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Crónicas

Rock Fest Barcelona 2018 (5 de julio)

«El Parc de Can Zam sería el lugar perfecto para el peregrinaje de miles de fanáticos ansiosos de música y de calor»

5 julio 2018

Santa Coloma de Gramenet, Barcelona

Texto: Víctor Vallespir. Fotos: Irene Serrano

Santa Coloma se vestía de paraíso heavymetalero para poder albergar las que serían tres de las jornadas más importantes de nuestra escena en lo que va de año. El Parc de Can Zam sería el lugar perfecto para el peregrinaje de miles de fanáticos ansiosos de música y de calor, uno de nuestros mejores acompañantes durante la primera jornada del festival.

Kris Vega (Born In Exile). Foto de Iñigo Malvido

Y es que sería bajo el imponente astro rey que saldrían a escena los primeros del festival, tal como manda la tradición, una banda local perteneciente a Santa Coloma de Gramanet. Born In Exile tendría la difícil tarea de abrir la jornada; nada más lejos de la realidad, consiguieron congregar a un gentío nada desdeñable y lograron interpretar su cuidado metal progresivo con un sonido a la altura de las circunstancias. Kristina, su cantante, ejercería de perfecta maestra de ceremonias en todo momento, acercándose sin parar al respetable y pidiendo el griterío generalizado durante cada uno de los pasajes de sus canciones. Poco tiempo tendrían para interpretar demasiados temas, pues sus duraciones traspasan los minutajes habituales, pero serían sus cortes “Revenant”, “Enchantress”,”Ziggurat” y “Fields On Fire” los que conseguirían presencia durante su show. En definitiva, banda a tener en cuenta ya no solo en nuestra escena, sino de cara a futuros y prometedores lanzamientos.

Elize Ryd (Amaranthe). Foto de Iñigo Malvido

La cosa seguiría por los derroteros de las cantantes femeninas, pues Amaranthe y su cabeza visible, Elize Ryd, saldrían al escenario inmediatamente después del cierre de concierto de los catalanes. A ritmo de “Maximize”, la banda combatiría el sol en base a samplers y melodías pegadizas, esas que les han valido para conseguir una gran fanbase alrededor del mundo. Temas como “Digital World”, la más tranquila “Amaranthine”, “Drop Dead Cynical” o la machacona “The Nexus” conseguirían hacer botar a un público con ganas de festival. Pese a rozar la insolación, los tres cantantes de la banda lo darían todo encima de las tablas, adoptando cada uno un papel distinto durante sus canciones y repartiendo un protagonismo que, al final, casi siempre recaería en la carismática Ryd. Como gran pero, eso sí, señalar que podrían empezar a pensar en colocar un teclado real en sus conciertos: su trayectoria les permite eso y mucho más.

Andreas Geremia (Tankard). Foto de Iñigo Malvido

En el escenario opuesto tendríamos la visita de los alemanes Tankard, toda una institución en el thrash metal alemán que, como no podía ser de otra forma, nos animaría a teñir esa tarde veraniega de cerveza y diversión. Y es que Gerre, su cantante, sigue siendo uno de los frontmans más afables que uno se pueda echar en cara en un directo; pese a la edad, sabe cómo transmitir el mensaje de la banda y cómo animar a su público después de nada más y nada menos que 26 años repartiendo estopa en los escenarios. Es verdad que su imagen de borrachos se les ha ido un poco de las manos -solo haría falta ver el gran telón de fondo de su concierto que rezaba ‘Kings Of Beer’- pero, tal y como ellos mismos avisaron antes de “Rules For Fools”, no beben ni antes ni durante sus conciertos. Temas como “Rapid Fire”, “Rest In Beer” o la nueva “Pay To Pray”, directamente sacada de su más reciente elepé ‘One Foot In The Grave’, sonaron contundentes y compactos, y, obviamente “A Girl Called Cerveza” y “(Empty) Tankard”, con su archiconocido riff, cerrarían su magnífica actuación.

Eclipse son una de las formaciones de hard rock o AOR más en boga de los últimos años, una banda que ha sabido sacar de contexto la movida ochentera para poder modernizarla y adaptarla a la perfección a nuestros tiempos. Hace un año que lanzaron ‘Monumentum’, y es por ello que dejaron hueco tanto para viejos como para nuevos temas en su repertorio. Su concierto fue una absoluta fiesta, y es que es así como plantean sus directos esta gente. Diversión y sonrisas garantizadas.

