Reconozco que adoro a este hombre desde los inicios de “los Dogs”. Mi amor es absolutamente incondicional, y lo he visto tantas veces que he perdido la cuenta del número de conciertos, aunque también hay que reconocer los sentimientos encontrados esta noche en Madrid.
Para mi, tuvo todo lo que sus incondicionales queremos, con un buen puñado de clásicos de “los perros” que cantamos de principio a fin siguiendo a esa voz aguardentosa de Tyla, bebiendo de fuentes musicales que van desde The Faces, pasando por los Stones, ese aire maldito a lo Keith Richards, Hanoi Rocks o J. Thunders… pero el concierto en cuanto a minutaje se me antoja bastante justo: una hora y diez minutos nos dejaron con muchas ganas de más.
Eso sí, el concierto fue intenso, lleno de fuerza y absolutamente demoledor. Se abría con un delicioso “Last Bandit” que iniciaba un setlist lleno de clásicos indudables. No había tiempo para respirar. Los puñetazos sonoros nos caían de lleno con “Billy Two Rivers” y el hard rock lleno de melodía adictiva y stoniana de un brillante “I Don’t Want You To Go”, que nos ponía la carne de gallina con toda la sala cantando cada palabra.
“Satellite Kid” desde el inicio nos sigue estremeciendo antes de seguir este “in crescendo” y dejarnos sin respiración, como lo iba a hacer un fantástico “Firework Girl”. Temas en los que los medios tiempos se combinan con melodías y otros pasajes más acelerados que siguen dotando de intensidad a un bolo que enganchaba y del que se disfrutaba cada segundo.
La intensa “Confort of the Devil” nos llenaba de toque puramente stoniano y sabía a gloria junto a la desgarradora “Heroin”, que no podía faltar con la relación y las comparaciones entre la sustancia tóxica y el amor. Junto al medio tiempo “Don’t Ever Stop Loving Me”, de su ultimo trabajo, nos acercaban a la última parte de un show que no te podía dejar indiferente. Los clásicos de Dogs D’amour dejaron satisfecho a todo el personal.
Este tramo terminaba con la frenética y guitarrera “Gipsy Blood” dando paso a la enérgica y positiva “I Think is Love Again”, que tiene una melodía absolutamente deliciosa, y la final, antes del bis, ”How Call it Never Rains”, con homenaje a la adorable Bonnie Tyler incluido cantando “It’s a Heartache”, lo que te hacía brotar la lagrimita.
El tiempo de espera nos deparó solo dos temas: los brillantes “A Drunk Like Me”, que vino empapada de alcohol, y “Errol Flynn”, que de manera épica cerraba la noche con mucha fuerza, dejandonos con buen sabor de boca pero con ganas de más.
Intenso y brillante pero muy justito de tiempo.
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