los que trabajan en un concierto.Vino después su parte más rockera con la pacifista “Antinuclear”, donde alabó a los músicos que le acompañaban, especialmente al guitarrista José Nortes, productor además de su disco, la onírica “El sueño espacial”, y la apropiada “El rock de una noche de verano”, donde la orquesta nos sonó a gloria bendita.

Para el final, y antes de avisar que “voy a cometer un sacrilegio” porque no se había hecho nunca esto en este recinto, “lo juro por los muertos de Matusalén”, se lanzó con un medley magistral de clásicos del rock and roll, donde tuvieron cabida “Rock Around the Clock”, “Roll Over Beethoven” y “What I’d Say”. Logró poner en pie a todo el Teatro Real, que le acompañó con las palmas y bailando entre las butacas, ante un auténtico delirio.Tras una breve retirada, volvió para obsequiarnos con dos primeros bises, entre los que estaban el himno que le identificaba “Los viejos rockeros nunca mueren” y la maravillosa “Santa Lucía”. Tras la gran ovación de un público entregadísimo, regresó para dejarnos las dos perlas finales como fueron la entrañable “Vuelvo a Granada” y el clásico que le catapultó al éxito como “El himno de la alegría”, con un auditorio que ya no volvió a sentarse.

Cuando muchos esperábamos un setlist acomodaticio y tranquilo, Miguel se despachó con un repertorio donde las canciones que más energía desprenden tuvieron un gran protagonismo, y sin escatimar minutaje y entrega, nos encontramos con dos horas y diez minutos de un apasionante y vibrante show, donde su edad fue algo meramente anecdótico.

Una noche muy gratificante, con una artista con letras mayúsculas, imprescindible en la historia de nuestra música, con la clase de un músico que domina el espacio y el tiempo, un registro vocal todavía solvente y que fue capaz de transmitirnos emociones y sensaciones, en una velada que quedará para siempre en nuestra retina.

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Esta entrada fue escrita por José Luis Martín