Dee Snider. Foto de Irene Serrano

Y más o menos del mismo palo vendría el legendario, tal y como se le presentó, Dee Snider, quién intenta dejar de lado su legado con Twisted Sister para lograr un estatus mucho mayor como cantante en solitario. ‘For The Love Of Metal’ es un nuevo lanzamiento que lanzará al mercado el próximo día 27 de julio, y es por ello que basó su setlist tanto en algunos temas del mencionado lanzamiento como en canciones de la vieja guardia que siempre funcionan en directo. Y es que hubo para todos, desde la clásica “You Can’t Stop Rock N’ Roll” hasta la propia “For The Love Of Metal”, tema con el que sorprendentemente cerraría su concierto. Pero aquí los guiños los tenemos bastante claros, y bajo el manto de quien se sabe casi superhéroe, Dee Snider se regocijo en los míticos huevos con aceite (“We’re Nor Gonna Take It”), en “Burn In Hell” o en una “I Wanna Rock” tremendamente coreada por el respetable. A estas alturas, que haga lo que quiera, aunque es muy pero que muy difícil que logre igualar la huella que han dejado los temas de Twisted Sister. Eso sí, el tío parece que siga teniendo veinte años.

Bernie Shaw (Uriah Heep). Foto de Irene Serrano

Otros clásicos que se acercarían al Rock Fest BCN serían los vanagloriados Uriah Heep, que aportarían la nota más clásica a un festival que empezaba a entrar en el tramo fuerte del primer día. Los británicos siguen manteniendo una base de fans considerable pese a que sus momentos de éxito se remontan a los setenta, por lo que no es de extrañar que canciones como la inicial “Gypsy” o “Stealin’” convirtieran el parque de Can Zam en un auténtico lago de nostalgia. “Lady In Black” y “EasyLivin’” cerraron uno de los conciertos más cuidados de la tarde noche, sin duda una declaración de intenciones de una banda que sigue dándolo todo encima de los escenarios.

Accept no son para nada novedad en nuestras tierras, por lo que su concierto se convertiría en un remember absoluto de sus grandes guiños y mejores canciones. Con un setlist que no arriesgaría en nada, tiraron de las míticas “Princess Of The Dawn” o “Metal Heart” para arrancar los ánimos de la gente. Alargaron las secciones instrumentales para que los coros provenientes del público lograran ser más importantes que la propia banda, y obviamente dejaron que la contundencia de temas como “Fast As A Shark” hablara por ella misma. El estado de forma de la banda es envidiable; para ellos no pasan los años y siguen dando conciertos con intensidades realmente envidiables. De acuerdo, la originalidad no será lo suyo a estas alturas de la película, pero dudo mucho que sus fanáticos pidan algo más de ellos. Cerraron con “Balls To The Wall” y aquello se fue de madre. Por algo será, ¿no?

Mark Tornillo (Accept). Foto de Irene Serrano

Y por fin teníamos a uno de los dos grandes protagonistas de la noche en el escenario de Santa Coloma de Gramanet, unos renovados Judas Priest que dieron seguramente el mejor concierto de todo el primer día de festival. Es increíble la forma vocal de Rob Halford, el empaque en la ejecución de todas sus canciones y la escenografía que saben montar sin gastar en alardes sin sentido.

Rob Halford (Judas Priest). Foto de Irene Serrano

Su setlist, además, consigue arriesgar en ciertos puntos, alejándose de las tendencias de los grupos más viejos del hogar, que optan por los mismos temas una y otra vez con el miedo de equivocarse en el cuerpo. Y es que los británicos saben que acaban de lanzar uno de sus mejores discos en años, un ‘Firepower’ que tendría protagonismo en nada más y nada menos que tres temas a lo largo del concierto: la propia “Firepower”, con la que abrirían el show, la potente “Lighting Strike” y “Rising From Ruins”. Obviamente cayeron temas más clásicos como “Grinder” o la coreada “Turbo Lover”, pero es de agradecer que se atrevan con canciones como “Saints In Hell” o “Bloodstone”, algo más olvidadas a lo largo de los años. Inevitablemente, dichas canciones recibirían menos entusiasmo que la típica “You’ve Got Another Thing Coming”, por ejemplo, pero justamente para eso están ese tipo de canciones: si un grupo lleva tocando tanto tiempo después de su despedida, en algo tendrá que basar sus nuevos repertorios. Halford entró con su Harley durante “Hell Bent For Leather”, y nos propinó una lección de humildad con una “Painkiller” que tiró menos de reverb de los que nos pensábamos. Chapeau. El momento más emotivo de la noche vino cuando Glenn Tipton se unió a los suyos para las finales “Metal God”, “Breaking The Law” y “Living Afte rMidnight”, himnos del heavy metal que le permiten volver a sentirse una estrella encima del escenario: ¡ojalá por mucho más tiempo!

Ozzy Osbourne. Foto: Ross Halfin

Acabada la increíble actuación de Judas Priest, Ozzy Osbourne nos pediría desde los camerinos que hiciéramos el máximo ruido posible. Y vaya si lo hicimos: la expectación para ver al cantante de Black Sabbath era palpable en el ambiente. Ozzy y su banda salieron a por todas con unas “Bark At The Moon” y “Mr. Crowley” realmente intensas que empezarían a hacernos gozar con un juego de luces espectacular que se mantendría a lo largo de la actuación del artista británico. “Faries Wear Boots” fue la primera referencia a Black Sabbath, pero Ozzy tiró de repertorio y nos atacó de nuevo con canciones como “No More Tears” o “Road To Nowhere”. Habiendo tenido la suerte de haber disfrutado de los conciertos de Sabbath en su última gira, pudimos comprobar como el estado de Ozzy era exactamente el mismo que cuando estaba acompañado de Iommi y Butler, algo encorvado mientras cantaba sus canciones, pero con ganas de que el público estuviera totalmente inmerso en su show.

Ambiente durante el concierto de Ozzy Osbourne. Foto de Irene Serrano

“War Pigs” hubiera sido uno de los momentos del concierto, de no haber sido por el interminable solo que nos “regalaría” un Zakk Wylde que, a decir verdad, sobra bastante en esta banda. De acuerdo que su afán de protagonismo viene directamente comandado por la necesidad de descanso de Ozzy, pero oye, que su solo a mil por hora ya lo hemos visto otras mil veces y poco o nada nos sorprende a estas alturas de la película. Además, pudimos comprobar como intentaba lanzar harmónicos innecesarios a lo largo de sus interpretaciones, además de dibujos pentatónicos que no aportaban demasiado al conjunto de los temas. Seguramente es un guitarrista con un aura especial, pero a algunos nos empieza a sobrar. El también batería de Black Sabbath, Tommy Clufetos, no podía ser menos, y se animaría a otro innecesario solo de batería. Y con aquello ya llevábamos un rato. Es una verdadera lástima ver cómo cortaron el ritmo del show de aquella manera. Pero, en fin, suponemos que Ozzy ni se puede permitir conciertos de solo una hora ni shows ininterrumpidos de hora y media. Sea como fuera, y cuando por fin, volvió al escenario, nos remató con “I Don’t Want To Change The World”, “Shot In The Dark” y “Crazy Train”. Casi nada. Lástima de los harmónicos innecesarios de Wylde en “Crazy Train”, que hicieron verdaderamente irreconocible el mítico riff inicial. Ozzy nos pidió que gritáramos “una más”, por lo que alargó un poco su concierto con unas “Mama I’m Coming Home” y “Paranoid” que significaron la traca final de concierto. Un show lleno de altibajos que, al final, seguramente perdonemos al bueno de Ozzy.

Bode (Porretas). Foto de Irene Serrano

Nuestra jornada iba llegando a su fin, pero antes nos dispondríamos a disfrutar el rock callejero de Porretas, cuya actuación coincidía con la de H.E.A.T en el escenario principal. Sus melodías, sucias y punkarras, serían el perfecto pretexto para una actuación que congregaría a bastante gente en la carpa del Rock Fest BCN. El público, con ganas de marcha y de corear las canciones de tan mítico grupo madrileño, cantó temas como “Jodido futuro”, verdaderos himnos de la calle que han marcado a más de una generación. “El gran engaño” fue otro de los platos fuertes en un repertorio donde no faltó absolutamente nada, donde lo que reinó fue la fiesta y el rock n’roll. A esas horas de la noche su ritmo era más que necesario, por lo que no se nos hizo extraño que mucha parte del público decidiera que los de Hortaleza fueran la banda sonora de sus últimas horas en Can Zam.

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Esta entrada fue escrita por Víctor Vallespir

1 comentario

  • Tryum says:

    Me parecen injustas las críticas a Zakk Wylde y a Tommy Clufetos, más aún cuando reconoces que Ozzy no está ya para muchos trotes. Ozzy es el jefe indiscutible, por lo cual es el que manda, y el que dice lo que se hace y no en su concierto, así que si alargan los solos de guitarra y batería, es porque Ozzy no puede mantener el ritmo, no porque los otros quieran porque sí, que seguro que quieren, sobre todo Zakk, que un showman, pero dudo mucho que sea el que manda. Ozzy es mucho Ozzy, y lo será hasta que se muera. Y además, Zakk podrá cansar, pero al que lo haya visto muchas veces, a los que no, seguro que les encanta, por lo que todo es relativo en esta vida.

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